El Paseo de Coches

 

 

El paseo de coches es como la Gran Vía o la Castellana del Retiro, es decir, la “calle” principal del Parque. Fue abierto en la época de la Primera República, o sea, por 1873, patrocinado por el Duque de Fernán Núñez y al principio era de coches…, pero de coches de caballos:

Así era al principio este Paseo, que se llamó “de Carruajes”.


¿Qué quién era Fernán Núñez? Pues un aristócrata que quería poderse pasear a caballo por el Retiro para lo cual no le importó pagar 55.000 pesetas (la mitad de lo que costó abrir el Paseo) al Ayuntamiento, que puso el resto. Eso sí, pensando en hacer negocio, porque al principio había que pagar 2,50 pesetas al día por carruaje o caballo, aunque había abonos.

Después de mucha polémica, pues algunos no querían que se abriera, en 1874 se inauguró el primer “Paseo de Carruajes” del Parque del Retiro.

A partir de 1885 se dio permiso para que se pudiera circular en bicicleta, bueno en “velocípedo”... Una de las asiduas era la famosa bailarina llamada “la Bella Otero” que iba con su hija en un tándem.

Así eran los primeros que se aventuraron por aquí, con estas bicicletas que ahora nos parecen de circo.


Ya entonces se empezaron a alquilar bicicletas a dos pesetas la hora, algo más baratas que lo hace ahora mi amigo Luis, de By-Bike, aunque éstas tampoco son nada caras.

Hasta el Rey Alfonso XII se hizo asiduo del paseo, (en coche de caballos, no en bici, claro) y aquí se venía todas las tardes. El atentado que sufrió en 1880 fue justo después de hacer este paseo, cuando iba hacia el Palacio Real. Salió ileso y al día siguiente volvió, o sea, que le encantaba.

Cuando aparecieron los primeros "coches automóviles", también se hicieron asiduos de este paseo, que ya se empezó a llamar “Paseo de Coches”, como en la actualidad, aunque ahora solo pasen por aquí los de la Policía y algunos de mantenimiento del parque.

Por aquí se juntaban ciclistas y automovilistas, con el Florida Park de fondo cuando era “Centro de Aguas Oxigenadas”.
   
Lo bueno gusta y lo mucho agobia…¡Ya tenemos montado el atasco!
Esto es otra cosa: ¡Vean los nuevos y flamantes modelitos!


Recuerdo haber ido con mi padre a ver carreras de motos al Paseo de coches, que se rodeaba de sacos de tierra y neumáticos usados como “medidas de seguridad”.

Carrera de motos normales.. en esta época, claro.
Y estas con “sidecar”, como la Vespa que tuvimos nosotros.


Pero también se organizaban aquí otro tipo de carreras:

Por ejemplo, para los peques, carreras de coches a pedales.
Y también carreras ciclistas, como esta en la que vemos a uno de nuestro ídolos: el famosísimo Federico Martín Bahamontes, “el águila de Toledo”.


La entrada al Parque por este paseo era, y es, por la puerta que hay en la calle de O’Donnell, justo enfrente de las Escuelas Aguirre, ahora Casa Árabe, y que se llama “Puerta de Madrid”:

Desde dentro del parque vemos las tres columnas y, al fondo, el “minarete” de la Casa Árabe.
 
Y desde la calle O’Donnell, así se ve la Puerta de Madrid. Bonita, ¿verdad?
 
La foto anterior está hecha desde aquí, desde la Casa Árabe, antiguas Escuelas Aguirre, cuya visita recomendamos porque merece la pena: hay muchísimas actividades, exposiciones, etc.


Y entrando en lo que es la puerta en sí (¡nunca mejor dicho!), tenemos que decir que la Puerta de Madrid es una de las más impresionantes. Fue construida en 1900 por el arquitecto municipal D. José Urioste Velada. Como todas, a base de hierro forjado, tanto las puertas como las farolas, siendo las columnas de granito y de caliza los motivos escultóricos, entre los que destacan las cabezas de león.

Columna grande con su cabeza de león en la parte de arriba.
   
Columna central, más pequeña.
Farolas de puro hierro forjado. Además funcionan, o sea, que las encienden por la noche.


En realidad las puertas son cuatro: dos laterales para que pasen los peatones y dos centrales (entre las tres columnas) para los carruajes primero y los coches después. Y ahora para nadie, porque están cerradas.

Pero las laterales están abiertas, en el horario del parque, claro.
   
Como ésta, que nos invita a entrar a primera hora de la mañana.
Y a ver este cedro, según se entra a la derecha.


Según se entra a la izquierda hay un arbolito que es muy curioso: nada menos que un castaño de flores rosas (Aesculus rubra), como el que hay a la puerta del Florida Park:

   
Le pillamos en plena floración y, la verdad, que sus racimos de flores son una excelente bienvenida al parque.


En una pequeña plazoletita que hay en la parte derecha del principio del paseo, destaca un monumento levantado en granito y caliza, que representa a Fray Pedro Ponce de León, inventor del alfabeto de los sordomudos. En realidad era un monje benedictino que había nacido en Sahagún (León) y que parece que educó a algunos niños sordos en el monasterio de San Salvador de Oña. Lo primero les enseñaba a escribir mientras les señalaba con el dedo índice de la mano derecha las letras que hacía con los dedos de su mano izquierda, y después los objetos identificados o rotulados con su respectivo nombre; luego les hacía repetir, primero de forma manual y luego por escrito, las palabras que correspondían a los objetos. No está claro si fue el pionero en estas tareas o no, pero el caso es que la Asociación de Sordomudos de Madrid le dedicó esta estatua en 1920, justo a los 400 años de su nacimiento.

Y durante una serie de años, todos los domingos se reunían los sordomudos de Madrid para “hablar” de sus cosas alrededor de esta estatua:

Aquí los vemos en esta foto que nos ha cedido nuestro amigo Manuel Gil.
   
Y aún ahora, todos los años por primavera, la Asociación de Sordos le pone a Fray Pedro una corona de laurel, agradeciéndole sus servicios, cosa que llamó la atención de este niño.


Y ahora vemos el monumento tal cual:

Placita y manumento a Fray Pedro Ponce de León.
   
Estatua en caliza e inscripción en mármol sobre la base de granito, donde se explica el por qué de este monumento. Fijaos que el niño va vestido con ropa del siglo XVI, que es lo suyo.


