Alfonso XII y Alcalá

 

 

Le he llamado así a esta parte del Retiro porque no sabía cómo llamarla, y pensé que esta zona está más o menos entre estas dos calles. La zona próxima a la calle Alfonso XII está muy cerca del Casón del Buen Retiro, del antiguo Museo del Ejército y de los Jerónimos, que tienen mucho que ver con la historia del parque. Pero como todo eso lo contamos ya en el capítulo “Introducción”, no vamos a repetirlo ahora.

Vamos a entrar, como hacen muchísimos turistas, por la puerta que da a la de Alcalá, que se llama así porque era la salida de Madrid hacia Alcalá de Henares.

Y que es esta: “mírala, mirala…”, porque es uno de los monumentos más fotografiados de Madrid.


Esta Puerta fue construida en 1788 por orden de Carlos III para sustituir a otra que ya había aquí mismo desde el siglo XVI. El arquitecto fue el italiano Francesco Sabatini, el mismo de los jardines) que diseñó un monumento de estilo neoclásico al estilo de los “arcos de triunfo romanos”. Hoy día es famosísima en el mundo entero y todo el que viene a Madrid se hace una fotito aquí.

Pero antes de entrar en el Parque hay que leerse los cartelitos que hay, uno en la acera de la puerta, en la Plaza de la Independencia y el otro nada más entrar:

Este me hace mucha gracia porque está en español, en inglés y me imagino que en japonés, que vienen muchos, aunque cada vez vienen más chinos.
Cuatro cosas que todo el mucho debe hacer y que no siempre hace.


Las normas del Parque son cuatro, pero que yo vea solo se cumple la de respetar a la fauna. Por lo menos a las palomas y a las ardillas (sobre todo) creo que sí se las respeta, e incluso alimenta. Aunque para bien alimentados los gatos son “lo más”, que hay gentes que se encargan de ello en muchas zonas del Retiro.

Han puesto a la ardilla como símbolo y está muy bien, porque sin duda es el animal más atractivo del Retiro. En este cartelito pone que está prohibido cazar cualquier animal y espantarlos, ni perseguirlos con perros u otros animales. Tampoco se pueden pescar peces en el estanque.


Tirar las bolsas, periódicos, chicles y basura en general a las papeleras, me da la sensación de que se hace a medias. A quienes lo llevamos a rajatabla y otros que simplemente “pasan”.

Aparte de no tirar porquerías, tampoco se deben tirar las papeleras, ni pegar pegatinas en árboles, verjas, etc.. Bueno, de esto se hace un caso relativo…


En cuanto a los perros mucha gente los lleva sueltos y a veces se forman unas peleas de perros que ya, ya… Creo que hay una normativa municipal que permite soltarlos solo hasta las 10 de la mañana, pero se ven perros sueltos todo el día. A veces te encuentras uno “juguetón” que te empieza a ladrar y el dueño/a te dice: “no te preocupes, si no hace nada…” Pero el susto no te lo quita nadie.

Teoricamente está prohibido pasear los perros por el césped…Y que beban de las fuentes, se acerquen a los parques infantiles, espanten a las palomas. Esto la verdad es que no se cumple ni de coña.


Y lo del césped ya es un cachondeo. Casi debía poner “Prohibido no pisar el césped” y probablemente –por llevar la contraria- dejaríamos de pisarlo. No solo lo pisamos y jugamos al fútbol, sino que muchos se tumban en él para comer o darle otro tipo de alegrías al cuerpo. ¡Qué tiempos aquellos en que si pisabas un poquito salía un guardia y te daba unos pitidos que salías corriendo de allí!

Esta ordenanza se la podían ahorrar porque nadie hace ni el más mínimo caso.


El cartelito termina con un par de artículos y una pegatina:

Todo esto está muy bien, y también saber que el agua que se utiliza para regar el parque es reciclada, lo que no sabemos si el reciclaje es tan bueno como debiera.


Pero vayamos ya a lo que es la llamada “Puerta de la Independencia”:

Como hace este corredor vestido de negro que entra justo por el centro de la puerta.
 
Y esto es lo que se ve de la puerta desde dentro del Retiro. Aquí vemos los cinco huecos, tres en el centro y dos laterales.


Los pilares de esta puerta provienen de un Casino llamado “de la Reina” que estaba en la calle Embajadores (mi barrio de nacimiento) y que el Ayuntamiento de Madrid regaló a la reina Isabel de Braganza (segunda esposa de Fernando VII) allá por el año 1817. Se llevaron adonde están ahora en 1885 y el arquitecto D. José Urioste y Velada los aprovechó añadiéndoles otros, así como la verja de hierro forjado. Las esculturas las hizo el que era entonces escultor de la Corte, D. Valeriano Salvatierra. La obra en su conjunto la terminó el contratista D. Evaristo Vidal en 1886 y los materiales son: granito, caliza (las estatuas) y el hierro forjado de la verja.

Detalles de la parte superior de las columnas, por cierto de estilo dórico.
   
Y aquí los niños que juegan con el florero, por delante y por detrás.
   
Esta es una vista de la puerta desde un poco más atrás, con un césped sembrado de geranios rojos.
 
Y así era la entrada a principos del siglo pasado.


Pasada la puerta nos recibe una fuente que recibe el mismo nombre, o sea, “de la Independencia”:

Esta es la fuente de la puerta de la Independencia con sus chorritos, su pileta y sus plantitas de adorno.
   
Según la época del año las plantas las van cambiando, pero la fuente siempre está bonita y la gente se hace montones de fotos aquí.
   
Primer plano de los surtidores del frontal, cuya agua pasa a la pileta por un canalillo.
Las palomas la utilizan como “baño público”, sin importarles la nieve. ¡Estas son como los rusos que se bañan en los lagos de Siberia en pleno invierno!


Parece ser que esta fuente es del año 1945 y, muy probablemente, se deba al que fue gran jardinero D. Cecilio Rodríguez.

Este entorno es propicio para exponer esculturas, como estas palmeras y este árbol de hierro forjado, todos del escultor español José G. Onieva.
 
Y, si tienes suerte, te puedes encontrar alguna que otra Infanta.


A los lados de esta fuente hay sendos paseos en pendiente, adornados por setos de durillo:

El durillo o Viburnum tinus en plena floración.


A partir de la primavera de 2013 se sustituyeron los setos de durillo por otros de boj:

Que al ser primavera empezaron a echar flores de las que hacen las delicias de algunos insectos, como de esta mosca de las flores que se llama Milesia cabroniformis y que va disfrazada de avispa.


Hay un “peligro” que empieza ya en esta zona y continúa hasta el final del paseo: son las gitanas que te “atacan” provistas de ramitas de romero que expolian del propio parque.

Y esto es justo lo que les ha pasado a estos dos “pipiolos” que han sucumbido a la tentación de conocer su “buenaventura”.
Y a este buen mozo le van a decir todo lo que “los hados” le tienen preparado.


Y ya empezamos a subir por el Paseo de México (con “x”), uno de mis caminos habituales:

Por aquí paso casi todos los días de camino al trabajo. Aunque aún no he estado en Méjico, por lo menos me recorro su paseo una y otra vez.


En el centro del paseo hay césped, adornado por diversas plantas y flores que cambian cada poco:

En este caso se trata de coles de jardín (Brassica oleracea) cuyas hojas blancas alegran el paseo. Tienen la ventaja de que resisten muy bien el frío.
 
Y estas son unas preciosas margaritas de color amarillo intenso que contrastan con los verdes del césped y los árboles.
 
Aquí se mezclan margaritas blancas y rojas con pensamientos morados.


En la subida hacia la fuente de los galápagos, vemos álamos blancos que nos dan una agradable sombra para subir la cuesta en verano, trufados con algunos liquidámbares y un eucalipto:

Este es un Populus alba, con su tronco blanquecino (muy propio para los graffiti) y sus hojas con el envés también clarito.


También se les conoce como “chopos blancos” o “chopos plateados” y son árboles propios de Europa y Asia, así como del norte de África. Crecen rápido y, entre otras cosas, resulta curioso el envés de sus hojas blanquecino (de ahí lo de “alba”) y con unos diminutos pelillos. Esto hace que retengan la contaminación porque el polvo atmosférico se queda allí pegado. Florecen antes de que broten las hojas. Las flores masculinas son muy pequeñas, de color rojizo, y están en una espiga que se llama “amento”. Las femeninas son parecidas pero de color amarillo verdoso. Los frutos son pequeñas cápsulas las cuales liberan semillas algodonosas que ponen todo perdido (la gente dice que es “polen”).

La madera es relativamente blanda y se ha usado para hacer tallas en imaginería, pero también para hacer pasta de papel, paneles, embalajes, contrachapado, cerillas (porque arde despacio), así como para carpintería, suelos, etc. La corteza se usó antaño para curtir y teñir. Las raíces pueden ser un problema si hay edificios cerca porque pueden socavar los cimientos. Son árboles que viven muy a gusto en la humedad que hay cerca de los ríos, pero son muy resistentes al frío y la contaminación.

Entre estos álamos y castaños hay un eucalipto, concretamente rojo:

Disimulado entre los castaños de Indias a pesar de su enorme altura, vive este eucalipto rojo, Eucaliptus camaldulensis.


A continuación los liquidámbares que decíamos y que han sustituido a algunos álamos que han ido envejeciendo o rompiéndose sus ramas por el viento.

   
Estos liquidámbares han sustituido a algunos álamos que han sucumbido por efecto del viento.
 
En otoño se ponen así de bonitos.


Un buen día, bajando por este paseo desde la Fuente de los Galápagos a mano izquierda escuché tocar una gaita con mucho temple, la verdad:

Me paré, le eché una moneda, se levantó y empezamos a hablar. Resulta que es una gaita zamorana, el artista se llama Florentino y toca por gusto y afición.


Aparte de los omnipresentes castaños de indias, según se sube a la izquierda podemos contemplar unos cuantos abetos:

Este abeto nos muestra sus flores masculinas de un rojo casi chillón.
Y de este vemos su tronco y el final de sus ramas con un típico triángulo.


