Los Jardines de Cecilio Rodríguez

 

Una de las zonas más cuidadas del Retiro son estos jardines diseñados por el gran jardinero del parque que fue D. Cecilio Rodríguez.

Y tan cuidada que hasta el mes de marzo de 2010 estaba cerrada al público los fines de semana para que se conservara mejor en toda su belleza. Actualmente está abierta todos los días con horario de 10 a 6 de la tarde en invierno y hasta las 8 en verano.

Lo primero y como homenaje a su creador, os contaremos algo de la vida de este gran jardinero que nació en Valladolid y empezó como aprendiz en el Ayuntamiento de Madrid con tan solo 8 años. Poco a poco y a base de trabajar mucho y bien en los jardines y viveros, fue ascendiendo de categoría hasta ser nombrado Jardinero Mayor del Retiro en 1914. Diseñó y puso en marcha la Rosaleda y se encargó también de la Casa de Fieras. Llegó a ser el Director de Parques y Jardines de Madrid y tras un paréntesis en el que fue destituido, volvió a su cargo en los años cuarenta, diseñando y construyendo los jardines que hoy llevan su nombre. Los terminó en 1941.

Merecida estatua a Cecilio Rodríguez erigida por el Ayuntamiento de Madrid en 1949.
Alrededor de su estatua crecen estos matorrales de una planta que se llama Nandina domestica o bien “bambú sagrado o divino”, que es justo lo que fue D. Cecilio para el Retiro.


El monumento a su diseñador, a D. Cecilio, está entrando a la izquierda, más o menos a mitad del recinto. Pero nada más entrar por la puerta principal, o sea la que da a la antigua Casa de Fieras, nos encontramos con una auténtica “postal”: la fuente con las gaviotas, las columnas, las losetas ajedrezadas, los cipreses recortados, los pinos y, al fondo, el Pabellón. Y eso pasando por los cuatro estanques con sus fuentes en el centro, las pérgolas…y los pavos reales paseando majestuosamente por todo el recinto.

Panorámica de la entrada principal. ¿A qué parece un jardín de cuento?


Si después de deleitarnos con esta preciosa panorámica giramos la vista a derecha e izquierda veremos unos enormes pinos piñoneros (Pinus pinea) que no son los únicos, porque los hay repartidos por todos estos jardines, algunos muy curiosos, como luego veremos.

Pinos piñoneros justo a la entrada de estos jardines, al lado de los estanques de la antigua Casa de Fieras.


Pero enseguida nos topamos con la llamada Fuente de las Gaviotas, que fue donada al Retiro por la Embajada de Noruega en 1962, y que está rodeada por unos setos en forma redondeada.

Todo el conjunto resulta de lo más artístico y, la verdad, bastante original. Fíjate tú los noruegos, que regalito nos hicieron.
   
Las gaviotas en su estado natural y cubiertas por la nieve que, de vez en cuando, nos cae sobre Madrid.


Son en total siete gaviotas que esculpió en hierro el malagueño Jaime Fernández Pimentel. Al oxidarse demasiado fueron sustituidas en 1999 por otras iguales que hizo el mismo escultor, pero en acero inoxidable. Las rocas las trajo de la Pedriza madrileña el arquitecto Manuel Herrero Palacios, justo el que diseñó los jardines de la Casa de Fieras.

Las dos fuentecicas, tanto la del chorrito como la de la concha, son de lo más propio.
   
Hasta los setos grandes y esféricos con esos tonos amarillos entre el verde como corresponde al invierno (que es cuando hice la foto) resultan bonitos y realzan el conjunto. Este arbusto es de origen japonés y se llama evónimo o bonetero del Japón, Euonymus japonica, para los científicos.
     
Los patos se lo pasan en grande en esta fuente, con la silenciosa compañía de las gaviotas...
Los gatos, aunque no les guste el agua, también se dan de vez en cuando un paseito por aquí.


Alrededor de esta fuente hay ocho columnas de granito que no se sabe si fueron hechas a propósito para aquí o se trajeron de otros sitios. El caso es que llevan aquí desde el año 30 del siglo pasado, o sea que…

Estas son las ocho columnitas de marras: contadlas y vereis como están todas.


