El Florida Park

 

 

Desde que me fui a vivir cerca del Retiro casi todos los días voy a trabajar entrando por la puerta del Florida Park, la que da justo enfrente de la calle Ibiza.

Esto es lo que me encuentro en un día otoñal y lluvioso como el de la foto.


La puerta de entrada es la llamada de la Reina Mercedes:

Como todas, está hecha en hierro forjado y muy cuidada, bien pintadita de negro y con las letras doradas.


Un poco a la derecha, en el muro que sostiene la verja, se pueden ver los efectos de bombas o metralla de la guerra:

Aquí se pueden ver los trozos de granito arrancado.


Y según se entra a la derecha hay unas chapas metálicas que parece ser que esconden un refugio antiaéreo bastante grande:

Este es el camino de entrada justo a la derecha de la puerta.
 
Y esta es la presunta entrada del refugio que señala mi amigo Javier con su perro Golfo. ¡A ver si algún día se rehabilita y se puede visitar!

 

Y un poco más adelante esta rejilla que es un respiradero del refugio.
 
Si vamos hacia el Florida nos encontramos estas vallas verdes.
 
Con este cartelito un tanto enigmático...
Pero que tiene razón, porque dentro están las escaleras y una de las entradas del refugio.
Tanto es así que han puesto estas tablitas para que no se caiga nadie.
Lo malo son las raíces de los árboles que se han cortado.
   
Al final la cosa ha quedado así.

Lo importante sería que se rehabilitara el refugio y se pudiera visitar porque parece ser que es grande, con distintas galerías y estancias donde la gente se podía proteger de los bombardeos.

Parece que nos han oído y ya están en ello:

Por lo menos ya están preparadas la hormigonera y los ladrillos.


Justo enfrente había una tienda de alquiler de bicis que me hizo mucha ilusión que la pusieran porque yo aprendí a montar en el Retiro, en la Chopera, y hacía mucho que no había bicicletas de alquiler por aquí.

Esta es la tienda donde estoy con mi amigo Luis, que es de Vigo, muy emprendedor y muy buena persona.
Y esta es una “bici-anuncio” que pusieron justo en la puerta de la Reina Mercedes.


La verdad es que el tema “bicis” se volvió a poner de moda en parte gracias a esta tienda de alquiler, que también abrió otra de venta en la calle Ibiza 2.

Esta tienda terminó por cerrar, se llamaba “Avantum”, y la llevaba mi amigo Carlos (¡que es sueco!) y se dedica a importar bicis buenas de Europa, por ejemplo la mía, que vino de Holanda.

Este es Carlos a la puerta de la tienda (que ya no está) y apoyado en mi bici.


Además, en Sainz de Baranda 16 (muy cerquita), hay otra tienda que se llama "27 bikes" donde también alquilan y hacen rutas en bici con monitores por el Parque y zonas turísticas próximas. Y otra de triciclos y cochecitos a pedales en plan divertido que se llama así "Diverbikes" y está en Menéndez Pelayo 9.

Y en 2014 han puesto una nueva tienda también en Menéndez Pelayo, en el nº 51, que se llama "Biciretiro" que está muy bien. Su dueño es Álvaro que, junto con Soraya y sus ayudantes, siempre están dispuestos a alquilarte, venderte, arreglarte o ponerle accesorios a la bici que quieras. ¡O a darte una vuelta turística en bici por el Parque!

Aquí tenemos a Álvaro con ese tandem tan curioso
.
Y esta es la puerta, con una rampa para subir y bajar las bicis.
En la pared hay este mural donde se explica lo bueno que es ir en bici: ¡tomad nota!


Entremos en bici o a pie, al pasar la puerta nos encontraremos con tres posible caminos. El de la derecha nos lleva hacia la fuente de las rosas, el de enfrente al Florida Park y el de la izquierda a la nueva Biblioteca Municipal.

Y también veremos con casi toda seguridad a alguno de los “negritos” o “blanquitos” que se dedican a vender “cosas malas” a quienes se acercan por allí. Recuerdo que a Diego, cuando era pequeño, le daban bastante miedo y no quería entrar por esa puerta.

Esta es la zona de “venta” donde casi siempre se pueden encontrar “vendedores” y a veces compradores, claro. Por más que la policía intentar controlarlos no hay manera de terminar con este triste comercio.


Los árboles de este paseo son casi todos castaños de indias pero, según se va a la derecha y antes de llegar al propio Florida Park, podemos ver una serie de arbustos de hojas grandes y verdes que son los acantos, como los que vimos en el jardín de las vivaces.

En esta puerta lateral del Florida, que da al paseo llamado “de Panamá”, destacan los castaños de indias, pero también los acantos con sus enormes y clásicas hojas.


También podíamos ver, entre otros, un cerezo (de hojas rojizas), unos laureles-cerezos, un laurel normal, una pita, unos pitosporos, un aligustre o unos pensamientos:

Otra vez el modesto laurel con sus hojas brillantes y aserradas.
Este cáñamo de Nueva Zelanda se llama también “formio” y es una especie de “pita”.
Al pie de este castaño podemos ver unos preciosos pensamientos amarillos. Y al lado unos gorrioncillos comiendo lo que pueden.
   
En 2016 se han plantado aquí unas matas de Symphoricarpus que, aparte tener estos frutitos tan curiosos en forma de pelotitas color púrpura, es utilizada en Homeopatía como remedio para los vómitos y las naúseas.


Sin embargo una de las “estrellas botánicas” de esta zona es, sin duda alguna, el castaño de flores rosas (Aesculus rubra):

En este “Paseo de Panamá” destaca el castaño rosa con flores de este color en los típicos racimos verticales, típicos de estos arbolitos.


Pero al hacerse los obras del Florida Retiro, casi todos estos arbolitos y arbustos han pasado a mejor vida porque se ha hecho una plataforma de madera con algunos agujeros para dejar algunos árboles.