Los manzanos también viven por aquí, dando sombra y color a quienes deciden hacer una pausa y descansar un ratito en el césped:

Sobre todo en primavera que es cuando apetece y las flores están en su punto.


Y en una zona tan “amorosa” no podían faltar los “árboles del amor”:

A este todavía no le han salido las hojas, así que las flores sobre las ramas le dan un efecto como muy oriental.
   
Este es más pequeñito, pero ya le han salido las hojas.


Algunos cipreses hay también por aquí, como este de Arizona:

La arizónica la conocemos más como seto, pero en realidad es un árbol con sus típicos frutos en forma de pelotitas con escamas, cada una con un pequeño botón en el centro.


Un buen día, subiendo por este paseo de México, me encontré con una amiga inesperada:

 


La primera plazoleta, según se sube a la izquierda, la han dedicado a unos columpios de esos modernos que hacen las delicias de los pequeños y también de algunos mayores, que los usan como improvisados aparatos de gimnasia.

Entrada a la plazoleta con los durillos como seto.
 
Columpios “a tope” en “hora punta”.
 
Y aquí vacíos, para que podamos ver mejor sus originales diseños.


En esta placita destacan un par de árboles muy curiosos que son “moreras de papel”, según se puede leer en un cartel al lado de la mayor, que está justo en el centro.

   
Enorme morera de papel con sus amentos masculinos (que salen antes que las hojas) y su típico tronco agrietado (con bicis incluidas).
   
Y aquí cuando ya le salieron las hojas, que son más claritas por el envés.
Esta es la más pequeña, también con sus correspondientes amentos y hojitas.


Esta morera se llama en realidad Broussonetia papyrifera, y es un árbol oriental que proviene de China, Japón, Taiwán y Malasia. Como curiosidad os diremos que tiene la particularidad de retoñar por las raíces, de forma que al final invade el terreno que la rodea. Y además “chupa” bastante agua. Crece rápido, pero envejece lo mismo (de rápido, claro).

Hay moreras de estas que son machos y otras hembras: las dos que hay aquí son machos porque tienen los amentos masculinos alargados. Si no, tendrían unas flores de forma esférica y color rojizo-anaranjado. Dan flores al final de la primavera. Los frutos son como moras rojas y carnosas que maduran al principio del otoño.

La madera de su tronco es muy fibrosa y se ha usado desde siempre en Asia para producir un papel llamado “washi”, bastante duro y muy bonito. También se han usado sus fibras para hacer tejido y en Corea se hacía con ellas el “hanoi”, un papel tan fuerte que servía para hacer puertas e incluso “chalecos antiflechas” a base de pegar varias hojas.

Por los alrededores podemos ver olmos y álamos, sin contar los consabidos castaños, almeces, etc.

Este olmo muestra en primavera sus recién estrenados amentos masculinos.
   
Y de este otro vemos sus frutos en sámara.


Se trata de “olmos campestres” (Ulmus minor), los cuales tienen unas raíces muy fuertes siéndolo también su madera que se usaba, entre otras cosas, para fabricar carros. Antes se plantaba como árbol de sombra pero ahora el problema es la grafiosis, que es una enfermedad debida a un hongo (transportado por un escarabajo comedor de madera) que colapsa los vasos de la savia del árbol y provoca su muerte. En cambio, los olmos están preparados para soportar las heladas que sean. Eso sí, si les dan a elegir, prefiere las zonas húmedas, como las riberas de los ríos.

Este vuelve a ser otro álamo blanco, muy parecido a los que están en el mismo paseo de Méjico, solo que este tiene forma más “piramidal” y es de una subespecie llamada “bolleana” o “pyramidalis”.


Este árbol es conocido también por “álamo plateado” o “piramidal” por su forma alargada. En realidad su nombre científico es Populus alba Bolleana o var. Pyramidalis y es una especie que se obtuvo de árboles salvajes en Turkmenistán en 1872. Tienen la corteza tal como la vemos en la foto y las hojas y las hojas con el envés blanquecino pero no tanto como el álamo blanco o Populus alba normal.

Las flores masculinas son unos amentos rojo-verdosos con menos “pelillos” que el “alba”, por lo que son menos molestos en primavera (los otros ponen perdido el suelo de los parques). De todas formas se suelen usar más los árboles hembra, cuyas flores no tienen esos pelillos algodonosos tan molestos. Por cierto, que las flores aparecen antes que las hojas. Los frutos son cápsulas pequeñas con muchas semillas rodeadas por muchos pelos lanosos y blancos. Maduran cuando está avanzada la primavera. Se trata de árboles bastante longevos que pueden llegar a vivir hasta 400 años.

Y llegamos ya a la famosa fuente de los Galápagos, que es una de las más famosas del Retiro y donde casi todo el mundo nos hemos hecho una foto (o varias).

Esta fuente se construyó en 1832 para celebrar el nacimiento de la reina Isabel II. La hicieron entre el arquitecto José María Mariátegui y el escultor José Tomás, que usaron piedra de Colmenar Viejo (para lo que es la fuente en sí) y bronce para las estatuas.

Al principio la pusieron en la Red de San Luis, pero en 1878 fue trasladada a su emplazamiento actual en la plaza de Nicaragua del Retiro. Este traslado fue propuesto por D. José Urioste, director de Fontanería y Alcantarillado del Ayuntamiento de Madrid.

Así era, ya trasladada, en los años 40.
 
Y en los años 50 era así. Estoy con mis primos Andresín y Susi; yo soy el del flequillo.
 
Aquí con mis papis, que eran felices con niño y sobrinos.


Y así es ahora:

La vemos en un día tranquilo, sin apenas gente alrededor (lo que es raro) y con unas bonitas flores dentro del seto que la bordea.
   
Y aquí ya con más gente, como es lo normal.
Esta es la parte central con los tres cilindros de piedra, las estatuas, la columna… y todo ello con sus correspondientes chorritos y surtidor.
Estos cuatro niños disfrutan de lo lindo jugando con el agua que sale de la boca de esa especie de delfines o tritones en los que están subidos.
     
Aquí los vemos con más detalle: de ambos lados y de frente.
   
Más realistas que los delfines son los galápagos (que parecen tortugas gigantes) y las ranas, de los que hay dos de cada.
   
La columna se remata con una pileta donde hay una caracola con un surtidor. Las palomas, como siempre, aprovechan para bañarse y beber.
   
También los patos aprovechan para nadar en la pileta, sin que les importen para nada los turistas.
   
La fuente hay que limpiarla de vez en cuando, y de eso se encargan estos señores con sus chubasqueros rojos y sus mangueras de agua a presión.
   
No es raro ver personajes por esta zona. Puede ser Mickey, para hacerse fotos con niños, o bien una curiosa escultura del famoso Ripollés.
 
O este Mariachi venido del puritito México…
   
O este fabricante de pompas gigantes, que hace las delicias de los pequeñines.
 
Este puesto de “chuches” hace su agosto en la placita. Mis padres hicieron amistad con el anterior propietario, un señor que era manco…y creo que millonario.
   
   
Las gitanas nos acompañan hasta aquí con su romero en ristre, atentas a cualquier incauto/a que quiera saber su futuro. ¡Hasta se nos metió por enmedio de los bailarines húngaros…!!!


Desde arriba las cosas siempre se ven mejor:

Así vieron mis amigos los podadores esta plaza y esta fuente en un día de invierno.
 
Desde las ramas de este álamo, al que le empiezan a salir las flores, sacaron esta “vista de pájaro” del Paseo de Méjico.


De esta plaza de Nicaragua nos trasladamos a la llamada Puerta de Hernani por un paseo donde hay, sobre todo, castaños:

La mayoría son castaños de indias, pero también hay alguna sófora, alguna acacia de tres espinas y algún que otro olmo.


Hace poco que, justo antes de este paseo, nos han puesto esta curiosa escultura:

 
En la plaquita que han puesto al pie de la escultura podeis leer título, año, material y autor.


Y al final esto es lo que nos encontramos, una placita con dos fuentes muy distintas:

En esta foto otoñal vemos las dos fuentes y el jardín que adorna, sobre todo, una de ellas.
 
La misma foto pero unos años antes, en los 50, con dos estatuas al fondo que han desaparecido.


Según se viene desde la de los Galápagos, la primera que nos encontramos es la de las Cuatro Gracias o de las Sirenas. Se piensa que fue hecha alrededor del 1900, aunque hasta 1943 no fue colocada en este lugar por el famoso jardinero Cecilio Rodríguez.

Representa las cuatro sirenas de la mitología griega entre cuyas piernas hay cuatro cabezas de tritones:

 
Dos vistas de esta fuente de las sirenas. La pileta y la base cilíndrica son de granito, y la fuente en sí de piedra caliza.
   
Y estas son las sirenas más de cerca. A sus pies los tritones con sus chorritos de agua, dos por cabeza (nunca mejor dicho).
 
La pileta de arriba es circular con unos mascarones y un surtidor adornado con las cabezas de cuatro ángeles.
   
Los ángeles (un tanto “desgastados”, por cierto) con el jarrón encima y el correspondiente surtidor.
Y el mascarón, que da miedo, también con su chorrito.


Y la segunda es la llamada “Fuente del pequeño tritón”:

En el centro de un parterre con setos de boj y coles blancas, se ubica esta curiosa fuente.


Esta curiosa fuente parece ser que fue realizada en 1750, y estaba en lo que se llamaba “Real Posesión de la Casa de Campo”, siendo colocada donde está ahora por el mismo que colocó la anterior, o sea, por D. Cecilio, y en el mismo año 1943, que es cuando parece que se dedicó a estas cosas.

La pileta es de granito y, lo que es la fuente en sí, de bronce.
Y las coles son otra vez la Brassica oleacea, que tanto se usa como adorno.
   
El niño tiene una corona de laurel, cola de pez y un pez en la mano, del que sale el chorrito de agua. Todo sobre una pileta circular y ondulada.
Detalle de la cabeza de lo que parecen dos peces chatos y bastante feos, la verdad.