Justo pasada la fuente hay otras dos columnas muy parecidas a éstas, aunque no son iguales sino más clásicas:

Hemos puesto solo una, pero os juramos que la otra es idéntica.


Un poco más a la derecha hay una fuente con surtidor y un pequeño estanque, que relajan a quienes se aventuran por allí.

Bonita y relajante fuente en un rinconcito poco conocido de estos jardines.


Esta se llama “fuente de la bellota”, porque efectivamente hay una en lo alto, justo por donde sale el chorrito. Es de 1925 y está hecha en piedra caliza y granito. En ella hay plantas acuáticas como estas calas con sus flores tan curiosas:

Las calas crecen en primavera en estas fuentes.
No por ser conocida esta flor es menos alucinante.


Aunque el nombre vulgar es muy sencillo (cala o “lirio de agua”), el científico no lo es tanto… Zantedeschia aethiopica, nada menos. Todo es por culpa del botánico italiano G. Zantedeschi por una parte y por Etiopía de otra, aunque en realidad son originarios de Sudáfrica.

Son plantas de las llamadas “vivaces” porque tienen un tallo carnoso subterráneo que todos los años vuelve a brotar. La flor se llama “espata” y es muy usada en las floristerías. Las hojas son grandes y consistentes y los tallos sirven para la reproducción. También pueden vivir en tierra y de hecho las hay en macetas, aunque hay que regarlas mucho o sumergirlas en parte en agua.

Rodean a la fuente dos estanques llamados “en cascada” porque tienen varios desniveles por los que discurre el agua:

Tienen un estilo árabe y como veis son iguales aunque las fotos son de distintas épocas del año.


Esas plantas más o menos altas que rodean a estos estanques son "cannas", conocidas por los botánicos como Canna indica: aparte de hojas grandes y flores bonitas, estas plantas tienen unos tallos subterráneos, que se llaman “rizomas”, de los que siempre están dispuestos a salir tallos y raíces, por lo que son muy resistentes. Pero también se pueden reproducir por semillas, o sea, que en esta zona del Retiro hay cannas para rato.

Plantas de canna y, a la derecha, flores y frutos.


Entre las cannas salen otras plantas que los jardineros consideran “malas hierbas” pero que tienen unas flores muy bonitas. Son las correhuelas o Convolvulus arvensis:

A pesar de su bonito aspecto, estas plantas tienden a “asfixiar” a las que tienen cerca y además es difícil acabar con ellas porque sus raíces son muy profundas.


Al fondo a la derecha (como dicen en los bares) vemos una casetita de las de ladrillo que antes servían para refugio de los guardas y ahora para almacenar algunos utensilios de los jardineros.

Imagen muy otoñal de esta casetita de rojo ladrillo a la que le cuelga una “melena”de hojas rojas.


Los gatos, que no son tontos, tienen en esta zona uno de sus refugios predilectos, por lo que no es difícil encontrarlos tomando el sol o intentando buscar algo de comer, aunque siempre hay quién les pone algún paquetito con comida. También pude ver una ardilla de las “nuevas”, porque antes se soltaron otras que misteriosamente desaparecieron.

Gato sesteando plácidamente al sol.
Y este mirando el panorama a ver que se puede cazar.
Ardilla bajando a toda pastilla por un tronco.


Muy cerca hay una preciosa puerta antigua que muchas veces está cerrada, pero que merece la pena echarla un vistazo:

Con la verja recien pintada pero con su forma original, esta puerta, situada entrando a la derecha, tiene todo el estilo y el señorío de los jardines.


Aunque no se sabe muy bien su antigüedad ni procedencia exacta, puede que esta puerta sea bastante antigua, hasta del siglo XVIII y está hecha de granito, bolardos incluidos. Por cierto, más bonitos que los que se usan ahora en las calles.

A la derecha se encuentra uno de los árboles de los que antes eran más abundantes en el Retiro pero que ahora cada vez hay menos. Se trata del olmo común (Ulmus minor), el olmo de siempre, las “olmas” de las plazas de los pueblos.

   
Este olmo de los jardines de Cecilio Rodríguez se ha convertido en una verdadera joya porque cada vez son más escasos. La foto inferior derecha es de los frutos que son tipo sámara y al secarse vuelan.


