El Ángel Caído

 

Como vivíamos en Embajadores y nos íbamos a pie desde casa entrábamos siempre por la puerta que está después de subir la famosa “cuesta de Moyano” y que se llama “Puerta del Angel Caído”.
Empezaremos por contar que lo de Moyano viene de D. Claudio Moyano, el que fuera político en el siglo XIX y responsable de la famosa “Ley Moyano” de Educación.

Estatua sobre el monumento dedicado a D. Claudio Moyano al principio de la cuesta que lleva su nombre y donde hay un montón de librerías que sacan puestos a la calle según se sube a mano izquierda.


Al final de la Cuesta de Moyano podemos ver una estatua de D. Pío Baroja el famoso novelista autor, entre otras muchas, de novelas como “La busca”, “El árbol de la Ciencia”, “Zalacaín el aventurero” o “Memorias de un hombre de acción”. También escribió una novela ambientada en el parque: “Las noches del Buen Retiro”. De origen vasco, D. Pío terminó viviendo y queriendo a Madrid adonde llegó para hacerse cargo –junto con su hermano Ricardo- del negocio de panadería que hoy día continúa y se conoce como “Viena Capellanes”. Murió muy cerca del Retiro, en la calle Ruiz de Alarcón, dentro del barrio de los Jerónimos.

Merecidísima estatua ésta dedicada a D. Pío Baroja, vasco afincado en Madrid y enamorado de nuestra ciudad.


Muy cerca de la entrada llamada “del Angel Caído” hay un túnel que comunica con la estación de Atocha:

Túnel paralelo al Retiro junto a la verja que da a la calle Alfonso XII y que comunica con la plaza de Atocha a la altura de la estación.


Esta puerta del parque es por la que entrábamos casi siempre. Se conserva el estilo original aunque ha sido mejorada:

Puerta del Angel Caído que permite el acceso de coches autorizados, generalmente de la policía o de proveedores del parque. Hay una garita con vigilantes de seguridad que se encargan de abrir la valla a quienes puedan pasar.


Da la sensación de que las bases de las columnas de esta puerta son de granito nuevo y no recuerdo que cuando venía de pequeño hubiera esta bonita planta en el centro: son begonias de flor (Begonia semperflorens) que como su nombre científico indica siempre están florecidas. Pero estas plantas son variables, es decir, que las van cambiando cada cierto tiempo.

Bonita planta de begonia situada en el centro de esta puerta del Angel caído. A la derecha vemos sus flores rojas y sus hojas brillantes.


Nada más pasar la puerta nos encontramos con una subida bastante pronunciada que se llama Paseo del Duque de Fernán Núñez, por la que solo se puede pasar a pie o en bici, como ocurre en todo el parque, a menos que se sea de la policía, de los jardineros o bien se tenga permiso para pasar mercancías a los kioskos. En ese caso se permite el paso de coches o motos. O de camiones donde van los caballos que luego utiliza la policía para hacer sus vigilancias.

Subidita que encontramos nada más pasar la puerta del Angel Caído: se llama: Paseo del Duque de Fernán Núñez que llega rodeando la Rosaleda y paralelo a la calle Menéndez Pelayo hasta la salida de la calle O’Donnell.
 
Aquí va el camión de la policía con los caballos que luego servirán para que hagan las rondas de vigilancia por el parque.
 
También nos podemos encontrar por aquí con camiones del ejército como éste que venía de hacer un servicio en la maratón de Madrid.

 

A la derecha está la entrada para el Observatorio astronómico, aunque cuando pasé por allí estaba cerrada:

Puerta del Observatorio Astronómico (con mi bici aparcada) que correspondía al nº 5 de la calle Alfonso XII.


Este Observatorio fue una idea del famoso marino Jorge Juan quién se lo propuso a Carlos III que lo encargó al no menos famoso arquitecto Juan de Villanueva empezándose a construir en 1790. Se compró lo que en su época era un magnífico telescopio y desde aquí los astrónomos empezaron a trabajar en contacto con colegas europeos.

Pero llegó la invasión de Napoleón y todo se destruyó, hasta que en 1845 se vuelve a trabajar en el Observatorio y además se termina de construir el edificio. Tras distintas etapas se llega a la situación actual en la que existen otros centros como el de Yebes en Guadalajara o el de Calar Alto en Almería en donde, mediante las modernas técnicas de Radioastronomía, se realizan investigaciones sobre el espacio, habiendo quedado el Observatorio de Madrid como museo. Se puede visitar con guía los viernes a las 11.

Aparte del edificio, que es una pequeña maravilla con sus columnas y su cúpula en la que no falta el tejado de zinc y la veleta, podemos ver un pozo de agua fresca que puede sacarse con un cubo y una polea o la inscripción oficial de la altitud sobre el nivel del mar de la ciudad de Madrid.

El Observatorio en la actualidad y en el pasado, concretamente en 1848. La puerta que se ve por debajo de la colina era por donde se entraba y ahora están haciendo obras para intentar rehabilitarla.
   
Cúpula con tejado de zinc y veleta incluida.
Columnas adornadas con hojas de acanto, plantas que, por cierto, hay en el Retiro.
   
Pozo de agua fresca que funciona y se puede usar a base de subir el correspondiente cubito con la polea.
Inscripción en la fachada del Observatorio que nos dice a los madrileños lo altos que estamos sobre el mar.


Dentro del Observatorio, nada más entrar, podemos ver curiosos telescopios de madera así como un péndulo de Foucault, también con pivotes de madera, que demuestra el giro de la Tierra.

