El Palacio de Velázquez

 

 

Este sitio siempre ha sido un poco raro para mí. Cuando era pequeño no recuerdo haber ido mucho por esta zona, que he descubierto ya de mayor. En principio no era de entrar a las exposiciones, pero luego me fui aficionando poco a poco y recuerdo algunas que me impresionaron, como la de esculturas de Juan Muñoz.

Esta es la entrada principal con su fachada de ladrillo rojo, sus tres arcos con columnas, las esfinges, los bajorelieves y las escaleras de mármol.


El edificio es muy parecido al del Palacio de Cristal y lo hizo el mismo arquitecto, Ricardo Velázquez Bosco y con materiales parecidos. Su nombre viene del apellido de este señor, no del pintor, como mucha gente se cree. Se construyó para la Exposición Nacional de Minería, inspirado en el Crystal Palace de Londres. En realidad esta “expo” fue también de Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales, casi nada. El ingeniero fue un tal Alberto del Palacio y el ceramista que decoró con azulejos la fachada se llamaba Daniel Zuloaga, al que ayudó su hermano Germán. Los hierros forjados son de la fábrica de Bernardo Asins, el mismo que hizo los del otro palacio. Se eligió esta zona llamada “El Campo Grande” precisamente por eso, por ser “grande” y poder hacerse en ella una gran exposición y que la gente pudiera ir a verla sin problemas y darse un paseo por un sitio tan bonito. La inauguró su majestad D. Alfonso XII junto con el rey de Portugal D. Luis I, el 30 de mayo de 1883.

Pero no solo es la entrada principal, sino que en esa misma fachada hay bastantes más cosas, como iremos viendo.
   
Así se ve desde el otro extremo, con esos aligustres tan podaditos en primer plano.
 
Este era el panorama: el sitio estaba bien, pero quizás ahora está todavía más bonito con los árboles y el césped.


Una vez terminada la exposición minera, el Palacio se aprovechó para la de Filipinas, de la que hablamos en el capítulo “El Palacio de Cristal”. Luego se dejó como “Museo de Ultramar” y ahora es otra “sucursal” del Reina Sofía. Estuvo cerrado por obras entre 2005 y 2010, aquí nos tomamos las cosas con tranquilidad…

Todos los materiales utilizados en su construcción son de procedencia española: los ladrillos rojos vinieron de Zaragoza, los adornos en barro cocido (que luego veremos con detalle) son de Madrid, de Santigosa y Cia., los azulejos se hicieron en la Real Fábrica de la Moncloa, el mármol vino de algunas de las empresas que participaron en la Expo y las columnas de la Fundición Sanford, que también era muy famosa.

El edificio es una gran nave central con lo que los arquitectos llaman una “bóveda de cañón” y cuatro torreones en las esquinas que se unen por galerías.

Pero veamos, parte a parte, como es la fachada del edificio:

La entrada principal tiene estos tres arcos con dos columnas en el centro.
   
En la parte de arriba hay una serie de leoncitos entre azulejos, que parece que sostienen una especie de “madejas” entre los dientes.
   
En el centro vemos las dos columnas jónicas, encima de las cuales hay dos señores que se miran.
   
   
Este no sabemos quién es.
Y este es el famosísimo pintor Diego Velázquez, aunque el palacio no se llama así por él, sino por el arquitecto.


Del señor, que no sabemos quién es, poco podemos decir y de Diego Velázquez, el pintor, tampoco hay mucho que decir porque seguro que le conocéis de sobra. Recordar que nació en Sevilla en 1559 y que aprendió a pintar con el que luego fue su suegro Francisco Pacheco. Fue pintor de cámara de la Corte de Felipe IV que tuvo como valido al famosísimo Conde Duque de Olivares. Sus obras son también de las más famosas de la pintura universal; os recordamos algunas: La adoración de los Magos, La vieja friendo huevos o El aguador de Sevilla, todas ellas de su etapa sevillana.

Una vez que le ficharon como pintor de la Corte en Madrid se dedicó a pintar “cosas” como Los Borrachos, La fragua de Vulcano, La rendición de Breda (también llamado “El Cuadro de las Lanzas”), los retratos de Felipe IV, el Conde Duque de Olivares, el Papa Inocencio X o Esopo, entre otros.

Y ya lo más de lo más son los Paisajes de la Villa Médicis (que me encanta), el Cristo crucificado, Las hilanderas y Las meninas. Velázquez murió en Madrid en 1660 y os digo una cosa: a mi sigue siendo el pintor que más me gusta, no sé por qué. Os recomiendo ir al Museo del Prado, al ladito del Retiro, y volver a echar una ojeada a esos cuadros que, después de más de cuatrocientos años, siguen estando vivos y son la “creme de la creme” de la pintura universal.

Esta es una cabeza de una señora o un señor, que parecen guerreros por el casco y eso.
Detrás del arco central, en la parte de dentro, podemos ver estos azulejos con dragones.
   
Las columnas son jónicas y, en la parte de arriba, tienen estos adornos tan bonitos.
Y en la parte de abajo está el nombre de la fundición Sanford de Madrid, que es donde se hicieron.
   
Los hermanos Zuloaga también se lucieron con estos preciosos azulejos que decoran las paredes de la puerta principal.
   
Y lo mismo con estas dos alegorías de la Pintura y la Escultura que rodean la puerta por arriba.
   
 
Nos fijamos ahora en los bajorrelieves que hay en la parte de arriba de las paredes de ladrillo que bordean la puerta. El de la izquierda está dedicado a las Bellas Artes y el de la derecha a la Minería. En este se inspiró un tal Angel García Díaz para hacer otro parecido en el Ministerio de Fomento, en la plaza de Atocha.
   
Lo mires desde donde lo mires, la puerta principal es bonita, muy bonita. Y siempre veréis, aparte de todo lo visto, las escaleras de mármol y las famosas esfinges.
   
Aquí las vemos de lado, concretamente del derecho.
   
Aquí en su pedestal .
Y aquí más de frente, con esa cabeza de señor melenudo en la parte inferior


A la izquierda de la puerta principal, según se mira, hay una serie de arcos donde podemos ver otros dos señores:

Parte izquierda de la fachada principal.
   
Estos bustos en cerámica blanca los han puesto entre arcos y rodeados de triángulos con azulejos.
   