La grafiosis es la enfermedad que ha acabado con muchos olmos, no solo del Retiro, sino de todas partes. Es un hongo microscópico que se mete en los vasos del árbol por donde circula la savia y los cierra. El árbol termina por secarse. Este honguito lo llevan al olmo unos escarabajos de la familia de los “escolítidos” que se alimentan de la madera. Pero también pueden propagarse por las raíces, o sea que los olmos lo tienen muy crudo.

Y un poco a la izquierda de la famosa puerta hay un árbol del que hablaremos sobre todo en el Palacio de Cristal, ya que allí hay unos cuantos, pero dentro del estanque. Sin embargo, este lo tenemos plantado en tierra seca, pero sigue siendo un ciprés calvo o de los pantanos (Taxodium distichum), una de la pocas coníferas de hoja caduca.

Detrás de la farola vemos este ciprés calvo así como sus hojas y sus curiosos frutos en forma de pelotitas verdes. También vemos los amentos masculinos en forma de racimos de color marrón.


Y un poquito más adelante nos encontramos con la joya botánica de los jardine,s que no es otra que el arce plateado (Acer saccharinum) que está allí sobre una parcelita de césped como quien no quiere la cosa. El tronco del angelito mide casi 4 metros de perímetro y 20 de altura, casi nada, y es uno de los pocos de esta especie que viven en Madrid. Estos árboles son típicos del Canadá y de su savia se saca el famoso “jarabe de arce”, a base de hacerles unas incisiones en el tronco parecidas a las que se hacen en los pinos para sacar resina. Esta savia les gusta mucho a unos mosquitos que, al sacarla del árbol, le hacen formar como si fueran palomitas de maíz por lo que se les llama “escama algodonosa del arce”.

También a mucha gente les gusta (me incluyo), porque es muy digestivo e incluso puede sustituir a las comidas por la energía que da, así que hay quienes lo usan para subsistir cuando tienen que “estar a dieta”. En Canadá hay tantos (de esta especie y del “arce negro”) que se permiten sacar hasta 15 millones de litros de jarabe al año, que ya está bien.

Este ejemplar es uno de los seis “árboles singulares del Parque” en el que solo hay otro, en estos mismos jardines. Es el nº 49 de la Senda Botánica, por lo que tiene al lado el correspondiente cartelito.

Basta compararlo con el señor que pasea a su lado para ver que sus 20 metros son más que respetables.
Y el tronco también es enorme, aunque se bifurca enseguida. Desde luego que no se abarca con los brazos.
   
Vemos aquí las típicas hojas palmeadas y los frutos que se llaman “en sámara”, bueno, en “disámara”, porque salen de dos en dos.
   
Este es el otro ejemplar, de tronco más pequeño pero que pillamos en una época –otoño- en que estaba más frondoso.
Cartelito donde se cuenta la vida y milagros de estos arbolitos tan “singulares”.


Si, nada más entrar, en lugar de irnos hacia la derecha lo hacemos hacia la izquierda, descubriremos una estatua y unas fuentes:

Rodeada de pinos, cedros y otras especies vegetales en forma de setos y arbustos, la estatua de Venus se encuentra feliz en este rinconcito de los jardines de Cecilio Rodríguez.


La estatua es de piedra caliza y representa a la diosa romana Venus, también llamada “Diosa Flora”, porque se supone que protegía a la vegetación, así que no hay duda de que está en el sitio adecuado. Lo que pasa es que no se sabe quién la hizo aunque parece que la trajo aquí el propio Cecilio Rodríguez sobre 1929 y luego, en 1997, se hizo el pedestal.

Las fuentes son muy parecidas a las del lado derecho y, por supuesto, tan refrescantes y relajantes como aquellas.

La circular también tiene una bellota en la cúspide, por cierto bastante desgastada por el agua.
   
Las otras dos tienen como dos pisos y estanques cuadrangulares rematados por semicircunferencias. Todas ellas se encargan de dar frescor y tranqulidad en este rincón del jardín.


Al lado de estas fuentes, por esta parte izquierda de los jardines, podemos ver algunos árboles curiosos como este ciruelo, Prunus domestica para los científicos:

Ciruelo en pleno apogeo primaveral con sus preciosas flores blancas de cinco pétalos y su tronco fuerte y, en este caso “tripartito”.