Péndulo de Foucault y telescopios de madera que se pueden ver dentro del Observatorio.


Los jardines que rodean al Observatorio son preciosos: hay desde frutales como el albaricoquero hasta especies tropicales como palmeras, pitas o chumberas:

Precioso y frondoso albaricoquero (Prunus armeniaca) junto al edificio del Observatorio. A la derecha podemos ver sus típicas hojas.
 
La pita es una planta que crece a ras de suelo, pero cuando se reproduce sale del centro un tronco donde se encuentran las flores que después darán sus frutos y semillas. Esto ocurre cada bastantes años (unos diez o así) y supone el fin de la vida de la planta, aunque de las semillas saldrán otras. El nombre científico es “Agave americana” y procede de Méjico.
   
La chumbera también procede Méjico y se reproduce muy fácilmente, porque de cada trocito de planta puede salir otra, ya que echa raíces enseguida. Los frutos salen de unas flores amarillas y son los famosos “higos chumbos” que están llenos de espinas pero son muy ricos de comer. Su nombre científico es Opuntia ficus-indica.


Al lado del Observatorio y más cerca del paseo del Duque de Fernán Núñez por el que vamos, se ven unos edificios desde la verja así como un monumento modernista de hierro, además de una especie de pequeño palacete:

   
Todo esto son instalaciones del Ministerio de Cultura, concretamente la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos.


En la esquina de este edificio que da al paseo hay un cedro en el que han anidado unas cotorras argentinas que se han dedicado a hacer unos nidos enormes con ramitas cuidadosamente entretejidas en los que viven varias parejas. Lo primero se las oye, porque tienen una forma de piar o gritar muy especial. Luego se las ve como van y vienen a los nidos ¿Qué de donde vienen? Pues son las descendientes de las que se han escapado de jaulas y que se asentaron en Madrid hace años, en zonas como la Casa de Campo o la Ciudad Universitaria. Su nombre científico es Myiopsitta monachus, o Cotorra Monje Argentina.

Cedro de las cotorras con uno de los numerosos y complicados nidos con una ellas en la "puerta". La otra estaba en un plátano de sombra cercano donde pudimos apreciar el precioso color verde de sus plumas.


En la siguiente esquina de este edificio hay un pasillo o corredor al que se accede entrando por una puerta y enseguida vemos un cartel donde indica el Registro de Gerencia de Infraestructuras o bien la dirección a seguir para encontrar el Instituto de Enseñanza Secundaria Isabel la Católica que ya se encuentra fuera de lo que es el Retiro.

Este es el lateral del Edificio anterior, donde está el cartel que decíamos.


Siguiendo por este pasillo llegamos al otro edificio que es el “Laboratorio Central de Estructuras y Materiales” dependiente del Ministerio de Fomento. Se le conoce como el “CEDEX” (Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas).

Entrada principal del “CEDEX” o “Laboratorio Central de Estructuras y Materiales" tal y como puede leerse en las letras de latón de la puerta.


Cuando yo era niño, mis papis y yo nos solíamos quedar justo en el pinar que está junto a estos edificios y que vemos en las siguientes fotos:

Aquí se ven ya los pinos y el césped junto al pasillo entre los dos edificios.
A la izquierda de la foto anterior vemos el lateral del edificio del CEDEX así como más pinos y césped.


En esta zona era donde mis papis y yo íbamos a pasar muchas tardes. Mi madre se llevaba “labor”, es decir, lana para tejer punto o telas para coser vestidos y mi padre yo nos dedicábamos a jugar al futbol y a coger piñones de los pinos cercanos.

Por aquí, entre estos pinos poníamos mi padre y yo la portería para jugar y luego recogíamos piñones del suelo. Mi madre también se apuntaba a esto último después de hacer “sus labores” de aguja e hilo o agujas y lana.


Se trata de los llamados “pinos piñoneros” (en latín “Pinus pinea”), los cuales son enormes llegando hasta los 30 metros y presentan una especie de espigas amarillas donde se produce el polen que al moverlas sale en forma de polvillo amarillo. Estas son las flores masculinas, siendo las femeninas las piñas que producen esos piñones tan ricos y que es posible recoger del suelo, sobre todo cuando hace aire o después de que haya llovido. Las hojas son las típicas de los pinos en forma de aguja y salen de dos en dos.

Entre las hojas podemos ver las espigas de polen, de color marrón clarito.


Son árboles que viven muchísimos años, hasta 500, por lo que los que hay ahora son los mismos que los que yo veía de niño, vamos seguro.

La verdad es que estos arbolitos son enormes, como podemos ver en esta foto.
Aquí tenemos su típica corteza agrietada y rojiza.


Cuando yo era niño había bancos de madera con estructuras de hierro, bastante incómodos, la verdad, donde las mamás hacían labores, charlaban y nos daban las meriendas. Para beber había una fuente de piedra de la que salía continuamente un chorrito de agua fresca. Eso sí se ha perdido hoy porque las fuentes del Retiro son de un agua peor que la del grifo y que sale a toda pastilla de forma que en vez de beber te duchas.

Los bancos han ganado en diseño y comodidad, como podemos ver en este circular que rodea uno de los pinos.
La fuente ha cambiado a peor, pues a la mala calidad del agua se suma lo incómoda que resulta para beber.
Mi papi no tenía problema porque se iba a la boca de riego y bebía “a morro”. ¡Cómo estaba en forma el tío!
 
Y todavía antes se paseaba por aquí el ilustre D. Pío, cuya estatua vimos a la puerta.