Por detrás de la estatua hay otra inscripción, ésta dedicada a Juan Pablo Bonet (1573-1620), que fue soldado en África e Italia y luego maestro del hijo sordomudo del Condestable de Castilla. Esto le hizo interesarse por la fonética y también por lo que había hecho Ponce de León. Total que publicó un libro titulado “Reducción de las letras y arte de enseñar a hablar a los mudos”, donde estaba el famoso “alfabeto”.

Inscripción en el “reverso” de la estatua de Ponce de León donde se homenajea a Juan Pablo Bonet.
       
       
Este es el famoso “alfabeto de sordomudos” inventado por él, que sigue utilizándose y con el que estas personas consiguen “hablar” a una increible velocidad.


Detrás de la estatua hay tres arbolitos que parecen castaños de indias, pero que no lo son:

Aquí podemos verlos iluminados por los rayos del sol de la mañana.
 
Este es uno de ellos, dando sombra a mi bici.
Y aquí sus hojas y flores.


En realidad se trata del "falso castaño amarillo", Aesculus flava, especie norteamericana con la que hay que tener cuidadito porque sus castañas son venenosas.

Justo al lado de este monumento hay unos parterres sembrados con unas flores azules muy curiosas. Son los “agapantos” o “lirios africanos”, Agapanthus africanus, también conocidos como “flores del amor” que vienen de Sudáfrica y tienen unas raíces muy resistentes, de las que se llaman “rizomas”. Esto les sirve para aguantar los inviernos y para que en primavera-verano les salgan esas flores azules tan bonitas.

Zona de los “lirios africanos,” que dan un ambiente de lo más especial, con esas flores azulitas que salen todas del mismo punto, al final de los tallos.


Cerca de aquí descubrimos un árbol muy especial (que ya lo vimos en la zona “Florida Park” tras el monumento a Arosemena) llamado “de los farolillos” porque sus frutos al secarse parece eso, farolillos chinos. En realidad su nombre científico es Koleuteria paniculata y, como muy bien pone en la tablilla del parque, los frutos son “cápsulas ovoides compuestas por tres valvas”. Son de origen asiático (China, Corea, Japón) y tienen una sustancia que se llama “saponina”, sobre todo en las semillas, que puede hacer espuma y servir como jabón.

Esto es en invierno.
   
En primavera el panorama cambia, aunque sigue habiendo farolillos.


También nos encontramos por aquí, entre otras cosas, una higuera y unos arces:

La familiar higuera (Ficus carica), con sus hojas brillantes y lobuladas.


La higuera es una planta bastante curiosa porque las flores femeninas (que están en las higueras femeninas, porque también las hay masculinas) están dentro de los higos jóvenes, que en realidad son brotes modificados. Tienen un pequeño orificio por el que entra una abeja que las poliniza, lo que es bastante alucinante. O sea que, en realidad, los higos no son frutos sino flores modificadas; los frutos son esos pequeños “pipos” que están dentro de los higos y se suelen quedar entre los dientes. Proviene de Asia Menor y se cree que es una de las primeras plantas cultivadas por el hombre, antes incluso que los cereales.

Estos arces blancos (Acer pseudoplatanus), con sus hojas palmeadas y sus frutos en disámaras, están felices por esta zona de la Puerta de Madrid.


Estos arces son nativos del sur y centro de Europa y se crian aislados, sin formar bosque. Por eso y por su resistencia son ideales para los parques, porque además dan mucha sombra.

Y también está por ahí este enorme castaño de Indias:

No por ser más frecuente en el parque es menos llamativo este gigante cercano a la puerta.


Caminando por el paseo entre laureles y boneteros nos encontraremos con el monumento a un músico ilustre, el maestro Chapí.

Los laureles a uno y otro lado del paseo dan mucho juego, por lo resistentes que son y lo bien que quedan podados así.
 
Bonetero del Japón que podemos encontrar aquí y en muchas zonas del Retiro.


Ruperto Chapí fue un compositor alicantino nacido en Villena en 1851. Destacó en la banda municipal por lo que muy joven (a los 16 años) se vino a Madrid y, tras pasarlo bastante mal, consiguió estudiar en el Conservatorio con el maestro Arrieta. Fue Primer Premio Fin de Carrera junto con Tomás Bretón, con quién ingresa en la orquesta del Circo Price como profesor de cornetín y es aquí donde estrena su primera zarzuela. Gracias a otra, que estrenó ya en el Teatro Real, consigue una beca para ampliar estudios en París y Roma donde compuso sus primeras óperas.

Tras volver a España, se casó con una madrileña, tuvo dos hijos y compuso numerosas zarzuelas (hasta 155), entre las que destacan “El rey que rabió” (1891) y la más conocida de todas, “La Revoltosa”, en 1897. También fue compositor de música sinfónica y socio fundador de la tan controvertida Sociedad General de Autores y Escritores (SGAE) en 1893. Le cabe el honor de ser uno de los profesores de D. Manuel de Falla. Murió aquí, en Madrid, en 1909, aunque sus restos reposan en Villena.

   
Es la obra póstuma del escultor Julio Antonio Rodríguez Hernández, que murió prematuramente. Representa la música (con mantilla y peineta) sosteniendo en su mano derecha una reproducción de la famosa “Victoria de Samotracia” y, como no, a D. Ruperto Chapí con una toga al estilo griego. Los materiales son granito y bronce.
 
En 1921 la Sociedad General de Autores y Editores, hoy llamada SGAE, erigió este monumento a uno de sus fundadores.


Detrás del mismo hay plantado un frondoso laurel y una Palmera de Fortune:

Laurel y palmera que podemos distinguir en esta vista lateral del monumento, aparte de las hiedras que tapizan el suelo.


Los magnolios son también parte importante de la decoración de este paseo:

De hecho destacan a los lados del mismo, sobre todo en el de la izquierda según van esos tres intrépidos ciclistas.


La especie es Magnolia grandiflora, procedente de Estados Unidos y que se llama así en honor a un gran botánico francés de finales del siglo XVII y principios del XVIII llamado Pierre Magnol.

Los magnolios tienen hojas todo el año: unas se caen y otras van saliendo.
El tronco tiene una corteza grisácea con escamas grandes y su madera puede ser usada en ebanistería.
   