Nos centramos ahora en lo que es la puerta en sí, llamada de Hernani, pero que data de 1888, cuando se cerró el parque. Al principio era una simple puerta de servicio, metálica y diseñada por el arquitecto D. José Urioste y Velada. Pero otra vez en 1943 (que es el “año clave” de estas cosas), el Ayuntamiento encargó a D. Cecilio Rodríguez (no podía ser otro) que la remodelase y la pusiese “a tono”. Y así lo hizo, colocando cuatro pilares de granito con jarrones arriba y diseñando el pequeño jardín que hoy subsiste, con las fuentes que acabamos de ver. Puso también algunas estatuas de reyes que luego se llevaron al Paseo de las Estatuas, como veremos al final de este capítulo.

Puerta de Hernani vista desde la acera de enfrente, con ciclista incluido.
 
Desde esta puerta se puede ver la Iglesia de San Manuel y San Benito, de la que hablamos en el capítulo “Casa de Vacas”.
   
La puerta vista desde el interior del Parque, con ese enorme castaño en el centro.
Vista lateral desde dentro, donde aparecen las casetas de piedra que llaman “pabellones de portería”.
   
Detalle de una columna con su jarrón.
“Pabellón de portería” visto de cerca.


Hace unos añitos esta puerta lucía así:

Fijaos en la estatua de la derecha de la foto que, posiblemente, haya ido a parar al Paseo del mismo nombre.


Y cuando nieva, el panorama cambia:

Aquí ya no está la estatua, pero sí la nieve, que cuajó de verdad.


Alrededor de esta placita destacan los cipreses:

Tanto aquí como enfrente hay una serie de cipreses.
Que tienen frutos como estos.


También hay una enorme mata de laurel:

Este negrito parece custodiarlo.
Aquí está en plena floración, con sus típicas flores pequeñas y amarillas.


En el cartel de la Senda Botánica se explica que el laurel (Laurus nobilis) se utiliza desde hace mucho tiempo para condimento de guisos y también para preparar escabeches. Es bueno para los gases, por unos aceites esenciales que tiene. Dice también que hay laureles machos y otros hembra, aunque todos tienen flores amarillas en pequeños racimos. Los frutos son bayas en forma de bolitas, primero verdes y luego oscuras.

¿Qué de donde viene eso de ponerse la corona de laurel? Pues parece ser que a Apolo le gustaba la ninfa Dafne a la que perseguía. Esta debía estar un poco harta de él y se fue con su padre, el río Peneo quién la convirtió en laurel, que en griego se dice “dafne”. Apolo, desesperado, se conformó con usar el laurel como corona y, como era el dios de la luz y la perfección, se empezaron a poner coronitas a los artistas y deportistas triunfadores.

Es menos conocido que las hojas de laurel se pueden poner sobre las picaduras de abejas y avispas para calmarlas y que, mezcladas con harina o miga de pan, son antiinflamatorias. La madera del laurel se puede usar en marquetería, muy típica en el sur de España.

Debajo de los laureles hay unos setos de una plantita que se llama “hebe anderson”, así por las buenas, que es procedente de Australia. Florecen en verano y aguantan muy bien la contaminación, aunque soportan peor las heladas. El nombre científico es muy parecido: Hebe andersonii.

   
Por debajo del laurel, este arbusto de hebe anderson resulta curioso por sus hojas opuestas con total simetría. Y en verano aparecen sus pequeñas flores violetas.


Si bajamos desde esta zona hacia la puerta de la Independencia por un paseo de tierra paralelo a la calle Alcalá, veremos esto:

Paseo que va desde casi la puerta de la Independencia hasta las fuentes que acabamos de ver.
 
Y este es el mismo, pero visto desde la parte de arriba. Tiene unos escalones bastante espaciados en la parte central y sendos pasillos a los lados.


Aparte de castaños hay acacias, robinias, sóforas, cedros, pinos y más árboles curiosos que ahora veremos. Y como arbustos abundan, sobre todo, las fotinias y algunos más que también que iremos viendo.

Esta robinia o falsa acacia del principio del paseo es espectacular.
   
O esta acacia de tres espinas, con sus algarrobas y todo.
   
O estos enormes abetos, que son de la especie Abies pinsapo, por lo que se les conoce también como “pinsapos”.
 
Y que me decís de este gigantesco pino carrasco (Pinus halepensis) con sus flores masculinas (de las que saldrá el polen). Vemos también las piñas, ya sin piñones, eso sí.
 
Más bajito es este laurel del que podemos ver sus flores y sus frutos, todos pequeñitos.
   
De la misma estatura resulta este almez, del que vemos sus hojas y frutos.


Entrando en la primera plazoletita de tierra, según se baja a la derecha, nos encontramos unos árboles especiales que no son otros que los llamados “parasoles chinos”. Al lado está el cartel de la Senda Botánica que nos lo explica.

En esta plazoleta vemos estos árboles con su cartel explicativo.
¿No me digais que las hojas no tienen una forma de lo más curioso? De ahí le viene el nombre de “parasol” porque la verdad que dan bastante sombra.
   
Estos son los curiosos frutos, con forma de alas caidas, de las que cuelgan las semillas. Primero son verdosos y luego se van poniendo más oscuros.


Qué que pone en el cartel? Pues que se trata de árboles que vienen de China, Japón y Taiwán, y que se están poniendo de moda en parques y calles de todo el mundo. Son utilizados desde hace mucho tiempo en medicina china: con los capullos se tratan fiebres, hemorragias y convulsiones y con sus semillas tostadas se hace una especie de té. La madera se usaba para hacer instrumentos de cuerda. También nos explican que estos árboles son de la familia del cacao y que en el Retiro los hay en esta zona y otro detrás de la Fuente de la Salud. Por cierto, que se me olvidaba, el nombre científico es Firmiana simplex.

En esta misma plazoleta podemos ver el monumento dedicado al escritor cordobés D. Luis de Góngora y Argote (1561-1627), o sea, de los del “Siglo de Oro”:

A la sombra de los parasoles chinos encontramos este curioso monumento a Góngora.
   
Este es el pobre Polifemo, tocando el “albogue” sobre un paisaje con mar y barquito incluidos.
Y aquí esta otra vez intentando convencer a Galatea, que está tan tranquila tumbada sobre una fuente.


Es un monumento de piedra caliza sobre granito en forma rectangular, de los que se llaman “estelas”. Representa a Polifemo, que era un cíclope enamorado de una pastora llamada Galatea, pero que el pobre no conseguía comerse una rosca con ella. El libro es “Fábula de Polifemo y Galatea”, escrito en 1612.

La idea de este monumento fue de una asociación llamada “Juventud Creadora”, quienes en 1927 se la encargaron al escultor valenciano Vicente Beltrán, que ganó el Premio Nacional de Escultura con ella.

Estos son los versitos que, la verdad, son un poquito complicados de entender.


Este escritor cordobés (hijo de un juez y una noble) estudió en Salamanca y tomó lo que se llaman “órdenes menores” en 1585, siendo canónigo en la catedral de su ciudad natal. Pero la verdad es que salió un poco juerguista, así que le trasladaron en comisiones por distintas provincias. Ya entonces se dedicó a escribir versos muy apreciados por los cantantes de la época. En 1609 vuelve a Córdoba y, a partir del año siguiente, su estilo se hace más barroco y complicado, utilizando metáforas (comparaciones) e hipérbaton (alterar el orden lógico de las palabras). Entre 1610 y 1611 escribe la Oda a la toma de Larache y, dos años más tarde, el Polifemo, un poema basado en las Metamorfosis del poeta latino Ovidio. También en 1613 divulga en la Corte su famoso poema Soledades, que dejó incompleto, pero gracias a él le salieron muchos seguidores que se hicieron llamar “culteranos”, en contra de los “conceptistas” como Quevedo, o los “clasicistas” como Lope de Vega.

Góngora se hizo bastante famoso, así que el rey Felipe III le nombró capellán real en 1617, lo que le llevó a vivir en Madrid hasta 1626. Desde aquí procuró dar cargos y hacer favores a sus familiares. Pero de poco le sirvió porque al año siguiente perdió la memoria y se volvió a Córdoba donde murió de apoplejía en la más completa miseria.

Bajando por este paseo y entre otros árboles que ya hemos citado, nos encontramos algunos curiosos tilos:

Otra vez vemos tilos de hojas grandes, ”(Tilia platyphyllos) como los de cerca del tunel del Metro Retiro, en la zona que llamamos “Casa de Vacas-Templete”.


Y varios arbustos, aparte de las citadas fotinias:

   
A esta rosa japonesa la pillamos en plena floración. ¡Y mira que son bonitas y originales las flores!


Como esta Kerria japonica o rosa japonesa, que procede de China y Japón y que puede crecer hasta los 3 metros. Las flores salen antes que las hojas y justo en este momento es cuando hicimos las fotos.

Cerca ya de la puerta de la Independencia hay algunos macizos de lilas, unas blancas y otras azul clarito:

Pillamos a estas lilas blancas en plena floración, y así vemos este racimo radiante.
 
Estos arbustos les encantan a los mininos. Y si no mirad éste, lo feliz que está entre estas hojas de lila ya otoñales.
   
Estas tienen un tono azul clarito, casi blanco.


Las lilas tienen por nombre científico Syringa vulgaris, y son de la misma familia que el olivo o los fresnos. Su nombre viene de flauta en griego (“syrinx”), porque con la madera de estos arbustos (que también pueden ser árboles) se hacían estos instrumentos musicales.

Las hojas tienen forma de lanza y las flores son violetas o, más raramente, blancas, rosas o azules. Huelen muy bien (a mi suegra le encantaba cogerlas en el campo) y salen en unos ramilletes casi “pensados” para ser puestos en un jarrón. A las mariposas les atraen mucho por su olor y, además, su néctar les encanta. De estas flores se sacan muchos perfumes. Los frutos son cápsulas secas, de color parduzco cuando maduran, con una forma alargada. Es curioso, pero para que salgan buenas flores es necesario que la planta pase frío en invierno, cuanto más mejor.

Si entramos por la Puerta de la Independencia y giramos a la derecha, encontraremos el que yo llamo “pasillo de los trotones” que tiene un éxito descomunal:

Vemos aquí las dos sóforas, sobre todo la de la derecha, en todo su esplendor.
Y, un poco más a la derecha, tres ciruelos rojos muy jovencitos.
   