Hay días en que las estrellas son otras, con ruedas y pedales:

El paseito se pone así cuando hay “Día de la bici”, al menos una vez al año.


Pero hablemos ya del edificio que da nombre a esta zona, o sea, del famoso “Florida Park”, que empezó siendo uno de los “caprichos” de Fernando VII, quién en 1814 lo encargó al arquitecto Isidro González Velázquez. Fue construido en ladrillo, con tejados de teja y zinc; tiene un pórtico y un espacio grande y circular que se decoró con dibujos de la fábrica de la China (de la que hablamos en “El Ángel Caído”). También había otras habitaciones más pequeñas, de paredes cubiertas de terciopelo rojo y tela de raso con rayas. Por si fuera poco, pusieron una colección de autómatas, o sea muñecos que se mueven solos, entre los que había un fraile pedigüeño, unas andaluzas y ¡un contrabandista! Y de este último le vino su primer nombre: “La Casa del Contrabandista”.

Luego se convirtió en un centro de los que se llamaban “de higiene”, como una especie de balneario donde la gente podía hacer inhalaciones, darse pulverizaciones o tomar aguas oxigenadas en bebidas gaseosas. El encargado de su explotación se comprometió a dar dejar pasar cada día a dos pobres para que se curasen gratis de sus males.

Este padre y este hijo seguro que probaron la bondad de estas “aguas oxigenadas” en 1890.
Y este niño, que se parece un poco a mí cuando era pequeño, se ríe feliz delante del mismo edificio en 1924.


Pero las curaciones no fueron tantas como se esperaba y, aunque el sitio estuvo abierto desde 1890 hasta 1926, los últimos años aquello empezó a decaer y el lugar empezó a utilizarse como merendero. Eso llegó a oidos del Ayuntamiento que revisó el contrato de alquiler y sacó a concurso su explotación. Y así fue como en 1935 se convirtió en el "Viena Park" que al final de los años cincuenta se convirtió en el "Florida Park", que se hizo famoso como Sala de Fiestas y restaurante:

Entrada principal del superconocido “Florida Park”.
A mí me gusta mucho el tejado de zinc de la parte circular. ¿A que es precioso?
   
Por dentro era así: una impresionante recepción con su techo de bóveda y un salón de actuaciones en directo con restaurante en distintas alturas para cenar. Aquí se han rodado películas y realizado en directo programas de televisión, con la actuación de los artistas más famosos del momento.


Aquí ha habido muchísimas actuaciones musicales, se han hecho montones de programas de televisión, se han rodado escenas de películas, en fin, todo un “edificio emblemático”, como se dice ahora. También se han celebrado muchas bodas, comuniones, “eventos” de empresas… Siempre había mucho ambiente por las noches hasta muy tarde, incluso algo más que la hora de cierre del parque.

Pero a partir de 2013 el "Florida" se volvió a cerrar y ya la puerta de la Reina Mercedes se cierra a la vez que las otras. Solo queda abierta por las noches la de la cuesta de Moyano, donde está el retén de guardas de seguridad.

En 2015 empezaron las obras para transformar el Florida Park en otro, una promoción del empresario Ramón Matoses. La rehabilitación ha sido dirigida por el conocido interiorista Guillermo García Hoz:

En Junio de 2015 las cosas están así, en plena obra. Mientras siga el tejado de zinc…
 
Se levantó todo el Paseo de Panamá para hacer la instalación nueva, pero los arbustos desaparecieron, claro.
 
Estamos ya en 2016 y ya se empiezan a ver ladrillos nuevos, pero aún falta.


En Octubre de 2016 se inauguró el nuevo “Florida Retiro”:

Este es el primer cartelito que pusieron en la verja, cerca de la puerta de entrada.
 
Y estos cuando la inauguración.
 
Que ha quedado así, todo muy bonito excepto quizás los farolillos.
 
Según se llega desde la puerta de entrada de Ibiza se ve esto.
La fachada principal donde se ve la plataforma de madera que ha acabado con los arbustos.
En la parte de atrás está la nueva terraza.
 
Que el fin de semana se pone a rebosar...
 
La cafetería interior.
 
Y el restaurante.


Pero la "joya de la corona" es la Noria de sangre (llamada así porque la movían animales de carga: caballos, mulos o burros) de la misma época que la llamada "del francés" y que ha sido rehabilitada y expuesta al público con cristales y luces. ¡Todo un lujo! De ella salía agua para los canales que iban por el Parque con el estanque como centro.

Todavía en obras, pero la noria se puede ver perfectamente.
 
Mi amigo Javier, encantado con la recuperación de la noria: ¡no es para menos!
Los cristales nos dejan ver la amplia bóveda de ladrillo.


Si rodeamos el edificio, nos encontramos la parte trasera acristalada:

Con los caminos recientemente asfaltados que bordean el Florida Retiro.


Y justo a la derecha, vemos un parterre triangular con tres curiosas plantitas:

 
Las wollemias (mal llamadas “pinos wollemi”) son fósiles vivientes y pertenecen al grupo de las araucarias. Estas de aquí son bastante jovencitas, porque pueden llegar a los 30-40 metros. En el azulejo donde pone su nombre se han equivocado y lo han puesto con “n”. ¡Hay cosas peores!
   
Las piñas masculinas  son primero verdes y luego marrones.
A una de estas le está saliendo el polen, que es como el de los pinos o abetos.
   
Y estas son las piñas femeninas, más redondeadas.
Tienen una especie de púas muy curiosas.


Y tan curiosas porque estamos ante auténticos fósiles vivientes de unos 200 millones de antigüedad. Son del grupo de las araucarias y las descubrió un guarda forestal en Australia, justo en el llamado “Wollemi National Park” en Nueva Gales del Sur, relativamente cerca de Sydney. Las vió en unos cañones y le llamaron la atención; las llevó a los científicos y se comprobó que era una especie desconocida hasta ahora. Y todo eso hace muy poco tiempo, en el año 1994.

