El Estanque

 

 

Uno de los sitios del Retiro a los que más me gustaba ir era al estanque. Para mí eso era ya "lo más". ¡Ir al estanque! ¡Esa cantidad de agua de la que solo te separaba una barandilla! Ver los peces, echarles migas de pan y mirar como las devoraban... ¿y las barcas? ¡Poder ir por encima del agua sin mojarte!

Os parecerán tonterías pero yo es que ví el mar de verdad (no en las películas) con catorce años o así. Y las barcas eran un lujo para nosotros, normalmente íbamos al barco, que era más barato. ¡Menuda aventura! Esa vuelta a todo el estanque pudiendo ver los peces más de cerca, los patos que se asustaban, las barcas al lado mismo, las orillas de tierra que se bordeaban con ramas de árboles que te rozaban... ¡Aquello era como hacer una excursión por el Amazonas!

Este es el estanque visto desde el paseo, en una tarde tranquila.
 
Y esto lo mismo, pero en una fría mañana de invierno y más bien prontito.
 
Los atardeceres pueden ser tan románticos como éste. ¿A que parece un cuadro?
Y hasta por la noche es una preciosidad.


¡No me digais que el estanque no es bonito a todas horas! Pero ¿cuando se hizo este estanque? ¿a quién se le ocurrió la idea?

Pues el estanque es muy antiguo, de tiempos de Felipe IV, o sea del siglo XVII, concretamente del año 1634, que fue cuando lo construyó el arquitecto D. Cristóbal de Aguilera que lo llamó “Estanque Grande”. El citado rey y sus nobles se lo pasaban “en grande” aquí, porque no solo era un estanque donde navegar y pescar, sino que también había una isla en el centro donde se hacía teatro. Del estanque salía un canal navegable que, como si fuera un río, iba por el Paseo de Coches hasta la plaza del Angel Caído donde había otra islita en la que estuvieron la ermita de San Antonio de los Portugueses y la Real Fábrica de Porcelana de la China.

Y por aquí iban los reyes y sus amigos en barcos tipo góndola o falúa hechos con maderas preciosas y adornos de seda, de cristal, de oro y de plata. ¡A lo grande! Incluso con cuadros de pintores tan famosos como Zurbarán. Como no había "música enlatada", contrataban a una orquesta para que fuera en un barquito a su lado tocando las canciones de moda.

Esta es una falúa de verdad, de las de Felipe IV, que está ahora en el Museo de Falúas de Aranjuez, aunque aquí la vemos como si fuera por el estanque.


Pero no solo se daban paseitos, sino que también se dedicaban a organizar batallas navales de mentira, como hacían los romanos hace dos mil años.

En este grabado de la época se representa una de estas "batallitas". Las casitas de alrededor eran "pescaderos" para que los nobles pudieran dedicarse a este deporte. Otras eran embarcaderos donde además se guardaban las norias que subían el agua de los pozos.


En el siglo XIX, concretamente en 1817, Fernando VII mandó construir un embarcadero mayor (que diseñó un tal Isidro González Velázquez, arquitecto) con un arco enorme por donde entraban y salían los barcos reales. Ya puestos, también hizo obras como la barandilla que rodea el estanque, que va sobre pilastras de piedra de Colmenar, nada menos.

Que es este que vemos aquí y donde llegó a haber veladores para cenar y una chocolatería, además de regatas, fuegos artificiales y, ¡cómo no!, paseos en barca.


Durante el reinado de la hija del rey, Isabel II, el estanque se abrió al público (en el verano de 1867) y se empezaron a alquilar barcas de remo colectivas conducidas por remeros que tenían que saber nadar, porque si no, no se les contrataba. Y también se alquilaban canoas, bicicletas acuáticas y hasta un pequeño barco de vapor. Todo lo llevaba un empresario llamado Carlos Sanz Múgica, que era de Bermeo y organizaba alguna que otra regata de traineras.

Tal fue el éxito que hubo que hacer otro pequeño embarcadero:

¡Y menudas colas se formaban para “hacerse a la mar”!
Con la nieve las cosas se ponían peor para navegar. Al fondo vemos el flamante nuevo embarcadero de madera.


En 1902 empezaron las obras del monumento a Alfonso XII, para el que se eligió justo el lugar del primer embarcadero. Así que hubo que apañarse con el supletorio hasta que se hizo uno de madera, pintado de verde y amarillo, situado donde el actual y que duró hasta 1926. En 1927 se inauguró el de piedra que se conserva hasta hoy.

El caso es que para hacer tanto los embarcaderos como el monumento a Alfonso XII hubo que hacer equilibrios...

Como los del famoso acróbata francés Charles Blondin, que cruza el estanque del Retiro en 1868. Al fondo se ve el embarcadero que mandó construir Fernando VII.
Aquí vemos a otro acróbata cruzando el estanque mientras se construía el monumento a Alfonso XII. Estas fotos montadas de forma tan artística están en la caseta de la Chopera.

Y ahora unas fotitos de los dos últimos embarcaderos, el de madera y el de piedra:

Embarcadero de madera (en verde y amarillo) que se utilizó hasta 1926. Aparte de las barcazas, donde la gente ya podía remar por su cuenta, había un barquito que te daba "dos vueltas", como vemos en el cartelito de la foto de la derecha.
   
Barcaza “fueraborda”, con timonel sabiendo nadar y uniforme de gorra de plato, donde están muy felices estos señoritos y señoritas de 1914, que es cuando se hizo la foto.
 
Después, el Ayuntamiento encargó al arquitecto Bellido este embarcadero de piedra, que se inauguró en 1927.
El edificio no está mal, tiene su balaustrada y sus columnas de tipo dórico. Y un reloj moderno para que la gente sepa cuando tiene que dejar la barca.
Porque si no había gente que se escaqueaba, se estaba más tiempo del debido y se perdía por zonas como esta, desde donde salían a tierra y se iban tal cual.
Eso no podías hacerlo si ibas en el barquito de la "Obra Sindical de Educación y Descanso", que es donde solíamos subir mis papis y yo.
Y si secaban el estanque para limpiarlo, tampoco, claro. Aquí se puede ver que la profundidad es muy poca, casi se hace pie.
   
Pero en verano las cosas cambian, y se puede desde navegar en piragua y hasta darse un chapuzón, como hicieron los del Club Canoe en 1930.
La nieve o el hielo tampoco favorecían la navegación...
 
En los años 60, que es cuando yo iba, sí que se navegaba…en estas barcazas de madera.
 
Pero por la mañana prontito no navegaba ni el tato, y el estanque estaba como una balsa de aceite.


Hoy día, desde las barcas o desde la orilla, te puedes encontrar gentes como estas:

Desde lejos me parecieron patos, pero enseguida me di cuenta que no, que eran auténticos cormoranes que se pasan por aquí por las mañanas a desayunarse unos pececitos.
   
Inconfundibles sus aleteos, sus zambullidas y sus siluetas.
Y su eficaz manera de zamparse estos "desayunos".


Y ya de paso os contaremos algo sobre la vida y milagros de estas aves tan curiosas. Se llaman cormoranes grandes o negros (Phalacrocorax carbo) para distinguirlos de los moñudos, que son algo más pequeños, de plumaje más verdoso y con unas plumitas en lo alto de la cabeza a modo de cresta. Viven en las costas atlánticas de Europa y Norteamérica y, en concreto, estos que se pasan por aquí vienen del norte europeo. Aunque bucean muy bien y pueden sumergirse hasta medio minuto, sus plumas no son totalmente impermeables, por lo que es típico verles al sol con las alas extendidas para secarlas.

Comen peces y les gustan mucho las anguilas aunque en el estanque del Retiro se limitan a las carpas o algún otro pececillo que ande por allí. Hacen los nidos a base de algas, hierbas y sus propias "caquitas", bien en las rocas de los acantilados o en los árboles, poniendo de tres a cuatro huevos. Suelen ir en grupos y, a veces, hacen tácticas para rodear a los peces y pescarlos mejor. Algunos pescadores chinos son más listos y les ponen tiras de cuero en el cuello de forma que no se puedan tragar los peces y les usan como "cañas vivientes". Pero para eso tienen que domesticarlos primero, claro, y eso no es tan fácil, hace falta mucha paciencia y bastante tiempo.

Los cormoranes no son las únicas aves que podemos ver en el estanque. Allí siempre hay algunos patos salvajes (Anas platyrhynchos) que son muy felices:

Esta es una "parejita feliz" que intenta que las carpas no les quiten el pan, sobre todo el macho, que es el que lo tiene más crudo.
Y esta una hembra que está peleando otro trozo de pan con esta carpa.


Las palomas y los gorriones siempre están por aquí a la espera de que alguien eche comida a los peces, porque "algo caerá".

Aunque tú les quieras dar de comer a los peces, siempre caerán fuera unas miguitas o trocitos que palomas y gorriones aprovechan enseguida.
 
Y si la cosa se complica os pueden quitar el bocata o lo que llevéis de comer.


Pero nuestros "clientes" favoritos son los peces, sobre todo las carpas, que "chupan" los trozos de pan con sus bocazas, haciendo unos ruidos como cerditas:

Si el pan está todavía duro las "tías" pasan...
Pero cuando ya se pone blandito hay tiros…


Las gaviotas también suelen andar por aquí:

Esta parece ser la llamada "sombría" (Larus fuscus) por su plumaje grisáceo con parte negra en la cola. Estaba así de feliz una buena mañana de marzo, solita enmedio del estanque.


Las gaviotas sombrías son muy migradoras y capaces de volar miles de kilómetros al año. Vienen del norte de Europa hacia los países más cálidos para huir de los fríos invernales. Aquí suelen entrar por Portugal y se distribuyen por todo nuestro país, sobre todo en las costas, aunque pueden remontar los ríos buscando zonas húmedas, hasta incluso el estanque del Retiro. Las que se quedan en levante anidan en los arenales, pero las que prefieren las costas de montaña lo hacen entre las rocas, donde buscan algo de vegetación.

Si miramos hacia arriba, podemos ver sobre el estanque siluetas como esta:

Cigüeña que se pasea majestuosa por los cielos del estanque.


Sí, son cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) a las que les gusta el Retiro y, de vez en cuando, se dan una vueltecita por aquí.

¿Qué os puedo contar de las cigüeñas que no sepáis? Pues que el otro día una cuñada mía comentaba como mi suegra le dijo que a mi mujer la había dejado la cigüeña entrando por una ventana. ¡Y se lo creyó! Esto era normal hace unos años, aunque yo no recuerdo haberme creído esta leyenda cuando era pequeño.

Las cigüeñas siempre han sido bien consideradas en nuestro país porque, aparte de "traer a los niños", suelen ser inquilinas de las iglesias y los ayuntamientos, o sea, que están con los poderes, y eso siempre es un punto a favor.