Ahora el ambiente es distinto, han puesto columpios y la gente ya no bebe de las bocas de riego, ni coge piñones y casi ni siquiera pasea:

Niños y niñas de un colegio cercano que aprovechan para comer un bocata y columpiarse.


También hay otros arbustos que antes no existían como son el madroño, las fotinias, los durillos y las mahonias:

Este pequeño madroño (Arbutus unedo) es un aviso de los que nos encontraremos en el parque: ¡hay un montón!.
Las fotinias (Photinia serrulata) estaban echando brotes, esperando la primavera.
   
Estos durillos (Viburnum tinus) tienen preparados los botones de los que saldrán las flores blancas.
   
Estas plantitas son mahonias, en concreto Mahonia media de la variedad “charity”. Sus hojas tienen unos pequeños pinchos en los bordes, siendo típicas sus flores de color amarillo, que salen en invierno.


Enfrente hay una pared de ladrillo y una puerta. Se trata del “Centro de Información y Educación Ambiental” donde se dan cursos de jardinería y clases de educación ambiental, que para eso se llama así.

Y esta es la puerta de este curioso y poco conocido Centro.


Vamos a pasar a ver como es por dentro:

Nada más entrar por la primera puerta del muro hay otra (que es la verdadera) y a la izquierda unas instalaciones de la Policía Municipal.


Nos encontramos una especie de “pasillo” adoquinado en el que a la derecha está lo que es el Centro en sí y a la izquierda los Viveros Municipales.

Esta foto está hecha desde el fondo, o sea que el edificio de la izquierda son el Centro de Información y Educación Ambiental y a la derecha están los Viveros con un edificio de madera y un cochecito en su puerta.
El pequeño molino de viento en la puerta, junto al cartel “La lucidez de la luz” nos dan la bienvenida. Y también Bea, que nos recibió con su habitual simpatía.


Por dentro el sitio está bastante bien. Es moderno, con aparatos y carteles explicativos:

Y con una claraboya que le da luz natural para explicarnos como se puede obtener “luz artificial” de una forma “lúcida”.
   
Este antiguo surtidor de gasolina y este prototipo de cochecito son algunos de los artilugios de la exposición.
   
Más adelante vemos una muestra de granos y maderas con los que obtener biocombustible y una máquina de cortar metales.
 
Y aquí Bea nos muestra la mesa donde se plantan las semillas en el Curso de Horticultura y fuera otras mesas y planteles con hortalizas variadas.
   
Como esta mata de estramonio con sus curiosísimas flores en tubos blancos y sus frutos verdes con pinchos.
O esta del más conocido y, gracias a Dios, rehabilitado pepino.
   
Y que decir de los siempre presentes tomates.


La verdad que es uno de los lugares menos conocidos de El Retiro y donde se pueden aprender muchas cosas relacionadas con la energía y los cultivos de huerta. Os lo recomendamos.

En una pequeña zona de césped pasado el pinar y cerca del paseo hay unas cuantas zelkovas, que es un arbolito que me costó encontrar bastante, incluido un chaparrón, pero al final las encontré y aquí las teneis:

Las cuatro zelkovas, con mi bici a la izquierda.
   
El típico tronco agrietado.
Las hojas “aserradas” y los frutitos verdes pegados a las ramas.


A la Zelkova serrata se le llama también “zelkova japonesa”, porque es oriunda de Japón, China, Taiwan y Corea. La descubrió un alemán en un templo del Japón, llevó unas plantas a Holanda y así se la empezó a conocer en Europa.

Lo de “serrata” viene por las hojas que tienen como dientes de sierra en sus bordes. Se caen con relativa facilidad y se utilizan como forraje para el ganado. Tienen flores de sexos separados, o sea, que las hay masculinas y femeninas y son verdosas y pequeñas. Los frutos también son verdosos y en forma de pequeñas cápsulas. La madera es muy fuerte y se puede usar para ebanistería y construcción. Las zelkovas son árboles que crecen muy despacio y pueden vivir hasta dos siglos. También se las utiliza para hacer bonsáis.

Muy cerca de las zelkovas hay un par de arbolitos que pasan casi desapercibidos pero son muy curiosos, porque se trata de un nogal americano y de un zumaque de Virginia, o sea, también americano:

Pequeño nogal americano con su manojito de nueces y todo.


El nogal americano se llama Juglans nigra, o sea que también se le conoce como “nogal negro” y proviene de la zona este de Norteamérica. La corteza está un poco cuarteada y las hojas son compuestas, con forma de lanza y algo aserradas, pero menos que las de las zelkovas. Las flores son de sexos separados y los frutos son auténticas nueces comestibles. De hecho los indios americanos se las comían. La madera es muy dura y se utiliza en ebanistería, para recubrir casas por dentro, hacer culatas de armas de fuego o incluso barcos.

Al lado hay otro pequeño árbol que es aún más rarito; se llama “zumaque de Virginia”:

Zumaque de Virginia con sus hojas compuestas y sus flores en panojas amarillas.


Procedentes de Virginia (Norteamérica), los zumaques pertenecen a la familia de los anacardos, siendo su nombre científico Rhus typhina. La corteza del tronco es blanquecina y con bastantes grietas y las hojas compuestas, con una impar en el extremo, también con pequeños dientes. En otoño se ponen de color amarillo-rojizo. Hay flores masculinas y femeninas a veces en el mismo árbol y otras en árboles distintos. Los frutos son casi esféricos, rojos y aterciopelados.