Juanelo Turriano y Juan de Herrera, frente a frente, aunque no estén enfadados, sino al contrario.


Juanelo Turriano era un señor italiano que nació en Cremona en 1500 y que resultó ser un virguero de los relojes, los autómatas y la ingeniería en general. Su formación fue práctica, en el taller de su padre, que se dedicaba a construir y reparar artilugios mecánicos. Luego se hizo relojero, pero también fabricó grúas para levantar cañones, dragadoras para desecar las lagunas en Venecia o bombas de agua. Al ganar Carlos V la batalla de Pavía, toda la región de Lombardía quedó en manos españolas y el rey conoció a Juanelo en Bolonia en 1530, cuando le hicieron emperador. Se lo llevó a España y le hizo “relojero de la Corte” y lo primero que hizo fue reparar un reloj italiano que le gustaba mucho al rey. Después construyó otro, llamado “Cristalino”, al que se le llamó “reloj astronómico” porque señalaba las horas, los días y los movimientos de todos los planetas, enseñaba las ocho esferas planetarias, marcando las horas solares y las lunares y estaba decorado con los signos del zodiaco, además de otras estrellas. Tenía 1500 piezas y era una maravilla, así que el rey estaba encantado porque le gustaban muchísimo los relojes.

Se llevó a Juanelo a Yuste y allí empezó otra etapa con el sucesor, Felipe II, con el que no le fue tan bien. Siguió en la Corte, que estaba a veces en Madrid y otras en Toledo, y el nuevo rey le nombró “Matemático Mayor del reino” y le puso a trabajar en distintas obras como las acequias del Jarama y de Colmenar de Oreja y la presa de Tibi en Alicante. En el Monasterio del Escorial fue el asesor para la construcción del reloj de una de las torres y de las campanas de la Basílica.

Además fue uno de los que asesoraron al Papa Gregorio XIII para reformar el calendario con todo ese lío de los años bisiestos, aunque no le hicieron demasiado caso después de todo lo que se molestó.

Pero lo que más fama le dio fue el llamado “artificio de Juanelo”, que era un sistema a base de enormes cucharas que permitían subir el agua del Tajo hasta el Alcázar de Toledo, cosa que era un problema gordo desde la época de los romanos, porque el desnivel es de unos 100 metros y el recorrido en horizontal de unos 300.

Juanelo lo consiguió pero no cobró, porque el agua llegaba al Alcázar (que era del ejército real) y no al Ayuntamiento, con el que había firmado el contrato. Al final el pobre estuvo pagando de su bolsillo su propio invento durante 6 años y al final se arruinó.

Felipe II le dijo que hiciera un segundo invento para lo mismo y que firmase otro contrato con él, que le cedía todos los derechos. Pero el muy truhán le puso una cláusula (la “letra pequeña”) por la cual tampoco le pagó nada. Al final Toledo se quedó sin agua y Juanelo sin dinero. Murió en la ruina en 1585 y además la Inquisición estaba intentando “empapelarle”. Así tratamos a los genios en este país.

Por lo menos la historia le ha reconocido sus méritos y nos ha dejado un legado en forma de Veintiún libros de ingenios y máquinas que en su época estuvo prohibido por “secreto”. Aparte de los relojes, las grúas, las campanas, los ingenios para subir agua, etc., Juanelo hizo un autómata llamado “el hombre de palo” que fue muy famoso, aunque no se supo muy bien para que servía: hoy hay una calle en Toledo con este nombre. También es cierto que el de Juanelo aparece en los escritos de Cervantes, Lope, Quevedo, etc., porque fue toda una leyenda en su época.

Y ahora os contamos cosas sobre Juan de Herrera, claro está.

Este buen señor nació en un pequeño pueblo de Cantabria en 1530. Como era hijo de una familia acomodada, le enviaron a estudiar Humanidades y Filosofía a la Universidad de Valladolid. En 1548 se hace “caballero de Felipe II” (príncipe aún) y viaja por Flandes, Alemania e Italia donde “se empapa” del Renacimiento. Lucha como soldado con Carlos V en Flandes y le acompaña a Yuste, como Juanelo. Luego queda a las órdenes de Felipe II, que le trató mejor que al relojero. Se encarga de enseñar al príncipe Carlos hasta que en 1563 se pone a las órdenes de Juan Bautista de Toledo, nada menos que para hacer el Monasterio del Escorial. Al final lo termina él, trabajando en ello nada menos que 14 años, hasta 1584.

Antes fue nombrado “Inspector de Monumentos de la Corona” lo que hace que muchas construcciones de esa época tengan su estilo sobrio, sencillo, basado en la geometría y llamado “herreriano”. Fundó la Academia de Matemáticas y Delineación” que luego fue de “Ciencias Exactas, Físicas y Naturales”, siendo su primer director.

Aparte de lo del Escorial, hizo otras construcciones míticas como el Palacio Real de Aranjuez (con los proyectos de jardines incluidos), la Catedral de Valladolid o la Casa de la Moneda de Segovia.

Murió en Madrid en 1594, después de estar enfermo durante tres años. Su influencia en la arquitectura es enorme, pues a partir de él se crea un nuevo estilo (el “herreriano”, como dijimos antes) que sustituyó al plateresco y duró prácticamente un siglo.

Torre y fachada de la parte izquierda del palacio, según se mira desde fuera.
   
A los gorriones, no sé por qué, les encanta esta zona y se ponen por ahí en la fachada o los aligustres a cantar o a tomar el sol.
   
Esta cámara los puede grabar, como a cualquiera que pase por ahí.


Nos vamos ahora a la parte derecha de la fachada:

Que es muy parecida a la izquierda.
   
Con los aligustres delante, la fachada tienes arcos de ladrillo rojo con azulejos, igual que la otra.
   
Los mismos triángulos con sus cabezas de león y las de otros dos señores.
   
Que vuelven a ser Velázquez el pintor y Herrera el arquitecto, los dos mirando a la izquierda.


Y vuelta otra vez a la parte izquierda para rodear el edificio:

Este es el esquinazo izquierdo del Palacio, con los aligustres muy verdes.
   
Fachada de la izquierda que hace una pequeña subidita.
   
Siguen los ladrillos rojos y los arcos con ladrillos y cabezas de león.
   