Pero no siempre hacen allí los nidos, sino que muchas veces eligen árboles altos para hacerlos. Suelen usar el del año anterior, al que llega primero el macho y empieza a arreglarlo. Vienen de África (por el estrecho de Gibraltar) a donde se suelen ir en el invierno, pero también pueden venir de otros sitios como Alemania o países cercanos y algunas se quedan a vivir aquí. Los machos a veces tienen que luchar por el nido con otros que no lo tienen y pueden resultar heridos o muertos. Luego llegan las hembras, que siempre es la misma para cada macho. Si alguno de los dos ha muerto, el superviviente busca a alguien más joven que crie por primera vez.

La hembra también acondiciona el nido, procurando que estén bien puestos los palitos, el barro, las plumas, etc. y que tenga un buen drenaje para que no sea inundado por el agua de lluvia.

El noviazgo es muy curioso por las posturas que ponen, así como por el ruido que hacen con el pico y que se llama "crotoreo". La hembra pone de 3 a 5 huevos que incuba por la noche en exclusiva, siendo relevada por el macho por el día. La incubación dura poco más de un mes. Los polluelos son alimentados por ambos padres, quedando uno de ellos siempre en el nido. Les dan lo que cazan o encuentran (ranas, peces, culebras, frutos, restos de comida, etc.), casi siempre a medio digerir, devolviéndolo en el nido. Un poco asqueroso, la verdad, pero a los polluelos les gusta y se lo comen. A los dos meses ya vuelan pero suelen volver al nido a dormir. Pasados entre tres y cinco años se convierten en adultos y empiezan a buscarse la vida.

Pero volvamos a las carpas que son las protagonistas de las aguas del estanque, un poco sucias, pero ellas lo llevan bien porque son animales muy resistentes.

Este es un ejemplar de tamaño considerable, de la variedad "real" (de escamas grandes), intentando respirar mejor a ras de agua.


Tanto que yo tuve una en casa de mis padres casi un año. La había pescado mi padre en un pantano y llegó a casa prácticamente muerta. Pero yo vi que movió una "agalla" y empecé a echarle agua del grifo. Cada vez respiraba más y revivió del todo en la misma pila de la cocina. Luego la trasladé a un barreño, pero terminó viviendo en la bañera, de donde había que sacarla cada vez que nos duchábamos. Comía pan de la mano y le cogí mucho cariño, pero aquello era complicado, así que un día nos cogimos el 600, nos fuimos al río Tajo y la soltamos allí. ¡Vaya aventura para la pobre carpa!

Estas carpas del estanque son de la especie "europea" (Cyprinus carpio) aunque provienen de Asia. Hoy día las hay en todas partes porque se adaptan muy bien a condiciones difíciles como son aguas poco profundas y con no demasiado oxígeno. Se la considera "especie invasora" porque se come todos los vegetales del fondo y deja sin comida a otros bichitos. Y es que comen de todo: peces, renacuajos, insectos, restos de comida o incluso animales muertos. Pueden llegar a pesar 40 kilos y a medir más de un metro, pero lo normal es que midan algo menos y pesen 8 ó 9 kilos, que ya está bien. Viven bastantes años, pudiendo sobrepasar el medio siglo, pero lo normal es que vivan unos 15 o 20 años, que no está nada mal. Las hembras ponen unos 300.000 huevos en plantas acuáticas y los machos los fecundan. Las carpitas son muy pequeñas pero muy espabiladas, y a los 4 años ya pueden reproducirse.

Aparte de la común también hay una variedad que es la carpa real, que tiene escamas más grandes y brillantes que las hace distinguirse muy bien de las otras.

Tenemos otros peces en este estanque: los "carpines rojos" (Carassius auratus), que son los típicos "peces de colores" de los acuarios:

No se me puede felicitar por la foto, pero por lo menos os podéis dar cuenta de que en el estanque hay estos carpines, que son los puntitos rojos, claro.


Otros "habitantes" del estanque son las gentes que alquilan las barquitas como hacía yo cuando era pequeño y luego para pasear con Charo y Diego.

Y como hacen todos estos que disfrutan de lo lindo montados en las barquitas.
Siempre hay que mirar el reloj del embarcadero para no pasarse de la hora.
Y si te pasas de tiempo, no vale acercarte a la orilla, dejar la barca y salir corriendo... ¡eso queda muy mal!
No se puede uno poner de pie...
Se puede ligar y eso, pero no hacer "abordajes”.
Porque luego viene el señor de la canoa y te echa la bronca.
Lo mejor es un tranquilo paseo familiar.


Pero hay quién se lo toma más en serio y deciden hacer deporte en estas aguas: son los socios del "Club de Piragüismo Vallehermoso-Retiro".

Que puede ser en plan deporte duro pero con tranquilidad, como hacen estos jóvenes en la modalidad de "Turismo Náutico".
Con la puesta de sol la cosa ya es una gozada.
O más animado, como estos otros que se empeñan en meter una pelotita en una extraña portería elevada. Y todo a base de palazos o jugadas de balonmano. Este deporte se llama "Kayak-Polo".
¡Aquí sí que hay remojones y naufragios!
Lo malo es cuando se mezclan con los que van tranquilamente en su barquita...


Pero tanto unos como otros necesitan salir de un embarcadero:

Este es el de los piragüistas del Club Vallehermoso-Retiro.
Que entran y salen de sus piraguas “como Pedro por su casa”.
Y este es el otro, el de las gentes de "a pie", bueno de “a barca", incluido el barquito solar.
Aquí vemos el primero desde el segundo, con las barquitas alineadas y los "gancheros" esperando clientes.
Vista lateral del segundo, con las barquitas en primer plano y los cedros, árboles del amor y plátanos en la orilla.
En cuanto llegas “te pescan" con esos palos terminados en ganchos.
Y si hace mucho sol tienes derecho a sombrilla, faltaría más.


En este embarcadero me pasó una anécdota yendo con Diego cuando era pequeño. Al salir le dice el ganchero: "Dale la mano a tu abuelito, a ver si se va a caer". Todavía nos estamos riendo, pero en ese momento no me hizo tanta gracia.

Y ya no podemos seguir sin hablar del famoso "barquito", al que tanta ilusión me hacía subir de niño:

Y que se dedica a dar dos vueltitas al estanque, más bien cerca de las orillas.
Ahora es "solar" que da gusto, porque el antiguo olía a gasoil que no veas.
A mí también me encantaba ir en la proa al lado del conductor.
Entre semana no creáis que hay tanto público y el barquito se tiene que dar alguna que otra vuelta de vacío.


En primavera y verano suele haber en el estanque unos fuegos artificiales, con música incluida, que son espectaculares:

El estanque y alrededores se ponen de bote en bote, y no es para menos…
¡Cuidado, tapaos los oídos que la cosa tiene sus decibelios!


Pero no hay duda que lo más espectacular del estanque es el monumento que se hizo a la memoria del rey Alfonso XII. Esta idea surgió en las Cortes en 1887, justo dos años después de haber muerto, pero se fue dejando hasta que en 1901 el exministro D. Francisco Romero Robledo lo propuso a su viuda, la reina regente Doña María Cristina. La intención era hacer un monumento no solo al rey, sino a la Patria en general.

En principio se lo encargaron al escultor Mariano Benlliure, pero la Sociedad Central de Arquitectos y la Academia de Bellas Artes de San Fernando se opusieron, así que se abrió un Concurso para elegir el mejor proyecto y se llevó el gato al agua el arquitecto D. José Grasés Riera, una de cuyas obras contemplo cada día por la ventana de mi despacho, que da al jardín de la Sociedad General de Autores realizada por él y no por Gaudí, como mucha gente cree.

Y fue a este arquitecto a quién se le ocurrió colocarlo aquí, porque se pensaban otros sitios, desde las plazas de Cibeles o Neptuno, la de la Opera o incluso la Puerta del Sol. Para ello había que quitar el embarcadero de Fernando VII, cosa que se hizo, como antes hemos contado, pero así se evitaba la tala de árboles. El señor Grasés Riera se inspiró en un monumento que se había hecho hacía poco en Berlín como homenaje al emperador Guillermo I.

La primera piedra se colocó el 18 de mayo de 1902 y lo hizo el hijo del homenajeado, D. Alfonso XIII, que había jurado la Constitución el día anterior, con su mayoría de edad recién estrenada. A este acto fueron no solo las autoridades españolas sino muchas delegaciones extranjeras que habían venido para la jura.

En esta foto de principios del siglo XX vemos cómo iban las obras.


Pero "las cosas de Palacio..." y una vez empezado el monumento, al poco tiempo empezaron también las pegas. El Ministerio de la Guerra tenía que ceder el bronce para las estatuas, pero se retrasaba, lo mismo que los sueldos de los obreros y artistas que participaban en el proyecto. Total, que se tardó nada menos que veinte años en terminarlo: se inauguró el 3 de junio de 1922, pero el arquitecto había muerto tres años antes.

Así quedó recién inaugurado: la gente pasaba cerca con sus barquitas pero fijaos que no había barandilla en las escaleras. Y si os fijáis más veréis como lo de las barquitas es un montaje…


Por cierto, que el citado señor Grasés Riera, D. José, fue un importante arquitecto nacido en Barcelona en 1850, que se trasladó a Madrid donde hizo edificios notables. Por ejemplo el llamado de "La Equitativa", una compañía de seguros que luego lo vendió al Banco Español de Crédito donde trabajó mi padre (así como gran parte de mi familia) durante 40 años. Este edificio, entre las calles de Alcalá y Sevilla, es donde íbamos todos los días de Reyes a por los juguetes que éstos nos dejaban a los hijos de los empleados. Ellos asistían personalmente en el patio del público a un espectáculo con presentadores de la radio y números de circo de lo mejorcito del Price. ¡Qué tiempos!

También proyectó el Teatro Lírico de la calle del Marqués de la Ensenada, que se terminó cuando se empezó a hacer lo de Alfonso XII. Luego se incendió y fue la primera sede del Liceo Francés, siéndolo ahora del Consejo General del Poder Judicial.

Con rasgos barrocos y algo de estilo rococó, diseñó el Palacio de Longoria en la calle Fernando VI, por encargo del financiero Javier González Longoria. También se terminó en 1902 y se tardó en hacer dos años. Se vendió en 1912 a la Compañía Dental Española por 500.000 pts. (algo menos de 3.000 €) para que viviera allí su presidente. En 1946 sus herederos lo vendieron a una empresa llamada “Construcciones Civiles”, que a su vez lo volvió a vender a la SGAE por 5.000.000 de pesetas (unos 30.000 €). Lo estoy viendo ahora mismo, según escribo esto, porque como os decía, mi despacho da a su patio.

Pues esto es lo que veo desde mi ventana. No está mal, ¿verdad?


Además, Grasés Riera intervino en importantes proyectos urbanísticos de Madrid como el llamado "Proyecto de la Gran Vía Norte-Sur", así como en la construcción de monumentos como el dedicado a Cánovas del Castillo en la Plaza de la Marina Española o el mausoleo de Federico Chueca en la iglesia Sacramental de San Justo.