Las flores son preciosísimas y las hojas duras y muy brillantes. También van saliendo de forma progresiva por lo que se pueden ver en muchas épocas del año. Huelen muy bien.
Los frutos tienen forma como de piña, con escamas verdes. Las semillas son de un color rojo muy intenso.


Desde el monumento a Chapí y por un camino paralelo al paseo y lleno de castaños de indias, llegaremos a una pequeña plaza:

Paseo bordeado por castaños que nos lleva desde el monumento a Chapí hasta el de Cuba.


Por ella paso cada día en mi bici y allí está el famoso “Monumento a Cuba”, que fue empezado en 1929 a instancias del general D. Miguel Primo de Rivera, entre otros. Es curioso que a un dictador se le ocurriera hacer un monumento a una nueva república… en fin. Pero la propia caída de su dictadura y otros problemas políticos retrasaron la inauguración hasta octubre de 1952 (tenía yo dos mesecitos); además así coincidía con el 460 aniversario del descubrimiento.

En la placita de “El Salvador” vemos este monumento a Cuba con estanque, fuentes y estatuas. ¡Vamos que no le falta de nada!
   
Esta señora, vestida solo con una túnica medio transparente, representa a la nación cubana. Lleva una flor en la mano derecha y detrás hay un niño con un “cuerno de la abundancia” del que salen frutas tropicales, incluida la caña de azúcar. El autor es el escultor Miguel Blay y el material la piedra caliza, que bien blanquita se ve.
   
Esta es Dña. Isabel La Católica, muy bien tratada por el escultor Juan Cristóbal.
Y aquí D. Cristóbal Colón, también en piedra caliza y esculpido por D. Francisco Asorey.
   
Escudos nacionales de Cuba y España, situados por delante y por detrás del monumento. Por cierto que el nuestro resulta ya un “pelín antiguo”…


Y nos quedan ahora todas las esculturas en bronce que fueron hechas por el famoso Mariano Benlliure:

 
La carabela con su proa y su popa, acompañadas por parejas de delfines con sus respectivos “chorritos”.
   
Las tortugas y las iguanas (dos por delante y dos por detrás) también tienen “chorritos”, cuando la fuente está funcionando… ¡Si no fuera por eso parecería que están vivas!


Este monumento, como todo, hay que limpiarlo:

No, no se está quemando nada, es el vapor de agua a presión.
Y había un señor dentro, claro.


Al lado de esta placita hay unas explanadas de hierba, y también de tierra, donde hemos jugado muchísimo al fútbol cuando Diego era pequeño. Incluso hacíamos partidos en el césped con otros niños y sus correspondientes padres. Luego pusieron un campo de petanca rodeado de una pequeña cerca de madera (donde también echábamos partidos…de fútbol). Y, por fin, han puesto un “parque para mayores” con pedales y maquinitas para que los “teóricamente mayores” puedan hacer ejercicio:

Aquí nos jugábamos nuestros partiditos. Ahora es “sólo para mayores”.
   
La verdad que estas maquinitas tienen un éxito enorme entre la llamada “tercera edad”… y entre la “segunda” y a veces también entre la “primera”…
 
Aunque el tiempo no acompañe, el personal no quiere perder la forma.
     
Bien claro lo dice el cartel: “PARQUE PARA MAYORES- ZONA DE EJERCICIOS” como pueden ser la “PLACA GIRATORIA”, entre otros.
Y si te da la sed, bien cerca tienes la fuente…


A veces, los partidos se organizaban en las zonas de hierba, justo al lado del paseo:

Entre enormes castaños, acacias, magnolios, etc., nos dedicábamos a dar pataditas al balón. Las casetas blancas son de la Feria del Libro que estaba puesta cuando hice la foto.


Una vez estaba con Diego jugando al fútbol por aquí y, justo antes de irme a jugar al tenis, oí que decían por los altavoces de la feria del Libro: “Francisco Gavilán firma ejemplares de su libro…. en la caseta nº --“. Yo le conocía de haber jugado al tenis con él hacía años, después nos habíamos visto e intercambiado libros (Paco es autor de algunos tan conocidos como “La guerra de los sexos”, por ejemplo). Ante la sorpresa y disgusto de Diego, me fui para la caseta en pantalón corto como estaba y le dije a Paco: “que tal, ¿nos jugamos un partidito?” Él se quedó asombrado de verme por allí vestido de forma tan deportiva, empezamos a hablar y me preguntó por un libro mío ya descatalogado. Me recomendó que lo llevase a la que entonces era su Editorial (Edaf, por más señas); así lo hice, lo reeditaron y hoy sigue en las librerías. ¿Increíble, no?

Aquí me teneis, hace unos añitos, firmando el famoso libro en su primera edición.


Lo de la Feria del Libro es algo típico del Paseo de coches del Retiro. Cada año se montan las casetas por primavera y se desmontan al cabo de tres semanas. Todo el proceso lo vivo día a día, porque la atravieso para ir a trabajar.

La primera vez que fui a firmar un libro mío lo hice con toda la ilusión del mundo. ¡Qué importante, firmar en la Feria! Luego ves que es entretenido por la gente que conoces, algunos lectores de tus libros, te lo pasas bien charlando y dedicando algunos ejemplares (pocos)… Pero uno se cansa, se termina aburriendo y se desmoraliza cuando te confunden con un vendedor de la caseta y te preguntan por el precio de otro libro. El sentido del humor ayuda, pero si no eres un escritor de verdad famoso, ir a la Feria es un verdadero rollo.

¡Fijaos como se pone el Paseo de Coches cuando está montada la Feria del Libro!


Ya casi estamos llegando al monumento a Martínez Campos, eso sí, vamos por la parte derecha del paseo en dirección a la Rosaleda. Enfrente hay magnolios y detrás el Florida Park, que ya vimos en el capítulo correspondiente. Pero antes de llegar vemos un par de ejemplares botánicos muy interesantes:

Enorme y centenaria encina, protegida por un círculo de tablillas y con un tronco más que considerable.
Olmo centenario (como el de la canción de Serrat), justo al lado de la encina.


A través del paseo del Perú, que es de tierra, nos presentamos en la Plaza de Guatemala, donde está el famoso monumento al general Martínez Campos.

Con restos del monumento a Cuba por delante y algunas gentes haciendo gimnasia por enmedio, el paseo del Perú nos lleva a la estatua de Martínez Campos.