Y en la esquina que da a la parte de atrás, otra camarita curiosa para vigilar al personal.
   
Y a estos gatitos que se mostraban así de amorosos.
   
Justo en la esquina este eucalipto rojo (Eucaliptus camaldulensis), con sus típicas “flores pirindola”, aromatiza el ambiente.


Y ya nos vamos a la parte de atrás:

Esta fachada es más sencilla pero parecida a la delantera.
   
También tiene sus arcos con cabezas de león enmedio y los “retratos en blanco” de gente importante. Aquí vemos al Conde de Aranda.


El Conde de Aranda fue un personaje muy importante en su época. Es de los míos, porque nació el mismo día que yo, el 1 de agosto, sólo que un poco antes (1719) y en un castillo, el de Siétamo, en la provincia de Huesca. Se llamaba Pedro Pablo Abarca de Bolea (un nombre muy tenístico), y como era “de familia acomodada” le enviaron a estudiar al Seminario de Bolonia (tan famosa ahora para los estudiantes con ese plan tan “estupendo” que han inventado) y también a Roma. Se hizo sus viajecitos por Europa y allí se dio cuenta de que lo que “molaba” era la Ilustración. Le entró la vocación militar y se fue a Prusia donde conoció a Federico el Grande, y luego a París antes de volver a España.

Fernando VI le nombró embajador en Lisboa y con Carlos III llegó a Capitán General y luego a Gobernador de Valencia, terminando como Presidente del Consejo de Castilla en 1765, con 46 añitos. Dicen las crónicas que era sincero, cabezota, muy patriota y monárquico.

Lo del “motin de Esquilache” es un episodio muy conocido porque el ministro italiano Leopoldo de Gregorio (marqués de Esquilache) se propuso modernizar las calles dotándolas de alumbrado (que hacía pagar a la gente, eso sí), adoquines (en lugar de tierra), fosas sépticas (en lugar del “agua va”), parques y jardines, etc. ¡Ah! y además se le ocurrió la idea de que la gente dejara las capas largas y los sombreros grandes (llamados “chambergos”) y los cambiara por otros de tres picos y capas más cortas. Todo para que los delincuentes no pudieran camuflarse. Pero sus enemigos influyeron en la gente para que se opusiera y así lo hicieron, de forma que el rey se tuvo que ir a Aranjuez y se formó un lío enorme. Al final y después de muchas cartas y negociaciones, el ministro Esquilache se tuvo que ir a Italia y fue el Conde de Aranda uno de los beneficiados al ser nombrado Presidente del Consejo de Castilla, como dijimos antes. El Marqués de la Ensenada (anterior presidente) fue desterrado. Y lo bueno es que a base de negociaciones y por las buenas, Aranda consiguió casi todo lo que Esquilache quería imponer.

Otra consecuencia fue la expulsión de los Jesuitas, a los que culparon del motín. Aranda buscó pruebas y, ante el regozijo de las demás órdenes religiosas, fueron expulsados. Voltaire (gran enemigo de las religiones) dijo de él “con media docena de hombres como Aranda, España quedaría regenerada”. Sin embargo él mismo se ocupó de que los jesuitas pudieran seguir trabajando y de que la gente no se metiera mucho con ellos.

En 1773 Aranda es nombrado Embajador de España en Francia donde estuvo 10 años y consiguió éxitos como la devolución de Menorca (que era inglesa) o de La Florida y parte de Nicaragua y Honduras. Pero eso sí, las Bahamas se las quedaron los ingleses, así como Gibraltar.

Llegó a España en 1784 hecho un auténtico “ilustrado”, o sea, modernizador de la sociedad, oponiéndose al conde de Floridablanca. En 1788 muere Carlos III, nombran rey a Carlos IV y un año más tarde empieza la Revolución francesa. Floridablanca se esfuerza en ocultarlo pero Aranda consigue que le destituyan y encierren en Pamplona por “abuso de poder”, pasando a ser él Consejero del Reino.

El conde de Aranda estuvo en principio con la revolución, porque era “ilustrado”, pero cuando encarcelaron a la familia real francesa suavizó su postura, porque en el fondo era también monárquico. Pero sus ideas de enciclopedista se volvieron al fin en su contra y esto favoreció que fuera sustituido por Manuel Godoy, favorito de la reina María Luisa. Al final fue desterrado a Jaén y en 1795 el rey Carlos IV le permite irse a Aragón donde murió en el pueblecito de Épila en 1798. Fue un gran estadista que intervino en numerosos tratados y tomó importantes decisiones. Por ejemplo, gracias a él se hizo el primer censo de españoles de la historia. Promovió muchas obras como canales, conventos, fábricas de cerámica, etc. También le gustaba el campo y los jardines y de hecho creó El Pardo y favoreció El Retiro. Como curiosidad, deciros que la Duquesa de Alba es lejana descendiente suya.

Y llegamos ya a la parte central de atrás, que es parecida a delantera pero sin esfinges:

Puerta trasera del Palacio, que no está nada mal para ser eso, trasera. Los coches deben ser de los que trabajan allí.
   
Y este es al arco central, muy parecido al de la parte delantera.
   
   
Otra vez se repiten Juanelo y Velázquez y además igual que antes, el primero mira a la derecha y el segundo a la izquierda.
   
Las columnas también son iguales, sobre las bases de mármol. Lo que pasa es que aquí no hay escalinatas ni esfinges, pero si las mismas puertas de madera pintadas de verde oscuro.
   
Los dibujos de los azulejos de ambos laterales también son parecidos a los de la puerta delantera.
   
Y los del frente también, donde pone “1884” y “MONCLOA”, respectivamente.
   
Pero arriba hay unos angelitos que, en este caso, representan la Arquitectura y la Música. En uno de ellos aparece la firma de sus autores, Daniel y Germán Zuloaga.
   
No podían faltar los bajorrelieves, (por cierto colocados “en lo más alto”) y dedicados como antes a las Bellas Artes y a la Minería.
Y esta es la zona izquierda de la parte de atrás.
   
Donde hay este parterre en cuesta con un pequeño pinar.
   
Y donde aparece otra vez D. Juan de Herrera mirando a la izquierda.
   