Pero volvamos al monumento a Alfonso XII que, en la zona que da al estanque, tiene una escalinata que forma un semicírculo y está dividida en cinco partes por pedestales donde hay un león arriba y una sirena abajo.

Y este el monumento homenaje a Alfonso XII.
 
Que vemos aquí desde muy arriba (¡gracias a un drone!) con el estanque delante y los parterres detrás.


Si entramos por el Paseo de Chile nos encontraremos con dos columnatas, cada una en un cuarto de círculo: en total 76 columnas, distribuidas en filas dobles de 19. Al bordear la de la izquierda nos encontramos dos leones en sendos pedestales:

Los leones están pintados de verde, aunque son de bronce, igual que la estatua negra en el extremo de la columnata, que luego veremos con detalle.


Nos centramos ya en el primero de los leones:

Realizado por José Campany, lleva encima un angelito y una guirnalda de flores a modo de brida.


Un poco más a la derecha vemos el segundo:

 
También con su angelito a cuestas, es obra de Eusebio Arnau.


Si miramos hacia el estanque, veremos los cuatro leones a cuyos pies están cuatro sirenas:

Los cuatro leones, que no dejan de mirar al estanque. Y un guitarrista que andaba por allí y que mira a las turistas sentadas en las escaleras.


Vemos el primero y su correspondiente sirena:

Esta sirena está sobre un "pez gordo" al que le sale un chorrito de agua por la boca.
 
El león está muy bien, muy en su sitio, lo hizo el escultor barcelonés Agapit Vallmitjana y Abarca, aunque no se lee muy bien en la escultura.
La sirena cabalga encima del pez mientras se sujeta “un mechón de su cabello”.
Ahora no le sale chorrito de agua al pez, pero vemos la sirena más de frente.
Por la tarde la zona se vuelve de lo más amorosa...
 
La escultura la firma Antonio Coll.


Vamos ya con el segundo conjunto león-sirena:

Con este señor pensativo en primer plano y una parejita "al pie de los leones".
 
Este segundo león es obra de Pedro Estany, autor también de toda la columnata.
Esta sirena no se anda con tonterías y se dispone a atizarle con un bastón rematado por una caracola a esta pobre cigala o langosta sobre la que cabalga.
Parece que fue diseñada por Antonio Parera, como demuestra esta inscripción en la propia escultura.
Aquí la vemos desde el otro lado.
Este es el gatito que salía en la foto de arriba y que debe de vivir por aquí.
Hace años estaba igual, pero con un candadito en el bigote de la cigala que algún enamorado puso como prueba de su eterno amor.


Y ya vamos por los terceros:

El león es como los otros y la sirena va montada sobre un pez. A todo esto las gentes tomaban el sol tan ricamente.
 
Como puede leerse en la peana, el león lo diseñó Pedro Estany.
La sirenita está muy feliz sobre este "pez gordo", escuchando el sonido de una caracola.
El diseñador fue Rafael Atche, como pone en la aleta izquierda del pececito.
Desde el otro lado del estanque vemos estas estatuas rodeadas de gentes que contemplan la puesta de sol en las escalinatas. Son trece peldaños la que llega hasta el agua y diez la que sube al monumento.
Desde la derecha podemos ver la caracola que os decía.


Por último nos falta el cuarto león y su sirena, que va sobre una tortuga:

Desde el otro lado del estanque se ven así, con los reflejos dorados del atardecer en la columnata del fondo.
Aquí están más de cerca, con este colega que no deja su bici, y hace bien porque en el Reti las bicis vuelan...
Como el primero, es obra de Agapit Vallmitjana Abarca, que aquí se lee mejor el nombrecito.
Mejor aún se lee el nombre de la Fundición que, en el año 1999, hicieron en bronce estos leones igualitos que los de piedra que había al principio.
Esta sirena, muy elegante ella, tiene puestas sus posaderas sobre un enorme galápago o tortuga gigante, a la vez que toca el arpa.
En el costado izquierdo del caparazón de la tortuga vemos la firma de Antonio Alsina.
En este perfil derecho podemos ver con detalle el arpa, sin cuerdas, claro, en el que tomaba el sol este gorrioncito (macho, por más señas).


En el muro de piedras de granito hay dos orificios grandes por los que sale agua a unas conchas a modo de pilas:

Este es el de la parte derecha, según se mira desde enfrente.
En este momento no salía agua.
Y este el de la izquierda.
Es igual que el otro, pero aquí si sale agua.


La balaustrada de piedra es una maravilla, y tampoco hay que perderse los jarrones que hay en los ángulos:

Balaustrada de piedra con algún jarrón y los dos leones con niños que nos faltan.
Jarrón de piedra (este no se rompe tan fácilmente), en uno de los extremos de la balaustrada.
“Cuando la nieve tiende su manto…” esto queda así. Bonito, ¿verdad?


Nos fijamos ahora en los leones que hay de espaldas al estanque.

Con la estatua dedicada a las Artes al fondo, vemos este león con dos niños debajo de cuyo pie estaba escrito el nombre de Antonio Bofill… que alguien debió de borrar porque no se lee nada.
Este otro ya casi está en el parque, junto a un plátano de sombra y un eucalipto. Su autor es Francisco Escudero, como puede leerse en su base.


Empezamos ahora el recorrido por la columnata, lo que hacemos por esta parte:

Esta es la cuarta parte de la columnata que da a la zona de Casa de Vacas. Podéis contar que hay 19 pares de columnas, que son de tipo jónico.


Lo primero que nos encontramos es una estatua de una señora sentada:

Y otra de pie que estaba haciendo turismo.
Representa a "Las Artes" y la hizo Joaquín Bilbao. Tiene una reproducción de la Victoria de Samotracia en la mano, que simboliza la Escultura y, en la izquierda, una paleta de pintor por aquello de la Pintura, claro. Lleva un manto (que aquí suele hacer fresquito por el estanque) y una corona de laurel en la cabeza.
En la pared que hay por encima de su cabeza vemos unos angelitos, uno tocando la flauta y otro dando saltitos.
La señora, de frente.
Copia de la famosa escultura griega que simboliza una victoria naval y cuyo original (que es de gran tamaño y con alas) se encuentra en el museo del Louvre.


Y ahora veremos primero los escudos que hay por la parte de fuera, pero antes el pabellón el escudo y los adornos del primer tramo:

Este es el pabellón con forma de cúpula donde parece ser que había esculturas dedicadas a la Fama y la Victoria.
Un poco más abajo aparece este escudo con adornos de flores alrededor y corona encima. Se puede ver el estilo jónico de las columnas, con sus típicas volutas en forma de caracol.
En el escudo está la efigie de D. Fernando el Católico rodeado de castillitos.
El adorno de hojas en forma de orla, que va debajo del escudo, también es bonito.
Esta es la misma parte de arriba pero vista de frente, con un águila imperial con sus alas abiertas.
Y más abajo un antiguo escudo de Madrid, en concreto de 1842, con un dragón a la izquierda y el típico oso con el madroño rodeado de las siete estrellas de la constelación llamada "Osa Menor". Debajo hay una coronita.


Y empezamos ya a fijarnos en los escuditos que hay a lo largo de toda la columnata; primero los de fuera:

Que vemos aquí en perspectiva.


El primero es el de Ciudad Real, donde nació mi padre, concretamente en Valdepeñas. Allí puso mi abuelo una tienda de las llamadas "de Ultramarinos" porque tenían productos traidos de "allende los mares", como por ejemplo el bacalao en salazón. Una riada y la falta de pago de los clientes les hicieron cerrar la tienda y emigrar a Madrid donde mi abuelo se hizo jefe de estación del Metro y mi padre empezó a trabajar de "aprendiz" siendo casi un niño. Y así fue como aprendió un montón de oficios: fontanero, carpintero, mecánico, electricista, etc., aunque terminó siendo empleado de banca.

Los niños recogiendo y prensando las uvas ya nos dan una pista de que este primero es el de Ciudad Real, la tierra de mi padre.
Este señor que está sentado en su trono y rodeado de castillitos es nada menos que D. Alfonso X, El Sabio.


El segundo pabellón es el de Córdoba, donde nos encanta parar a ver la Mezquita, pasear sus calles, ver sus patios y degustar el salmorejo y el rabo de toro.

Córdoba: patria de artistas, pintores y escultores que es lo que son estos dos niños.
León rampante (o sea, de pie), con corona y rodeado de castillos y otros leoncitos, rampantes y "sin rampar", eso es lo que muestra el escudo cordobés.


Desde que Diego se nos hizo del "Depor" empezamos a ir a La Coruña y a recorrer Galicia que nos entusiasma por todo: buen clima en verano, monumentos, paisajes, gastronomía y sus gentes, que son encantadoras.

Los niños echan amarras y recogen redes de pesca en este "rincón coruñés".
El escudo de La Coruña tiene la Torre de Hércules en el centro, con la luz del faro y un libro arriba y todo rodeado de conchas de vieras. La calavera y los huesos de la base son los de Gerión, a quién Hércules iba persiguiendo desde Cádiz y consiguió liquidar en "A Coruña", por lo que hizo la famosa torre a donde tantas veces hemos subido.


De Cuenca son famosas las "casas colgadas" pero, si la visitas, te quedarás "colgado/a" de otras muchas maravillas que hay por allí.

El niño de la izquierda está disfrazado de romano, no en vano Segóbriga es uno de los sitios donde más ruinas romanas hay, no solo de Cuenca, sino de toda España. El de la derecha está feliz con una caja de madera y un misterioso paquetito.
El escudo de Cuenca tiene un cáliz de oro que es el de San Mateo, al haber sido reconquistada por D. Alfonso VIII de Castilla justo ese día. La estrella de 8 puntas recuerda a los reyes de Castilla, Aragón y también al señor de Albarracín, que intervinieron en el cerco de la ciudad.


Vitoria es la capital de Álava, preciosa provincia con increíbles paisajes y llena de historia.

El niño de la izquierda tiene un cesto lleno de peces y el de la derecha está con un barco de juguete. Lo único que Vitoria no tiene mar…¡no entiendo nada!
De hecho el escudo de Vitoria es un castillo sobre dos leones, nada que ver con el mar...


Granada es una de las ciudades más interesantes de España y siempre que podemos paramos y hacemos una visita a la Alhambra y al Generalife. Pero no os perdáis Sierra Nevada o las Alpujarras.

Más sentido tienen los planos que hace el niño de la izquierda y la vasija que fabrica el de la derecha, pues en Granada se construyó esa maravilla llamada Alhambra y es típica también su alfarería.
En su escudo están los Reyes Católicos sobre un castillo con bandera, que representa la Torre de la Vela, y a la derecha una granada, fruto del árbol. Todo ello rodeado de castillos y leones.