Si seguimos subiendo hacia la estatua del Angel Caído, a la derecha veremos una plantación de almendros (Prunus dulcis) que es relativamente moderna. Son de dos variedades, la dulce y la amarga, la mayoría de estos últimos por lo que las almendras no son comestibles, no os molestéis en intentar cogerlas.

   
Aquí han plantado unas filas de almendros que en primavera dan una preciosas flores blancas, que luego se convierten en almendras.
   
Preciosas flores con sus cinco pétalos blancos o ligeramente rosados, que anuncian la llegada de la primavera.
Y de la flor nace el fruto, que puede ser “dulce” o “amargo”, según la variedad.
   
Algunos insectos aprovechan ya estas flores tempranas para libar su néctar y/o comer o transportar su polen…y de paso polinizan, claro. Eso le pasa a nuestras amigas la abeja y la mariposa nocturna que vemos en las fotos.


Pero a pesar de que son amargas hay gente “pa tó” que se dedica a comérselas:

Por ejemplo en este banquito, a la sombra del sauzgatillo, y con una buena piedra.


Pegados a la pared de los Viveros del Ayuntamiento hay una serie de árboles y arbustos:

Como este almez justo en la esquina, y a cuyo pié vemos unas curiosas gateras de madera a modo de casita.
   
Vemos luego este árbol (bueno en este caso “arbusto”) del amor o este ciruelo rojo junto a la típica “caseta del guarda”.


El sauzgatillo abunda por estos pagos, junto con una serie de arbustos:

Planta y hojas palmeadas con sus cinco foliolos.
   
Flores malvas, pequeñitas y en espiga.
Frutos en drupa (como pequeños melocotones).


Su nombre científico es Vitex agnus-castus o sea “arbusto del cordero-casto” porque en la Edad Media se creía que tenía propiedades anti-afrodisíacas. De hecho lo tomaban los monjes para guardar el voto de castidad. Pero actualmente se utiliza como regulador de la menstruación y palitivo de los efectos de la menopausia. También se usa como sedante, aunque yo la verdad prefiero tomar otras cosas, por si las moscas o “por si los monjes”. Se venden preparados de sauzgatillo a partir de sus hojas (infusiones) y de sus frutos que, por cierto, tienen un cierto sabor picante por lo que también se le llama “pimiento loco”. Es típico de la cuenca mediterránea y muy conocido y utilizado, entre otros sitios, en Marruecos.

Por aquí encontramos también hasta vides y madroños:

Esta planta de vid, con algunos helechos entremedias, nos sorprende junto al muro de ladrillo.
   
Y no faltan los madroños, con sus frutos redondos y granulados.


Higueras, olmos, almeces y manzanos, junto con algún que otro pino y pitosporo, completan la variedad botánica de la zona, que no es poca.

Ni las higueras con sus correspondientes higos.
   
Este olmo quedó recortado sobre el cielo nuboso.
   
Y el manzano nos ofrece sus manzanitas, que no se pueden comer porque son super ácidas.
   
Este almez es muy jovencito.
Y este, el pobre, demasiado mayor…
   
También el avellano crece por estos pagos.


Lo siguiente en esta parte derecha de la subida es esta noria que data del siglo XVIII y se llama “de sangre” porque era movida por mulas al igual que otras que había y que servían para sacar agua para el riego, y también para los ríos y estanques del parque. Es de origen persa y tiene dos ruedas de madera: la vertical está sobre el pozo y la horizontal tiene una vara larga que la une a la mula que la mueve. Por supuesto las dos ruedas están engranadas por lo que la una hace que mueva la otra.

Noria “de sangre” tirada por mulas, descubierta tras una excavación arqueológica y que ha sido perfectamente rehabilitada, como puede verse.


Toda esta zona de los almendros y la noria se conoce como “El Huerto del Francés” porque los franceses utilizaron la zona en la Guerra de la Independencia. Y la noria se usó para sacar agua para la fábrica de porcelanas, que también hubo una aquí.

El agua se almacenaba un tiempo en esta alberca que se ha reconstruido tan bien como puede verse.
   
Delante de la alberca y junto al muro de ladrillo a la altura de ésta se han plantado una serie de liquidámbares que terminarán dando sombra a la zona.
   
Y aquí vemos sus hojas palmeadas en forma de estrella y sus curiosísimos frutos.


Al lado de la noria hay un pino que está dentro de un cuadrado de césped que es nada menos que un negral (Pinus nigra) de los que hay unos cuantos cerca del Palacio de Cristal pero que son raros en el Retiro.

Detrás de este pino negral hay otro que es carrasco y al fondo otros más pequeños que son piñoneros. Son las tres especies de pino más normales del parque.
 
De izquierda a derecha los tres troncos de pinos: piñonero, carrasco y negral.


Pero ahora os contaremos toda la historia. Antes deciros que en la acera de enfrente, o sea, la de la izquierda según se sube, hay una serie de árboles, algunos de ellos enormes.

Gran eucalipto a media subida desde la puerta hasta el Angel Caído.
Enorme cedro junto a otro eucalipto, un poco más arriba que el anterior.


Los más grandes son los cedros y los eucaliptos, pero también hay castaños de indias, tanto a uno como a otro lado del camino, así como otros árboles que aparecen en primer plano en las fotos y que no son otros que los almeces, Celtis australis para los científicos.

El primero de una fila de almeces que decoran este paseo. Eso sí, un poco mustios por el calor que hacía en agosto a primera hora de la tarde…
Las hojas del almez son dentadas y las frutos son como aceitunas redondas, primero verdes y después más oscuros, casi negros.