Sigue habiendo arcos con leones, azulejos, cámaras y hasta canecillos por los que se supone cae el agua de la lluvia.
   
Y, por fin, este es el esquinazo que se ve cuando llegamos desde el Paseo de Coches.
   
Visto desde abajo.
   
   
Y aquí sus detalles, que son muy parecidos a los del otro lado.


Hemos rodeado el edificio, pero no podemos dejar de fijarnos en algunos arbolitos:

Como esta enorme encina de bellotas dulces (Quercus ilex) situada justo en esa esquina y donde un buen día apareció esta amiga nuestra. Que deja las piñas como podéis ver.
   
Al ladito hay un enorme fresno de la tierra (Fraxinus angustifolia), que da gusto verle.
   
Y este eucalipto blanco (Eucaliptus globulus) al que pillamos en plena floración.


Pero lo más llamativo es el tejo del que aquí vemos el ejemplar más llamativo de todo el parque:

Está rodeado de una valla de madera para protegerlo.
Si te metes dentro parece que estás en una "casita vegetal". Y si es en otoño habrá hojas caídas por el suelo.
   
Los troncos son tres, y bastante retorcidos, por cierto.
Y las hojas son las típicas del tejo.
   
Las flores masculinas son como pequeñas moras de color amarillento.
Y las femeninas como yemitas verdes que luego se vuelven rojas y se llaman "arilos" o "babas de ángel". Por dentro tienen una semilla negra que es venenosa si se mastica, pero los pájaros se las comen y las dispersan sin digerirlas.


El tejo (Taxus baccata) es un árbol o arbusto muy antiguo, que lleva en la Tierra millones de años. Procede de Europa, el oeste de Asia y norte de Africa. Ahora los hay en España en casi todas las sierras, aunque cada vez va habiendo menos. Son típicos de la cordillera cantábrica.

El tronco, que a veces son varios como en este ejemplar que hay tres, es muy fuerte y crece retorcido. De su madera se hacen instrumentos musicales, abarcas, zuecos, arcos o simplemente cercas. Las hojas son planas y en forma de aguja, saliendo en dos filas de cada rama. Las flores masculinas son amarillentas y en forma de pequeñas moras y las femeninas son como copitas verdes que luego se ponen rojas y se llaman "arilos". Están en plantas separadas, o sea que hay tejos macho y tejos hembra.

Menos la parte roja de los frutos, el resto del árbol es venenoso porque tiene una toxina llamada "taxina". De todas formas de la taxina se saca el "taxol" que es un anticancerígeno. Se dice que los pueblos cántabros o astures usaban las semillas de los frutos (que son bolitas negras) para suicidarse cuando les rodeaban los enemigos.

En la cultura celta el tejo simbolizaba el paso entre la vida y la muerte. Así se pasaba de la "noche de todo lo sagrado" ("All hallow even", el ahora famoso "Halloween") al día de los difuntos o "Samain", el 1 de noviembre, que era el primero de año para los celtas. Todo esto lo explica muy bien el cartelito nº 44 de la Senda Botánica, al lado de este tejo.

Para terminar deciros que los tejos crecen muy despacio y pueden vivir muchos años, hasta 1.500, pero lo normal es que no lleguen a los 800, que no está mal, así se puede uno permitir el lujo de hacer de "puente" entre vida y muerte.

Seguimos ahora viendo otros árboles y arbustos de los alrededores.

Como este árbol del amor que estaba "poco amoroso" porque no tenía flores.
   
Cerquita nos encontramos este laurel que da gusto de verle.
   
Y esta celinda con sus flores vistosas y olorosas.
   
Y también este arce americano (Acer negundo) que nos dijo nuestro amigo Antonio el jardinero, que tiene esos frutos en forma de "sámaras" voladoras.
   
También pulula por aquí este ejemplar de durillo (Viburnum tinus) que cuando florece da gusto verle con esos racimos de flores blancas que luego se harán los típicos frutos en forma de uvas redondas y moradas.
   
Por último este laurel cerezo (Prunus laurocerasus) en cuyas ramas vimos a este pollito de mirlo que estaba muy cantarín el hombre.


Pero después de darle tantas vueltas al Palacio (bueno en realidad una sola, pero con mucho detalle), lo suyo es entrar dentro de una vez y eso es lo que hacemos ahora:

Nada más entrar te encuentras un hall enorme con columnas y estructuras metálicas pintadas de blanco y la exposición de arte que toque.
   
Estas son distintas estancias, porque la verdad que el sitio es grande.
   
Los hierros forjados son de la misma fábrica de Bilbao que los del Palacio de Cristal.
Pero aquí hay cabezas de leones.
Esta es una sala donde se suelen proyectar videos sobre la exposición.
Y estas son pequeñas salitas con puertas redondas por arriba.


Si no lo conoces impresiona la primera vez que entras, porque es un sitio que tiene magia y además es tan grande que puedes pasear y ver tranquilamente la exposición de turno. Suelen ser artistas modernos, con eso que ahora se llaman "instalaciones" que son esculturas raras, a veces con videos, objetos en movimiento, luces, etc. Pero a nosotros nos gustan y solemos ir por allí, así que os recomiendo la visita.

Este telescopio gigante de madera con aire caliente es más soportable si coges en tu mano un par de figuritas de hielo que había en una nevera.
   
Esta tienda india forrada por fuera con billetes de banco y rodeada de huesos y con una valla a base de velas blancas nos dice muchas, pero que muchas cosas….
Y estas botellas de Coca-Cola que van de llena a vacía, también.
   
Y esta bala de paja cilíndrica rodeada de hilo de oro y con una aguja, también de oro, dentro, ¿Qué os parece?
   
Todo esto y muchas cosas más, se le ocurrieron al gran artista brasileño Cildo Meireles, que también es un acróbata, el tío.


Al salir nos encontraremos de frente un par de parterres bastante amplios con una serie de arboles y arbustos:

Desde la salida del Palacio de Velázquez vemos los dos parterres, uno a cada lado, con el salto de agua del estanque del Palacio de Cristal al fondo.
   
Y, desde arriba, así se ve la entrada del Palacio de Velázquez.
   
Cuando es primavera la zona está mucho más frondosa.
   
Y pueden aparecer músicos que nos alegren la vida, como este señor que toca el acordeón como los ángeles.
   