Se le llamó Wollemia nobilis (por el nombre del parque y el apellido del descubridor) y, a partir de entonces, se la conoce en todo el mundo y se la reproduce para mandarla a parques, jardines botánicos, etc., porque además parece ser que estuvo a punto de extinguirse. En realidad es una conífera, como los pinos y abetos, y tiene sus piñas, masculinas y femeninas, las dos en la misma planta. Ahora bien, sus ramas salen todas del tronco, no se ramifican, y sus hojas son largas y aplanadas saliendo bastantes de cada rama. Se les suele llamar “pinos wollemi”, aunque se las clasificó en el grupo de las araucarias.

Y la zona más antigua y noble del edificio que es la abovedada y recubierta por el tejado de zinc:

¡Menos mal que esto ha quedado intacto!
 
En la otra pared crecen los bambúes.


Así llegamos otra vez a la puerta principal, enfrente de la cual vemos una estatua dedicada al famoso tenor mejicano Pedro Vargas:

Escultura erigida a petición de su hijo Alejandro en 1991 y realizada por el escultor Luis Sanguino (ver firma en lateral) en bronce con pedestal de caliza y base de granito. El sitio es ideal porque Pedro Vargas actuó bastantes veces en el Florida Park.


Este tenor, que nació en 1906 y murió en 1989, es una de las voces más conocidas de Méjico donde también actuó en bastantes películas. Su magnífica voz le hizo ser conocido como “el ruiseñor de las Américas” entre otros apodos, y nos ha dejado grabaciones inolvidables de canciones tanto mejicanas como de boleros conocidos en todo el mundo: “Allá en el rancho grande”, “Cielito lindo”, “Viva México, “Quizás, quizás, quizás”, “La flor de la canela” o “Volver, volver”.

Llaman la atención las flores llamadas “limpiatubos” de este arbusto australiano que, aunque aquí estaba aún bajito, puede llegar a tener varios metros de altura.


Detrás de esta estatua hay un arbusto muy curioso con unas flores que parecen cepillos rojos. Son los llamados “limpiatubos”, en latín Callistemon citrinus. Los teóricos “cepillos” son, en realidad, los estambres de las flores, que sobresalen de los pétalos para atraer mejor a los insectos. Proviene nada menos que de Australia, concretamente de la zona de Nueva Gales del Sur y Victoria.

Por un paseo paralelo al de coches, yendo hacia abajo y después de bajar unas escaleras (de muy pocos peldaños, por cierto) nos encontraremos con una amplia plaza empedrada en cuyo centro hay una preciosa fuentecita que se llama “Plaza del Mármol”:

Por aquí, entre cedros, plátanos y algún abeto de Masjoan (como el que veremos luego), se llega desde la Puerta del Florida a la Plaza del Mármol.
 
Que era así en los años 50.
 
Y que luce así ahora, en primavera.
 
Así en verano, rodeada de flores de todos los colores.
 
Y así en otoño, menos espectacular pero siempre preciosa: sin duda  es una las plazas más bonitas del Retiro, y no demasiado conocida, la verdad.


Esta es otra de las ideas de D. Cecilio Rodríguez, por lo que se supone que se construyó hacia 1941 y, aparte de la fuente central, se incluían en el conjunto cuatro esculturas sobre pedestales y tres bancos de piedra. Estos últimos están bastante bien conservados, pero de las esculturas solo quedan los pedestales, ¡que le vamos a hacer!.

La fuente no es de mármol, sino de piedra caliza, y tiene tres partes separadas por dos “tazas”, que es como se les llama a las piletas circulares.


Los setos son de boj, el exterior cuadrado, y circular el más cercano a la fuente. Entre ellos se suelen plantar flores del tipo de las margaritas.

El surtidor está arriba sobre la taza superior y debajo hay cuatro “niños-tritón”, cada uno soplando su caracola.
   
Los niños soplan, pero el agua ya no sale por las caracolas ni por las bocas de los cuatro leones del pie. ¡Nada es perfecto!
 
A estos patitos les vale con el agua de la pileta para darse un chapuzón.
 
Fíjate tú que banquito de piedra (caliza por más señas) en uno de los tres “salientes”o plazoletitas de la plaza, todas ellas empedradas. Ideal para sentarse un rato tranquilo y leer un libro mientras oimos de fondo el agua de la fuente.


Y estos son los pedestales de las estatuas que había (y ya no hay):

Los cuatro pedestales que se quedaron sin estatuas que sujetar… ¡Así es la vida!


Aquí tenemos la prueba de que haberlas las había…

Resulta que en el segundo de los pedestales de los que hemos puesto arriba había una estatua que parece de una señora griega o así. Las dos señoras que la rodean son españolas y la foto es de 1945.


Según me cuenta mi amigo Mario, estas estatuas desaparecieron por arte de “birlibirloque” hace unos veinte años, y lo peor es que no se sabe que ha sido de ellas.

Algunos aprovechan el rectángulo empedrado para dar rienda suelta a sus aficiones artísticas:

¡Cómo se lo pasan nuestros amigos bailarines recordando su folklore tradicional sobre los adoquines de esta plaza!


En primavera los árboles de la zona se ponen  tan frondosos como este castaño de indias:

Exhuberante castaño de indias con sus racimos verticales de flores.


Aún en invierno podemos ver estos ginkgos con sus hojas amarillas:

Los ginkgos en invierno pueden llegar a ser más bonitos que en verano por el amarillo de sus hojas.


A Diego le gustaba jugar a hacerse una especie de cabaña con su amigo Juan, a base de poner ramitas en unos arbustos que había en esta zona. Ahora hay estos avellanos:

Al ser otoño los avellanos están “pelaos”, aunque es buena época para ver como cuelgan los enormes amentos masculinos de los que saldrá el polen en su momento.


Salimos de la plaza del mármol bajando unas escaleras de pocos peldaños:

Cuatro peldaños seguidos y luego otro, o sea, cinco en total: lo suficiente para que sea incómodo si vas sobre ruedas. Ahora, eso sí, el paisaje en conjunto es precioso.