Un poco más adelante hay una edificación de ladrillo rojo donde podemos ver el llamado, sin duda por su sencillez, “estanque rústico”.

Pequeño estanque rectangular con plantas de cineraria gris que le rodean, a la vez que están plantadas en unos circulos que hay al lado.


Y rústicas son también las plantas que lo rodean. Se llaman “cineraria gris” o Senecio cineraria y tienen las hojas verde blanquecino. Son como de terciopelo y además están todo el año. En verano le salen flores amarillas.

Un poco más adelante hay una zona hecha en ladrillo rojo por donde se puede subir y acceder a una parte muy poco conocida de los jardines que tiene una especie de “terracita” que da a la calle Menéndez Pelayo y desde donde se puede ver la iglesia del Hospital de Niño Jesus.

Con un olivo en primer término y cedros al fondo, descubrimos esta curiosa construcción.
Asomándonos a esta terracita se puede ver la calle Menéndez Pelayo y, al fondo, la Iglesia del Hospital del niño Jesús.


En la misma terrazita hay pequeños olivos y una plantación de romero en un rectángulo. Eso me recuerda a mi papi, al que le encantaba darse friegas con alcohol de romero, que huele tan bien como la planta:

Estos son los olivos con las hiedras de fondo.
Y aquí está el romero sobre el suelo ajedrezado.
   
Hay que vencer la tentación de coger alguna ramita. Conformemonos con tocarla y oler el perfume tan saludable que nos deja en las manos.


En la parte de abajo hay un estanque llamado “rústico”, que tiene forma de arco y dos bóvedas circulares, todo ello en ladrillo rojo:

Es muy original este pequeño estanque con sus grutitas en ladrillo y sus fuentes.


Pero quizás lo más espectacular de estos jardines sea la zona central con sus cuatro estanques provistos de surtidores y rodeados de cipreses cortados en redondo o cuadrado:

   
Rodeadas de cipreses cortados geométricamente y con los pinos y cedros de fondo, estos cuatro estanques con sus surtidores forman un paisaje de perfecta “armonía jardinera” y nos permiten dar un paseo mas que agradable sobre sus losetas blancas y grises.
   
Incluso con nieve, el paseo entre estos románticos estanques es agradable. Lo único que los pasos quedarán marcados en las losetas y que hay que tener cuidado para no resbalarse.
   
Los pinos piñoneros que rodean las fuentes no por conocidos son menos majestuosos.
   
Otra cosa típica de esta zona son las pérgolas con sus columnas rodeadas de hiedra, sus setos de boj, sus bancos de piedra, etc., que nos invitan a hacer un descansito. Ah y sus pavos reales que se pasean por allí como si tal cosa a ver si algún ciudadano/a le da alguna cosita que se pueda comer.
   
Los pensamientos y las hortensias contribuyen a la belleza de estas zonas.
   
Estos hermosos setos de boj son todo un lujo a nuestro alcance.
La hiedra es más normalita, pero queda muy bien enrrollada en estas columnas y su frescor se agradece en verano.


Se pueden encontrar rincones muy tranquilos en esta zona, como el que vemos ahora:

Entre pinos, cedros y cipreses con ventanas cuadradas, encontramos bancos de piedra que son una gozada para descansar un ratito cuando el tiempo lo permite.


Muy cerca de la fuente de los noruegos hay un curioso árbol de hojas rojizas que se llama “árbol de las pelucas” o Cotinus coggygria, como el que vimos en "El Jardín de las Vivaces" y más que veremso por el parque:

La gracia de este arbolito es que las flores forman una especie de maraña, como vemos en la foto de la derecha, que le dan un aspecto de lo más llamativo.


Como ya veíamos en una de las fotos anteriores, los pavos reales son típicos de esta zona, así que ahora os ponemos algunas de las que mejor han quedado:

Estas dos pavas lo mismo bajan por las escaleras que se suben a los bancos. Están muy felices en estos jardines.
   
Y no digamos esta pava y su pollito, que caminan sobre las losetas ajedrezadas.
   
   
Este macho nos deleita con su espectacular despliegue de preciosas plumas. ¡Anda que no es presumido el “pavo”!
Machos y hembras sestean plácidamente al sol entre los setos de boj y el abeto.
   
La nieve no es problema para estos pavitos, que tienen su alimento asegurado. ¡Sólo que pasan un frío que ya, ya...!