Los cedros, los pinos y los castaños son "lo más" en estos parterres.
   
Por ejemplo, éste no puede negar que es un cedro porque sus típicas piñas le delatarían.
   
Aunque podemos encontrar algunos laureles-cerezo con esas hojas brillantes que parecen que les han dado cera.
   
Algunos aligustres...
...y hasta alguna Palmera de Fortune.
   
Hay quién aprovecha estos rincones para que sus perritos disfruten de lo lindo.
   
Y las orugas podrían hacerlo con las hojas de esta morera blanca.
   
O este saúco que andaba perdido por aquí.
   
Cerca de esta celinda, ya con frutos, se paseaba esta bonita paloma torzaz.
   
Y más de lo mismo en el otro parterre, en el que está a la derecha según se sale de la puerta del palacio.
   
Si acaso este cerezo de Pissard que sirve de "poste" a estos improvisados futbolistas.
   
Pero aquí los pinos son lo más espectacular.


Si seguimos caminando hacia el paseo de Cuba, nos encontraremos otro paseíto con dos curiosas casetas de ladrillo rojo y tejado de zinc.

Este paseito puede estar más o menos concurrido, depende del día y de la hora.
   
La verdad que son bonitas, aunque siempre hay cubos de basura cerca, quizás las usen para guardarlos.
   
Por detrás son así.


Estas casetas se construyeron al mismo tiempo que el Palacio y eran la puerta de entrada al recinto de la Expo.

Aquí vemos una de ellas de frente y de perfil. Hace años solían cantar aquí los domingos unos chicos ingleses que lo hacían muy bien.
   
Descubrimos este par de durillos con sus frutos, aún verdes, una mañanita de enero.


Y al lado de las casetas otro kiosco que es autoservicio, o sea, que tienes que ir tú a por los refrescos o lo que sea:

Es agradable, con sus tolditos y todo, que se agradecen en verano.


Si seguimos subiendo por este paseo veremos más cosas, claro:

Este es el final del paseo que sube al Palacio de Cristal.
Y esta la secuoya roja (Sequoia sempervirens) que hay según se sube a la derecha. De su vida y milagros hablamos en el capítulo de Casa de Vacas-Templete.
   
Eso no quita para que os pongamos aquí los troncos (que son los dos) y las hojas tan curiosas que se parecen a las de los tejos.
   
Por aquí nos encontramos a este buen hombre con su saxofón.
Y a esta maestra que daba clases al aire libre en las mesitas con bancos, que parecen hechas para eso.
   
Unos cuantos cedros pequeñitos con sus típicas hojas en aguja que salen del mismo punto.
   
Detrás de ellos hay otro que parece "el padre de todos los cedros".
Y también este que tiene una cerquita de madera y que en otoño luce así con bici y paseantes románticos incluidos.
 
La cerca es como la del tejo que vimos al principio y dentro hay cortezas de madera para que se guarde la humedad.
   
Vemos después varias palmeritas, unas más grandes que otras.
 
A los que siguen unos bambues y una fuente de piedra de las de toda la vida.
   
También hay las mismas mesitas de antes y algunos bancos, donde se puede merendar como hacen estos amigos.
   
O jugar al ajedrez normal o "a lo grande".
   
Hay quienes usan esta mesa de ajedrez con tablero de azulejos para poner unas cosas que ya, ya...
   
Algunos se limitan a darse un paseito por allí.
Mientras otros pasean a sus "colegas" por los alrededores.
   
O charlan con sus amigos, como hace este señor de largas barbas blancas.
   
Esta es la casita, que está un poco escondida, pero mesas y bancos hay unos cuantos, la verdad.
   
Este es el lateral donde por las tardes da el solecito.
Que aprovechan estos buenos amigos.
   
Lo que es el cartel oficial, aparte de estar en blanco, bueno "en verde", tiene las letras quitadas aunque se supone que ponía "JUNTA MUNICIPAL DE RETIRO".


Nos vamos a ir acercando a ver que descubrimos:

Lo primero que se llama ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL RETIRO "LA CABAÑA", que fue fundada por "Pirulo", el que vendía chuches y cambiaba cromos.
   
Lo segundo que hay un Presidente, dos Secretarios, un Tesorero y siete Vocales, me imagino que todos ellos "por amor al arte".
Lo tercero que el horario es todos los días de 10 a 14 horas, aunque yo creo que también está abierto por las tardes.


Y ya puestos nos metemos dentro:

No es muy grande pero no está mal, con sus sillas, mesas y biblioteca.
Y hasta un par de "juegos de la rana" con paraguas incluido, quizás para que los tejos no den en las paredes.
   
Estos amigos pueden pasar aquí muy buenos ratos por 5 euros, ¡al año!¡ El que no se apunte es porque no quiere!
   
Y todo ello rodeados de palmeras y frondosa vegetación.
   
Entre la que vemos a este quejigo que no es tan corriente verlo, la verdad.
Las hojas son parecidas a las de la encina y el acebo. Si les pica un insecto les salen "agallas" como a los robles.


El quejigo es una especie de encina pero con menos hojas, aunque también tienen pinchos. Su nombre científico es Quercus faginea y son típicos de lo que se llama "bosque mediterráneo". Sus bellotas maduran antes que las de las encinas y también se aprovechan. De la madera se pueden hacer vigas porque es muy fuerte y también se usa como leña o para sacar carbón vegetal. En algunas zonas hay verdaderos bosques de quejigos, por ejemplo en Murcia. Andalucía, etc.

Las calas y los acantos también están por aquí bien representados.
   
Y sirven de refugio a personajes tan enigmáticos como este.
   
Hasta rosas rosas (de color rosa, quiero decir) hay por aquí.
Pero no tan bonitas como las de enfrente que son rojas.
   
Que ya son "demasié".
   
También vemos algún almez con sus típicos frutos en forma de pelotitas verdes.
   
Palmeras que no falten, las hay por todos lados.
   
También hay durillos.
   
Y laureles cerezo.
   
O este agracejo chino (Berberis julianae) del que vemos esta mata con flores verdes y rojas y los frutos largos y violetas en racimos.
   
   
No lejos encontramos este espino de fuego, Pyracantha coccinea.