En Guadalajara tengo una parte de mis raíces ya que fue el primer sitio donde fui de "veraneo" con mis tíos maternos Pilar y Andrés. Todavía recuerdo que un día mi padre fue a pescar ranas que trajo en un pañuelo con cuatro nudos, y un primo mío las soltó por toda la casa. Son esas cosas que se recuerdan siempre. Luego he tenido ocasión de ir con frecuencia y vivir en directo el señorío y la nobleza de esta ciudad, tan cercana a los madriles. Y la provincia, que es enorme, es también grande en arte, paisajes, gastronomía, y muchas más cosas.

Aunque no lo parezca, el chaval de la izquierda está segando, con una hoz en la mano derecha y un haz de mieses en la otra. El otro recolecta uvas en un canasto, ambas típicas labores de los campos de Guadalajara.
Wadi-I-Hiyara era la ciudad árabe que se ve al fondo del escudo y que, gracias a la actuación guerrera de Alvar Fáñez, el de Minaya del Cantar de Mío Cid (a caballo) y sus huestes (a la derecha), se convirtió en la citada ciudad alcarreña una noche de San Juan del año 1085.


Girona para mí es aún desconocida, pero tengo ganas de conocerla, de momento me conformo con ver su "pabellón" en el Retiro, donde las palomas han aprovechado para anidar.

Los niños que rodean el escudo parece que están el primero con un huso y una rueca, hilando, y el segundo quitando los granos a una mazorca de maíz. Estamos hablando de la muy noble ciudad de Gerona o Girona.
El escudo es así de simple, con esas barras verticales y esas otras onduladas enmedio.
Y encima de la corona las palomas han aprovechado para hacer este nidito de amor.


Damos la vuelta al mapa y nos vamos justo al otro extremo, donde está la ciudad de Huelva, entre los ríos Tinto y Odiel, capital de una provincia donde se encuentra esa maravilla de la naturaleza llamada Parque de Doñana.

En el escudo de Huelva los niños que lo bordean llevan un pico y un martillo que golpea sobre un yunque. Las minas de hierro y cobre (que hace "tinto" al río) fueron famosas en esta época.
El escudo lleva un árbol, un ancla y un castillo con la leyenda "PORTUS MARIS ET TERRAE CUSTODIA" que significa "Puerto de mar y defensa de la tierra". Por algo los onubenses tuvieron mucho que ver en el descubrimiento de América.


El último pabellón de esta serie es el de Huesca, ciudad que aún no he tenido la fortuna de visitar, cosa que espero hacer a la primera oportunidad, dada además la simpatía que siento hacia todo lo aragonés.

Un escritor y un lector, esos son los niños que rodean el escudo de Huesca, no sé si será por Miguel Servet o por Ramón J. Sender, ambos oscenses de pro.
Escudo donde vemos un caballero con armadura y una inscripción "V.V. OSCA" que responde a "URBS VICTRIX OSCA", que significa "Huesca ciudad victoriosa". Parece ser que este título se lo dio nada menos que Julio César por haberle ayudado esta ciudad en la batalla de Lérida.


Y estos son los diez escudos (con sus veinte niños acompañantes) de esta parte externa de la columnata. Vemos ahora los que hay por dentro, pero antes lo que se ve del primer tramo:

   
Pabellón en forma de cúpula donde parece ser que había esculturas dedicadas a la Fama y la Victoria. Pero hoy también están bonitos así.
Debajo vemos este escudo con adornos de flores alrededor. Se puede ver el estilo jónico de las columnas con sus típicas volutas en forma de caracol.
El escudo parece ser de Castilla y León...
Otra vista general de esta pared con columnas pegadas y una especie de gran medallón en el centro.


El primero está dedicado a Castellón, cercana a Benicasim, donde hemos pasado muy felices vacaciones en sus magníficas playas, de las mejores del país.

La pintura y la escultura son las dedicaciones de estos niños castellonenses, que son muy habituales e importantes en estas tierras.
Este escudo es el de 1843 y tiene que ver con la lucha de Castellón en las guerras carlistas. Como veis, tiene un castillo de tres torres y tres puertas. En el centro hay un perro que persigue a un lobo que huye. Todo ello sobre un escudo de cuatro barras.


Cádiz, perdón "Cái", como diría mi amigo "el pisha", es uno de nuestros lugares preferidos. La gente es la más graciosa de toda España, pero es que llevan la "grasia metía en el cuerpo", no lo pueden evitar. Y luego sus playas, otra vez Doñana, sus vinos, sus frituras, en fin...

Estos niños son marineros, el de la izquierda parece manejar un timón y el otro una soga de amarre. Es lógico tratándose del escudo de "la tacita de plata", ciudad marinera donde las haya.
Aprovechamos para enseñaros la cabeza de león que se repite en toda la columnata; pero esas dos palomas con el cuello vuelto a la vez son irrepetibles…
Fundada en el 1110 a. C. por los fenicios, Cádiz se empezó a llamar "Gadir" que significa "ciudad amurallada". Después los romanos la llamaron "Gades" (como Antonio...) y los árabes "Qádis". En el escudo aparece Hércules como "Dominator" y "Fundator", acariciando a dos leones que están de pie.


Vamos a Cáceres todos los años a ver a nuestros amigos Mar y Jesús (ver foto en Casa de Vacas) que tienen una finca cerca de Madrigal, en las estribaciones de Gredos. Es un sitio maravilloso en plena naturaleza de verdad, ideal para estar tranquilos y conectar con las raíces.

Mientras el niño de la izquierda prensa uvas (de la Ribera del Guadiana, claro), cuyos racimos vemos por las paredes, el de la derecha recoge con un pala los fosfatos cuyas minas fueron famosas en todo el mundo. Ahora parece que vuelven las de estaño.
Entre cada dos escudos hay estos lazos con flores y hojas de acanto que quedan de lo más propio.
El escudo está dividido en dos mitades, la del castillo y la del león. Y eso porque se empeñó Isabel La Católica en que así fuera y se acabaran las luchas entre castellanos y leoneses que se daban en esta ciudad.


León se ha convertido para nosotros en otra tierra de referencia a la que vamos habitualmente. Conocemos Ponferrada, Molinaseca, Santiago de Peñalba (donde hay una increíble iglesia mozárabe en el llamado Valle del Silencio), las Médulas (antiguas minas de oro romanas), Astorga y algunos sitios más. Particularmente somos fans de la comarca del Bierzo y degustadores del famoso "botillo", bien in situ o en el restaurante "Prada a tope", muy cerca del Retiro.

Donde no hay duda es en el "Pabellón de León" (como se decía en la Feria del Campo, años ha), donde los niños recogen mieses y recolectan uvas y en el escudo hay un león, como debe ser.
Este es el escudo más antiguo de España, que empezó a usar el rey Alfonso VI a finales del siglo XI.


Volvemos a Extremadura, esta vez a Badajoz, de la que conocemos la capital y Mérida, que es una preciosidad con su famoso teatro romano. De ahí es mi amigo de la infancia Angel Requena, del que guardo un gratísimo recuerdo.

Seguramente por Viriato, que fue vencido en Badajoz, el niño de la izquierda va "vestido" de romano, mientras el de la derecha sujeta unos ladrillos con una mano y un paquetito con la otra, no sabemos por qué.
El escudo de Badajoz es mucho más moderno, concretamente de 1868, y en él hay también un león de pie que se apoya en una columna donde pone "PLUS ULTRA" (“más allá”).


Ávila es hermana de Segovia, así que provincia también muy querida por mí. La he visitado y lo seguimos haciendo con frecuencia, bien a la capital tan bien amurallada y con esas exquisitas "yemas de Santa Teresa" o bien a algunos pueblos como Arévalo (al que iba en coche de caballo desde Santiuste cuando era niño), Hoyo de Pinares (donde veraneamos algunos años) o Navalperal de Pinares, donde mi padre solía ir a cazar.

El dibujo o la arquitectura (el primero) y la cerámica (el segundo) parecen ser las ocupaciones de estos dos chavales que flanquean el escudo de Ávila.
El escudo está dividido en dos partes; en la izquierda vemos un castillo y en la derecha la catedral con el rey Alfonso encima mientras que debajo pone "AVILA DEL REY", título que le dio este monarca que se crió aquí.
Aquí vemos todo el conjunto, con los adornos y cabezas de león que bordean al escudo y a los niños.
Más de cerca la cabeza de león y el adorno con lazo de tela, ramas, frutas y hojas de acanto, que se repite a lo largo de toda la columnata.


Con Almería he tenido mucha relación al ir por allí de forma asidua durante unos cuantos años. Aparte de la costa, he conocido su serranía, adusta pero con encanto, y allí pude conocer al primero al que se le ocurrió hacer un invernadero, ahora la gran "mina" almeriense.

La minería (el pico) y el trabajo de los metales (el yunque y el martillo) son a lo que se dedican estos jóvenes que rodean el escudo de Almería. Fueron famosas en el siglo XIX las minas de hierro, plomo y plata, y luego las de oro en Rodalquilar.
El rey Alfonso VII, aliado con los genoveses, reconquistó Almería a los árabes en 1147, adoptando como bandera la cruz de San Jorge, que es la que aparece en el escudo, rodeada por pequeños castillos, granadas y águilas.
Vista general de todo el "Pabellón de Almería", con cabezas de león, adornos de flores, frutas y capiteles jónicos.


El primer sitio de la provincia de Alicante que conocí creo que fue Villajoyosa, hace un montón de años. Después he ido por Altea, Calpe (con ese precioso parque natural del Peñón de Ifach), Benidorm y ahora Torrevieja donde tienen casa mis "cuñaos", Anun y Jose. La verdad es que toda la zona es una maravilla y no en vano son los lugares de veraneo favoritos de los madrileños.

La pesca y la construcción de barcos son las labores de los niños que rodean el escudo de Alicante.
El castillo es el actual de Santa Bárbara, que antes fue un alcázar árabe, y el montículo donde se asienta es el monte Benacantil. Por encima hay un escudo con las cuatro barras de Aragón. Así se representa a "Akra leuké" (monte blanco) como la llamaron los cartagineses, que pasó a ser "Al-laqant" para los árabes y que hoy llamamos "Alacant" en valenciano o “Alicante” en castellano.


Albacete siempre ha sido lugar de paso para mí, primero para ir a Almería y, sobre todo, a la zona de Levante; es una parada agradable, con buena comida y bonitos parques para darse un paseíto y descansar del viaje.

El niño de la izquierda sostiene en su mano derecha algo que no consigo saber que es, pero está sentado sobre un paquete atado con cuerdas y entre sus pies se ve una rueda dentada. Creo que esto tiene que ver con el carácter industrial de Albacete en el siglo XIX. El de la derecha quita los granos a una mazorca de maíz.
Albacete se empezó llamando "Al-Basit", que significa "llanura" en árabe. Su escudo tiene tres torres en difícil equilibrio y un murciélago arriba.


De Álava no conozco mucho, la verdad, pero si recuerdo haber pasado hace años por Vitoria, ahora Gasteiz, donde la comida era deliciosa, servida sobre todo por camareras, más numerosas que los camareros. Pero os hablo de hace bastante tiempo, supongo que ahora todo será muy distinto y me gustaría volver por allí y disfrutar otra vez de esos lugares deliciosos, como todos los del País Vasco.