A derecha e izquierda de los jardines hay unas edificaciones en ladrillo rojo (tres a cada lado) que se utilizan bien para dar cursos de jardinería a jóvenes (por cierto subvencionados por el INEM), o bien para que los jardineros puedan guardar sus utensilios.

Estos son los dos últimos al fondo a la derecha.
   
Y este es el primero de la derecha según se entra donde se reunen mis amigos los podadores para tomarse un “ligero tentempié” a media mañana, más que merecido porque curran de lo lindo.
Y estos tres son los que hay a la izquierda.


Muy cerca del edificio de los podadores vemos un frondoso pitósporo o azahar de la China, llamado así porque sus flores pequeñas y blancas huelen nada menos que a azahar:

Pittosporum tobira es su nombre científico y tiene esas hojas duras y brillantes que se ven en la foto, aparte las flores tan bonitas y olorosas que decíamos.


También muy cerca podemos ver una mata de durillo (Viburnum tinus) del que ya hablamos en La Rosaleda y veremos miles por el parque:

Lo bueno es que a este le pillamos con sus típicos frutos en forma de aceitunitas violetas.


Casi pegando con la “casita de los podadores” podemos ver este otro ciruelo:

Como todas las de los frutales, también las flores de este ciruelo son preciosas.


Y detrás del edificio, pegando con la verja, se encuentran una hilera de plantas que en primavera da gusto verlas. Por ejemplo la espirea (Spirea arguta):

Típica planta de espirea en primavera, con sus ramas vencidas por el peso de la flores que se juntan en ramilletes.


Justo al lado están las celindas o falsos jazmines (Philadelphus coronarius) con flores que huelen fenomenal:

Planta de celinda con sus hojas en dientes de sierra y sus olorosas flores blancas en racimitos.


Las lilas (Syringa vulgaris) también están por aquí con sus flores tan apreciadas, no solo por las personas, sino también por los insectos, sobre todo por las mariposas. Lo que no nos parece bien es que algunos/as de las primeras (o sea de las personas) se atrevan a llevárselas a su casa.

Por otro lado os diremos que las lilas proceden de los Balcanes y su nombre científico proviene del griego “syrinx” que significa “flauta” pues con su madera se hacían estos instrumentos.

Al lado de la verja, entre celindas y espireas, vemos estas lilas tan preciosas.


Si nos desplazamos un poco hacia el centro de los jardines, encontraremos una morera llorona, Morus alba (variedad “pendula”), llamada así porque sus ramas cuelgan. Me dicen mis amigos los podadores que esta es injertada, o sea que es un ejemplar especial.

Sabido es que a las orugas (¡quién no ha tenido gusanos de seda) les encantan las hojas de morera. Tanto que a la de la izquierda de la foto alguna le ha dado un bocadito.


Muy cerca hay una especie de abeto, que en realidad no lo es, porque se trata de una picea, más concretamente Picea abies:

Las ramas son algo colgantes y, en la foto de la derecha, podemos ver las flores masculinas de color rojo. En el dibujo vemos con claridad las piñas que caen de las ramas.


Estos son unos de los que se usan como árboles de Navidad, sobre todo en nuestro país, y se les llama “abetos rojos”, precisamente por el color de sus flores masculinas. Las femeninas son piñas alargadas que cuelgan de las ramas. Su madera es muy dura y resistente así que usa para bastantes cosas, entre otras para hacer instrumentos musicales. Tanto que los famosos violines Stradivarius fueron hechos con madera de estos árboles.

En esta misma zona hay un tipo de roble que no es el común sino el negro Quercus velutina, originario del Este de Estados Unidos:

Sobre todo son las hojas las que llaman la atención por ser muy lobuladas pero mucho más puntiagudas que las del roble común. También podemos ver los amentos masculinos que cuelgan de las ramas.


Si se quiere se puede salir (¡y entrar!) por la parte derecha de los jardines, porque para eso hay una puerta lateral:

Puerta lateral recién pintadita con su correspondiente cartel indicador.


Pero si seguimos avanzando, que es lo suyo, nos aproximamos al pabellón acristalado:

Después de la rotondita de pensamientos amarillos (las flores, vaya) en cuya mitad está la bandera de la Comunidad, podemos ver el pabellón acristalado de dos pisos, todo ello sobre el suelo de losetas blancas y grises.