Este arbusto de nombre tan "fogoso" conserva las hojas verdes incluso en invierno (se caen al empezar el siguiente) y son típicos sus frutos en forma de bayas rojas que provienen de flores blancas y pequeñas muy agrupaditas formando "paraguas". Proviene de la zona que va desde los Balcanes hasta el Mar Negro.

A todo esto no os hemos contado todavía nada de la pista de bolos que está al lado de la casita:

Es amplia y hace tiempo se usaba para jugar al bolo leonés que son esos que la bola está partida por la mitad.
   
Aquí vemos la bolera con los cedros al fondo y una partida de bolos leoneses en otro sitio, porque ya no se juegan en el Retiro, ¡que pena!
   
Como decíamos al principio esta casita está muy camuflada entre los árboles. Fijaos que casi ni se ve desde la zona que da al Paseo de Cuba.


Alejándonos poco a poco hacia el Paseo de Cuba esquina con el del Estanque hay una serie de setos con pinos y boj sobre todo:

Y algun olmo, como este al que le están saliendo los frutos, que salen antes que las hojas.
   
Como veis no faltan ni pinos ni boj.
   
Esta es una bonita vista otoñal de estos parterres.
   
Y aquí vemos más bojs, con un detalle de sus frutos en bolitas.
   
Eso no quita para que siga habiendo por aquí durillos.
   
Incluso algún roble pequeñito como este.
   
O "habitantes animados" como este minino o estos mirlos.


Llegamos así al Paseo de Cuba:

Del que vemos la parte derecha, según se sube hacia el estanque, con sus pinos y sus matas de boj.
   
Esta es la bajada del Paseo de Cuba hacia el Angel Caído.
   
Y esta la subida hacia la fuente de la alcachofa.


Y a la plaza de la Fuente de la Alcachofa, donde nos fijamos en los tradicionales "urinarios", ahora cerrados:

A la sombra de los castaños aquí siguen estos "monumentos".
   
El más cercano al paseo de Cuba es el de señoras, del que vemos sus barandillas de hierro forjado con sendos letreritos y las escaleras de bajada que, por las hojas secas, se ve que llevan tiempo sin usarse.
   
Y lo mismo le pasa al de caballeros.


Manuel Summers rodó en uno de estos urinarios, el de señores, claro, unas escenas de su película To er mundo e güeno. Con una cámara oculta les decía  a los que entraban que tuvieran cuidado porque había un león que "les iba a comer la colita". Los tíos pensaban que era un locático, entraban y... ¡ahí estaba el león! El susto que se daban era de miedo (nunca mejor dicho) y salían corriendo escaleras arriba. Salvo uno que, con cuidadito para no molestar al felino, consiguió hacer su pis. Y es que "hay gente pa tó".

Este era el león, que parece un joven macho y estaba atado con una cadena para evitar accidentes, que no sustos.
Y este uno de los que intentaban aliviarse justo antes de salir corriendo por las escaleras, con más miedo que verguenza.


Lo de la Fuente de la Alcachofa lo dejamos para el último capítulo, el de "El Estanque".

Pero por lo menos una fotito para que os vayais haciendo una idea.


Y ahora seguimos paseando por aquí hacia el Palacio.

Hay un paseo asfaltado que baja y que puede estar más o menos sombreado por los castaños y más o menos libre de coches aparcados, depende.
   
Al principio, a la izquierda, vemos esta mata de bambúes.
Y al final, a la derecha, estas palmeras.
   
Donde te puedes encontrar sorpresas como esta jovencita que saca sonidos de una flauta maya.
   
En estos parterres, que en otoño e invierno están un poco desolados, siempre hay algunos habitantes.
   
Que viven en las profundidades y tienen miradas misteriosas.
   
También salen a tomar el sol y a buscar comida.
Como esta urraca que aprovecha los restos de comida de sus vecinos.
   
Alguno se va por las ramas...
   
Tampoco es tan difícil encontrar cosas de comer porque siempre hay quién se encarga de "ir al super".
   
Pero incluso en otoño puede quedarnos alguna celinda con flores para oler.
   
Y cuando empieza la primavera hasta lirios se ven.
   
Si bajamos por este caminito de tierra con nuestro amigo el saxofonista...
   
Llegaremos a los transformadores eléctricos del Retiro.
   
Que están junto al Palacio.
   
Y son dos: el más antiguo y el más moderno.
   
El antiguo es de la época de cuando se hizo el Palacio para la Exposición, o sea de 1882. Está un poquito estropeado pero ha sobrevivido, que no es poco.
   
Y este el más moderno, al estilo de las casetas de los guardas.
   
En un lateral vemos el escudo en cemento de la "Compañía Eléctrica Madrileña" con sus siglas "CEM".


Según me cuentan, parece que las "cajas verdes" metálicas que hay al lado de ambos transformadores guardan los mecanismos eléctricos que sirven para dar luz a los kioskos de alrededor.

El kiosko está ahí al lado.
Y más cerca aún esta mata de durillo.
   
Más sorprendente aún es este almendro que crece aquí junto a la caseta más moderna y que, ya a mediados de febrero, empieza a florecer. Se puede ver hasta alguna almendra del año anterior.
   
Este paseo en verano se puede hacer, pero mejor en bici y con poca ropa, aunque la sombra de los castaños es un alivio.
A la izquierda nos encontramos este aligustre “matizado” (Ligustrum lucidum aureovariegatum), más visible en invierno, cuando los castaños no tienen hojas..


Subiendo otra vez al Paseo de Venezuela, nos podemos encontrar más músicos:

Como este grupo de jóvenes que, la verdad, suenan muy bien.


Y un poco más adelante llegamos al monumento a Andrés Eloy Blanco:

A la sombra de estos castaños vemos el busto de este gran venezolano.
   
Con unas buenas matas de Euphorbia characias a su alrededor.
   
El busto de bronce está sobre un pedestal de caliza que se apoya sobre otro de granito.


Este buen hombre nació, como yo, en Agosto, aunque de 1897, en Venezuela, en el Estado de Sucre y fue un momtón de cosas: abogado, escritor, humorista, poeta y político. En 1923 le dieron el Primer Premio en los Juegos Florales de Santander y vino a España a recibirlo. También fue a la Habana donde conoció a disidentes venezolanos y empezó a editar un periódico clandestino en su país. De fuertes convicciones revolucionarias, tras un golpe de estado fue encarcelado en una prisión que era una isla con un castillo en forma de barco. Allí escribió su libro "Barco de piedra", el primero de otros muchos de poemas, pero también escribió obras de teatro, libros de humor y artículos de política.