A ambos lados de este nuevo paseo hay unos setos de un matorral llamado “abelia” con flores que duran mucho y huelen muy bien:

Abelia floribunda es el nombre científico de este arbustito que procede de Méjico y cuyas preciosas flores en forma de campanilla duran hasta el invierno, y encima huelen bien.


A continuación, y ya en el paseito que lleva a la puerta de Sainz de Baranda, hay otros setos de agracejo chino y de durillo, junto con pitosporos:

Matorral de Berberis julianae, más conocido como “agracejo chino”, en el que se se pueden ver los frutos violetas sobre los pedúnculos rojos que salen de las ramas.
 
Preciosa mata de durillo -Viburnum tinus- en la que podemos ver no solo sus pequeñas flores blancas, sino también sus frutos en forma de bolitas de color azul oscuro, casi negro.
   
Los pitosporos -Pittosporum tobira- abundan por toda esta zona.


Y entre unos y otros vemos unos columpios de “última generación” que hacen las delicias de los más pequeños, por lo menos a Diego no había quién le sacara de aquí:

Los pitosporos, las acacias, los castaños y los enormes pinos piñoneros rodean a estos columpios de diseño.
   
Aquí vemos a Diego en pleno “columpismo”, pasándoselo en grande.


Girando a la izquierda para subir por el camino paralelo a Menéndez Pelayo, nos encontramos con otras matas que tienen unos frutitos rojos en racimos. Son “bambúes sagrados” o “nandinas” (Nandina domestica) iguales que las que adornan la estatua de Cecilio Rodríguez:

Con sus hojas puntiagudas de bordes rojizos y sus racimos de frutos rojos, las nandinas alegran el otoño de la zona.


Los pinos piñoneros son enormes en esta zona, por lo que no es extraño que les encante a las ardillas:

Por encima de las andinas se levantan estos dos enormes pinos piñoneros, que no son los únicos. En la foto podemos ver también mi bici y unos “enanitos” con sus cuidadoras, que seguro que hacían su primera visita al Retiro.
Las ardillas son felices con tanto pino, y las huellas de su paso las podemos ver en las piñas mordisqueadas que aparecen por el suelo.


En la primavera del año 2013, en donde antes estaban las oficinas de la Junta Municipal de Distrito (antigua Casa de Fieras), se inauguró la Biblioteca Municipal Eugenio Trías:

Desde lejos pasa desapercibida, sobre todo en primavera. "Los árboles no dejan ver la...Biblio".
   
Si nos acercamos, empezaremos a ver el edificio acristalado, aunque los cedros nos tapen un poco.
   
Si la vemos de lado el problema es que la vista se nos va al parterre de flores.
   
Más cerca, son los castaños en flor los que nos tapan la parte izquierda.
   
Para entrar hay que sortear el cedro...¡todo son pegas!
   
En el cristal de la puerta el Horario, muy especial: de lunes a viernes de 8,30 a 21, eso bien. Los sábados de 9,10 a 17,50 (rarito). Y los domingos de 9,10 a 13,50, también rarito. Y los festivos cerrado, claro.
A la derecha la placa conmemorativa de la inauguración por la Alcaldesa Doña Ana Botella Serrano, el 29 de Abril de 2013.


Si entramos por la puerta de Saínz de Baranda:

Que es ésta...
   
Y que desde dentro se ve así.
   
Veremos esta primera parte de la Biblio.
   
Los cedros que no nos dejaban ver la puerta.
   
La robinia en el centro del jardín.
   
El abeto de Masjoan que sobresale desde dentro de la antigua Casa de Fieras.
   
Y la última parte que da al Paseo de Coches.
   
Antes de la primavera ya salen aquí estas flores, que hacen las delicias de Charo.
Y de todo el mundo porque el membrillero japonés (Chaenomeles speciosa) es una preciosidad.
Al final hay un edificio de ladrillo rojo.
Con una puerta de cristal que tiene el curioso logotipo de las Bibliotecas.


Desde el Paseo de Coches, este edificio de la Biblioteca se ve así:

En realidad es un Salón de Actos donde se hacen un montón de actividades.


Pero veamos como es la Biblio por dentro:

Desde la calle Menéndez Pelayo se puede ver esta sala dedicada a los niños.
   
Así es por dentro con sus estanterías y sus juegos para los más enanos.
   
Los pasillos están acristalados, o sea, llenos de luz, y los hay con modernos sillones o con estanterías de libros.
   
Así son las salas de estudio y lectura, con ordenadores que se pueden reservar por horas y wifi gratis.
   
Y esta es la zona de préstamos de música y películas, que aquí hay de todo.
   
El Salón de Actos está al final, dentro de la “casa de ladrillos rojos”  que da al Paseo de Coches.


Esta Biblioteca es un acierto porque, aparte de las magníficas instalaciones, tiene un sistema de préstamos de libros, música y películas que es muy cómodo. Y es un magnífico lugar de estudio y de consulta, tanto de libros como por internet, con ordenadores y wifi gratis. También se pueden donar libros ya leídos o pelis ya vistas, que a veces no hay sitio en las casas. Y hacerse el carnet de socio es rápido y sencillo y así puedes consultar lo que hay en la Biblio por internet, desde casa. O sea, que está fenomenal. Ahora bien. ¿por qué se la han dedicado precisamente a Eugenio Trías?

Pues quizás porque ha sido uno de los grandes filósofos españoles del siglo pasado y también de éste, ya que murió poco antes de ser inaugurada esta Biblioteca.

Había nacido en Barcelona en 1942 y estudió Filosofía en su Universidad, pasando después por las de Navarra (Pamplona), Madrid, Bonn y Colonia. Entre los años 1965 y 1970 da clases en la Universidad de Barcelona, pero ya en 1969 publicó su primer libro La Filosofía y su sombra y al año siguiente Filosofía y Carnaval. En 1971 publica dos nuevos libros: Metodología del Pensamiento Mágico y La Dispersión. Y en 1973 Drama e identidad, o sea que pilló una buena racha de publicaciones. El curso académico 1972-73 lo pasa entre Brasil y Argentina, dando clases y conferencias.