Llegamos, ahora sí, a la placita donde se encuentra la estatua del general subido en su caballo, encima de una roca y en el centro de un pequeño estanque.

Vista “general” (¡nunca mejor dicho!) de la plaza de Guatemala.
 
El monumento visto más de cerca, enmedio del estanque, por cierto helado, como suele pasar muchos días en invierno.
   
El general de perfil y de frente, con las palomitas subiéndose al caballo…¡y al propio general!


Antes de la guerra civil se llamaba “Plaza de los Cisnes” y tenía un jardín rodeado de una verja metálica:

Así era la “Plaza de los Cisnes”, con sus palmeras y todo, pero entonces no había estanque.
 
Luego se hizo el estanque, con casitas de patos incluidas, rodeado por una valla metálica.


La idea de hacer este monumento fue de un par de profesores de la Academia Militar, a los que en 1888 se les ocurrió hacer un homenaje a este gran general que fue D. Arsenio Martínez Campos. Este era de Segovia (como mi madre), donde nació en 1831 y se hizo famoso por participar en las campañas de África, Méjico y Cuba, así como en las guerras carlistas. A las órdenes del Gobierno de la Primera República, conspiró contra éste para proclamar como Rey a D. Alfonso XII, lo que le hizo muy popular alcanzando el grado de Capitán General y siendo incluso nombrado Presidente del Gobierno conservador. Pero solo por unos meses, ya que se llevaba mal con Cánovas del Castillo. Sus ideas contra la esclavitud le hicieron militar en el Partido Liberal, llegando a ser Ministro de la Guerra en 1881. Murió en Zarauz (Guipúzcoa) en 1900.

Aunque no los tuviera en la vida real, en la estatua el general tiene algún que otro “pájaro” en la cabeza, y hasta en el caballo.


La estatua se hizo, al fin, por suscripción popular, impulsada por un marqués, participando también la Familia Real, el Gobierno y el Ejército, que aportó las 21 toneladas de bronce necesarias para que el insigne Mariano Benlliure pudiese esculpirla.

“AL GENERAL MARTÍNEZ CAMPOS – MODELO DE PATRIOTAS Y SOLDADOS – ESPAÑA”. Esto es lo que podemos ver y leer en la parte delantera del monumento.
   
Y estas dos inscripciones constan en zona derecha: la primera sobre la piedra arenisca de arriba y la segunda sobre la caliza de abajo.
   
En la izquierda unos motivos militares sobre la guerra de Africa.
Y por detrás continuan estos motivos, esculpidos sobre arenisca y una placa conmemorativa de la inauguración por D. Alfonso XIII.
   
Hay días en que contemplando este el monumento te puedes quedar “helado”.


Queda muy bien que al fondo de la estatua del general Martínez Campos se pueda ver la del rey a quien él ayudó a reinar, D. Alfonso XII, que preside el estanque:

Cada uno mirando para un lado, pero ahí están “defensor” y “defendido”.


Mis padres estuvieron viniendo a esta placita una serie de años, junto con una prima de mi padre y su marido (María y José). Empezaron viniendo con el Seat 127 (que a veces lavaban en el paseo) y terminaron utilizando el autobús, pero el caso es que aquí se venían cada tarde, charlaban y daban de comer a las palomas.

Cómo hace este señor; lo único que mi padre traía pan duro que guardaba en casa en “grandes cantidades” y lo pisaba, currusco a currusco, para que lo pudieran comer las palomas, los pájaros, etc.
   
Los patos aparecen de vez en cuando por aquí a disfrutar de este estanque.
Como les pasa a estos dos machos que escoltan a una hembra.


Esta placita es muy buena para muchas cosas, o sea, que tiene muchos usos: pasear, patinar, correr, charlar, dar de comer a las palomas, ir en bici…

Dedicarse al “comercio”…
O meditar y hacer ejercicios relajantes siguiendo el método “Falun Dafa”.


Aparte de los setos de cipreses, durillos y algunas fotinias que hay alrededor de la plaza, también destacan unos arbolitos que yo pensaba que eran "tuyas", pero que gracias al blog “Mis árboles de Madrid”, que hace mi amigo José Manuel y que está fenomenal, me enteré que eran nada menos que “libocedros”, Calocedrus decurrens:

Estos exóticos arbolitos son libocedros dorados, que ponen un punto de color en el paseo de coches, aún en invierno.


Se les llama “cedros de incienso” o “libocedros de California” y son de la familia de los cipreses. El nombre científico significa “hermoso cedro” (“kallos” en griego es “bonito”) y lo de “decurrente” quiere decir que las pequeñas hojas están pegadas a la propia ramilla. Estos cedros se introdujeron en Europa a mediados del siglo XIX y, en concreto, estos del Paseo de Coches son de la variedad “aureovariegata” que se refiere al color amarillo dorado de las hojas. Son más bonitos y crecen algo menos que sus parientes normales.

Vemos ahora un durillo y, sobre todo, el citado y enorme plátano de sombra:

Este durillo metido en la pérgola, con sus flores blancas y apretadas, nos deleita en primavera.
   
   
Y ya sea en verano o en otoño, este gigantesco plátano (haciendo honor a su nombre) nos da sombra, que es lo suyo.


A su lado crece este laurel-cerezo:

Vemos el enorme tronco del plátano y, a la vez, las típicas flores blancas en racimos del lauroceraso (o laurel-cerezo).


En todo el paseo de coches hay muchísimas actividades que iremos viendo poco a poco. Para ir a la plaza de Guatemala desde el paseo hay unas escaleras y por allí suelen ponerse algunos músicos:

La apreciación del arte es muy personal, pero desde luego estos músicos ponen toda su buena voluntad.
 
Igual que nuestro amigo Jaime, del grupo “LoSSoplillo”, que toca con entusiasmo la dulzaina con sus partituras y todo. ¡Y no se le va ni una nota!
 
Estos zócalos de caliza son muy aparentes para que los niños se suban y corran por encima. Aquí vemos a Diego, cuando era un chiquitín, con el paseo al fondo y un libocedro a la izquierda.