Este esforzado “trotón” se adentra en el pasillo.
Aquí el nombre de la puerta no está sobre la misma, sino en este cartelito a la entrada.


Si echamos un momento la vista atrás veremos otra sófora más:

A la izquierda se ven las ramas de un castaño y debajo un cartel con el mapa del Retiro.


Nada más entrar a la izquierda empieza la llamada “Senda Botánica”, con una robinia señalizada con el primer cartel (nº 1) de la senda.

En este panel se explican todos los árboles que se visitan situados sobre el mapa. Es por si uno quiere hacerse el recorrido por su cuenta.


Si queréis que os cuenten la historia de los árboles más interesantes del Retiro apuntaros a las charlas de los sábados a las 11, justo en esta Puerta de la Independencia, y un monitor/a os hará un recorrido por el Parque, empezando por esta robinia, claro.

Parte inferior del tronco de la robinia y cartel explicativo.
   
En su tronco vemos estos curiosos y bonitos hongos de la madera que parecen incrustados, y de hecho lo están, porque viven a base descomponer la madera para alimentarse.


De las robinias no hablamos ya aquí, porque lo hicimos en el capítulo del Paseo de Coches a propósito de la que hay a la entrada de la Casa de Fieras.

Desde la puerta, y a lo largo de la verja, el panorama sería éste.


A ambos lados de este pasillo hay bastantes árboles y arbustos, de los que vemos algunos.

Como este joven ginkgo con sus típicas y extrañas hojas.
   
O esta acacia mimosa.
   
A este abeto blanco le pillamos con las piñas en plena ebullición.
Este es el arbolito entero, que se llama fresno norteño (Fraxinus excelsior).
Estas son las hojas y el tronco.
   
Aquí vemos las flores pequeñitas.
Y estos los frutos en sámara.


Este tipo de fresnos llamados “norteños” o “excelsior” tienen las hojas más anchas que los “angustifolia” y, como ellos, pertenecen a la familia de las “oleáceas”, como los olivos. Florecen antes de que salgan las hojas, aunque las flores son un poco “birriosas” y forman pequeños ramilletes. Lo normal es que haya fresnos macho y fresnos hembra, pero ¡algunos cambian de sexo cada año!, así, por las buenas. Hay otros que llevan ramas del sexo opuesto, otros hermafroditas y otros que tienen flores de doble sexo. O sea que sexualmente estos árboles son de lo más variado. Los frutos son del tipo “sámara”, primero verdes y luego marrones. Con las hojas se pueden preparar infusiones laxantes y diuréticas. La madera se usa en carpintería, así como para fabricar herramientas, entre otras cosas.

Los liquidámbares y, sobre todo, los castaños, se hinchan de ver pasar “trotones”, aunque de vez en cuando el pasillo queda libre, como ahora.


Aquí podemos ver tres tipos de “acacia” que están juntas en este pasillo:

La primera sería la “acacia del Japón” o Sophora japonica.
Y estas que son la Robinia pseudoacacia, de hojas más claritas, y la Glaeditsia triacanthos, o acacia de tres espinas, más grande y oscura.
Los frutos de la robinia son como pequeñas judías marrones y los de la de tres espinas son las famosas algarrobas.
Majestuoso cedro con sus flores masculinas y femeninas, estas últimas en forma de piña.


De repente nos aparece un palmito (Chamaerops humilis) que aprovechamos para contaros que es la única palmera europea (hay muchas en Cabo de Gata), y que sus cogollos tiernos son comestibles, aunque no se venden en los mercados. Sus flores son amarillas y salen en panículas y sus frutos son carnosos y rojizos (se les llama “dátiles de perro”).

Palmito junto a la verja de Alfonso XII.


Pero también hay aligustres como este:

Ligustrum japonicum con sus frutos como aceitunas pequeñitas.
 
Y no podía faltar el laurel-cerezo.


A todo esto, los “trotones” no cejan en su empeño:

Y van y vienen continuamente por “su” pasillo, que para eso es suyo.


Más o menos a la mitad de este pasillo, que va desde la Puerta de la Independencia hasta el Paseo de las Estatuas, hay un camino de tierra bordeado por tilos que nos lleva desde la Fuente de los Galápagos pasando por el Teatro de Títeres:

A este le podríamos llamar “Paseo de los Tilos”. Al fondo se adivina la Fuente de los Galápagos.


Junto a la verja de la Puerta de España vemos unos perales muy especiales que se llaman “de Callery”:

Hay unos cuantos a ambos lados de las verjas de la puerta.
   
Del otoño a la primavera va un abismo, ¿verdad?
   
El tronco con sus dibujos “marca de la casa”.
Hojas “onduladas”, muy típicas de estos arbolitos.
   
Flores blancas con cinco pétalos y llamativos estambres.
Que se convierten en estas diminutas peritas.


Estos árboles, de nombre científico Pyrus calleryana, proceden de China pero se han extendido por muchas partes del mundo y, sobre todo, abundan en Norteamérica. Las hojas son como arrugadas y las flores blancas, con cinco pétalos, saliendo en ramilletes. Los frutos son peritas bastante duras pero a las que el frío reblandece y así pueden ser comidas por los pájaros. Son muy resistentes a las plagas y ellos mismos (los perales) pueden llegar a serlo (una plaga), al desplazar a otras especies más vulnerables.

Muy cerca vemos otro fresno norteño, con sus típicas hojas y frutos en sámara.


Por este pasillo (hay otros tres) que va desde el paseo de la verja (o “de los trotones”) hacia el interior del parque, nos encontramos una plazoleta donde hay unos curiosos columpios de madera:

En este ambiente otoñal llegamos a esta placita, llena de originales columpios.
   
Aquí los vemos más de cerca, sobre todo el columpio de pie con la viga de madera torcida, que es de lo más original.
   
El tren y el coche de madera hay que reconocer que son una “cocada”.
 
Estos son los mismos columpios (aunque no lo parezcan), porque aquí los vemos en plena “ebullición”.


Y un poco más a la izquierda vemos un kiosco, con sus mesitas y sillitas:

La gente disfruta de lo lindo en la tarde otoñal. Lo malo es cuando les traen la cuenta…


La mayoría de los árboles son castaños de indias, tal y como los vemos en la foto anterior, con su traje otoñal. Pero también hay en esta zona (que consta de ocho parterres alrededor de la placita de los columpios) otros muchos árboles y arbustos.

Cerca del kiosco destaca ese “súper-fresno” que es de los “angustifolia”:

Aquí le vemos entre sombras, pero con un “porte” fantástico.


Y entre el kiosco y el paseo de Méjico hay unos curiosos “árboles de Júpiter”:

Y con bonitas y originales flores, en este caso malvas.


Su nombre científico es Lagerstroemia indica y son arbolitos de origen chino y japonés. Las hojas se vuelven de color amarillo-anaranjado en otoño, pero lo más curioso es que se ponen más oscuras al final de cada día. Sus flores son de distintos colores, las de aquí son malvas, pero también pueden ser blancas, rosas o incluso púrpuras, y salen en grupos que se llaman “panículas”. Los frutos son redondeados y las semillas tienen alas y son tóxicas. Toleran muy bien el frío, pero solo dan flores en sitios donde los veranos sean calurosos y los inviernos relativamente suaves, como pasa en Madrid.

En estos parterres destaca este olmo negro (Populus nigra), rodeado de castaños:

Este olmo negro es uno de los gigantes de la zona.


Pero también hay por aquí otros “gigantes”:

Como este fresno de hoja estrecha, también bastante “altito”.
 
O mismamente esta robinia.


Pero no todo el mundo está tan “crecidito”:

Los ginkgos y los pinos son mucho más modestos.
   
O esta mata de boj que, por cierto, es el nº 2 de la Senda Botánica.
   
Al lado vemos una de durillo que está en todo su esplendor.


Y ahora algunos animalillos que descubrimos por aquí:

Las torcaces y los mirlos buscan su comida por estas verdes praderas.
Y las “palomas “normales”, por estos paseos.


Desde esta zona llegamos al “Paseo de los tilos” que nos llevará al Teatro de Títeres.

Estos tilos son de la especie “plateada” (Tilia tomentosa), que se llama así por el envés de las hojas.


Estos tilos son de otra especie que los que hemos visto hasta ahora, que eran de los de hoja grande. Crecen más rápido y es curioso como en verano les forran el tronco con una especie de venda para que el sol no les queme. Esto se hace no solo en estos árboles, sino en todos los jóvenes de troncos delicados.

Aparte de los tilos, en este paseo hay también sendas filas de castaños que suben hasta la Fuente de los Galápagos.

Aquí están en plena “caída de la hoja”, pero se puede ver como son castaños, así como la plazoleta del Teatro de Títeres, a la derecha de la foto.


Pero antes, a la izquierda según se sube, hay una explanada donde se encuentra el Teatro de Títeres:

Esta es la fachada principal del Teatro, que tiene forma exagonal. Por aquí entran los actores que manejan los títeres.
Y esta es la explanadita de que os hablaba.
   
Y aquí teneis los cartelitos, por si os animais a ir. La verdad que merece la pena porque lo hacen muy bien y se pasa un rato divertido, sobre todo si vais con niños, claro.


En el mismo edificio ya vemos un arbolito y algunos matorrales de adorno:

   
El “arbolito” no es otro que el madroño.
Y para que no haya dudas aquí teneis sus frutos, todavía un poquito verdes.
   
El palmito y el bambú hacen mucho más agradable y exótica la fachada.


Pero vayamos a las actuaciones, que aquí lo que interesa son los títeres:

Como veis el éxito que tienen es total. Además son gratis y ni siquiera te piden la voluntad al final.
   
Los actores en escena…y el que los maneja asomando su calvita.
El vaquero y el burrito, en primer plano.


Después de disfrutar con la actuación podemos echar una ojeada a los arbolitos que hay alrededor del teatro. Los hay enormes, como estas robinias:

Que están al lado del edificio. Mi bici y Charo con la suya aparecen en la foto de la derecha.


O este eucalipto que es de los llamados “rojos”:

Eucalipto rojo (Eucalyptus camaldulensis) con sus frutos en forma de cápsula (arriba) y de pirindola (abajo).