De los frutos del almez, una vez maduros, se puede hacer mermelada y de las semillas que contienen se extrae un aceite muy especial.

También hay unos pequeños árboles que son las famosas mimosas (Acacia dealbata), las más resistentes al frío a pesar de provenir de Australia y Tasmania. Son muy llamativas sus hojas compuestas de otras muy pequeñitas y flores exóticas que salen en enero y febrero formando grupos con llamativos estambres amarillos. Los frutos son unas judías aplastadas de color marrón.

Estas acacias mimosas, que proceden de nuestras antípodas, están por esta acera derecha del paseo, según se sube.
Las hojas son doblemente compuestas siendo cada una muy pequeña, pero hay muchas en cada ramilla.
Flores en pleno esplendor, con sus estambres amarillos al aire.
Aquí están ya empezando a secarse.


Los castaños de indias son muy típicos en el Retiro pero también los hay en otros muchos parques. Hablaremos de ellos con detalle en el capítulo “Casa de Vacas-Templete”.

Castaño de indias presente tanto en este paseo como en otros muchos lugares del Retiro. Sus flores son preciosos racimos que a partir del verano se convierten en castañas con una cáscara llena de pinchos.


Casi al final de esta cuesta hay una caseta de las que usaban los guardas antiguos, esos que iban con sus trajes de pana y lana marrones y grises. Ahora los guardas tienen otro estilo y estas casetas se usan para guardar utensilios de jardinería

Típica caseta de guarda del Retiro con sus ladrillos rojos y su tejado de zinc.
Y estos son dos guardas de los de antes, con su típico uniforme. Usaban las casetas como refugios y controlaban al personal: prohibido pisar el césped, andar en bici fuera de paseos y chopera, darse besitos los novios...¡en fin!


Y un poco más arriba hay unos “urinarios” (que palabra, ¿verdad?) de los auténticos, con sus rejas de hierro forjado y sus azulejos blancos.

Urinarios antes de llegar al Angel Caído donde “Señoras” y“Caballeros” y pueden hacer sus “abluciones”.


A la derecha hay unos columpios que la gente suele usar como “gimnasio al aire libre” donde destaca un pino carrasco cuyo tronco está prácticamente horizontal.

Este pino de tronco horizontal llama la atención en este final de paseo. Por cierto es de los llamados "carrascos".

 

Zona que parece de columpios, pero que en realidad son como aparatos de gimnasio. Aquí siempre se ve gente haciendo estiramientos, espalderas, etc. Lo podríamos llamar “Retiro’s Gim”.
Y al lado otra plantación de almendros parecida a la anterior.


Pero aparte de los pinos también crecen en esta zona otros árboles como el roble o, de nuevo, el almez:

Este roble con sus típicas hojas lobuladas vive en esta zona donde se ven los almendros que nates comentamos.

 

Y muy cerca el almez, mucho mayor que los del principio del paseo, también con sus típicas hojas.


Y por fin llegamos a una amplia plazoleta donde está la fuente que alberga en su centro la famosa estatua del Angel Caído, única representación de Lucifer (o sea del Diablo) que existe en una vía pública. La hizo en bronce el escultor Ricardo Bellver en Roma y la verdad es que para llegar aquí tuvieron que pasar muchas cosas, entre otras, ganar la Exposición de Bellas Artes en España en 1878 y a la vez una mención honorífica en la Exposición de París.

Fuente y estatua del Angel Caído. En esta plaza estaba la Fábrica de Porcelanas chinas que fue destruida durante la guerra de la Independencia y antes la Ermita de San Antonio de los Portugueses.


Pero la historia de este monumento y este sitio del Retiro en particular es mucho más larga y complicada. Antes de contarla veamos con detalle la escultura:

Fíjate tú donde se fue a posar la palomita, en “tó” lo alto del ala.
El Angel Caído, quizás la obra más famosa de Ricardo Bellver.
En la estatua no podía faltar la serpiente que simboliza el mal diabólico.
 
La base que sujeta la estatua es un tronco de pirámide de ocho lados, o sea, que hay 8 dragones.
 
Detalle de los dragones de la fuente, de cuyas bocas salen chorros de agua.


No os creáis que siempre ha salido agua por las bocas de los dragones. Cuando yo era pequeño la fuente estaba seca y el agua no se puso hasta el año 1980, es decir, casi cien años después de su construcción. Y ahora os contaremos la historia.

Fotografía del Angel Caído hecha en 1900; fijaos como los dragones estaban “sequitos”.


Estos terrenos fueron en principio una iglesia llamada de San Antonio de los Portugueses porque la hizo un rico portugués. Estaba rodeada de un estanque que estaba unido al estanque grande por medio de un río artificial (también llamado “grande”) lo que servía para que los reyes y los nobles pudieran hacer viajecitos en barco. Todo esto era en el siglo XVII y reinando Felipe IV.

Así era la ermita de San Antonio de los Portugueses con su famoso estanque que tenía ocho salientes curvos o “lóbulos”.


Luego, cuando Carlos III fue rey, esta ermita fue derruida y se construyó allí la citada Fábrica de Porcelana, llamada “La China” por los madrileños, y que produjo importantes piezas para la Casa Real Española, algunas de las cuales se conservan en museos como el Arqueológico Nacional así como en el Palacio Real de Madrid o la Casita del príncipe de El Escorial. Estuvo abierta desde 1760 hasta 1812, cuando la llamada “Batalla del Retiro” acabó con ella por los bombardeos de los ingleses (aliados de los españoles) contra las tropas francesas que estaban acampadas en esta zona.