Estos niños nos han salido uno escritor y el otro lector, lo cual tiene que ver con la fundación de la Universidad libre en Vitoria, 1868. Sí, claro, este es el pabellón de Álava.
Este escudo proviene de las llamadas Hermandades de Álava y representa un castillo de un pueblo llamado Portilla del cual sale un brazo con una banderita donde ponía "JUSTICIA". Este castillo se llamaba "de Ocio", no sé si porque no hacía gran cosa. A la derecha hay otro castillo sobre dos leones con un 2 en números romanos "II" que se refiere a Isabel II y dos cuervos que vuelan por encima. En realidad esta parte corresponde al escudo de Vitoria, que hoy se dice Gasteiz, que queda más moderno.


El final de esta columnata por dentro es muy parecido al del principio:

Lo vemos en conjunto por la parte de dentro.
Este "pabellón cupulado" y "cornisa escudada" son muy parecidos a los del otro lado.
Pero es escudo es distinto y, por cierto, no tengo ni idea de lo que representan estas casitas con palmeras.
Esto es lo mismo, pero visto desde la zona que queda entre ambas columnatas.
Y esto lo que se ve al entrar al monumento.
El escudo que se ve enmedio es este, a base de barras verticales, como el de Tarragona.
Por la parte de fuera nos fijamos en que el águila está "descabezada".
Y el escudo, rodeado de flores, laureles y corona es muy historiado: tiene castillos, leones, flores de lys, barras...pero no os puedo decir de donde es.


Aquí la figura en bronce está por dentro:

También tiene un par de angelotes entre las dos columnas planas del fondo y está de espaldas al Paseo de Chile, el de los cipreses, al que se dirigen estas dos jóvenes que suben las escaleras.
Es una muchacha joven que trata de taparse con un manto y fue realizada por el escultor José Clará en 1920 tal y como pone en la misma estatua. Dicen que representa a la Industria, pero yo la verdad que no le veo el parecido.
Al pie hay una inscripción en latín que dice: "LABOR IMPROBUS OMNIA VINCIT" ("El gran trabajo siempre vence") y al lado una referencia a los Fundidores de Madrid “MYR y FERRERO”.


Justo por detrás hay un par de esculturas pero de piedra:

Hacia las que se dirigían Charo y Diego en un mediodía soleado de Abril.
   
Si hubieran venido en marzo de 2012 se hubieran encontrado este blanco panorama.
Entre ambas custodian la entrada al monumento.
La marina es de Mateo Inurria (el de la calle), que esculpió dos marineros: un pescador con un timón y uno de guerra con una bandera.
El ejército fue obra de José Montserrat, que representó dos soldados: uno de infantería y otro de caballería.


Y pasamos ya a ver lo que se cuece en la segunda columnata:

Vista de perfil podemos ver a la izquierda las estatuas de los marineros y a la derecha otra de bronce, que ahora veremos. Todo ello rematado por el escudo de Barcelona y el águila bajo la cúpula, igual que en la otra columnata.
Por dentro hay una estatua de bronce y el resto es muy similar a las otras, con un escudo que tiene una cruz grande en su centro, similar al de Asturias.


Así que nos centraremos en la estatua de la Agricultura:

La vemos de lado y desde dentro; al fondo la escultura anterior.
Y de frente se ve el Paseo de Chile y el monumento a Martínez Campos.
Está sentada en un carro y va vestida de aldeana, con un manojo de espigas en la mano derecha y un aparato para construir pozos en la izquierda. La corona de laurel en la cabeza siempre queda bien. El autor fue José Alcoverro.


Y ahora vemos ya los escudos de las provincias que hay en este segundo tramo de columnas, primero por la parte de dentro:

O sea todos estos, que son otros diez.


Estos son los diez escuditos de la parte de dentro, el primero de Zamora, la patria chica de mi suegra Araceli:

El niño de la izquierda sostiene entre sus manos un artilugio que puede ser un timón de barco. A sus pies hay una soga, mientras el de la derecha está leyendo sentado sobre una pila de libros.
El escudo tiene en su lado izquierdo un brazo con armadura que simboliza el de Viriato, sosteniendo una bandera con franjas horizontales. Se supone que deberían ser nueve, pero el artista debió cansarse y puso solo seis. Las ocho primeras (de color rojo) simbolizarían las victorias de este héroe sobre los romanos y la última (verde) es la que los Reyes Católicos dieron a los zamoranos por su ayuda en la batalla de Peleagonzalo, en 1476, contra Juana La Beltraneja. A la derecha se representa el puente de Mérida que recuerda la conquista de esa ciudad por el rey Alfonso IX de León con soldados zamoranos.


El siguiente es el de Bilbao, lugar por el que pasé fugazmente hace mucho tiempo, de paso para Mondragón. Es una de las visitas que tengo pendientes porque entonces no había el Museo Guggenheim, entre otras cosas. Vemos su pabellón en el Retiro con las barandillas, sus jarrones y las cabezas de león:

Todo el conjunto queda muy bien con esta luz de una mañana de marzo.
Los niños se dedican a la la mineria, se supone que de hierro y carbón, pues en esta época la siderurgia era la principal actividad en Bilbao y alrededores.
Las siglas quieren decir "Muy Noble Muy Leal E INVICTA VILLA DE BILBAO", aunque ahora también se le llama "Bilbo". Se representa la Iglesia de San Antón y el río Nervión con dos lobos "flotantes" que son un símbolo de la Casa de Haro, fundadores de la ciudad.


Nos vamos ahora a Navarra, tierra que conozco poco aún, aunque eso sí los sanfermines no me los pierdo en la tele y madrugo religiosamente para a las ocho en punto ver el chupinazo y el encierro. También nos acordamos de Tudela por sus cogollos, pimientos, espárragos...y sus vinos ¡que delicia!

Estos niños dedicados a recolectar uvas y a hacer vinos son navarricos ellos.
El escudo de Navarra tiene unas cadenas que salen del centro donde se supone hay una esmeralda robada al rey Miramamolín en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 y que se encuentra en la Colegiata de Roncesvalles. Las cadenas están parte allí y el resto en distintos sitios. Se supone que estas cadenas sujetaban a cristianos prisioneros alrededor de la tienda del rey árabe citado, pero llegó el rey cristiano Sancho VII de Navarra (alias "El Fuerte") y las liquidó. La parte derecha es en realidad el escudo de Pamplona, con un león y una corona que se deben al rey Carlos III el Noble, que unificó tres burgos y fundó esa ciudad.


Ahora viene un pabellón que no he conseguido saber de donde es, lo siento. Podría ser el de Toledo por los castillos y los "oficios" de los niños que vemos ahora.

Estos chavales se dedican a la pintura y a la cerámica, lo que podría suponer un homenaje al Greco por un lado y a Talavera de la Reina por otro.
Pero este escudo con el castillo grande a la izquierda y los ocho pequeñitos a la derecha alrededor de esa columna, no se corresponden con el toledano, que lleva un par de águilas y dos leones aparte de los castillos.


Estuve en Teruel también hace mucho tiempo, en un viaje en que presentamos a una pareja que siguen siéndolo en la actualidad, siguiendo la tradición de "los amantes". Aparte de la obligada visita a estas estatuas en la iglesia de San Pedro, recuerdo la "Plaza del torico", con esa estatua en miniatura tan curiosa. Y todavía me acuerdo de los jamones serranos, que son de lo mejorcito, curados en ese clima frío y seco.

Un niño con un compás en la mano y sentado encima de unos papeles y el otro modelando una escultura encima de un taburete. Eso es lo que vemos en el pabellón de Teruel.
Teruel fué fundada por el rey Alfonso II en 1171, después de conquistar a los árabes ese territorio. Buscando una señal para confirmar la fundación, cuenta la leyenda que un toro mugió bajo un cielo estrellado, de ahí lo del "torico" (con su famosa plaza) que junto con "los amantes" y el arte mudéjar es lo más famoso de esta ciudad.


He pasado por Tarragona de la mano de mis "cuñaos" de Barcelona, Chus y Gloria, visitando los restos romanos que son impresionantes. También pasamos por Reus e hicimos el camino de la costa "entre Salou y Cambrils", como dice la canción de Serrat.

El niño de la izquierda está disfrazado de romano, con su casco y todo, no en vano Tarragona fue capital romana con el nombre de "Tarraco". Al de la derecha le ha dado por hacer barquitos y tiene echada el ancla por la tradición marinera de esta bella ciudad catalana.
El escudo es simple como él solo, con estas franjas que serían rojas sobre fondo amarillo y simbolizan la Corona de Aragón.


Las tierras de Soria son muy frías en invierno, pero muy ricas en muchas cosas: arte, gentes, comidas, paisajes, etc. Hace poco hicimos un viajecito donde, aparte de la capital, pasamos por el Monasterio de San Juan de Duero, con un claustro de arcos románicos al aire libre espectacular.

Precisamente para resguardarse del frío las palomas eligen sitios como este. Y es que acababa de granizar, así como lo oís.
El huso en la mano derecha y la rueca en la izquierda nos hacen suponer que este niño se dedica a hilar (muy fino, porque no se ve el hilo) alguna que otra manta para el frío que hace por Soria. El otro ha preferido dedicarse al noble arte del yunque y el martillo, que también se llevaba mucho por estas tierras.
El escudo tiene el castillo de Soria alrededor del cual nació la ciudad con la cabeza del rey Alfonso VIII el que ganó la batalla de las Navas de Tolosa donde hubo muchos soldados sorianos. Lo de "SORIA PURA" se refiere a que sus gentes eran de linaje puro, o sea, cristianos de pura cepa. Y lo de "CABEZA DE ESTREMADURA" no tiene que ver con esa región sino que se llamó así al ser "cabeza" de tierras recién reconquistadas.


Segovia es mi patria chica porque allí he pasado los mejores veranos de mi vida, con mis padres, en el pueblo donde mi abuelo Paco fue maestro de los que dejan huella. Se llama Santiuste de San Juan Bautista y está cerca de Coca y Nava de la Asunción. Allí fuí "chico de pueblo" y conocí gentes estupendas, entre ellos muchos antiguos alumnos de mi abuelo. Mis dos obsesiones de pequeño eran "ir al Retiro" y, en verano, "ir a Santiuste", con eso os digo todo. Además mis padres se conocieron e hicieron novios en Segovia, desde donde vinieron a casarse a Madrid, o sea que soy medio segoviano de origen.

La siega de las mieses es una de las tradiciones segovianas, aunque ahora lo hagan las cosechadoras, pero aquí lo hace el niño de la izquierda. El de la derecha no sé si tiene en la mano un huso para hilar la lana de las ovejas o es una mazorca de maíz. Debería ser más bien lo primero que es más típico de aquí.
El escudo no tiene más que el acueducto y una cabeza que se supone es de una doncella, pero aquí la verdad parece un poco masculina.