De vuelta a España, en 1976, se hace profesor de Estética y Composición en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, llegando a catedrático en 1986. Allí se queda hasta 1992, cuando pasa a ser primero profesor, y luego otra vez catedrático de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Otros libros suyos son El artista y la ciudad (1975), La memoria perdida de las cosas (1977), Lo bello y lo siniestro (1981), Lógica del límite (1991), La edad del espíritu (1994), Pensar la religión (1997), El árbol de la vida (2003), Tratado de la pasión (2005), El canto de las sirenas (2007), Creaciones filosóficas I y II (Ética y estética y Filosofía y Religión) (2010) y, ya poco antes de su muerte, en 2012, Forma y tiempos de la música. Estos son solo algunos porque publicó más de treinta libros en total.

Aquí tenemos a D. Eugenio Trías, con su insaparable mostacho y relativamente joven.


Recibió muchísimos premios tanto por sus libros como por sus artículos de prensa, pues fue colaborador de los más importantes periódicos: El País, el Mundo, el ABC, La Vanguardia, etc. Además ha dado montones de conferencias y cursos por Europa y América y dirigido muchísimas tesis doctorales.

Se ocupó de todos los aspectos de la Filosofía: la ética, el civismo, la política, la estética, la religión, la historia, el conocimiento, el desarrollo de la persona, etc. A partir de los años 80 empezó a desarrollar su famosa "filosofía del límite", una de sus grandes aportaciones a esta materia.

La música fue otra de sus grandes pasiones, relacionándola con la filosofía en obras como La imaginación sonora (2010), entre otras. Gran cinéfilo, hizo una crítica de la estética del mundo moderno a través de la obra de Alfred Hitchcock en el citado libro Lo bello y lo siniestro, que fue Premio Nacional de Ensayo en 1993. Pero el más importante fue, sin duda, el "Premio Internacional Friedrich Nietzsche", que es como si fuera el «Nobel» de Filosofía. Se lo dieron en 1995.

Aparte de la Biblioteca, hay más novedades por aquí, porque según se sube hacia el Florida, vemos un monumento nuevo dedicado a un personaje muy entrañable del Parque. Se trata del famoso "Pirulo", un hombre que hacía las delicias de los niños con su puesto de chuches y de cromos. Se llamaba Luis Ortega Cruz y le pusieron así porque su padre se emborrachó una vez, cogió una "pirula" y de ahí le vino el mote.

Pirulo en su puesto del Reti.
Y aquí sentado en su propio monumento.


Era vecino nuestro, de la calle de Ibiza, donde terminó poniendo una tienda, pero lo suyo era el puesto de chuches del Retiro donde, además, intercambiaba cromos con los chavales a los que trataba siempre muy bien.

Una vez salvó a una niña atropellada por un tranvía (de los que pasaban cerca del Retiro) y que daban por muerta. El la llevó a un hospital y la niña se salvó. Además colaboraba en el famoso diario "Pueblo" con una sección semanal desde donde combatía el hambre y las necesidades que había entonces. También colaboró con el Padre Llanos en su labor social en la barriada del Pozo del Tío Raimundo, en Vallecas. Y es el fundador de la Asociación de Amigos del Retiro "La Cabaña", de la que hablaremos en el capítulo "El Palacio de Velázquez".

Entre hiedras y con la Biblioteca al fondo, aquí vemos este jarrón francés con la placa homenaje a Pirulo.
   
Detalle del jarrón con sendos carneros a modo de asas.
Placa del año 1988.


Tirando un poco hacia la calle Menéndez Pelayo, vemos unos columpios de los tradicionales:

Estos columpios están en un enclave precioso, con enormes pinos y elegantes edificios de la calle Menéndez Pelayo.
Las robinias o “falsas acacias” dan sombra a los niños, papás y abuelitos que se acercan por aquí.
 
En este momento no había nadie, pero es porque era “por la mañana muy tempranico…”


Muy cerca hay un pequeño abeto, que esperemos crezca y se haga como los que luego veremos:

Casi recién plantado, se pueden ver los brotes de las nuevas hojas.


Y así, poco a poco, vamos subiendo por estos caminos entre castaños, pinos, cedros, acacias, hiedras, etc. para ir acercándonos otra vez al edificio del Florida Park:

Estamos en la parte cercana a la verja de la calle Menéndez Pelayo y, en primer plano, vemos las hiedras que abundan sobre el césped.


Pero antes nos desplazamos a la izquierda según se sube y descubrimos una gran pradera que hace las delicias de la gente:

Como, por ejemplo, este señor que pasea feliz con su perro entre castaños, pinos, celindas y…¡árboles del amor!, que hay unos cuantos por aquí.
   
¡Que pueden ponerse aún más exhuberantes!


Los árboles del amor se llaman Cercis siliquastrum y ya hablamos de ellos en el Jardín de las vivaces, pero aquí los vemos en plena floración y luego con sus frutos en forma de judías marrones:

Estas praderas son una gozada para jugar a la pelota, al badmington o a lo que sea, con los árboles del amor al lado en plena floración
   
En diciembre estos árboles se ven así, todavía con hojas y con los frutos en forma de judías marrones en las que se han convertido sus preciosas flores violetas.


También hay por aquí alguna mata de celinda:

Las celindas también decoran estas praderas con sus preciosas y fragantes flores blancas.


Si se trata de jugar, Diego y yo somos especialistas, sobre todo él:

Haciendo equilibrio con un palito.
O jugando a volar aviones…Lo malo era cuando se enganchaban en las ramas o se rompían al chocar contra el césped.


A veces hay accidentes, como en todas partes, algunos espectaculares:

A este pino piñonero lo arrancó una ventisca, pero las palomas torcaces siguieron su vida como si tal cosa.