Las arizónicas tipo árbol también merodean por aquí:

Un par de ejemplares de Cupressus arizonica con sus frutos típicos.


Las tuyas y el pitósporo son, desde luego, más modestos:

Estas son las “tuyas” (que no quiere decir que te las lleves a casa…)
Y este el pitosporo, ya junto al seto del paseo de Méjico.


También vemos por aquí este curioso álamo negro del Canadá, que es el resultado de la hibridación de otras dos especies: el álamo negro europeo y el chopo de Virginia o del Canadá:

Alamo negro canadiense con sus típicas hojas brillantes en forma de corazón.


El nombre científico es Populus canadensis y son árboles que crecen muy rápido y se utilizan mucho para fijar riberas pantanosas, luchar contra la erosión del suelo, como cortavientos y para producir madera y celulosa. Hay árboles hembra que tienen flores en forma de amentos verde amarillentos en primavera que, hacia principios de verano, desprenden auténticas “tormentas de nieve” en forma de semillas algodonosas. Las flores de los machos son amentos rojos y más gruesos.

Y si os da sed, como a estos chicos, tenéis al ladito una fuente:

Pero como no lleveis un vasito o una botellita, os pondreis perdiditos…


Los arbolitos que más os llamarán la atención al lado del Teatro de Títeres son estos:

Son todavía pequeñitos, aunque crecerán incluso hasta los 10 metros o más.
Las hojas se parecen a las de la acacia mimosa, un poquito más grandes. También se cierran por la noche.
 
Las flores son espectaculares, con unos estambres larguísimos que le dan ese aspecto “asedado”. Además, huelen muy bien.
   
Los frutos son esas “judías”, primero verdosas y después marrones, que aguantan bastante en el árbol.


Se trata de las albizias o acacias de Constantinopla, también conocidas como “árboles de la seda” (Albizia julibrissin). Provienen de China, Taiwán, Irán y toda esa zona. Fueron traídas a Europa en el siglo XVIII y en España las hay por toda la costa y también en el Retiro, como podéis ver.

Si seguimos subiendo por el paseo que hemos llamado “de los tilos”, llegaremos a la Fuente de los Galápagos, pero antes de llegar, a la derecha, encontramos otro kiosco:

Aquí le vemos de frente y de cerca.
   
El mismo kiosko desde un poquito más lejos, pero siempre desde el estanque. Observese la palomita en primer plano.
Y aquí desde dentro, desde “el bosque”.


Cerca del kiosco hay cosas bastante interesantes:

Por ejemplo, una fuente, por si nos entra sed y no queremos gastar en el kiosco.
   
O queremos saber que nos va a pasar en el futuro…
   
Estos dos olmos dan sombra al puesto de golosinas.
Y un poco más abajo estas acacias hacen lo propio con quienes deciden hacer un descanso en el césped.
   
Por allí estaba esta ardilla mirando a las algarrobas de las acacias.


Si seguimos bajando, en los parterres de alrededor nos encontraremos arbolitos interesantes:

Como este ginkgo jovencito.
O estos liquidámbares con pinos al fondo.
   
Hablando de pinos, este ha salido un poquito “torcío” el pobre.
Para que no nos pase como al pino hay que hacer ejercicios de columna, como hace esta usuaria del parque.


Pero, sin duda, una de las “estrellas” de la zona es la catalpa:

Esta es la más grande con sus enormes hojas, sus pequeñas flores y sus frutos en forma de “puritos colgantes”.
   
Esta ardilla parece muy interesada en leer el cartel de la Senda Botánica.


Tanto es así que se la considera el nº 3 de la Senda Botánica y, en su cartelito, nos cuentan cosas interesantes. Como que los científicos la llaman Catalpa bignonioides y que esa palabra viene de “cataba”, que es como los indios cherokees llamaban a este árbol, que proviene del sur de los Estados Unidos. Y es que se fumaban los frutos (una vez triturados) y también los usaban como narcótico mezclados con la corteza. Las flores son como pequeñas trompetillas blancas con algo de amarillo dentro.

También encontramos por aquí algunos espinos blancos en forma de arbolitos:

En el otoño es justo cuando dan sus frutos en forma de pequeñas bolitas rojas que vienen de esas flores blancas, parecidas a las de manzanos y perales.


Estos espinos, de nombre científico Crataegus monogyna, se llaman también “majuelos” y son típicos de Europa, Asia y norte de África. Las flores forman ramilletes blancos y huelen muy bien; de ellas salen esas bayas rojas que antes nos tirábamos de pequeños metiéndolas en una caña y soplando. La madera es muy densa y se utiliza para fabricar mangos de herramientas y para producir carbón vegetal. Son muy adaptables o sea, “todo terreno”: les da igual que el clima sea cálido que frío y viven desde el nivel del mar hasta los 1.800 metros de altitud o más.

En primavera nos podemos encontrar con estos magnolios chinos (Magnolia soulangeana) cuyas flores salen antes que las hojas, y de los que ya hablamos en el capítulo “La Casa de Fieras”.

   
Les pillamos en plena primavera con estas flores tan preciosas que tanto gustan al personal.


O estos perales de Callery (como los que vimos antes), también con sus flores a tope:

Pyrus calleryana que sirven de inspiración a unos jóvenes músicos.
 
O a estos esforzados “peloteros”.
 
Estos otros/as se inspiran solos/as.


Mucho más modestos son los fresnos:

   
Que ven como se pasean por su lado las ardillas, las palomas torcaces…y los gatos.


Abundan también los robles:

No es un robledal, pero se le parece.
Pero el grandote es este, que sale en la Senda Botánica; ¡tiene unos 200 añitos!


Las hojas lobuladas son típicas y las bellotas también. ¡Unas cuantas ha asado mi padre en la placa de la cocina de carbón!

En el cartel de la Senda se puede leer que el roble sirve de hogar a muchos animales, tanto mamíferos como aves o insectos. Simbolizan dureza, resistencia y nobleza siendo sagrados para los celtas, cuyos druidas cortaban hasta el muérdago con hoces de oro para sus rituales. ¡Qué tíos! Los españoles preferimos talarlos a partir del siglo XVI para hacer barcos. Hoy día los robledales son bosques muy apreciados y se intentan conservar como verdaderas joyas de la naturaleza.

Esta ardilla se hizo amiga de la urraca, justo al lado del roble gordote. Pero enseguida se asustó y se subió a una rama.
   
Este es el otro ejemplar más grande, que tiene unos “hongazos” de la madera en su tronco.


Si continuamos bajando hacia la verja de la calle Alfonso XII, descubriremos una plazoletita de arena donde se yergue un enorme ciprés:

La verdad que te sorprende, así tan alto y justo en el centro.
   
Aquí vemos con detalle su copa y su típica madera fuerte y retorcida.
   
En la base hay un seto circular de boj.
 
Y aquí estos amantes de los canes, en pleno paseo matinal.


Y si ahora subimos un poquito en dirección al Paseo de las Estatuas, nos encontraremos con el nº 5 de la Senda Botánica, que es un olmo común, o sea, de los de siempre:

Y aquí le vemos majestuoso, rodeado de castaños otoñales.
Sus típicas hojas, que son algo ásperas al tacto, y su tronco fuerte y agrietado.


¿Qué que pone en el cartelito de la Senda? Pues que en latín se llama Olmus minor y que la tristemente famosa grafiosis o enfermedad del hongo, ha terminado con la vida de muchos olmos del Retiro y de todas partes. De hecho en el siglo XIX el olmo era el árbol más abundante en el parque. Y menos mal que quedan algunos como éste, o el que vimos al principio de este capítulo, o también otro del que hablamos en “Los jardines de Cecilio Rodríguez”. En ambos hay fotos de los típicos frutos en “sámara” y también explicamos lo del escarabajo que trasmite el dichoso hongo y que tapona los vasos conductores del árbol.

Y ya estamos en el llamado “Paseo de las Estatuas”, al que se entra por la Puerta de España, justo frente al Casón del Buen Retiro.

Esta es la Puerta de España, con taxi madrileño incluido.
   
Al ser la más antigua es en la única que pone “Parque de Madrid”. El escudo y las letras son de bronce.
Pero luego está el cartelito que nos recuerda su nombre.
   
Imagen más cercana de la puerta, en la que nos fijamos en las columnas y sus remates.
   
Por cierto de estilo jónico y rematadas por estos adornos con piñas.
En mitad del fuste tienen estas curiosas molduras.
 
Desde dentro las cosas se ven así, con la calle Antonio Maura de frente.


Esta puerta se terminó en 1893, habiendo sido proyectada dos años antes por el arquitecto José Urioste y Velada, el mismo que hizo la de Hernani. Se utilizaron materiales de primera, como como el ladrillo de Valladolid o Sigüenza, la piedra de Colmenar y el hierro forjado. A ella se accede por unas escaleras que suelen estar decoradas con bonitos centros de flores.

Antiguamente esta puerta era como vemos en este grabado:

Así lucía en 1915, cuando no había muchos coches en Madrid y sí alguna que otra carreta de bueyes.


Pasada la puerta estamos ya en el llamado “Paseo de las Estatuas”, aunque en realidad se llame “de la República Argentina”:

   
Aquí vemos este paseo en distintos momentos, pues su decoración varía según la época del año.
 
A veces las estatuas se pierden entre la niebla.
   
O se cubren con la nieve…


Este paseo es de los más anchos del parque e iba recto desde el monumento a los Caídos del Dos de Mayo, en el Prado, hasta el estanque. Hoy día la mitad del paseo corresponde con la calle Antonio Maura.

Las estatuas son trece, aunque hay catorce pedestales, porque uno está vacío. Y es que la verdad han tenido bastante trasiego. Todo fue idea de un fraile benedictino que hizo esculpir 114 estatuas en cinco años (1743-1748), reinando Felipe V y luego Fernando VI. Los escultores Juan Domingo Olivieri y Felipe de Castro dirigieron estas obras (que hicieron otros) y la idea era ponerlas fuera del Palacio Real. Pero reinando Carlos III, el famoso arquitecto Francisco Sabatini (el de los jardines) las quitó de ahí y las guardó dentro. Luego, en 1842, fueron restauradas y distribuidas por distintos sitios como la Plaza de Oriente de Madrid (40 estatuas), el Parque del Retiro (13 estatuas), el Museo del Ejército (6 estatuas) y el resto en Aranjuez, Toledo, Burgos, Logroño y Vitoria.