Cantabria era una región desconocida para mí hasta que a través de Charo y su familia he llegado a conocerla bastante, sobre todo la ciudad de Reinosa, entre el pantano y la montaña, en un entorno natural precioso, muy cerca de Santander. Es cierto que hace frío, sí, pero el sitio es tan bonito que merece la pena. Además para los esquiadores está la estación de esquí del Alto Campoo y toda la región en general es una maravilla por sus paisajes, sus gentes, el aire que se respira, lo bien que se come… Además tienes el mar al ladito, ¿qué más se puede pedir?

Otra vez nos han salido niños pescadores en este pabellón de Cantabria.
El escudo de Cantabria es muy curioso porque el castillo es nada menos que la Torre del Oro de Sevilla, conquistada por marinos cántabros en 1248 que, con sus naves, rompieron las cadenas que los árabes habían puesto en el río Guadalquivir entre Sevilla y Triana. Las cabezas son de los santos mártires San Emeterio y San Celedonio, que hicieron posible la unidad de esta región.


Y el último es el de Salamanca, la tierra de mi amigo Oriol y ciudad sorprendente por la cantidad de monumentos que atesora. A nosotros nos encanta:

La Universidad es el tema que tratan los niños, uno escribiendo (¿tomando apuntes?) y el otro con la esfera del mundo a sus pies.
Este escudo de Salamanca es el tradicional, con el toro en la dehesa sobre el puente romano a la derecha y las barras con diez crucecitas a la izquierda (porque ahora es al revés). Esta parte simboliza al conde Don Vela, nombrado como juez por Alfonso VI en León, que era de Barcelona (de ahí las barras) y participó en la conquista de la Tierra Santa (de ahí las cruces).


Y así se terminan los escudos de esta parte de dentro de la segunda columnata. En la zona lateral que da al estanque hay una estatua de bronce:

Que vemos aquí de lado, apoyada en esa gran columna cuadrada rematada arriba por otra bonita cúpula y con adornos en las paredes similares a los que vimos antes.
Más de cerca con un grupo de estatuas en piedra blanca al fondo y un gatito marrón claro que sube por la derecha.
Lleva una pequeña corona, pero no es una reina, si acaso lo sería de las Ciencias, a las que representa con un libro en la izquierda y un transportador de ángulos en la derecha.
Tiene los pies descalzos, que asoman por debajo del manto, sobre unos cuantos libros. Al lado unas piezas (se supone que de algún aparato "científico") y un globo terráqueo con su ecuador y meridiano. Entre éste y la pared hay un huequito que nuestro amigo el gato aprovecha para meterse.
   
El globo terráqueo donde aparece la firma del autor, Manuel Fuxá.


Y ya vamos con los niños y los escuditos de esta parte de fuera de la segunda zona de columnata, que es la que nos falta:

Pero antes vemos este escudito con unas barras y un león que hay justo antes de empezar los de las provincias y que seguramente simboliza las tierras de Castilla y Aragón.


El primer "stand" es el de Pontevedra, ciudad en la que vi el mar por primera vez a los 15 años, después de un eterno viaje, en moto Vespa con sidecar, que mis papis y yo hicimos hasta esas tierras. Últimamente hemos visitado Tuy, que es un sitio precioso y muy interesante, con mucho arte y mucha historia, estratégicamente situado al lado de Bayona y de Portugal, con Valença do Minho a tiro de puente.

Las ramas secas de este plátano de sombra no nos permiten ver a que se dedica el niño pontevedrés de la izquierda. El de la derecha está con un globo terráqueo que lo lleva como si fuera un balón.
   
Lo que sí vemos, a pesar de la rama, es el escudo de Pontevedra, con el puente del Burgo sobre el río Lérez por el que el camino de Santiago llega a la ciudad.


Y de ahí nos vamos a Palencia, ciudad austera pero llena de arte, como sucede con toda la provincia, donde el románico es quizás lo más genuino pero no lo único, ni mucho menos.

Pabellón de Palencia en todo su esplendor, con barandilla, jarrones y cabezas de león a las que les han salido unas plantitas primaverales.
Y encima de la corona del escudo esta palomita ha decidido que este era el sitio ideal para hacer su nido.
La siega y la recolección de mazorcas de maíz son las ocupaciones de estos dos niños palentinos.
Las dos cruces del escudo de Palencia simbolizan las concedidas por el rey Alfonso VIII de Castilla por el comportamiento de los palentinos en la batalla de las Navas de Tolosa. Los dos castillos vienen a cuento porque esta región pertenece al reino de Castilla.


Uno de mis lugares predilectos de España es Asturias, tierra donde he pasado temporadas de vacaciones estupendas, especialmente en Luarca y alrededores. Allí aprendí a "tirar la sidra", cosa que procuro hacer siempre que puedo en los restaurantes asturianos que abundan por Madrid y de los que somos asiduos.

La pesca es una de las actividades básicas de esta región costera, y a eso se dedican los infantes de su pabellón.
La Cruz de la Victoria acompañada de dos angelitos es el escudo de Asturias. Esta cruz fue donada por el rey Alfonso III el Magno y su esposa Doña Jimena a la catedral de San Salvador de Oviedo en el año 908, siendo desde entonces el símbolo del Principado.


Después de las vacaciones en tierras asturianas empezamos a coger la costumbre de pasar una temporada en Galicia, y estando allí una visita obligada es Ourense, tanto por sus famosas "Burgas" (increíbles manantiales de agua caliente) como por formar parte de la llamada "Ribeira Sacra", con paisajes y monasterios fantásticos.

El huso y la rueca, así como el yunque y el martillo, son los hobbies de estos dos infantes "ourensanos".
En el escudo de Ourense hay un león con una corona (símbolos reales), cruzando un puente, justo el romano que hay en la ciudad. La torre es la que fue destruida en 1839 junto a otra que era igual. El río es el Miño, a orillas del cual pasé mis primeras vacaciones en Galicia.


Hablar de Murcia es hacerlo de mis amigos murcianos Samuel y Angel, ambos tíos nobles y sanos, como suele ser la gente de estas tierras. En mi última vista a la capital hicimos un recorrido por todo el arte que atesora, museo de Salcillo incluido, donde pudimos contemplar en directo las imágenes de los pasos de Semana Santa. ¡Y qué decir de los productos de la huerta murciana! Para un amante de lo vegetal, como yo, eso es una gozada sin límites.

Otra vez los niños “romano” y "armador", respectivamente.
El escudo que aparece en el centro debería ser un corazón, pero bueno. Al principio había solo cinco coronas, concedidas por Alfonso X el Sabio, al ser el quinto reino que incorporaba a sus dominios después de Castilla, León, Galicia y Córdoba. La sexta corona fue otorgada por el rey Pedro I el Cruel en el siglo XIV y la séptima por Felipe V, como agradecimiento al pueblo murciano, que le apoyó en la guerra de Sucesión. Alrededor hay ocho castillos y ocho leones, podéis contarlos.


Málaga es una de mis debilidades, no la ciudad solo sino toda la provincia. He estado en Marbella, Benalmádena, Mijas, Torremolinos y, sobre todo, en Nerja, adonde acudimos todos los años al hotel “Paraíso del Mar”, que nos encanta.

Uno de los niños está al timón mientras el otro lee un libro sentado encima de otros tres (libros, no niños).
En el escudo está representada la ciudad con el monte de Gibralfaro, que es donde está la Alcazaba. Las figuras humanas son de los mártires San Ciriaco y Santa Paula. Las letras "T M" significan "Tanto Monta", lema de los Reyes Católicos, que fueron los que otorgaron el escudo a la ciudad en 1494. Está rodeado de haces de flechas y yugos (cuatro de cada), que también eran símbolos de estos reyes.


Lugo es la provincia gallega con más extensión, así que es fácil pasar por ella. Cuando vienes de Asturias pasas por Ribadeo, que es la frontera sobre el río Eo. Y eso hacíamos al ir de Luarca a La Coruña. Pero también conocemos Mondoñedo y Monforte de Lemos, aparte de Lugo capital, con su increíble muralla romana de más de dos kilómetros.

La pintura y la cerámica ocupan los ratos libres de estos dos niños del pabellón lucense.
En el escudo hay una torre sujetada por dos leones, con un cáliz arriba y dos angelitos en sendas nubes adorándole. Alrededor las letras "HOC HIC MYSTERIUM FIDEI FIRMITER PROFITEMUR" que significa "Aquí, con fe firme, confesamos este misterio".


En Logroño he estado poco, solo una vez dando una conferencia y, la verdad, fue muy agradable todo: la ciudad, los monumentos que vi por la noche iluminados, las gentes, la gastronomía, los paisajes... ¡Buena tierra esta de la Rioja!

Los niños dedicados a recoger y prensar uvas, ¡faltaría más!
El escudo de Logroño nos muestra el antiguo puente de piedra de la ciudad, fortificado sobre el río Ebro y que duró unos 900 años, hasta que en el siglo XIX se sustituyó por el actual. Alrededor hay tres flores de lis.


He descubierto Lérida, bueno Lleida, hace muy poco, en un viaje de trabajo para el que elegí el día de una nevada histórica. Así que el viaje de la capital a Viella, bueno Vielha, fue tremendo y emocionante, con unos paisajes nevados que parecían de cuento.

Los niños que escoltan el pabellón leridano están haciendo planos y esculturas.
El escudo de Lleida data del siglo XIII y consta de un ramillete de tres flores (que debían ser de lis, aunque aquí son de campo) sobre las barras típicas catalanas.


Jaén es otra de nuestras ciudades favoritas, la cual visitamos con asiduidad cada vez que vamos a Andalucía. Es una ciudad muy interesante, construida en la ladera de un monte, con monumentos tan curiosos como los baños árabes. El paisaje desde el parador es impresionante. En la provincia destacar lugares como Linares, patria chica de mi amigo Fernando, y de personajes tan ilustres como el guitarrista Andrés Segovia o el cantante Raphael. Andújar y La Carolina son también muy importantes, y no digamos Úbeda y Baeza, ciudades monumentales donde las haya. En la última tengo primos lejanos, emparentados con un tío mío que era de allí. Son sitios que no se pueden dejar de conocer. ¡Y el aceite que hay por estas tierras de "aceituneros altivos"!

La provincia de Jaén fue muy minera en la época en que se hizo este monumento, destacando las minas de plomo y de plata. Así que aquí están los mozos provistos de pico y pala y dale que te pego.
El escudo de Jaén es eso, un escudo, a cuyo alrededor hay siete leones (cuatro de ellos de pie) y otros tantos castillos. Simboliza que esta tierra era una defensa de los reinos de Castilla y de León.


Aunque parezca mentira, hemos terminado de ver todos los pabellones de las cuarenta provincias españolas, que no es poco. Y hay que decir que toda esta obra de escultura es de Pedro Estany, al igual que las columnas y la balaustrada. Los materiales que usó son el granito para la base y el fuste de las columnas y la piedra caliza para el resto.