Pero en general hay tranquilidad, como la que se respira en las siguientes fotos de estas acogedoras praderas:

Se mezclan aquí los castaños en flor con los pinos, los árboles del amor… en fin.


Tanto es así que una mañana pudimos hacer fotos a este pájaro carpintero (Picus viridis) que estaba sacando lombrices del césped:

   
Con su típico obispillo rojo y su plumas grises y verdes con bordes ajedrezados, el pito real se afana en buscar las lombrices que se esconden en el césped bien fresquito.


Y otra me encontré con mis amigos Juan y Manolo, a la sazón jardineros, que acababan de encontrar una urraquita:

Manolo y Juan, el primero sonriente y el segundo con la cachimba de su invención.
La urraquita en manos de Juan. Parece que al final se salvó y la alimentaron los padres.


No podíamos dejar de citar a este enorme abeto que se encuentra casi en la puerta del propio Florida y que no es otro que el de Masjoan (Abies Masjoanni) como los dos de la entrada y los de la Casa de Fieras:

Entre castaños y árboles del amor se alza poderoso este gigante.
Las ramas de este abeto son características, con sus hojas verdiblancas y los amentos masculinos (de donde saldrá el polen) en la zona inferior.


Si cogemos el camino según se entra a la derecha, lo primero que nos encontramos es una preciosa fotinia (Photinia serrulata):

Cuando voy con la bici suelo entrar por aquí y la fotinia es lo primero que me encuentro. Son curiosas sus flores en forma de paraguas blanco y sus hojas, que son rojizas al principio y luego se van poniendo verdes.


Y enfrente unas matas del típico “durillo” (Viburnum tinus):

Mata de durillo con sus típicas flores blancas en forma de “paraguas”.


A la izquierda vemos más acantos, como los que había alrededor del Florida:

Y cuando la nieve cae pone blancas las verdes y enormes hojas de los acantos.


Los castaños abundan por la zona, lo cual no es extraño pues los hay por casi todo el Retiro:

Pero aquí les pillamos cuando las castañas estaban a punto de caer al suelo.


Esta es una zona de pinos piñoneros que dan excelente piñones que nos encanta coger y comer en el sitio, partiéndolos con cualquier piedra en el banco más cercano. Es lo que hacía con mis padres en el pinar de la entrada de la cuesta Moyano. Y donde hay pinos hay ardillas:

Y aquí estoy intentando convencer a esta ardilla de que se coma un pistacho. Al final lo cogió y lo escondió en la base de un pino, pero enseguida salió corriendo.


También hay por aquí algún que otro roble, como este:

Quercus robur, o sea, “roble”, con sus hojas de borde tipicamente ondulado.


El nombre científico es Quercus robur y, sin que sirva de precedente, estamos hablando de un árbol autóctono de España, aunque también los haya por Europa. Son árboles altos y muy fuertes (“más que un roble”). Las hojas tienen unos “lóbulos” típicos que las hacen inconfundibles. Hay flores masculinas en forma de amentos que cuelgan en primavera mientras las femeninas pasan más desapercibidas. Los frutos son las bellotas…de roble, las cuales comen no pocos animales y también las podemos comer nosotros. Son más recias que las de encina pero se pueden comer asadas. A mi padre le gustaban y de vez en cuando las asábamos en la placa de hierro de la cocina de carbón. Al ser su madera muy resistente se usa para construir un montón de cosas, entre ellas toneles para envejecer el vino “en barrica de roble”.

Antes de llegar a los columpios vemos en el césped unos cuantos avellanos (Corylus avellana), en concreto siete, que me recuerdan a los que veíamos en Cantabria y que tanto le gustaban a mi suegra cuando íbamos a Riaño, cerca de Reinosa:

Avellanos en forma de arbusto que pasan desapercibidos pero dan mucho verdor a esta zona. Las hojas son típicas y muy bonitas y entre ellas se pueden ver algunos pájaros o palomas torcaces, como la que tuvimos la suerte de “pillar” en esta foto.


Entre ellos vemos unos arbustos llamados “mundillos” o “bola de nieve”, aunque su nombre científico es Viburnum opulus.

Arbusto de bola de nieve con sus típicas hojas dentadas y sus flores..


También se les llama “sauquillos” (como Paquita Sauquillo que, por cierto, es vecina de la zona) y son típicas sus flores blancas, que no huelen a nada, pero que desde lejos parecen bolas de nieve. Los frutos son unas bayitas rojas que se comen los pájaros pero que son tóxicas para las personas.

Al lado vemos este arbusto con sus flores también blancas pero con otra forma muy distinta; es un “hibisco” o “rosa de mayo”:

Estas flores del hibisco se cierran y forman un tubo cuando se secan, pero cuando están abiertas son realmente bonitas.


El nombre científico es Hibiscus mutabilis y, como tantas plantas del Retiro, proviene de China, aunque no es muy frecuente en parques. Y es que hay que cuidarlos bastante, pero a cambio dan sus preciosas flores blancas, no solo en primavera sino también en otoño.

Y pegados a las traseras del Florida están estos columpios que tienen bastante éxito, aunque no eran los favoritos de Diego:

 
Rodeados de cotoneaster y abilias, así como de pinos y castaños, vemos estos columpios ya un poquito antiguos pero que siguen teniendo clientela infantil.
 
Con los acantos por abajo y los pinos al lado, aquí podemos ver estas matas de “griñoleras”, más conocidas en este caso por su nombre científico Cotoneaster lacteus.
Ya sea con lluvia o con nieve, los frutitos rojos le dan su toque navideño a la zona.
   
A este mirlo le vinieron de perlas los frutitos rojos del cotoneaster. ¡Se puso “morao” el tío!
Y esta fuente le viene muy bien a niños y mayores, y también a los animalitos de la zona.


De vez en cuando hay que hacer de tripas corazón y cortar algún pino peligrosamente inclinado.

Y hacerlo trocitos, como a este pobre.
Y amontonar sus restos...