De hecho tuvo varios cargos políticos como Inspector de Consulados y Ministro de Relaciones Exteriores. Creó el Partido Democrático Nacional que luego se integró en Acción Democrática, siendo también Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, gracias a la cual todos los venezolanos pudieron tener elecciones libres. Sin embargo terminó perdiendo su cargo y se marchó a Méjico donde se dedicó sobre todo a escribir poesía. No os lo vais a creer pero los versos de la canción "Angelitos Negros", que popularizó Antonio Machín, son suyos.

Tuvo la mala suerte de morir relativamente joven, a los 58 años, en un accidente de tráfico.

El busto es del escultor venezolano Martín Leonardo Funes y fue un regalo del Ayuntamiento de Caracas al de Madrid.
En este pedestal de caliza está el nombre, las fechas de nacimiento y muerte, quién se lo dedica y la fecha de inauguración: 3 de Julio de 1975, XX Aniversario de su fallecimiento. Vinieron su viuda y su hijo.
   
Una vista de perfil donde observamos su nariz aguileña.
Y la firma del escultor ("M. L. Funes") debajo de la solapa.
   
 
Alrededor del monumento hay una planta muy curiosa, la Euphorbia characias que tiene unas hojas verdosas y unas flores muy especiales. Esto no es problema para los que quieren "poner la mesa" a los gatitos que viven por la zona, y que no son pocos.
   
Vemos aquí más de cerca estas curiosas flores que se llaman "ciatos" y no tienen pétalos sino lo que se llaman "brácteas" (lo verde la base de las flores). Dentro hay una flor femenina y cuatro masculinas que la rodean, así como otros tantos "nectarios" (esos cuatro cuernecitos) que tienen néctar para que vayan los insectos y se lleven el polen de unas flores a otras.


Estas plantas, las "euphorbias", se llaman así porque las usaba un médico griego de un rey de Mauritania que se llamaba así (el médico, no el rey). Este señor vio que el látex era tóxico y se le ocurrió recomendarlo para que los guerreros lo pusieran en la punta de sus flechas. ¡Mira tú que idea! Y es que es irritante para piel, boca, nariz y ojos. El de la especie llamada "resinífera" se usaba para pintar barcos, porque así no se les pegaban parásitos marinos. Y hay una, la Euphorbia pulcherrima, que es la famosa "flor de Pascua", usada como adorno navideño. El látex de algunas especies puede ser utilizado como medicamento, así que tampoco son tan malas.

Pero en concreto ésta de aquí sí tiene un látex irritante, así que cuidado con cortar tallos porque os afectaría a la piel y a los ojos, sobre todo. Además es una especie muy resistente que aguanta los fríos, los calores y que necesita muy poca agua. Una curiosidad es que en Oriente Medio se la considera protectora y tienen la costumbre de llevar algunas ramas a las casas cuando nace un niño.

A pesar de su resistencia, cuando viene el calor allá por Junio, esto se empieza a secar, claro.
   
Y por Febrero, cuando nieva, se congela hasta D. Andrés.


Otra vez volvemos al paseo:

En este precioso y romántico atardecer otoñal.
   
El cartelito nos dice que por aquí se va al Palacio de Cristal donde hay Aseos Públicos. Es verdad, y además son de los mejores del parque.
Y estos olmos con hojas que empiezan a caer ponen el toque sentimental.
   
En verano "la cosa" está más verde.


Y ahora nos vamos al pinarcito que hay detrás del Palacio:

Que vemos aquí desde ambos lados de la fachada.
   
Otra vista de este pequeño pinar.
Donde seguro que hay ardillas, porque fijaos como han dejado esta piña.
   
Hay “casitas-nido” para pájaros, como ésta que cuelga de este pino.
   
Este paseíto de tierra separa el pinar de la siguiente zona.


En los siguientes parterres que dan al Paseo de Venezuela hay una serie de árboles y arbustos más que interesantes.

Podemos empezar con esta encina a la que pillamos con las flores masculinas en pleno apogeo.
   
Este Acer negundo tampoco está mal, ¿verdad?


Pero hay por aquí un par de arbustos de lo más curioso:

Uno de ellos es esta Abelia Floribunda, arbustito mejicano con flores en forma de campanilla que duran un montón (hasta el invierno incluso). Y además huelen muy bien.
   
Estos son los famosos "limpiatubos" australianos (Callistemon citrinus) con esos estambres rojos que tanto gustan a los insectos.
   
Más conocidas son las fotinias, de las que vemos sus brotes a primeros de marzo, junto con mi bici nueva.
   
Los perales de Callery (Pyrus calleriana), que empiezan a florecen enseguida que se huele la primavera, son unas de las alegrías de esta zona.
En otoño lucen así, con sus típicas hojas arrugadas.
Allá por noviembre, los liquidámbares se ponen de estos preciosos colores, primero amarillos y luego rojos, que Charo aprovecha para fotografiar. Al fondo vemos -entre otros- un enorme álamo blanco que también anda por aquí.


Se trata del Liquidambar styraciflua o "liquidámbar americano" que, entre otras cosas, tiene la particularidad de que las flores masculinas están en unas ramas y las femeninas en otras. Estos árboles tienen una resina tipo "ámbar" (de ahí su nombre) que es como una goma que se llama "storax" y se usó en medicina para los pulmones, la ciática, etc. Es curioso que, mezclada con tabaco, la fumaran los emperadores aztecas y en Francia se llegó a usar como perfume para los guantes. Podéis ver y leer más sobre estos arbolitos al final del capítulo de la "Casa de Fieras".

En Mayo tanto los liquidámbares como todo lo que los rodea está de lo más verde.
 
En cambio los juníperos tipo "sabina" permanecen verdes todo el año. Unos más que otros, porque se trata de especies distintas, resultado de diferentes hibridaciones.
Al lado se levantan estos Cupressus sempervirens, o sea, los cipreses de siempre con sus piñas tan redonditas.
Ya en el paseo, y entre los omnipresentes castaños, hay algún que otro olmo.