Vemos aquí con detalle la forma de los bancos, hechos de granito, al igual que el fuste de las columnas. El resto tiene un color más crema, que es el de la piedra caliza.


Nos dedicaremos ahora a conocer la parte central del monumento.

Que es este que vemos en esta magnífica foto del libro de Carmen Ariza.


Pero antes damos una vuelta por la placita que, por cierto, se llama "Plaza de España", y que en su tiempo estaba ocupada por gentes dedicadas al noble arte de la música que, en muchas ocasiones, estimulaban mediante distintas sustancias "animadoras". Dado que su instrumento preferido era el tambor, que su dedicación era amplia y que las condiciones sonoras del lugar son excelentes, su arte se propagaba allende el Retiro, con la consiguiente preocupación y malestar de las buenas gentes del entorno. Alertada la policía y tras no pocas vicisitudes, al final la zona fue reconquistada por el silencio que perdura en la actualidad, si bien este lugar es visitado por personal muy diverso.

Así lucía la placita en su "época musical".


Restablecida la calma, el lugar tiene diversos usos:

Así vemos a estos jóvenes que ensayan aquí sus juegos malabares.
O a estos, que usan las columnas para sus danzas.
   
Charo medita aquí, ajena a la muchedumbre.
Esta joven mamá pasea a su retoño en el carrito, pese a los adoquines.
   
Este genio del trombón prefiere tocar mientras pasea.
Y este de la guitarra se lo toma con más tranquilidad y espera a la vez alguna recompensa por su arte.
   
El sitio se presta para hacer películas o reportajes de moda.
O simplemente para pensar en tus cosas.


Pero vayamos ya al meollo de la cuestión, al monumento en sí mismo, que tiene bastante que ver. Y como las cosas hay que empezarlas por la base, digamos que esta es un polígono de ocho lados, o sea, un octógono. Allí hay unas escaleras con diez peldaños, por cierto bastante bajitos.

El sol primaveral de marzo nos permite ver bien la escalinata sobre la que está el monumento.
   
Si nos ponemos enfrente del monumento, en la cara que da al estanque, veremos esto.


Hay una base de granito, en forma de cruz sobre la cual, y otra vez en caliza, podemos ver tres altorrelieves en bronce y, más arriba, una placa en el centro y tres estatuas con varias figuras cada una, dos en piedra y una en bronce. Desde allí sale hacia arriba un prisma rectangular, con columnas en sus aristas, al final de las cuales hay más altorrelieves y encima de ellos una cripta con un mirador acristalado encima del que está la estatua del rey a caballo. O sea que en el frente y de abajo a arriba vemos lo siguiente:

Lo primero el altorrelieve que representa el regreso triunfal del rey a Madrid.
   
La Patria, con forma de señora, le da flores al rey acompañada por dos niños que sostienen el escudo de Madrid y que son nada menos que Mercurio y Apolo, que le tiran flores. Detrás de la primera hay otras tres señoras y, a la derecha, dos soldados que se abrazan, uno de ellos con la típica gorra carlista. Simbolizan el fin de esta guerra, que fue el 20 de marzo de 1876, como pone en la parte inferior derecha.
   
En la paleta de pintor con sus correspondientes pinceles, que está entre los brazos de un enorme compás, vemos la firma del autor y la fecha de realización: "Miguel Blay 1909". Y, a la derecha, el escudo sostenido por los niños que es el antiguo de Madrid, con el dragón a un lado y el oso y el madroño a otro.
   
Y a la derecha y bajo los pies de los soldados, la fecha en que acabaron las guerras carlistas: “20 de Marzo 1876”.


Después de esto podemos ver la placa dedicada a Su Majestad:

Que pone: "A S.M. D. ALFONSO XII EL PACIFICADOR".


Y, más arriba, la estatua dedicada a la Paz:

La señora con la rama de olivo es la Paz, claro, que tiende su mano sobre los dos soldados que se abrazan después de nada menos que de tres guerras, las carlistas. La otra señora con el niño les está diciendo que ya está bien, que vaya faena que les han hecho con sus guerritas. El autor es también Miguel Blay.
   
Desde los lados la estatua se ve así: en la derecha se aprecian las hoces, los picos y los martillos mineros que esperan ser empuñados de nuevo y en la izquierda los dos soldados fundidos en un abrazo. A ambos lados están los adornos en bronce en las columnas con el anagrama del rey "A XII".


Más arriba aún, un medallón en piedra dedicado a la Fortaleza, primera de las cuatro virtudes cardinales de las que ya nos hablaba Platón:

El medallón está rodeado de las columnas rematadas por adornos en bronce. Vemos debajo la cabeza de la señora de la Paz.
   
 
La Fortaleza está representada por una señora con corona de laurel que está sentada y tiene en su mano izquierda un escudo en el que se distingue una cara de un señor y en la derecha una espada que sujeta sobre la rodilla. Detrás hay un señor bajito, con cuerpo y garras de pájaro y en el otro lado hay otro, al que solo se le ven las garras. Curiosamente esta virtud se relaciona con lo bélico, que le vamos a hacer.


Y, más alto todavía, una palomita como símbolo de la Paz, para compensar un poco:

Aquí la tenemos rodeada de hojas de roble, bellotas y otros frutos, con su ramita de olivo (¡de bronce!) en su pico.


Y encima de todo, el Rey:

D. Alfonso XII, a caballo, sobre un mirador con cristales desde el que se ve un panorama fantástico
 
Como el que se ve desde un drone (estos avioncitos con mando a distancia), que subió por encima del mirador, ¡y del propio Rey!.


Esta estatua fue realizada por Mariano Benlliure, famoso escultor valenciano, autor también del monumento al general Martínez Campos, que está muy cerquita de éste. Antes de hacerla estudió muchos retratos del rey, tanto en pintura como en fotos. Como había que ponerle en “plan pacificador”, le puso con uniforme militar pero como que estaba pasando revista a las tropas, con una espada en la mano. Para el caballo tomó como modelo a uno de raza árabe de las caballerizas reales y, la verdad, le quedó muy bien porque parece que se va a poner al trote en cualquier momento.

Ahora, rodeando el monumento, nos encontramos muchas más estatuas y altorrelieves:

Encima de este señor de calva reluciente que lee el periódico, vemos el otro lado del monumento.
El altorrelieve también está entre unos zócalos labrados en piedra bastante bonitos.
 
La Patria le ofrece flores al rey, con un escudo de fondo que parece el de Barcelona con un murciélago encima, típico del de Valencia y un sol naciente por abajo con una fecha en números romanos que es del año en que se restauró la monarquía borbónica. A la izquierda está Neptuno y a la derecha Palas Atenea representando a la Tierra, Apolo a las Artes y Mercurio a la Industria.
 
El escudo y la fecha: "MDCCCLXXV", o sea, 1875.
 
Debajo del pez sobre el que está Neptuno, nombre del taller de fundidores de la obra: "MIRY FERRERO".
 
Apolo, con la estatua de la Victoria de Samotracia en la mano, acompañado por Palas Atenea y Mercurio, sentado con la serpiente símbolo de la farmacia. Al lado de su pie el nombre del autor, Pedro Carbonell y la fecha en que lo terminó, 1920. Este escultor catalán es autor de importantes obras, entre otras la estatua de Luis Vives a la puerta de la Biblioteca Nacional, muy cerca del Retiro.


Si seguimos mirando hacia arriba, veremos la escultura en piedra que representa al Progreso:

Este joven, que va tan fresquito con una antorcha que simboliza el "conocimiento heredado" es "El Progreso" y tiene detrás un caballo alado que es el "Pegaso". Las señoritas (también con túnicas muy fresquitas) representan las Artes, la Industria y el Comercio. Es obra del escultor madrileño Miguel Angel Trilles, que hizo también los niños que van con la Cibeles.
   
Así se ve esta estatua desde la derecha y la izquierda. En esta última vemos la grupa y las alas de "Pegaso".
   
Representación del Comercio, con el libro de cuentas bajo el brazo y una coronita de laurel que siempre queda bien.
En primer plano la Industria, con una rueda dentada en la mano izquierda y la serpiente alada en la derecha. Detrás las Artes, con la paleta de pintor y, otra, vez la famosa Victoria de Samotracia.


Un poco más arriba otra virtud cardinal, la Templanza:

 
Esta señora está muy pensativa con su túnica y un artilugio en su cinturón, que no sé muy bien que es. A los lados los señores bajitos con garras, iguales a los de antes.


Encima hay otra palomita con rama de olivo de bronce en el pico, como la anterior, así que no la voy a poner. Si pondremos la estatua de S.M. según se ve desde este lado:

Sobre todo el caballo tiene una bonita estampa y parece que se va a mover de un momento a otro. ¡El señor Benlliure hizo un buen trabajo!


Y ahora toca la parte de atrás:

En primer plano los diez pequeños escalones, luego la puerta con el águila por encima, después la Justicia y luego el rey a caballo. ¿Se puede pedir más?


Resulta que aquí hay un ascensor por el que se puede subir a la cripta con el mirador, que está justo debajo del caballo. Para eso habría que abrir esta puerta:

Este señor se conforma con sacarle una foto, porque la puerta está cerrada a cal y canto.
Por algo la custodian estos dos guardianes de torso florido.
   
La puerta es de hierro forjado y pintado de negro.
Con el anagrama "X A II" de Su Majestad por duplicado.
   
Encima van los escudo,s con sendas cruces los de los lados y montones de castillos y leones el del centro.
   
Este águila representa la fuerza y el poder real, pero iba a ser un grupo de esculturas dedicado a la Patria. Se lo habían encargado al escultor Manuel Flojeras que, haciendo triste honor a su apellido, falleció prematuramente.
   
Por encima del águila hay otra especie de puerta de piedra (más cerrada aún), escoltada por sendas columnas de bronce con el anagrama del rey.
   
Más arriba la representación de la Justicia en forma de señora con tabla de la Ley y la balancita típica. Rodeada por otros dos señores bajitos con cabeza cuadrada y garras.
   
Un detalle de la columna, que es de lo más florido, aunque en bronce, claro.
Y el cartelito con la palabra "JUSTICIA".
   
Pasamos otra vez a la paloma con la ramita de olivo de bronce en el pico.
 
Por penúltimo la cripta con el mirador.
Y un detalle de la corona con forma de castillo que va encima de ramos de flores... ¡con flores de lis de adorno!
   
Y por último el culete del caballo de Su Majestad.


Así que a base de dar la vuelta al monumento llegamos a la "cuarta pared", que es la última.

Vemos aquí el flanco derecho del caballo, que es el que nos quedaba por ver.
   
Aquí hay otro de esos relieves que tanto os gustan. Se llama "La Caridad Real" y representa al rey, claro, ayudando a levantarse a un buen hombre. A la derecha está Cupido y una madre con un bebé en brazos. A la izquierda y en el centro unas señora con flores que representa la Paz.
   