El problema es que estos árboles, al estar regados no desarrollan sus raíces tanto como cuando están en terrenos arenosos, que son los suyo.

Pero como la vida sigue, en su lugar han aparecido estos rosales de Siria (Hibiscus syriacus) que lucen unas preciosas flores violetas:

Ahora son unas matitas, pero ya crecerán.
 
Bueno, ya están creciendo...


Estos otros columpios son más modernos y aquí si que Diego hacía sus pinitos, sobre todo subirse por la escalera y bajar por la barra “a lo bombero”:

Con mesas metálicas para comer o jugar a las cartas y rodeados de pinos, cedros, castaños, algún que otro roble, durillos, etc., estos modernos columpios y sus alrededores son una zona de juego predilecta de niños, papás y mamás.
 
Redes, caballitos y pirámide de diseño con plataforma y barra para bajar, todo ello en un círculo de arena para amortiguar caídas.
 
Este artilugio era el preferido de Diego, que se subía una y otra vez y bajaba siempre por la barra ondulada del lateral.


Pero antes solíamos jugar al fútbol en esta zona:

Estos cedros eran los postes de la portería donde chutábamos como posesos durante horas…


A veces surgía un partidillo con otros niños y sus papás y entonces poníamos otra portería un poco más atrás de donde está hecha la foto. Luego esta zona fue replantada con rosales de Siria como los que veíamos enfrente:

Estos arbolitos tienen unas curiosas hojas dentadas.
   
Y unas flores casi siempre malvas (aunque algunas salen rosa pálido) que ponen un punto de color y exotismo a la zona.


Un poco antes nos encontramos dos sauzgatillos, como los que vimos en la pared de ladrillo de subida al Angel Caído:

Aquí vemos a los también llamados “arbustos del cordero casto”.
 
Y estas son sus hojas compuestas por cinco hojitas puntiagudas, y las preciosas flores violetas que darán frutos en forma de bolitas de sabor picante.


Por aquí hay también matorrales que son fotinias, aunque de una especie distinta a la anterior, en concreto la llamada Photinia fraseri (variedad “red robin”), cuya particularidad es que las hojas cambian de color según la estación del año, pasando de rojas en primavera a violetas en verano y verdes en invierno:

Matorrales de fotinias en los que no pocas veces se nos metía el balón.


Y avellanos como en el parterre de enfrente:

Están a ambos lados de un pasillito que da a la verja de Menéndez Pelayo
 
Mi amigo Dani, de "Frutos Secos León" en la calle Ibiza, nos enseña las hojas y alguna que otra avellana (como las que él vende) que ya se empezaba a formar.
 
Y que nuestra amiga Ana Belén riega cada mañana para que se mantengan como es debido.


Los “árboles de las pelucas” son nuevos aquí, aunque ya hablamos de ellos en el capítulo del jardín de las plantas vivaces:

Su nombre científico es Cotinus coggygria y están pegaditos a los columpios.


También encontramos esta especie de mahonia cuyas flores amarillas salen en invierno:

La Mahonia media de la variedad “charity” tiene estas hojas compuestas y con pinchitos (como es típico de las mahonias) pero con la particularidad de que esos racimos verticales de flores amarillas salen en pleno invierno.


A esta altura y al lado de la verja de Menéndez Pelayo encontramos este olmo (Ulmus pumila):

A contraluz casi queda mejor la silueta de este olmo.
La corteza es la típica de los olmos, fuerte y agrietada.
   
Las hojas dentadas también se ven muy bien a contraluz.
Y los frutos con esas “alas” que los llevan por todos los rincones.


Por esta zona y justo pegadito a la verja de la calle Menéndez Pelayo también suele ir mucha gente haciendo footing: ¡otro “pasillo de trotones”!

Los castaños de indias y las falsas acacias o robinias se alternan a lo largo de la verja de Menéndez Pelayo.


Enseguida descubrimos una de las plazas más bonitas y quizás menos conocidas, al menos por su nombre. ¿Os suena la Plaza de Panamá?

En el Florida Park hay un cartel de cemento que lo indica con una flecha, pero quizás está un poco lejos. Esta plazita tiene un estanque que llaman “óvalo”, en cuyo centro hay una fuente con surtidor rodeada de rosas y donde destaca un monumento a un preboste panameño como ahora veremos.

 
Vistas del “estanque óvalo” de la Plaza de Panamá rodeada de rosas rojas. Espectacular, ¿no?
 
   
No son las de la Rosaleda, ¡pero no están nada mal!


Parece que este “estanque de rosas” se hizo poco después de la guerra civil, posiblemente en el año 1940.

A veces un accidente nos da una imagen mucho menos poética de este precioso estanque:

A este olmo blanco lo tiró el viento de una “ciclogénesis” en enero de 2014.
 
Lo arrancó de cuajo y lo tiró sobre el estanque. ¡Menos mal que no había nadie cerca! (y que no era la mejor época de rosas…)


Y no siempre es primavera…

Porque cuando el frío aprieta, ni rosas ni nada,el hielo puro y duro…


A su lado está el monumento al prócer panameño D. Justo Arosemena, a quién el nombre le iba como anillo al dedo, sólo hay que leer en la placa una de las frases que le hicieron famoso: “La patria del hombre es el mundo…”

   
Monolito hecho en el año 1978 por el escultor Emilio Laíz Campos en forma de tronco de pirámide en piedra caliza sobre base de granito y con placas de bronce, rodeado de preciosas rosas rojas. Está aquí desde 1994, aunque quizás se le traslade otra vez.


Arosamena fue un político panameño nacido en 1817 y que colaboró en la redacción de la Constitución de su país del que llegó a ser Presidente. Fue también embajador en Washington, Chile, Inglaterra y Francia. Negoció las condiciones en que Colombia le permitía a Estados Unidos hacer el famoso “Canal de Panamá”. Además fue un hombre clave para que Panamá se hiciese independiente por lo que ha pasado a la historia como "el más ilustre de los panameños y padre de la nacionalidad”. Además de político y jurista fue filósofo, y dejo pensamientos tan contundentes como el que se lee en la placa del monumento que, por cierto, fue idea de la Embajada de Panamá, que se hizo cargo de todos los gastos.