Las de este paseo están así distribuidas desde 1989 y fueron restauradas en 1997, aunque llegaran al parque en 1847, lo que pasa en que estaban en otros sitios. ¡Tú fíjate si han tenido trasiego las estatuitas!

La primera, según se sube a la izquierda, es la de D. Fernando IV de Castilla (Sevilla, 6 de diciembre de 1285 - Jaén, 7 de septiembre de 1312), llamado el Emplazado y que fue Rey de Castilla (1295-1312). Su madre fue la reina María de Molina (famosa por la calle) que le ayudó siendo su regente, evitando que le quitaran el trono sus “nobles familiares”. Fernando IV acordó las fronteras con Aragón y participó en la llamada "Reconquista", conquistando la ciudad de Gibraltar y el pueblo de Alcaudete (Jaén). También hizo importantes reformas en la administración y la justicia. Murió muy joven, con tan solo veintiséis años.

Han puesto “Fernando 4º” con número normal en lugar de romano. Y luego lo de “Mº.Aº DE 1312” también hay que entenderlo… La estatua tiene capa y manto (se supone que de armiño), sosteniendo en la mano izquierda un escudo con un busto de mujer: ¿su madre María de Molina o su esposa Constanza de Portugal?. La esculpió Francisco de Voge.


El siguiente por la izquierda es D. Sancho IV, padre del anterior, e hijo (el segundo) de Alfonso X el Sabio, al que sucedió en 1284. Antes se había rebelado contra él cuando quiso favorecer a los hijos de su primogénito, D. Fernando de la Cerda, que había muerto en combate. Sancho tenía 26 años cuando se proclamó rey: había nacido en Valladolid en 1258. Su reinado fue tormentoso, porque los partidarios de su hermano mayor, a las órdenes de su tío, el infante D. Juan, se enfrentaron con él. Al final Sancho metió en la cárcel a su tío y mandó ejecutar a miles de sus enemigos. Luego le perdonó, pero su tío se volvió a sublevar y con un grupo de marroquíes intentó conquistar Tarifa, defendida por Guzmán el Bueno que perdió allí a su hijo (“Guzmán, Guzmán…” ¡famoso episodio!) pero no cedió la plaza.

Al final Sancho IV se hizo amigo del rey de Aragón Jaime II y entre los dos se dedicaron a “reconquistar” territorio a los musulmanes. Fue amigo y tutor del Infante D. Juan Manuel, autor de “El Conde Lucanor”. Su mujer fue su tía, María de Molina, con quién tuvo 7 hijos (y otros tres extramatrimoniales…), o sea, 10 en total. No está mal, ¿verdad? Murió en Toledo en 1295 con solo 37 años, dejando heredero a D. Fernando IV (el de la primera estatua) con solo 9 años y a cargo de su madre como regente, como ya explicamos.

D. Sancho está aquí tan “pancho” con el escudo de su mujer, la famosa María de Molina. El escultor fue Francisco de Voge.


La tercera subiendo por la izquierda es la del rey Enrique II de Castilla y León, el primero de la dinastía de Trastámara, rama bastarda de la Casa de Borgoña, al ser hijo de Alfonso XI y de su amante Dª Leonor de Guzmán, exactamente el 4º de los 10 que tuvieron. La mujer legítima del rey, doña María de Portugal, "estaba negra” y deseando que su hijo legal Pedro, fuera rey. Lo fue cuando Alfonso murió de peste y se llamó Pedro I, más conocido como “el cruel” o “el justiciero”.

Después de muchas guerras entre hermanastros, con la ejecución de Leonor incluida, Enrique consiguió ser rey en 1366 a base de recompensar a todos los que le habían ayudado, por lo que se le llamó “el de las mercedes”. Solo duró un año, pues Pedro le volvió a derrotar. Pero dos años más tarde y con ayuda de los franceses, fue Enrique el vencedor, matando a su hermanastro y reinando hasta 1379, año en que murió en Santo Domingo de la Calzada, siendo sucedido por su primogénito Juan I. Había nacido en Sevilla en 1333, tuvo 3 hijos con su esposa, una noble llamada Juana Manuel (no, no es Manuela) y otros 14 “extra” (¡hala!). Supo defender Castilla frente a Aragón, reconstruyendo el reino, al que incorporó el señorío de Vizcaya; defendió a los judíos (aunque los había perseguido en la guerra civil) y fue favorable a los franceses frente a los ingleses.

Lo primero veis que se han “pasao” de “R” porque lo han escrito con dos. Esta estatua estaba en el Parterre con otros tres reyes y se trajo aquí en 1989, restaurándose en 1997. En el escudo sale su esposa Dña. Juana Manuel de Castilla. El autor de la escultura es Phelipe Boiston.


Y la cuarta corresponde a D. García, así, a secas, que en realidad es el rey de León García I, hijo primogénito de Alfonso III y Jimena de Pamplona. Tuvo problemas con su padre, quién le llegó a encarcelar al haberse sublevado. Pero luego abdicó y repartió el trono entre sus tres hijos: León para García, Asturias para Fruela y Galicia para Ordoño. Así fue como en el año 910 subió al trono como García I de León, lo que quiere decir que fue el primer rey de este reino.

En 911 invadió el territorio musulmán, poniendo su granito de arena en la Reconquista, repoblando luego las tierras del Duero. Fundó el Convento de Dueñas y falleció joven en La Rioja en el año 913, a los 43 años. Casado con una noble llamada Muniadona (¡vaya nombrecito!), no dejó descendencia (no me extraña) por lo que fue sucedido en el trono por sus hermanos.

Esta solo tiene manto y cetro (¡y encima roto!).El autor vuelve a ser Phelipe Boiston.


Para terminar esta fila de la izquierda según se sube, nos quedan dos señoras y un pedestal. La primera es Dña. Urraca, que suena a personaje de tebeo, pero que en realidad se trata de la reina Urraca I de Castilla y León, hija mayor del rey Alfonso VI y de Constanza de Borgoña. Y además es que se trata de la primera reina como tal, gracias a que su padre no tuvo descendencia masculina. Claro que luego nació un hermanastro, Sancho Alfonsez, que a lo mejor se lo hubiera impedido a no ser porque murió en la batalla de Uclés (precioso pueblo, por cierto).

Urraca se casó ¡a los 12 años! con Raimundo de Borgoña, en un matrimonio de conveniencia preparado por su padre desde que ella tenía seis años. Con él tuvo otros dos hijos, la parejita: Sancha y Alfonso Raimúndez, quién al final sería el rey.

Pero mira tú que el mismo año que muere su hermanastro (1108) lo hace su marido. Inmediatamente se plantea que se case de nuevo (“no es bueno que una mujer esté sola…”) y al final le “recomiendan” que lo haga con el rey de Aragón y Navarra Alfonso I llamado “El Batallador”, y con razón. Pero ella estaba enamorada de un tal Gómez González, conde castellano con quién tuvo dos hijos, bastardos, claro. Total que se casa y a partir de ahí se lía parda. Al principio muchos pactos con su marido, pero luego cada uno quería reinar en todos los territorios que pudiese. Así que hubo no solo las típicas disputas matrimoniales, sino auténticas guerras entre ellos, no exentas de esporádicas reconciliaciones. Hasta que al final se separaron por una supuesta consanguinidad. Urraca, muerto el conde que fue padre de sus dos primeros hijos, se enamoró de otro conde llamado Pedro González de Lara con quién tuvo otros dos hijos y no se llegó a casar porque los nobles castellanos se lo impidieron e incluso le encarcelaron a él.

Esta reina tuvo un gran poder en Galicia y lo que luego sería Portugal, donde tuvo sus más y sus menos con su hermanastra Teresa y su marido Enrique de Borgoña. El arzobispo Gelmírez y el propio Papa Calixto II también tuvieron bastante que ver en todas las intrigas y batallas en las estuvo metida nuestra buena Doña Urraca. Y a todo esto la reconquista, que “distraía” a los beligerantes y promovía pactos y alianzas.

Al final reinó en Castilla y León (donde había nacido en 1081) desde el año 1109, mientras su hijo Alfonso VII, con quién tuvo sus problemillas, lo hacía en Extremadura y Toledo. Doña Urraca murió por complicaciones en un parto en la localidad de Saldaña en 1126, con sólo 44 años.

Esta es Doña Urraca, que parece bastante guapa en la estatua, con su primer marido Raimundo de Borgoña en el escudo. El autor es Juan Pascual de Mena.


Y la segunda es Doña Berenguela, mujer también guapa a la par que inteligente y hábil en las negociaciones políticas. Era segoviana (como mi madre), pues en esta ciudad nació en 1180, hija primogénita del rey de Castilla Alfonso VIII y su esposa Leonor Plantagenet. Al ser heredera de Castilla quisieron casarla muy pronto, bueno, con tan solo 7 añitos ya pidió su mano un duque, pero no se casaron. Sí lo hizo con 17 años y en Valladolid, con el rey Alfonso IX (que era tío segundo suyo), con el que tuvo 5 hijos, el tercero de los cuales llegaría a ser rey y además muy famoso: nada menos que Fernando III el Santo.

Pero en 1204, recién nacida su última hija, el Papa Inocencio III anuló su matrimonio por consanguinidad, aunque los hijos sí se consideraron legítimos. Total que Berenguela se tuvo que ir a Castilla, a casa de su padres (o sea, a la Corte), a cuidar de sus hijos.

Cuando Alfonso VIII murió en 1214, heredó su corona el joven príncipe Enrique, que solo tenía 10 años. En principio fue regente su madre, pero murió enseguida, y ahí tenemos ya a Berenguela, su hermana, de regente de Castilla. Sin embargo los nobles de la familia Lara (con Álvaro Núñez a la cabeza) se apoderan del príncipe porque querían que fuese Alfonso IX rey también de Castilla. Pero Enrique muere de la forma más tonta: siendo todavía un niño una teja le cae en la cabeza y le mata. Así que el trono pasa directamente a manos de Berenguela.