Un poquito más abajo, a la izquierda, hay una bonita estatua que representa a Hércules “buscando las amígdalas del rey de la selva” como dice Jesús Díez de Palma en su libro “Descubriendo el Retiro” (Ediciones La Librería) que otra vez os recomendamos:

Hércules debe ser muy feliz en estos jardines, al lado de la Plaza del Mármol y con este evónimo o bonetero del Japón al lado.
   
Sobre una base en forma de tronco de cono de granito, con su capitel y todo, podemos ver a Hércules como Dios le trajo al mundo, rebuscando en el gaznate del león. En la foto de la izquierda se ve un poquito la fuente de la plaza del Mármol.


En realidad la estatua se llama “Hércules y el león de Nemea” y le representa en el primero de los doce trabajos que tuvo que hacer para ganarse la inmortalidad. Se supone que es del año 1650 y que estaba en el Palacio Real, desde donde se trasladó al Retiro en el reinado de Carlos III. Tiene que ver con otra que está al final del paseo, justo donde están los dos pinos, y que se llama “Hércules y la hiedra de Lerna”.

Y al lado hay una curiosa fuente de cuatro grifos que es como un oasis, ya que es una de las pocas en las que el agua no sale a presión y hasta se puede beber.

Diego va con su bici por este paseito, que da al Paseo de Coches, hacia la fuente de cuatro grifos.
Enfrente hay un kiosko que tiene mucho éxito, aunque ahora le veamos vacío porque es por la mañana temprano.
   
Hay quién bebe “a morro”, pero es mejor llevarse algún vasito o botellita, como hace Diego.


Por aquí te puedes encontrar curiosos ejemplares botánicos:

Como este “árbol viviente, al que mira asombrado el niño del patín.


O artistas de la música clásica:

Son el cuarteto de cuerda Sabatini que aparte de en el Reti también actúan en otros sitios de Madrid y también en fiestas y eventos de todo tipo.


En el paseo que viene de la plaza del mármol, paralelo al de coches, hay un monumento al que fue el más popular de los alcaldes de Madrid: D. Enrique Tierno Galván.

En bronce sobre granito y entre dos tejos: así está, en esta “mini-plaza”, el monumento a Tierno.
Y esta es la placa conmemorativa.
   
Como era otoño, una hoja de un plátano cercano cayó sobre las hojas del libro de bronce.
Y como es invierno, la nieve tapa casi todo el libro.


Nacido en Madrid en 1918 (aunque sus padres eran de Soria), el llamado cariñosamente “profesor Tierno” se doctoró en Derecho y Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid y fue Catedrático de Derecho Político en las Universidades de Murcia y Salamanca. De esta última cátedra fue expulsado en 1965 por oponerse al régimen franquista. Se autoexilió a Estados Unidos donde siguió dando clases para volver en 1967 y fundar de manera clandestina el que sería luego Partido Socialista Popular (PSP), con el que obtendría escaño de diputado en 1977. Posteriormente fue nombrado Presidente honorífico del PSOE y elegido Alcalde de Madrid en 1979 y, de nuevo, en 1983.

De carácter peculiar, son famosos sus bandos municipales escritos en un estilo barroco a la vez que irónico y humorístico. Conectó con la juventud y se convirtió en el alcalde de la llamada “movida madrileña”. Gran renovador, impulsó la modernidad en todos los sentidos y promovió, entre otras muchas actividades culturales, el hábito de la lectura, trayendo la Feria del Libro al Paseo de Coches del Retiro, donde sigue celebrándose. Por eso los libreros le homenajearon con este monumento cuando murió en 1986, en el ejercicio de su cargo. El autor fue un escultor apellidado “Ferrer”, tal y como puede leerse en la propia escultura.

Un poco más adelante, pero muy cerca, nos encontramos otra estatua, esta vez de una diosa griega llamada “Hera”:

Rodeada por un seto de boj y pensamientos amarillos, la diosa Hera disfruta de la sombra que le da el pino piñonero, que resiste sin caerse gracias a los soportes de hierro que le pusieron los podadores.


La diosa Hera era la hermana mayor y a la vez esposa de Zeus, siendo la “patrona” de los matrimonios y los nacimientos. Sus símbolos eran la vaca, el pavo real y el león, entre los animales, y la granada como fruto. Esta última representa la sangre y la muerte, y es que no os creáis que Hera era (sin hache) tan buenecita como parece en la estatua, sino que era (otra vez sin hache) bastante celosa y vengativa.

La diosa Hera, en su pedestal, tomando el sol de la mañana.
   
El pavo real, descabezado al lado de su pierna derecha, y la granada que sostiene en su mano (también derecha), eran los símbolos de esta diosa, o sea, que es ella seguro.


La estatua parece ser del año 1750, realizada en piedra caliza por un tal Blanco. Fue colocada aquí en el año 2006 para sustituir a la de un efebo que desapareció misteriosamente. Antes estaba en los jardines de Cecilio Rodríguez y, antes aún, en la Plaza del Mármol, donde como vimos solo quedan los pedestales.

Cuando se pone el riego automático, el agua pulverizada nos da esta bonita imagen, en la que incluso se adivina el arco iris.


Todo esto estaba así de bonito cuando en mayo de 2016 una tormenta se cargó a este pino, a pesar de los soportes:

Así quedo todo tras el desastre... La buena de Hera debió pasar un susto que ni te cuento....
Y así se doblaron los hierros que sujetaban el pino.
 
Al día siguiente este era el panorama.


Justo a la puerta de la casa de Fieras hay un árbol grande, de copa ancha, que es una “sófora” o acacia del Japón, antes llamada Sophora japónica y ahora Styphnolobium japonicum:

Sobre un asiento circular que la protege, esta acacia japonesa da bastante sombra a su alrededor, lo que en verano se agradece.
Y aquí vemos de cerca sus hojas y frutos en forma de “rosario”.
   
El tronco tiene una protección de zinc para que el personal no tire basuras en la ranura que ha quedado al retorcerse.
Esta rama se rompió por el viento y han tenido que cortarla mis amigos los podadores, incluyendo la protección de zinc.
   
Pero siempre quedan huecos para que los gorrioncillos hagan sus nidos.
A las urracas también les encantan los troncos retorcidos de esta acacia.