Detrás del monumento hay un curioso árbol, llamado “de los farolillos”:

Este es el aspecto en invierno.
En primavera se nota más luz y más verdor, ¿a que sí?
Y aquí en verano, cuando ya empiezan a salir los farolillos.
   
En verano salen las flores amarillas que luego serán los farolillos.
   
Que primero son verde clarito y luego marrón oscuro. Los de la foto de la derecha son los del año anterior, que todavía se conservan.


Este árbol se llama también “jabonero de la China” porque procede tanto de China como de Corea y Japón y además tiene “saponina”, sobre todo en las semillas, sustancia que produce espuma y sirve para limpiar. ¡Vamos que es como si fuera jabón!

El nombre científico es Koelreuteria paniculata como homenaje al naturalista alemán del siglo XVIII llamado Koelreuter. Lo de “paniculata” es por sus flores en racimos de los llamados “panículas” en Botánica.

¿Y lo de los farolillos? Pues porque sus frutos tienen la forma de farolillos chinos y además aguantan muchísimo en el árbol: se les ve incluso en invierno. En el Retiro son como quien dice nuevos, pero ya hay unos cuantos y se adaptan muy bien al clima de Madrid.

Entre castaños de indias, plátanos de sombra y algún que otro roble, hay una zona de césped donde son frecuentes los partidillos de fútbol, así como las partidas de cartas en las mesas con sillas que hay al efecto.

En este momento desierto (era por la mañana, prontito), este paraje es frecuentado por niños para jugar a la pelota y por adultos que se reunen a jugar a las cartas o a charlar. También es una zona muy propicia para celebrar cumpleaños de niños.
   
En verano la zona está más animada, tanto que Diego y yo también nos decidimos a darle unas patadas a este baloncito.


También hay a quién le gusta pasear por aquí y disfrutar dando de comer a las palomas… y ya de paso a las ardillas:

Y esto es justo lo que le ocurre a esta buena señora (muy simpática, por cierto) que baja desde su casa con pan para echárselo a las palomas…o a las ardillas.
   
Sí, porque las ardillas (tan listas ellas) enseguida se apuntan al banquete. Eso sí, en cuanto algo o alguien las asusta se suben al árbol más próximo, en este caso un castaño de indias.


Algunos se dan de comer y de beber a sí mismos y a familiares y amigos, aprovechando las mesas con asientos, y con el pretexto de celebrar algún que otro "cumple" de sus retoños:

Esta zona es muy propicia para celebrar “cumples”, en primavera o en verano, claro.


Y ya en el extremo de esta zona del Florida y cerca del Paseo de Coches, podemos ver el monumento erigido a D. Francisco de Paula Martí Mora, que fue el inventor de una técnica ya en desuso y que consistía en escribir muy rápido lo que alguien decía. Se llamaba “taquigrafía”.

“Está bien que corran las palabras, pero la mano es más veloz que ellas. Todavía la lengua no acabó, la diestra ya terminó su obra”. Eso es lo que pone en el bloque horizontal que está por encima del busto de Francisco de Paula. La traducción de estos versos del poeta latino Marcial es de mi “cuñao” José Antonio, que sabe latín.
Hecho en granito y caliza, este monumento es obra del arquitecto Pedro Cuartero y del escultor Enrique Cuartero, y lo pagaron los asistentes a un Congreso de Taquigrafía celebrado en Vitoria en 1957. Fue inaugurado en 1961 y se puso en la puerta cercana, trasladándose aquí en 1968.


Este buen señor nació en Játiva en 1761 y en 1803 publicó un libro llamado “Taquigrafía castellana o arte de escribir con tanta velocidad como se habla y con la misma claridad que la escrituras común y la pluma estilográfica”. Un poquito largo el título pero el libro tuvo éxito y el sistema empezó a utilizarse al ser muy práctico para “coger al vuelo” todo tipo de notas o apuntes. En mis tiempos era típico que las chicas estudiasen “taquimecanografía” para ser secretarias y poder transcribir a máquina los escritos que les dictasen sus jefes.

Aparte de inventar la taquigrafía, Francisco de Paula fue grabador de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y además escribió algunas obras de teatro. Murió en Lisboa, adonde fue tratando de curarse la hemiplejia que le aquejaba, en 1827.

La hiedra invade todo el monumento a Francisco de Paula y, en el extremo del parterre donde se encuentra, vemos unas nandinas con sus típicos y preciosos frutitos rojos.


Y como siempre terminamos el capítulo con el mapita con las cosas más importantes de la zona:

En el nº 1 está el Florida Park, en el 2 el busto del tenor Pedro Vargas, en el 3 la Plaza del Mármol, en el 4 la Biblioteca Municipal, en el 5 el monumento homenaje a Pirulo, en el 6 los columpios modernistas y en el 7 y el 8 los otros más normales; en el 9 están las wollemias, en el 10 los columpios con rampa, en el 11 la Plaza de Panamá, en el 12 el monumento a Justo Arosemena y en el 13 el dedicado a Francisco de Paula Martí.
 
 

 

Nota: Las fotos antiguas del Florida Park son de Mario Fernández que las cedió para el libro “El Retiro en el objeto de nuestra memoria, 1890-2010”, editado por el Área de Gobierno de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid y que podéis hojear en los Puntos de Información. La de la estatua de la Plaza del Mármol también es de la colección de Mario, que además fue tan amable de enviármela por correo electrónico. Algunas de la Wollemia son de una página australiana llamada “Growing Native Plants”. Las de la Biblioteca por dentro las saqué de "zonaretiro.com", de "infanmusic.com" y la de Eugenio Trias de la página de la Editorial Taurus. Y las de Pirulo de una página que se llama "sigojoven.com" y de los archivos de El País.

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