Pero ella no quiso ser reina (de hecho solo lo fue en el año 1217) porque enseguida renunció al trono, que dejó a su hijo Fernando, al cual favoreció muchísimo a lo largo de todo su reinado. De entrada le casó con una europea, siendo la boda en la catedral de Burgos. Después logró que firmara con su padre el pacto de Toro, que puso fin a la guerra entre Castilla y León. O cuando en 1222 consigue que se firme el Convenio de Zafra por el cual se casa una de la familia de los Lara (que no eran precisamente muy amigos) con su hijo Alfonso, hermano de Fernando, claro. Dos años más tarde logra el matrimonio de su hija Berenguela con el que Alfonso IX quería como yerno, lo que acercaba el trono leonés a Fernando. El remate fue ya que en 1230 se firma, gracias a ella, el Tratado de las Tercerías, por el que las hijas de Alfonso IX de un anterior matrimonio renuncian al trono de León a cambio de dinero y ventajas.

Así que al final consiguió que Castilla y León estuviesen en un solo reino bajo el reinado de su hijo Fernando III, alias el Santo, que encima pudo dedicarse a reconquistar Andalucía porque su madre se encargaba de reinar. Y no contenta con eso, cuando se le murió su primera mujer le buscó una novia francesa. ¡Eso es una madre! Además protegió no pocos monasterios y supervisó personalmente las obras de las catedrales de Burgos y Toledo, siendo también amante y protectora de la literatura. Por fin murió en el monasterio de las Huelgas, en Burgos, en 1246, a los 66 años.

También era guapa Doña Berenguela, como se aprecia en el primer plano. A menos que la favoreciera el escultor Alonso de Grana, autor de esta obra.


Y ahora viene la “escultura fantasma”, o sea, el pedestal, tal cual:

El pedestal es de granito, como todos, y está así de vacío. Mi amigo Jesús Díez de Palma en su libro “Descubriendo el Retiro” le ha puesto un rey de bastos encima, que queda gracioso. Yo lo he dejado así, con árboles y niños de fondo.
Dentro de la corona de laurel alguien ha puesto “STOP DESAHUCIOS”, slogan que está tristemente de moda.


Enfrente de este pedestal vemos otra vez la estatua de “Sancho 4º”, ahora con el alias de “El Bravo” y con la misma fecha de fallecimiento, 1295. Aquí hay gato encerrado porque los señores son distintos y las señoras del escudo también.

Este otro Sancho es más “Bravo” que el anterior pero murió el mismo año. ¿Qué pasa aquí? ¿La señora del escudo es María de Molina?


En fin, sigamos bajando por la derecha porque en estatua anterior ha debido haber algún error al poner el pedestal. La siguiente está clara: es de un tal Alonso 1º “El Batallador”, rey de Aragón. Bueno en la estatua pone “Alonso”, pero se le conoce como “Alfonso” y, si habéis leído antes lo de Doña Urraca, se trata de su segundo marido con el que tuvo una relación más que tormentosa.

El caso es que este rey nació en 1073 en un pueblito de Huesca llamado Hecho, siendo hijo de Sancho Ramírez (rey de Aragón y Navarra) y de su segunda esposa Felicia de Roucy. Fue rey porque murió su hermanastro Pedro I, que es el que en realidad iba a serlo, y su reinado empezó en 1104 y terminó con su muerte en 1134. Vivió pues 61 años que se pasó de batalla en batalla. De formación muy religiosa, todo su empeño era luchar contra los musulmanes y, de hecho, les conquistó Zaragoza, Tudela, Tarazona y Calatayud, duplicando así el reino de Aragón. Al casarse con doña Urraca lo amplió a León, Castilla, Toledo, Navarra y Aragón. Total que se le subió el éxito a la cabeza y se hizo llamar “Emperador de León y rey de toda España”, o incluso “Emperador de España”, así, por las buenas. Pero, como ya sabemos, los nobles forzaron la anulación de su matrimonio y se le acabó el chollo. Luchó contra los moros en Córdoba, Granada, Valencia, Cullera, etc., llegando a pelear codo a codo con el Cid Campeador en su juventud. Al morir cedió sus reinos a las Órdenes Militares, dado lo religioso que era, pero los nobles no lo aceptaron y sus territorios se dividieron entre Ramiro II el Monje, que se quedó con Aragón, y García Ramírez el Restaurador, que fue elegido rey de Navarra.

Aquí tenemos a D. Alonso o Alfonso I El Batallador, que dio guerra a todo el mundo, su esposa Doña Urraca incluida. La cabeza que está pisando seguro que es la de algún sarraceno, a quienes tanta manía tenía. El autor de la escultura fue Alonso de Grana.


El siguiente es otro rey godo (no si al final nos terminamos aprendiendo la lista) llamado D. Chintila, del que se sabe muy poco, ni siquiera el año que nació. Lo que sí es que fue rey de los visigodos entre el 636 y el 639. El anterior se llamaba “Sisenando” y parece que le dejó la monarquía bastante “pachucha”. A Chintila le nombraron rey los nobles y los obispos, o sea que venía bien recomendado. En su reinado convocó dos Concilios en Toledo, en los que se defendieron las posesiones de los reyes y sus herencias, y se establecieron penas bastante fuertes contra los que pudieran atentar contra ello o usurparles el poder. También se dejó claro que los reyes debían ser elegidos entre nobles (ni siervos, ni clérigos, ni extranjeros). Además, se prohibió a los que no fueran católicos residir en el reino, así que muchos judíos tuvieron que convertirse.

Tanto cuidado nos hace pensar que el reinado de este rey tuvo bastante “movida”. Cuando murió, parece que de muerte natural, le sucedió su hijo Tulga, que es el que aparece en el escudo de la estatua.

Así de jovial aparece D. Chintila, cuyo año de fallecimiento parece que fue 639 y no 638 como pone en la base de la estatua. El autor de la misma es Francisco de Vogue y el que aparece en el escudo Tulga, el hijo del interfecto.


Nos quedan cuatro estatuas para llegar a la Puerta de España. La siguiente corresponde a Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, que nació en esta ciudad en 1113, hijo de Ramón Berenguer III y Dulce de Provenza. En 1131 muere su padre y hereda el Condado de Barcelona. Fue enemigo de Alfonso VII (hijo de nuestra amiga Doña Urraca) y por eso Ramiro II de Aragón le ofreció casarse con su hija. ¡Cuando ésta tenía un añito, no os lo perdáis! Al final hubo que esperar un poco, claro, pero se terminaron casando en 1150, él con 37 y ella con tan solo 14. A Ramiro le gustaban los monasterios y de hecho se retiró a uno, dejando a Ramón como Conde de Barcelona y Príncipe de Aragón. Y eso porque la boda con su hija fue de las llamadas “Matrimonio en Casa”, que quería decir que tu suegro te dejaba el mando, pero lo que es ser rey se quedaba para tu primer hijo. Hubo bastante jaleo con la cesión de sus reinos a las Órdenes Religiosas, que hizo nuestro ya conocido Alfonso el Batallador; al final hubo que negociar con dichas Ordenes (del Hospital, del Santo Sepulcro y de los Templarios) para que Berenguer pudiera disponer de ellos. También tuvo que pactar con Alfonso VII para recuperar tierras, cosa que hizo por otro lado luchando contra los sarracenos, no solo en tierras de Aragón y Cataluña, sino en expediciones por Murcia, Valencia o Almería.

Tuvo cinco hijos con Petronila (y otro más, de madre desconocida) y, como el primogénito murió al nacer, le dejó todos sus títulos catalanes y aragoneses al segundo, que se hizo llamar Alfonso II de Aragón, porque su madre le dejó esta corona dos años después de la muerte de Ramón Berenguer, en 1164.

No tiene cetro porque en realidad no llegó a ser rey, aunque sí lo fue su hijo Alfonso. El autor de la escultura es, otra vez, Francisco de Vogue.


La tercera estatua, según se sube por la derecha, representa al rey Carlos II de España (1661-1700), que no fue precisamente de lo mejor que ha pasado por el trono español.

Hijo del rey Felipe IV y la archiduquesa Mariana de Austria (su segunda esposa) fue el último hijo varón que sobrevivió. Así que, al morir su padre, le nombraron rey con solo 4 años. Se hizo cargo de la regencia su madre hasta que fue mayor de edad en 1675. Era bastante “feíto” y “poca cosa” por lo que la gente empezó a llamarle “el Hechizado” al pensar que era así por algún encantamiento. Además no le dieron una gran formación, por lo que siempre dependió de validos, uno de los cuales fue su propio hermano bastardo, D. Juan José de Austria. Carlos II se casó con María Luisa de Orleans, sobrina del rey Luis XIV de Francia, a quien amó (a la sobrina, no al rey) más que ella a él. Bueno, al final parece que le tomó cierto cariño. Pero no se sabe si porque este rey no “funcionaba” demasiado bien, el caso es que ella murió sin hijos en 1689 y él se deprimió bastante.

Dejó el reino a cargo del Duque de Medinaceli y después del Conde de Oropesa. Y volvió a casarse, esta vez con Mariana de Neoburgo. Pero las cosas iban mal en lo político, puesto que Francia nos estaba dando “sopas con honda” y quitándonos territorios. Al final de su vida intentó gobernar, pero con poco éxito, de forma que era su mujer, aconsejada por el arzobispo de Toledo, la que en realidad gobernaba, o lo intentaba. Carlos II murió de agotamiento a los 38 años de edad, aunque parece que aparentaba más.

Como tampoco tuvo hijos con esta segunda esposa, en su testamento dejó como heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y a su hermana la infanta María Teresa de Austria, Pero su mujer (ya su viuda) quería que fuese rey su sobrino, el archiduque Carlos de Austria, lo que dio lugar a confrontaciones bélicas (o sea guerras) en toda Europa.

Para lo que se cuenta, la estatua le favorece bastante: el escultor fue Juan Pascual de Mena, quién debió de apiadarse de este pobre monarca y no le ha puestoo tan feo como era.