Aunque se llama “japonesa”, esta acacia no existe en Japón, sino que es oriunda de China y Corea, pero ya se he extendido por todo el mundo porque es muy aparente para los parques y jardines (en el Retiro hay más de 600). Además, de sus botones florales se extrae una sustancia que tiene propiedades antihemorrágicas y antiinflamatorias. Bueno, de hecho siempre se ha usado este árbol en la medicina tradicional china. También se le llama “árbol de la miel” porque sus flores papilionáceas tienen bastante néctar, lo que hace las delicias de los insectos.

En sus ramas se posan no solo gorriones y urracas, sino también palomas, como la que vemos en la siguiente foto:

Paloma torcaz que “posó” para mí en esta ramita, a la que le empezaban a brotar la hojas.


Muy cerca de la sófora se instala los días festivos un teatro de guiñol de un señor argentino que lleva bastantes años haciéndolo: se llama “Títeres Clavileño” y tiene un sistema de venta de boletos para un sorteo de un muñeco de títeres que hace que la gente no se vaya sin pagar. A Diego solo le gustaba algo cuando era muy pequeño; enseguida le dejó de gustar porque prefería jugar a la pelota o columpiarse.

La sombra de la acacia protege del sol al público de los títeres: los pequeños delante, sentados en el suelo, y los papás detrás.
“Toma, toma y toma…ay, ay, ay”.
 
Y aquí el artista, una vez terminada la función, charlando con su público.


A veces la nieve hace su aparición en Madrid (y en el Retiro, claro), y entonces el paisaje cambia:

La diosa Hera pasando un poquito de frío.
Blanco panorama del paseo visto desde el famoso pino “con muletas”.


Caminando hacia la Rosaleda, el Paseo de Coches es recto y amplio, tanto para pasear como para ir en bici, patinar, etc. Hay cedros al lado de la verja de Cecilio Rodríguez, pinos y otras especies al otro lado, y plátanos de sombra y madroños a ambos.

Paseo desde los dos pinos (que aquí no se ven), hacia la Casa de Fieras y el Florida.


Empecemos por los cedros, de los que hay una inmensa fila que jalona toda la verja de los jardines de Cecilio Rodríguez:

Desde la Casa de Fieras hasta la Rosaleda, esta fila de cedros es la mayor concentración de estos árboles en el parque.
   
Ejemplar de cedro: uno más de la fila.
Más cedros en la primera puerta lateral de los jardines de Cecilio Rodríguez.
   
Así es un cedro visto desde abajo.
Típico tronco de cedro con su corteza pardo-grisácea agrietada.
   
Estos son los conos masculinos que en primavera sueltan un polen en forma de polvillo amarillo que “hace las delicias”de los alérgicos.
Y estos los conos femeninos, típicos de la especie.
 
Las hojas son espinas que pinchan como las de los pinos, pero éstas salen todas ellas del mismo punto.


Al lado de los cedros hay otra hilera de castaños de indias, dejando entre ellos un camino que es ideal para ir con bici, mejor que si vais por el paseo, donde suele haber más "tráfico".

Larga hilera de castaños de indias, de los que no nos cansamos de ver sus preciosas flores blancas en racimos verticales. De ellas saldrán las castañas.


Los madroños son los árboles típicos de Madrid (¡el oso y el madroño!) y están a ambos lados de este tramo final del paseo de coches:

Hay montones de madroños a los dos lados de esta parte del paseo.


Las hojas son parecidas a las del laurel y, como éstas, son perennes, es decir que las hay en todas las épocas del año. Las flores son como pequeñas campanitas blancas en racimos que cuelgan. Salen en otoño.

Hojas y flores del madroño.


Los frutos son bayas redondas, con verruguitas en la piel, que tardan en madurar un año y tienen por dentro un montón de semillas. Se pueden comer, están buenos, pero no conviene comer muchos. De hecho el nombre latino del madroño es Arbutus unedo que significa “arbolillo” y “me como solo uno” (por lo de “unedo”). A mí me dio por comerlos aquí y tuve suerte de no pillar una indigestión… Además pueden estar contaminados por las sustancias que se echan para evitar las plagas. Una cosa curiosa es que, como tardan tanto en madurar, se juntan los de un año con los de otro.

Estos, por ejemplo, están muy verdes todavía.
Aquí hay bastantes, la mayoría maduros, pero a algunos les falta un poco.
   
De estos solo están maduros los del centro de la foto, los otros verdes.
Es normal que se junten en otoño las flores de un año con los frutos maduros del año anterior.


Aparte de ser típico de la costa sur de Europa, es curioso que los madroños provengan de Irlanda del Norte. ¿Será por eso que los madrileños nos llevamos bien con los irlandeses? Para terminar deciros que se puede hacer una rica mermelada con los frutos de madroño y que, en Portugal, hacen una bebida alcohólica que llaman “medronho”.

Entre los madroños podemos ver otra vez unos matorrales de flores muy resistentes y olorosas llamados “abelias” (Abelia grandiflora), como las que hay cerca de la Plaza del Mármol:

Parece que han querido juntar especies de hojas, flores y frutos resistentes como son los madroños y las abelias.


En el centro del paseo hay, como ya decíamos antes, multitud de actividades: pasear, ir en bici, jugar a la pelota, ver títeres, hacer gimnasia, correr, patinar, etc.

Estos señores y señoras quedan en el paseo de coches para hacer unas tablas de gimnasia dirigidos por unos monitores.
Y estos están a punto de terminar una maratón.
   
El paseo parece estar hecho para el patinaje.


Y también está abierto a eventos como la llegada del Papa, en este caso Benedicto XVI, para lo cual se pusieron casetas como en la Feria del Libro, así como unos muy bien diseñados confesionarios:

Cientos de confesionarios entre la entrada de la antigua Casa de Fieras y los Torenos, preparados para escuchar los múltiples pecados de los fieles.
   
Protegidos por cintas de la policía y con un previsor contenedor, por si hay que “reciclar” algún que otro pecadillo…
El diseño la verdad es que es impecable, y la orientación perfecta: sombra para el confesor y sol para el penitente.
 
Las mismas casetas de la Feria del Libro sirven para el “merchandaising” papal.
   
Este padre espera a sus posibles acólitos cerca de su caseta.
Y estas madres de la orden de “Teresa de Calcuta” charlan animadamente, sabe Dios en qué idioma.


Pero volvamos a lo de los patines que es quizás la actividad más habitual ahora en este paseo:

Diego patina a cuatro ruedas por el mismo centro.
Y estos jóvenes hacen acrobacias con sus patines en línea.
 