Delante del pabellón en su esquina izquierda según vamos hacia él nos encontramos con este pino piñonero que milagrosamente aún se conserva en pie:

Gracias a los dos soportes metálicos, que hábilmente han sido colocados en las dos ramificaciones del tronco, este buen pino piñonero sigue resistiendo, a pesar de estar “de copa caída”.


Si nos subimos al segundo piso del pabellón, contemplaremos una preciosa panorámica de los jardines:

Esta vista es simétrica a la que tenemos desde la puerta, solo que aquí no está la fuente de las gaviotas, que se encuentra justo enfrente.


Este pabellón se dedica a la celebración de actos públicos, ya sean del propio Ayuntamiento o bien de Ministerios o Universidades que lo soliciten. Antes se celebraban bodas, pero esta práctica ya se acabó, aunque muchos novios eligen estos jardines para hacerse las fotos el día de su boda.

Este pabellón acristalado de dos plantas, en cuyas terrazas se pasean y cantan los pavos reales, se camufla entre la vegetación que le rodea.
Interior del Pabellón con piso de loseta y muros de ladrillo rojo así como estatuas y cuadros.


Los pavos que antes veíamos tienen en esta zona del pabellón uno de sus refugios preferidos. De hecho se les puede ver con total confianza y tranquilidad y muchas veces emitiendo sus gritos para marcar su territorio:

Al sol o a la sombra, está claro que a los pavos les gustan estas modernas instalaciones.


La verdad es que el Pabellón es un sitio de lo más acogedor, sobre todo por sus alrededores llenos de árboles y arbustos, en un suelo de césped siempre húmedo y bien cuidado.

Este cedro se levanta poderoso sobre la torre del fondo, situada en la zona llamada de los Reyes Magos.
Los pinos piñoneros rodeados de arbustos dan frondosidad y frescor los alededores del Pabellón.
Y en ese jardín hay un par de abetos de la especie “Abies concolor” que proceden de América.


También hay algunas especies curiosas como este magnolio de hoja caduca que sale ¡después de las flores!, que son blancas y preciosas:

Pequeño pero espectacular magnolio chino en plena floración: ¡las hojas salen despues!


Se llama Magnolia soulangeana, “magnolio chino” o “árbol tulipán” y es un híbrido que procede del cruzamiento de dos especies de magnolios. Puede tardar algunos años en florecer pero, como veis, merece la pena esperar.

Hay más especies de árboles en estos jardines: cedros, acacias, robinias, etc. Y también algunos que otros arbustos más, pero hemos visto los más abundantes y también los más curiosos.

Y ya nos vamos, pero en este caso no por la “puerta de atrás”, que casi siempre está cerrada y, como puede verse, también bastante remodelada:

Y además recién pintada.
El farol no deja de ser bonito y el nº 25 corresponde al de la calle que se llama “Paseo del Uruguay”y está entre estos jardines y la zona del Observatorio Meteorológico.


Por esta puerta es por donde empezamos a ver los pavos con Diego los domingos, cuando estos jardines estaban cerrados. Siempre les traíamos algo de comer y le encantaba verlos de cerca, aunque fuera a través de las rejas.

A partir de ahora ya vamos a poder disfrutar de esta zona todos los días. Esperemos que sepamos cuidarla porque es un auténtico tesorito.

Para rematar y como siempre, vamos a poneros el mapita donde está señalado todo lo que hemos visto.

En la zona 1 está el monumento a Cecilio Rodríguez, en la 2 la fuente de las gaviotas, la 3 y 4 son las fuentes de la bellota y los estanques en cascada, la 5 es la central con los estanques rectangulares, las 6, 7, 8 y 9 son las pérgolas y los edificos de ladrillo rojo, y la 10 es el Pabellón.
 
Desde arriba, Google nos da esta visión de toda esta preciosa zona.


Nota: Todas las fotos de este capítulo son mías excepto la del interior del pabellón, sacada del libro de Carmen Ariza Muñoz “Los jardines del Buen Retiro”. Tengo que agradecer especialmente a mis amigos los podadores de altura que me han asesorado, explicado, aconsejado, invitado, en fin… muchísimas gracias, de verdad.

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