La segunda estatua según se sube por la derecha es la del famoso Emperador Carlos I de España y V de Alemania. ¿Qué os vamos a contar de él que no sepáis? Pues que nació ¡en un lavabo de señoras! Sí, porque su madre Dña. Juana I de Castilla fue al baño a las tres de la mañana pensando que le había sentado mal la cena (estaba en un baile en Gante) y allí mismo tuvo al gran Emperador, ella solita. El padre era Felipe el Hermoso y se trataba del segundo hijo de la pareja. Era el año 1500, febrero por más señas.

Carlos se educó en Flandes, por lo que su cultura era flamenca total (pero no de Andalucía…). El príncipe ya era Duque de Luxemburgo desde que tenía un año y a los 15 le nombraron Señor de los Países Bajos. En 1516 su abuelo, Fernando II de Aragón, le nombraba Gobernador y Administrador de los Reinos de Castilla y León, al estar su madre (la reina Juana) incapacitada por su enfermedad mental. En ese mismo año fue también nombrado Rey de Navarra y de Aragón, esto último asimismo por no poder serlo su madre. Total que iba acumulando poder a marchas forzadas.

En 1517 se embarcó hacia España, concretamente a Santander, aunque terminó en Asturias por el mal tiempo. Al año siguiente las Cortes de Castilla le tomaron juramento como rey en Valladolid, pidiéndole una serie de cosas como que aprendiera español (que no sabía), que no nombrase a extranjeros en cargos importantes, que no sacase oro ni caballos de Castilla y que fuese respetuoso con su madre, que estaba recluida en Tordesillas. También en este mismo año fue jurado rey en Aragón y al siguiente en Barcelona por las Cortes Catalanas. Por si fuera poco, al morir el Emperador Maximiliano I en este mismo año de 1519, Carlos es elegido como nuevo Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Sin embargo al llegar a Castilla, el flamante Emperador Carlos dio cargos a sus colaboradores venidos desde los Países Bajos, luego se fue a Aragón y terminó convocando Cortes en Santiago de Compostela y yéndose a Alemania, dejando como regente al cardenal Adriano de Utrecht. Total que surgió el llamado “movimiento comunero” de Castilla, cuyos cabecillas fueron Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, vencidos al fin en la famosa batalla de Villalar. Al final el rey volvió y se hicieron cambios en la organización del reino en las Cortes de Valladolid de 1523.

En Levante también se “levantaron” contra el rey con el pretexto de formar tropas para luchar contra los piratas berberiscos y este movimiento, llamado “las Germanías”, se extendió hasta las islas Baleares. Al final también fueron vencidos por el ejército del emperador Carlos, que empezó a organizar Castilla con el sistema de los Consejos que se encargaban de toda la administración. El más importante era el Consejo Secreto de Estado y también el Consejo de Indias, este último para gobernar las tierras de Sudamérica. Estos Consejos estaban formados por personas elegidas por el rey, quién tenía siempre la última palabra, aunque despachase con los secretarios de los mismos. A todo esto, Valladolid era la capital del reino (¡o del imperio!).

Y en Sudamérica los españoles no parábamos… Hernán Cortés conquistó Nueva España (Méjico), Francisco Pizarro hizo lo propio con los incas, formando el virreinato de Perú. Gonzalo Jiménez de Quesada conquistó a los Chibcha, que ahora son Colombia. El capitán Sebastián de Benalcazar fundó en 1534 la ciudad de Quito y Francisco de Orellana, tras fundar Guayaquil, descubrió el Amazonas; ambos habían salido a buscar el mítico “El Dorado”. Juan Sebastián Elcano dio la primera vuelta al mundo en 1522, terminando el viaje empezado por Fernando de Magallanes y llevando la soberanía de España a las islas Filipinas y las Marianas. Es curioso cómo se arrendó lo que entonces era “provincia de Venezuela” a unas familias alemanas, o sea, que hubo un gobierno alemán en Sudamérica gracias a un rey español con raíces germanas.

A todo esto Pedro de Mendoza funda Buenos Aires en el llamado “Río de la Plata” y Juan de Salazar y Gonzalo de Mendoza son los que fundan Asunción, hoy capital de Paraguay. Por último deciros que Pedro de Valdivia fundó Santiago, hoy capital de Chile. Y así es como se hizo este gran imperio bajo el mandato de este rey que consiguió ser tan poderoso.

Pero claro, “el que mucho abarca…”, así que el hombre tuvo que hacer frente a no pocas pegas. Por ejemplo Enrique II de Navarra se alió con el rey francés Francisco I y entre los dos y un montón de navarros deseosos de ser independientes se enfrentaron a los ejércitos imperiales de Carlos, aunque terminaron perdiendo.

También topó Carlos V con la Iglesia, (¡cómo no!) pero lo hizo a su favor, porque consiguió que todo lo que saliese del Vaticano tuviera que pasar por su censura antes de ser publicado. A esto se le llamó “Pase Regio” y le daba al emperador el mango de la “sartén eclesiástica”. También se convirtió en “Patriarca de las Indias”, supervisando así toda la labor evangelizadora en el nuevo continente. Sin embargo, no siempre el Papa estuvo tan acorde; estamos hablando de Clemente VII, aliado del rey de Francia Francisco I.

Otros enemigos fueron los turcos, como Solimán el magnífico, sultán del Imperio Otomano. Hubo famosas confrontaciones en Argel, Viena o Túnez, entre otros. Y con el antes citado rey Francisco I tuvo nada menos que cuatro guerras que terminaron con famosas batallas como la de Pavía en 1525, o famosas “paces” como la Paz de Cambrais en 1530. O bien la tregua de Niza en 1538 o la paz de Crepy en 1544.

El luteranismo fue un problema para Carlos V que, según el Edicto de Worms de 1521, excomulgó a los protestantes que respondieron con una “liga”, oponiéndose a ese edicto en la llamada “Dieta de Espira”, en 1526. El entonces Papa Pablo III convocó el famosísimo Concilio de Trento en 1545, pero ni él ni Carlos V pudieron ver su final. Lo que hizo al año siguiente El Emperador fue empezar una guerra contra los protestantes que acabó en la famosa batalla de Mühlberg, en 1547, por la que Tiziano le hizo el retrato a caballo. Tras muchos dimes y diretes se les dio libertad de culto a los protestantes en 1552, mediante el Tratado de Passau. Y, según la Paz de Augsburgo (1555), se reconoció el derecho de los alemanes a ser católicos o protestantes ¡Hay que ver lo que cuesta que le dejen a uno pensar y creer lo que quiera!

Después de tanto jaleo, a Carlos le dio por reflexionar y abdicó en Bruselas a favor de su hermano Fernando, a quién dejó lo que se dice “el Imperio”. Y a su hijo Felipe toda España y las Indias. Carlos V vuelve a España en barco, desde Flandes a Laredo y de allí a la Vera, a Jarandilla, para curarse de la gota, viviendo en el castillo de los Condes de Oropesa, donde esperó cuatro meses hasta que estuvo lista la casa-palacio que le estaban haciendo al lado del Monasterio de Yuste, que era de la orden de los Jerónimos, tan relacionada con el Retiro. Y allí se “retiró” durante el año y medio último de su vida, que al final perdió de la forma más tonta, por culpa del paludismo que le inoculó un mosquito de uno de los estanques del palacio.

En esta casa palaciega conoció a su hijo ilegítimo D. Juan de Austria, el último de los de este tipo, pues tuvo otros cuatro fuera del matrimonio con su prima Isabel de Portugal, de quién tuvo seis legítimos, uno de ellos el antes citado y futuro rey Felipe II.

Ni siendo Emperador le respetan a uno: ¡mira tú la palomita donde se fue a posar…! El autor fue Giovan Domenico Olivieri y la dama de escudo es su esposa y prima, Isabel de Portugal.


Enfrente tenemos a Gundemaro, que fue un rey visigodo que en el año 610 asesinó a su antecesor Witerico, bastante déspota, por cierto. El caso es que Gundemaro había sido un simple soldado que consiguió llegar al trono en el que estuvo solo dos años, ya que murió en Toledo en 612, de muerte natural. Representaba a la nobleza visigoda católica y, en su reinado, hizo la guerra a los vascones sometiéndoles y evitando sus correrías por los valles del Duero y del Ebro. También contribuyó a que la capital estuviera en Toledo, acabando con la primacía de Cartagena. Le sucedió un noble muy culto llamado Sisebuto.

Con su capa y su cetro, aquí tenemos a este rey visigodo para la posteridad.


Y así terminamos este paseo por esta zona del Retiro de la que os ponemos ahora el mapita correspondiente:

En el punto 1 está la fuente de la Plaza de la Independencia, en el 2 el Paseo de Méjico, en el 3 los columpios modernos con las moreras de papel, en el 4 la Fuente de la Alcachofa, en el 5 las fuentes de las sirenas y del tritón, en el 6 los columpios de madera, en el 7 el pasillo de los “trotones”, en el 8 el paseo de los tilos, en el 9 el Teatro de Títeres, en el 10 el kiosco del estanque, en el 11 la placita del ciprés y en el 12 el Paeeo de las Estatuas.

 

Nota: Las fotos “desde las alturas” del Paseo de Méjico y de la Fuente de los Galápagos son de mis amigos los podadores y las de la Puerta de Hernani, la de las dos fuentes y la del Paseo de las Estatuas con nieve, de mi amigo Manuel Gil. Las fotos antiguas de la Puerta de la Independencia, de la Fuente de los Galápagos y de la Puerta de Hernani están sacadas del libro de Consuelo Durán Cermeño “Jardines del Buen Retiro”, editado por el Ayuntamiento de Madrid. El grabado de la Puerta de España está sacado del libro “El Retiro, Parque de Madrid” de Mª Carmen Simón Palmer (Ediciones La Librería). Muchísimas gracias a todos/as los jardineros/as que me han ayudado a identificar especies de árboles o plantas (Juan, Antonio, Ana Belén, etc., y especial mención a Candi), a las gentes de los Puntos de Información (Carlos, Bea, Beatriz, Jesús, Inés, etc.) y los de las Oficinas que se han interesado en la página y me han ayudado (Pedro, Paco, etc.). A todos/as, gracias de corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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