Hablando de patinar, entre los paseantes se montan verdaderos partidos de hockey sobre patines. Conviene no acercarse mucho, por si acaso…


Pero la Policía controla bastante bien todo el Retiro y también el Paseo de Coches, claro:

Para eso utilizan sus caballos, que transportan en "autobuses" especiales.


Los “pinos” que veíamos con los jugadores de hockey no son tales. Bueno, uno sí es un pino piñonero, pero el otro es un cedro. Al principio eran dos pinos, que fueron los únicos que se dejaron sin talar cuando se hizo el paseo y se les llamó “los Torenos” en homenaje al Conde de Toreno, que era el Comisario del Parque cuando se inauguró el Paseo de Coches.

Este era el paseo en 1874, con los dos “torenos” en la isleta. Uno de ellos fue “desmochado” por una tormenta.
 
Pero el otro está ahí todavía, acompañado por un cedro.
 
 
Entre los setos de boj se ven unos preciosos brezos: el blanco se llama Erica arborea y el malva Erica carnea


Justo entre cedro y pino vemos una estatua que representa otra vez a Hércules, pero no con el león, sino con la hidra de Lerna.

Aquí tenemos a Hércules y Yolao cargándose a la hidra. Las estatuas son de caliza, igual que la parte de arriba del pedestal. La de abajo es de granito.


Este es el segundo trabajo de Hércules, para el que le ayudó su sobrino Yolao. Entre los dos mataron a esta hidra que era hermana del león de antes, o sea, el de Nemea. Las dos esculturas son gemelas, proviniendo ambas del Palacio Real en tiempos de Carlos III.

Un poco más adelante de los Torenos, un buen día vi una escena curiosa entre un gato y una ardilla:

El gato persiguió a la ardilla por el Paseo de Coches hasta que ésta se subió a un pino. Se quedó mirándola como diciendo: “otra vez será” y la ardilla miraba abajo pensando: “de buena me he librado”.


Si volvemos hacia el Florida caminando por la parte izquierda del paseo, nos volveremos a encontrar los madroños y una hilera de plátanos de sombra, además de otros árboles y otras estatuas:

Doble paseo de tierra y conglomerado, jalonado de plátanos, madroños, etc. A la izquierda ya se ve un poquito la estatua de Campoamor.


Ramón de Campoamor fue un poeta y autor teatral nacido en 1817 en Navia (Asturias), donde, por cierto, hemos veraneado unas cuantas veces en sus playas, al lado de la ría. Fue criado por una tía suya y estudió en el precioso pueblo de Puerto de Vega, muy cerca de Navia, y donde también nos hemos tomado unas cuantas “sidrinas”. Estudió Filosofía en Santiago y lógica y matemáticas en el Convento de Santo Tomás en Madrid. A los 18 años se hace jesuita en Torrejón de Ardoz, pero pronto deja el tema religioso y se matricula en Medicina en Madrid. Tampoco le interesa esa ciencia y se decanta por las Letras dedicándose al Periodismo y la Literatura.

Colabora en distintas publicaciones y empieza a escribir teatro a los 20 años. Un poco antes ya había escrito sus primeras poesías nada menos que de la mano del gran Espronceda. También estuvo en Méjico cuando mandaba allí el Emperador Maximiliano I, siendo, como si dijéramos, el comediógrafo de la Corte. Llegó a escribir hasta zarzuelas, estando encuadrado en el llamado “Romanticismo”. Poco a poco se fue pasando al género Realista con géneros muy personales como las llamadas “Humoradas”, las “Doloras” y los “Pequeños poemas”.

Como filósofo era de los llamados “positivistas”, y como político (que también lo fue) era moderado y monárquico, estando a favor de la reina Isabel II. Fue auxiliar del Consejo Real y Gobernador Civil de Castellón y Alicante. Se casó con una dama rica de origen irlandés con la que no tuvo hijos. Fue Diputado en el Congreso, Gobernador de Valencia, Director General de Beneficencia y Salud, Consejero de Estado, Académico de la Lengua y Senador del Reino. Total, un auténtico prócer, no sólo en España, sino también en Hispanoamérica. No se salvó de padecer la terrible enfermedad de la gota y murió en Madrid a los 83 años.

De todas formas mi profesor de Literatura, el señor Llanos a quién tanto admiraba yo, decía de Campoamor que era un poco “tostón”, poeta de ripios y de literatura de no mucha calidad. Ahora bien, famoso lo fue y la estatua que tiene en el Retiro, adonde iba con frecuencia, es de las más rimbombantes.

Al lado de pinos carrascos tan altos como el de la foto de la izquierda, Campoamor es aquí feliz con su tres mujeres y sus personajillos de bronce.
   
Estatua central con D. Ramón rodeado de una mujer joven, una madura y otra anciana. También hay unos bajorrelieves de niños (como Dios los trajo al mundo).
El poeta con las dos mujeres más mayores. Es famoso su verso “las hijas de las madres que amé tanto, me besan hoy como se besa a un santo”.
     
La jovencita sostiene un libro en su mano derecha: se supone que son versos románticos, escritos por D. Ramón, claro.
En el frente hay estos cinco niños juguetones y “fresquitos”.
Al lado hay esta otra niña como escondida que, por lo menos, lleva un velito. ¿estarían jugando al escondite?
 
Inscripción al pie del monumento, con sus laureles y todo.


Esta estatua fue idea del periodista Mariano de Cavia, del que hablamos en el capítulo "El Angel Caído, quién lo propuso en 1914. Fue realizada por el escultor D. Lorenzo Coullaut Valera, añadiéndose después otras dos en bronce que hacen referencia a dos de sus “Doloras”. La primera representa a un cura que recibe a una aldeana y escribe notas en un libro (“Quién supiera escribir”). La segunda es un gaitero sentado en una roca (“El gaitero de Gijón”). Ambas fueron robadas: la segunda fue recuperada por la policía en el Rastro de Madrid y de la primera hubo que hacer una reproducción exacta en 1995.

El cura recibe en la sacristía a una feligresa del pueblo: ¡Quién supiera escribir!
   
Al gaitero no se le escucha pero se le ve, gracias a esta copia que se hizo igualita al original robado.
 
Y al lado del gaitero esta respetable encina, recuerdo de cuando todo esto era eso: un encinar.