Si bajamos un poquito nos encontraremos más cosas curiosas:

Como estos arces de hojas rojizas (Acer campestre schwerinii) en un paseo donde habita un curioso personaje.
Este buen señor, que un día descubrí sentado en su hamaca de playa, es un ajedrecista ambulante que ha elegido esta zona del Retiro como su centro de operaciones.
Y tiene su mesa, y sus sillas y su tablero siempre dispuestos para recibir al primer contrincante que se atreva.
Unos pasos más allá vemos unos columpios con una fuente, todo rodeado de árboles como aligustres, castaños, arces rojos, acacias...y el tejo y el eucalipto al fondo. El de la bici no soy yo, que conste.
Dos vistas de estos columpios, con y sin fuente.
El día de Reyes están más concurridos, aunque algunos niños no parecen muy contentos con sus juguetes, porque los dejan aparcados donde sea.
La "fuente-ducha" es bastante utilizada, sobre todo por los que no conocen su "funcionamiento".


Al fondo hay unos urinarios de los de antes, en un edificio rojo ahora (antes amarillo) como el que vimos entre la Puerta de Alcalá y el Parterre.

 
Muy diferente en verano que en invierno.
Antes era así, pintadito de amarillo y con los letreros en bonitos carteles de madera.
Luego lo pintaron de rojo pero los carteles no mejoraron mucho, la verdad.
A este joven le da igual el color, él ha visto en el Paseo de Venezuela el cartelito y allá que va.


Por un módico precio uno/a puede ir al servicio con opción a papel y todo, que para eso están los correspondientes cuidadores.

Nos queda por ver alguna otra cosa de los alrededores:

Vemos aquí el recodo de bajada, con los juníperos en primer plano.
Y este boj entre ellos.
Según se baja a la izquierda, detrás de la acacia, hay una fotinia gigante de la que vemos sus primeros brotes primaverales.
Por último, la bajadita en distintas épocas: una con arces rojos, otra con liquidámbares y siempre con las acacias y los olmos en el fondo.


Nos queda por echar una ojeada a una zona de césped con bastantes árboles y arbustos que queda entre el paseo de coches y el tejo, más o menos.

Para que os hagáis una idea de lo bonito que es esto, lleno de verdor por todos lados (en primavera-verano),  destacando el aligustre de hojas amarillas.
Pero hay otros muchos árboles como pinos, cedros, castaños, árboles del amor, palmeras...
Primeros planos de ciprés y pino, respectivamente.
 
O arbustos como estos bambúes que pillamos ya con las hojas un poco secas.
Los durillos viven a sus anchas por aquí.
Este saúco nos llama la atención por lo grande y por ser de la Senda Botánica
Aquí vemos su tronco de cerca y el cartelito donde explica su vida y costumbres.


Entre otras cosas podemos leer en el cartel que el saúco (Sambucus nigra) es un "árbol mágico" al que se le han atribuido no pocas historias, como deshacer los hechizos, sobre todo los de "magia negra". Así que cuidadito con hacerles algo porque nos podríamos arrepentir... Sus flores, blancas primero y luego amarillentas, forman curiosos "paraguas" y tienen un olor inconfundible. Con los frutos, que son como pequeñas uvas verdes que terminan siendo moradas, se pueden preparar zumos, mermeladas, jaleas, salsas o sopas. Eso si están maduras, porque si no pueden ser indigestas. También dice que en algunas zonas de España se ponen ramas de saúco en las puertas de las casas en la noche de San Juan, pensando que el santo bendecirá la casa y dará salud a los habitantes de la misma. Pero para lo que en realidad sirve es para hacer infusiones que bajan la fiebre.

Y justo al lado del saúco descubrimos de nuevo a los "gnomos" que vimos en la Casa de Fieras contándoles cuentos a los niños.
Estas praderas hacen las delicias no solo de los niños y de sus papás: también de sus mascotas. Y como ejemplo aquí tenemos a mi amigo Jesús paseando a sus galgos.
Este es otro perrito habitual de la zona.
Y este el galgo que sale junto a su dueño.


Si subimos un poco hacia el Paseo de Coches podíamos encontrar algo interesante, aunque ya no está:

La zona es esta, la que da al paseo de tierra bordeado de plátanos de sombra que va paralelo al Paseo de Coches.
Allí había este pedestal, similar a los que vimos en las estatuas de la  Diosa Hera o de Hércules y el león, ambas en el mismo Paseo de Coches.
Pero ya no lo hay, como pude comprobar después de dar muchas vueltas.
Era de 1950 y estaba hecho de granito. La parte de arriba tenía una pequeña curva para que el agua de lluvia no se quedara allí.
En el pitosporo de al lado pillamos a este pájaro carpintero subiendo por el tronco.
Y muy cerca hice amistad con esta ardilla, a base de darle un poco de mi plátano.
Por allí se alzan orgullosos este par de cedros.
Y un poco más abajo, a la altura del estanque, podemos ver esta mahonia.
En primavera hay cerezos que florecen por aquí, y alguna que otra jaula de esas que tanto "gustan" a los pájaros, aunque todavía estoy por ver alguno que se "aloje" en ellas.
También hay pequeños manzanos.
Y almendros con almendras, como éste.
Y, ya de regreso hacia los columpios, estos hongos de la madera que viven muy bien en esta sufrida robinia.


Creo que nos hemos dado un buen paseíto por dentro y por fuera de este Palacio tan precioso. Pero no podemos terminar sin el mapita de turno:

En el 1 está el Palacio, en el 2 el kiosco, en el 3 las casetas, en el 4 la Casa de Amigos del Retiro, en el 5 los urinarios antiguos, en el 6 los transformadores, en el 7 el busto de D. Andrés Eloy Blanco, en el 8 el tejo, en el 9 los columpios, en el 10 los urinarios más modernos y en el 11 el pedestal que ya no está.

 

 

 

Nota: La foto del grabado del principio es del libro de Carmen Ariza Muñoz "Los Jardines del Buen Retiro" editado por el Ayuntamiento de Madrid. Hay algunas fotos sacadas de los mapas de Google, alguna de internet (como la de los bolos leoneses) y las del león de los urinarios de un video de You Tube. Pero el resto, o sea casi todas, son mías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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