Precioso jarrón de porcelana china y centro de flores, ambos hechos en la fábrica del Retiro y el segundo en las vitrinas del Museo Arqueológico Nacional.


Una vez destruida por la guerra, en el mismo sitio que habían ocupado primero la ermita y luego la fábrica, se hizo la plazoleta y la fuente en la que se pensaba poner una estatua del rey Fernando VII, pero al final se puso la famosa del Angel Caído en el año 1886.

Actualmente se ha puesto de moda patinar por la plaza (o mejor, “glorieta”), así que cuando hace buen tiempo se llena de patinadores.


Si según subimos a la fuente del Angel Caído torcemos a la derecha, entraremos por una calle que baja y por la que se llega a una puerta, que es justo la de entrada a Los Viveros.

En la cuesta de bajada suele haber aparcados camiones de la Policía Nacional donde llevan los caballos.
Entrada a los Viveros en un día invernal.


Aunque veais un cartel de "Prohibido el Paso" se puede pasar, porque hace poco está en marcha un Museo que se puede visitar. Además la gente de aquí son muy simpáticos y siempre os dejarán echar una ojeada.

Nada más entrar a la derecha vereis una casita de ladrillo donde están los encargados de los Viveros y al frente de ellos D. Javier Spalla, descendiente de una legendaria saga de jardineros.

A la izquierda el invernadero que ahora es Museo, al lado el carrito y a la derecha la casita de ladrillo donde están las oficinas principales.


A la izquierda hay una bajada que lleva hasta otra fila de casas de ladrillo donde hay más oficinas.

Vista general de estas otras oficinas.
 
En este patio hay ¡una gasolinera! Aquí es donde hechan gasolina todos los camiones que andan por el Retiro.
Un olivo siempre es decorativo y resistente.
   
Panorámica de la placita con olivo en seto de lechugas de colores, gasolinera y casas bajas de oficinas.


Empezamos ya a darnos una vueltecita por todos los Viveros, que no son pequeños, no...

Hay montones de macetas de diferentes plantas: estas son de bambúes y pitosporos.
El abono es fundamenta, y aquí lo hay a toneladas.
   
Hay mucha planta por aquí, algunas más frecuentes que otras.
   
Aquí vemos a la izquierda una Cycas revoluta y un par de macetas de Wollemia nobilis:¡ casi ná!
No solo hay vegetales ilustres, sino también músicos como D. Ruperto Chapí, del que vemos su busto en piedra, preludio del de bronce del Paseo de Coches.
   
Estos son setos de adorno que luego vemos en las puertas de entrada.
   
Y esto una máquina que se usa en jardinería para cortar y prensar.


Al llegar a los laureles nos encontramos con una curiosa historia de lucha biológica que nos explica Javier Spalla:

Hay una fila de laureles que tienen unos vasitos de plástico. Dentro hay unas semillas negras que sirven para transportan las chinches que se comen a las larvas de avispillas del laurel.
   
Esta es la "psila" o avispilla del laurel, Trioza laurii.
Y estas son sus larvas que viven sobre las hojas de laurel y hacen que se arruguen sus bordes.


Resulta que las avispillas del laurel son unos insectos que ponen los huevos en las hojas de laurel y las larvas viven allí, protegiéndose con los bordes y arrugándolos. Unas chinches llamadas Anthocoris nemoralis se alimentan de ellas. Así que se las cría, se las lleva en vasitos de plástico a las plantaciones de laureles y se las suelta allí. Y ellas se encargan de todo...

Aquí tenemos a la chinche, Anthocoris nemoralis, que se come a las larvas de la psila.


Y seguimos paseando por los Viveros, que hay mucho que ver:

Estas telas de plástico traslúcidas protegen a las plantas del viento, del frío...y de la nieve.
   
Recuerdan a los invernaderos de Almería.
   
Este invernadero está "en el esqueleto", pero a su puerta hay dos estatuas.
   
No sabemos de quienes son, pero representan una señora sin cabeza y con un niño en brazos.
Y un señor con alas, túnica y sombrero.
   
Entre tres troncos aparece el de este señor, también sin cabeza y con una túnica que le cubre lo justito.
   
Este, más que un invernadero, parece un "veraneadero", porque está abierto y tiene dentro una mesita para pic-nic.
   
Los hay con macetitas muy pequeñas.
Y a otros se les ven los engranajes.
   
También hay mucha planta al aire libre.
Algunas tan bonitas como estos membrilleros de Japón, ¡en flor aún habiendo nevado!
   
Y árboles como estos cipreses calvos o de los pantanos, del mismo género que los del estanque del Palacio de Cristal.
   
Y entre unos y otros nos podemos encontrar hasta naranjos... ¡con naranjas!
   
Macetas grandes para flores pequeñas, pero muy bonitas.
Y por aquí y por allá estatuas al por mayor. ¿Hay quién dé más?
   
Hasta una piscina, bueno mejor dicho un "aljible", hay por aquí. Eso sí cubierta con una tela plástica, no se vaya a remojar alguien.
   
Y a la puerta de este invernadero, junto a las yucas, una planta exótica.
Es la Edgeworthia chrysantha, originaria de China, Japón y Nepal,¡ casi nada!
   
Y muy cerca este cardo comestible y las chumberas de toda la vida.


Volviendo a la entrada nos fijamos en otras cosas:

Esta es la puerta de entrada vista desde dentro, por lo que las oficinas quedan a la izquierda.
   