En este mismo paseo nos encontramos a continuación un monumento a un médico insigne como lo fue el Doctor Cortezo, famoso por la céntrica calle madrileña que lleva su nombre. Pero en su época (1850-1933) lo fue por otras muchas cosas. Pues sí, porque D. Carlos María Cortezo y Prieto de Orche, que así se llamaba el doctor, se licenció en Medicina en la Facultad de San Carlos de Madrid (donde hoy está el Museo reina Sofía) en 1870, o sea, con veinte añitos. Se fue a estudiar al extranjero y volvió hecho una eminencia, iniciando en España lo que se conoce como “bacteriología”.

En el año 1873 sacó plaza en el Hospital de la Princesa y a los dos años ya era Decano de este hospital. También se metió en política, militando en las filas del partido republicano de Castelar, llegando a ser senador y poco más tarde, en 1899, Director General de Sanidad. En 1904 publicó la famosa “Instrucción General de Sanidad”, y dos años más tarde fue nombrado Ministro de Instrucción Pública, creando el “Instituto de Higiene, Alfonso XIII”, al frente del cual puso nada menos que a D. Santiago Ramón y Cajal, dotándole con los mayores adelantos médicos del momento. También fundó, con el famoso doctor D. Francisco Méndez Álvaro (también con calle en Madrid), la que llamaron “Sociedad Española de Higiene”.

Como pone en la placa de mármol, en el año 1921 se inauguró esta escultura por el propio doctor Cortezo en persona. Fue subvencionada por el Colegio de Huérfanos de Médicos.
   
Este niño “vestido a lo Adán” se supone que es un huerfanito agradecido a la labor social del doctor, por lo que se dedica a dar de comer a las palomas.
La Ley de Enseñanza obligatoria que promovió el Doctor Cortezo es de 1908 y el Colegio de Huérfanos de Médicos, también auspiciado por él, empezó a funcionar en 1917.
   
La parte derecha del monumento tiene el emblema de la Medicina, con su antorcha y su serpiente.
La Reforma Sanitaria la hizo el doctor al ser nombrado Director General de Sanidad en 1899.
   
No os lo vais a creer, pero en el momento de hacer esta foto había la lado estas palomitas que no eran de piedra caliza, sino de carne, hueso y plumas…


Todo este lateral del paseo está jalonado por distintos árboles y arbustos. Los árboles del amor son de los más espectaculares en primavera.

Las hojas en forma de corazón y esos ramilletes de flores violetas son típicos del Cercis siliquastrum, más conocodo como “árbol del amor” o “de Judas”.


Y entre estos árboles y algunos pinos y boneteros del Japón, podemos ver un pedestal de granito parecido a los de los monumentos de Hércules que hay en el paseo:

Es de granito y por arriba tiene una ligera pendiente para que no se acumule el agua. Se supone que se hizo para alguna estatua y la fecha podría ser cercana a 1950.


Si seguimos paseando por este lado del paseo veremos algunos árboles y arbustos como el cedro, el aligustre o la picea:

Este enorme cedro, aunque no sea muy frondoso, destaca por su altura.
   
El aligustre “matizado” (Ligustrum lucidum aureovariegatum) resulta precioso por sus hojas con bordes amarillos, parecidas a las de los acebos, pero sin pinchos.
   
Esta picea, con las piñas ya abiertas, está ya muy cerca de los urinarios.


Y así damos por concluido nuestro “paseo por el Paseo.. de Coches” que ha tenido un poco de todo, desde la espectacular puerta de entrada, el castaño rosa, el árbol de los farolillos, los magnolios, la estatua de Ponce de León (el de los sordomudos), el monumento a Cuba, “el área de mayores” con sus aparatos de gimnasia, la encina con su pedestal, el estanque con el monumento a Martínez Campos, el gran plátano de sombra, las estatuas de Hércules y la diosa Hera, la fuente de los cuatro caños, la sófora del Japón, los títeres de Clavileño (que por cierto era un caballo de madera que sale en El Quijote), la Feria del Libro, la visita del Papa, los patinadores, los madroños, los cedros y los castaños de la verja de Cecilio, la estatua de Hércules y la hidra con “los Torenos” (cedro y pino), las estatuas de Campoamor y el doctor Cortezo, el pedestal de piedra, los pinos enormes, etc.

Os ponemos lo más importante en un mapita:

En el punto 1 está la Puerta de Madrid, en el 2 el monumento a Ponce de León, en el 3 el de Ruperto Chapí y en el 4 el de Cuba. Enfrente, en el 5, toda la zona de los magnolios. En el 6 está la zona de gimnasia de mayores, el 7 es el monumento a Martínez Campos, el 8 la estatua de Hércules y el León, el 9 la diosa Hera (y detrás, el monumento a Tierno), el 10 la fuente y la sófora. El 11 es el kiosko y el 12 los madroños a uno y otro lado. El 13 los cedros y los castaños al lado de la verja de Cecilio, el 14 los Torenos y la estatua de Hércules y la hidra, el 15 el monumento a Campoamor, el 16 el del doctor Cortezo y el 17 el pedestal.
 
Como siempre, los señores de Google ponen la nota realista.

 

 

 

Nota: Los grabados del Paseo de Carruajes (menos el de “los Torenos”), los ciclistas antiguos y la carrera de coches de pedales están sacados del libro de Carmen Ariza Muñoz “Los Jardines del Buen Retiro”, editado por el Ayuntamiento de Madrid. El grabado de “los Torenos” es de la Revista “Madrid Histórico” de Ediciones La Librería. La foto antigua del paseo a la altura del Florida Park es de otro libro que tiene el mismo título y es de la misma editorial, pero cuya autora es Consuelo Durán Cermeño. Las fotos de Bahamontes, la de las motos , la antigua del monumento a Martínez Campos y la de la reunión de sordomudos son de Manuel Gil (1955), la del atasco de coches antiguos de Mario Fernández (1931) y la del coche antiguo de Tomás Guzmán (1953); casi todas ellas aparecen en el libro “El Retiro en el objetivo de nuestra memoria”, editado por el Ayuntamiento con fotos aportadas por la gente. La foto de la piña de cedro es de la página web de la Escuela de Ingenieros Agrónomos. Y las del pino caído de mi amigo Javier de la Puente, que curiosamente pertenece a esta escuela. Las demás fotos son mías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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