Y ahora es cuando caemos en este exótico "abutilón" o "linterna china", con flores a pesar de ser enero.
   
Y en estas plantas de ricino (Ricinus communis) que nos enseña sus hojas palmeadas y sus frutos rojos con pinchitos, de cuyas semillas se saca el famoso “aceite de ricino”, antes usado como purgante y ahora para fabricar pinturas y lubricantes. La foto es de agosto.
   
Otra perspeciva de la bajada hacia la plaza del olivo y la gasolinera, con dos enormes macizos de flores a la izquierda.
Y una máquina de afilar hoces, guadañas, etc., a la derecha.


Aquí está la parte que verdaderamente es pública, o sea, el Museo de los Viveros, que está dentro de lo que era un invernadero:

Esta es la puerta de entrada donde en un cartel se lee: "EXPOSICION PERMANENTE - LA JARDINERIA TRADICIONAL EN MADRID".


A ver que hay por dentro:

Pues un invernadero con macetas y cuadros a los lados y utensilios en el centro.
   
Alguno tan curioso como esta máquina de sulfatar antigua.
   
Azadas, azadillas, garabatos y rastrillas.
Corquetes, tijeras y cuchillas de injertar.
   
Tijeras de podar.
O tablitas con pinchos para sembrar.
   
El Museo visto desde el centro hasta el fondo.
   
También hay regaderas.
   
Cántaros y cantarera, que es esa especie de mesita con huecos para meter los primeros.
Una carretilla rústica con rueda de madera.


Y ahora procedemos a ver a todos los hombres ilustres que están en esta exposición:

D. Antonio Mingote, vestido de guarda de los de traje de paño marrón. Y es que lo era, aunque honorario, claro.
Julián Felipe y Francisco Guevara eran menos conocidos (aunque el primero fuera "Famoso" de apellido), pero se las apañaban bien con este carrito y su borriquillo para cuidas las estufas allá por los 70.
   
Los Guardas del Retiro en el año 30. ¡Vaya uniformes y vaya bicis!
   
"El Catalán", guarda del zoológico al que hirió gravemente el oso blanco que cuidaba. Estamos hablando del año 27.
Y Teófilo Recio, que cuidaba al elefante en 1963. Seguro que le conocí porque yo tenía 11 añitos.


Y de los guardas pasamos otra vez a los ilustres:

D. Ramón Ortiz Ferré fue Jardinero Mayor de Madrid y creador de la Rosaleda del Parque del Oeste a la que he ido muchas veces.
Y D. Fernando García Mercadal que hizo el proyecto de los Jardines de Sabatini, que siguen siendo una preciosidad.
   
D, Eugenio Garagarza diseñó los jardines del Campo Grande, entre los Palacios de Velázquez y de Cristal.
Y D. Gabriel Spalla es el padre del actual Jefe de los Viveros, D. Javier Spalla. Me hace gracia que llevara una moto parecida a la de mi padre y un casco similar. Los Spalla son una saga de jardineros de lo mejor de Madrid.
   
Los hermanos Spalla Vaccarone, italianos, claro, y antepasados de D. Javier. ¡De casta le viene al galgo!
   
Herrero Palacios, aparte de los jardines que llevan su nombre en el Retiro y donde antes estaba la Casa de Fieras, remodeló los del Templo de Debod, la Plaza de España y la de Colón.
Cecilio Rodríguez es "el más", el "alma pater" de los jardines del Retiro: de los que llevan su nombre y de los de la Rosaleda.


Pero este "museo-invernadero" no hubiera podido ser inaugurado sin la colaboración de estos dos señores:

D. Carlos Sala y D. Antonio Martín, dos entusiastas  del Retiro, que han sido clave para el proyecto del Museo con sus valiosas colaboraciones desinteresadas.
Aquí los tenemos haciendo un "zarzo" en Alcalá de Henares.


Los dos citados Sala y Martín, junto con Luciano Labajos, Gema Martín y los trabajadores de los Viveros, con Javier Spalla al frente, han conseguido que pueda visitarse este singular Museo.
Donde, por cierto, hay más cosas por ver:

La primera un zarzo, que es una especie de esterilla hecho con carrizos, mimbres, centeno, juncos, etc. en un bastidor de madera, y que servía para proteger los cultivos del frío.
La segunda una carretilla (¡sin rueda!), con una manguera antigua por encima.
   
Las estatuas aparecen por cualquier rincón: ¡es increíble!
   
O esta planta exótica, procedente de África del Sur, cuyas hojas son muy carnosas para retener agua y cuyo nombre teneis en el cartelito adjunto. En cristiano se llama "árbol de jade".
   
Todavía dentro del Museo descubrimos esta pileta que parece bautismal, con una plantita y un agua que no es precisamente "bendita".
Y ya fuera vemos estas dos piletas antiguas, con agua de la nevada que acababa de caer.


Lo más típico de los Viveros son las “estufas” o invernaderos, que vemos aquí en vistas panorámicas:

 
   


Pero la auténtica joya es un invernadero o estufa del siglo XIX, llamado "El Estufón", que estaba en el Palacio de Liria, el de los Duques de Alba, en la calle de la Princesa de Madrid. Se trasladó a los Viveros en 1956 en sustitución de un invernadero de camelias que había antes.

Así es en verano.
Y así en invierno.
   
Y esta es la puerta de entrada, que no tiene desperdicio.
   
Aquí está la placa donde pone los datos que no son exactos ya que esta estufa no fue “construida” sino “trasladada” en 1956. Tenía yo 4 años y este señor, el Conde de Mayalde era el ”alcalde eterno” porque estuvo muchos años. Y el jardinero Mayor el antes citado y menos conocido, D. Ramón Ortiz.


Acompañados de Javier Spalla, nos metemos dentro de esta maravilla, de este "clásico" de la jardinería:

De entrada nos topamos con esta Cycas revoluta, originaria de Japón y que no está nada mal.
   
Y con este helecho australiano llamado Platycerium bifurcatum o “cuerno de alce”, por la forma de sus enormes hojas que se parecen a los cuernos de ese animalito.
   
También hay plantitas y pequeñas palmeras como éstas.
   
Algunas con sus frutos parecidos a las aceitunas.
   
La variedad es inmensa, muchas de ellas son especies tropicales.
   
Todas bien protegidas de las inclemencias del tiempo que, por cierto, estos días era "de perros" por los madriles, con nieve incluida.
   
Nos sorprende ver aquí una flor de Pascua, especie que proviene de Méjico y que es una euforbia, en concreto Euphorbia pulcherrima, como la que vimos en el Paseo de Venezuela (capítulo anterior) en el monumento a Andrés Eloy Blasco. Como ella tiene estas flores sin pétalos (lo rojo son brácteas) que se llaman "ciatos".
   
En esta pileta con un agua verde por las algas, sobresalen tallos de papiro, Cyperus papyrus, la célebre hierba egipcia de las orillas del Nilo.
   
Y esta es una planta de café, Coffea arabica, con un fruto donde habría dos semillas que son los granos de café. Procede de Etiopía aunque se cultiva en medio mundo. Hay otra especie que es Coffea canephora que procede del Congo belga y que da un café más fuerte y más ácido.
   
En un lateral vemos esta entrada bajo un tejado de tejas rojas y al asomarnos encontramos la caldera y los restos de cenizas. Y es que el invernadero se calentaba mediante este sistema llamado de "termosifón".
   
No todos los invernaderos son tan famosos, este, por ejemplo, es mucho más normalito.
   
O este de al lado del “estufón”, con unas persianitas rústicas para protegerle del sol, que estos días “picaba” porque era a finales de Agosto.
   
Nos sorprendió ver esta esta serie de “piletas” con agua y nenúfares. Javier Spalla nos explicó que antes todo el riego se hacía a mano, a base de regaderas que se llenaban en estas pilas que ahora se utilizan como adorno.
   
En la zona que linda con lo que es el Huerto del Retiro vemos algunos antiguos utensilios de jardinería.
   
Esta estatua me suena que la hay por el Parque, quizás en bronce, pero no recuerdo ahora donde.
   
Y estas deben ser o bien estudios en piedra para ser pasadas a bronce o bien "restos de serie".


El tema de las estatuas ha sido por fin organizado por Javier Spalla quién, gracias a la ayuda de un conocido, ha ido colocándolas en pedestales de granito:

Así que D. Pedro Calderón de la Barca, entre otros, ha podido por fin tener su busto un poquito más decente, aunque le falte la nariz.


Al salir de los Viveros, a la izquierda, nos encontramos una especie de nave donde los jardineros guardan vehículos, herramientas, abonos, etc. Y enfrente hay una caseta de guarda de las de antes:

Al lado de la puerta de entrada esta otra para camiones
Y enfrente una casetita de ladrillos rojos y tejado de zinc, de esas que tanto nos gustan.


Esta zona tan poco conocida puede visitarse a través del “Centro de Información y Educación Ambiental” más conocido como “El Huerto del Retiro” del que os hablamos antes. Allí se organizan actividades y visitas guiadas que incluyen los Viveros. Por otra parte, el museo se puede visitar tal cual, simplemente pidiéndolo a la entrada.

Por supuesto que recomiendo a todos los amantes del Retiro esta visita y ¡cómo no! a todos los profesores de colegios para que lleven a sus alumnos a disfrutar de todas estas maravillas.


Para que podáis situar todo esto vamos a poner el mapa de la zona con los sitios más importantes en rojo para que se vean bien:

Esta zona es la que hemos llamado “del Angel Caído” a la que se entra por la puerta del mismo nombre para subir por el Paseo de Fernán Núñez dejando a la derecha el Observatorio Astronómico y los edificios del Ministerio de Fomento (CEDEX) así como mi Pinar favorito, el Huerto del Francés y detrás de él las estufas y Viveros municipales antes de llegar a la famosa Plaza del Angel Caído que da nombre a la zona.
Aquí lo teneis sacado de los Mapas de Google, que es mucho más real, claro.


Nota: La foto antigua del Angel Caído está sacada del libro “Retiro y sus barrios” de Ediciones la Librería. Las fotos de las figuras de porcelana están sacadas de la página web “Arte en Madrid. Los grabados son del libro de Jesús Díaz de Palma “Descubriendo el Retiro” de Ediciones la Librería, muy recomendable por lo ameno, claro y divertido que es. Su autor sabe muchísimo del Retiro y es de lo más simpático pero, lamentablemente, ni él ni sus compañeros están ya en el Parque por esas injusticias de la vida. La foto de los guardas la he sacado de una de Teodoro Naranjo que se expuso en Casa de Vacas. la foto de la psila del laurel es de la página "El huerto ecológico". Y la de la chinche es de "commanster.eu". Las de las estufas desde arriba las saqué de un pdf que me pasó Javier Spalla con todos los carteles que hay en el Museo. El resto de fotos son mías.

 

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