En la esquina de abajo a la derecha hay escritos unos nombres.
   
El autor fue Lorenzo Collaut-Valera.
Y el taller de fundidores, otra vez el de "MIRY FERRERO" de Madrid.
 
Esta es la alegoría de la Libertad, realizada por Aniceto Marinas, escultor segoviano autor también del monumento a Cascorro en El Rastro o a los Héroes del Dos de Mayo, entre otros. La señora con alas "libera" a los oprimidos con cadenas. La de la izquierda que va con un libro representa a las Letras y el señor caído es “la Tiranía”, ya vencida.
   
La cuarta virtud cardinal es la Prudencia, representada por una señora con una túnica con capucha a la que le falta el brazo derecho (¿por alguna imprudencia?). Aquí se pueden ver bien los dos señores bajitos de cabeza cuadrada y garras.


Encima hay otra palomita con el ramo de olivo de bronce, igual que las anteriores. Así que directamente pasamos al rey:

Que visto desde la derecha y abajo luce de esta manera. Se aprecian bien el mirador con los cristales y los adornos de bronce en forma de escudos y coronas con flores, etc.
   
No podíamos despedir a Su Majestad de lado, así que le vemos de nuevo de frente, sobre el mirador, con un sol de atardecer.
Y aquí con una gaviota reidora sobre la gorra. Las manchas blancas ya os podéis figurar lo que son...
   
En este retrato le vemos en la realidad, con un curioso corte de pelo como muy actual. Más curiosas aún son las patillas que compensan la escasez del bigote. De todas formas era un "guaperas", no digáis que no.


Pero, ¿quién era Alfonso XII? Pues una persona con una vida complicada. Para empezar no era hijo de su teórico padre, sino de un capitán de ingenieros del que su madre, la reina Isabel II, estaba enamorada. Fue nombrado Príncipe de Asturias desde que nació, en el Palacio Real de Madrid en 1857, y tuvo cuatro hermanas. En 1868 la "Gloriosa Revolución" hizo que se tuvieran que ir a París, donde Alfonso se educó, así como en Ginebra y Viena. Así que era un auténtico cosmopolita. A los dos años, en 1870, su madre abdicó en él y le dejó abierta la posibilidad de reinar en España.

Mientras, en España, hubo varios gobiernos: el primero "Provisional" (1868-1870); luego trajeron al rey italiano Amadeo de Saboya que estuvo tres años hasta que se fue, asustado de nuestra forma de ser. En 1873 se proclamó la Primera República, que solo duró un año porque el general Pavía dio un golpe de estado. Alfonso pudo llegar a Barcelona en enero de 1875 y, unos días después, a Madrid. El famoso político Cánovas del Castillo será el encargado de la educación del príncipe, para lo que fue enviado a la Academia Militar de Sandhurst en Inglaterra, donde recibirá una formación severa.

Precisamente allí emitirá Alfonso el “Manifiesto” (1 de diciembre de 1874) donde se recogen las bases ideológicas de la Restauración. El pronunciamiento militar del segoviano General Martínez Campos en Sagunto (29 de diciembre) permitirá la subida al poder del joven Alfonso. Así pues, lo que en un momento se pensó como un golpe encaminado a encumbrar a los militares en los altos cargos de la administración dio pasó a un régimen de civiles dirigido por el citado Cánovas.

Para que no pasase lo que en el reinado de su madre, en que había un solo partido, se llegó al sistema de turnos, con el que se permitía entrar a formar parte del régimen al Partido Liberal; el "turnismo" será refrendado en la Constitución de 1876 y en el Pacto de El Pardo (1885). De esta forma los liberales, liderados por Sagasta y apoyados por comerciantes e industriales se turnaban en el poder con los conservadores de Cánovas, los cuales recibían el apoyo de las clases medias moderadas y la aristocracia. Los conflictos abiertos en el periodo anterior -guerra carlista y conflicto en Cuba- se verán zanjados satisfactoriamente para la Monarquía, lo que aumentó la popularidad del monarca que ha pasado a la Historia como "El Pacificador".

En lo personal, Alfonso se casó por primera vez en 1878 (con solo 21 años) con su prima la infanta María de las Mercedes de Orleans. El matrimonio duró poco, pero pudo durar menos, ya que al ir en coche de caballos por la calle Mayor de Madrid un anarquista, llamado Mateo Morra,l les tiró una bomba. ¡Cuántas veces me lo contaba mi padre!

Lo que no consiguieron los anarquistas lo hicieron las enfermedades. Mercedes murió de tifus a los cinco meses de la boda y Alfonso, muy enamorado, cayó en la desesperación. Pero la cantante de ópera Elena Sanz, de la que la reina Isabel II era fan, entró en su vida y conquistó su corazón. Tanto que tuvo dos hijos con ella que nunca llegaron a ser reconocidos.

Entretanto había que tener un hijo varón como príncipe y al rey le buscaron una novia: la austriaca María Cristina de Habsburgo-Lorena. Había un problema: él seguía enamorado de la cantante. A todo esto, otro anarquista disparó contra el rey y su segunda esposa cuando volvían de dar un paseo por El Retiro en coche de caballos. Afortunadamente para ellos el atentado no tuvo éxito.

Fue peor cuando su esposa se enteró del asunto de Elena, a quién mandó exiliar a París. El rey la trajo otra vez a un piso cerca de Palacio, pero ella empezó a cansarse de la situación y él buscó otra amante, también lírica, a la que siguieron otras con menos dotes artísticas. Su esposa no le terminaba de gustar pero, aún enfermo de tuberculosis como estaba desde hacía tiempo, la dejó embarazada y al poco murió con tan solo 28 años.

El hijo fue el tan deseado príncipe varón que, después de unos años de regencia de su madre, fue proclamado rey de España con en nombre de Alfonso XIII, justo al inaugurar este monumento a su padre en el Retiro.

En 2017, el Ayuntamiento ha decidido invertir 60.000 eurillos en adecentar el monumento y poner en marcha el mirador, que será una gozada porque el paisaje desde arriba va a ser espectacular:

Esta es la parte de la izquierda...
 
Y esta la de la derecha, ambas en plenas obras.


También van a intentar que las palomas no hagan nidos en las columnas ni depositen sus excrementos en la egregia y real figura ecuestre, que el pobre tiene un color blanquecino... Pero lo veo complicado porque se trata de animales muy resistentes.

Cuando se terminen las obras pondremos fotos del mirador y del panorama que desde allí se divise.


Siguiendo nuestro paseo, alrededor de las columnatas hay unos parterres donde podemos ver membrilleros japoneses:

Es un parterre en curva donde hay varias matas de membrilleros (Chaenomeles japonica) que al final del invierno empiezan ya a echar flores.
   
¡Y qué flores!


En la foto anterior ya vemos el monumento a Chile, que está al principio del paseo del mismo nombre por el que nos vamos a ir:

Hay que subir unas escaleritas y ya enfilamos hacia la estatua de Martínez Campos por este paseíto con los cipreses a los lados.


Pero antes, a la izquierda, en el Paseo de Chile, vemos un monumento que es todo un homenaje a un prócer...¡argentino!:

Este monolito tan bien pintadito en color crema tiene una placa de bronce que lo explica todo.


Se trata de un homenaje al político argentino Hipólito Yrigoyen del que me separan 100 años y 28 días en cuanto a fecha de nacimiento. Digo yo que por qué estará este monumento en el Paseo de Chile, pero cosas más raras se han visto.

Hijo de un emigrante del País Vasco Francés, nació en Buenos Aires y estudió la carrera de Derecho. Fue profesor, donando su sueldo para un hospital de niños pese a no tener recursos. Entró en política y primero fue diputado por el Partido Autonomista Nacional. También entró en una logia masónica llamada "Docente". Dedicándose a la cría de ganado hizo dinero, pero siguió en política participando primero en dos revoluciones como militar y luego fundando el partido Unión Cívica Radical. Fue elegido Presidente del Gobierno por una ley que permitía el voto secreto, pero solo el de los señores, no el de las señoras. Gobernó desde 1916 hasta 1922 y luego otra vez desde 1928 a 1930, siendo depuesto por un golpe de estado. Le detuvieron y enviaron a una isla, aunque consiguió salir de allí y, al fin, murió en Buenos Aires en 1933, siendo muy admirado por el pueblo.

Resulta curioso que, siendo un defensor a ultranza de la familia y opuesto al divorcio, mantuviera una serie de relaciones con diferentes mujeres teniendo hijos con algunas, pero manteniéndose soltero siempre.

Se le considera fundador del “Día de la Raza”, que se conmemora en todo el mundo hispano el día 12 de Octubre, cuando Colón pisó por primera vez tierra americana.

La placa tiene una rueda dentada arriba que representa el Sol entre las fechas 1902 y 1917 (que no se ven en la foto por la sombra) y debajo, las tres carabelas de Colón. Luego está el señor Irigoyen, ya mayor, con los escudos de España y Argentina entrelazados. En el centro un texto extenso y, a la derecha, un indígena con su faldita por aquello del "Día de la Raza".
   
Las tres carabelas llegando a una playa con palmeras (¡verso!).
   
El señor Yrigoyen con pajarita, escudos y medalla.
Y la inscripción "FUNDIDA EN EL ARSENAL DE GUERRA ESTEBAN DE LUCA AÑO 1928 BUENOS AIRES".
   
El texto no lo pongo porque es muy largo: si tenéis mucho interés vais a verlo. Es el texto íntegro del Decreto que redactó Yrigoyen para poner el 12 de octubre como "Día de la Raza" y Fiesta Nacional en Argentina, poniendo a España y a Colón por las nubes. No todo el mundo piensa ahora lo mismo...
   
Por último, la firma del autor D. Rogelio Gonzalez Roberts, B.A. (Buenos Aires) 1928.


Hay que tener en cuenta que en esta época Argentina se consideraba "el granero del mundo" por su enorme producción de trigo y carne, y este señor Yrigoyen fue el primer presidente electo de ese gran país. La placa de bronce la trajeron de allá en 1928 y el monumento se inauguró el 12 de octubre del año siguiente, asistiendo al acto el presidente del gobierno español, general Primo de Rivera, así como los embajadores de Argentina, Cuba y Portugal. También el Alcalde de Madrid en esa época, que era D. José María de Aristizábal.

Caminando por este paseo, a un lado y otro, nos encontramos varios árboles y arbustos interesantes:

Los más llamativos son los cipreses, que nos llevan derechito hasta el monumento a Martínez Campos.
   
Y entre ellos estos arces reales (Acer platanoides), ideales para decorar una zona de "influencia monárquica". Las hojas, muy puntiagudas, están nuevecitas y las flores salen en un conjunto que se llama "corimbo".
   
Olivos, avellanos y árboles del amor son muy felices por aquí.
   
Los castaños de indias, esos por supuesto, porque los hay por todas partes, pero también los lilos.
   
Que no siempre tienen flores, pero sí el cartelito de la Senda Botánica nº 61.


En este cartel podemos leer que "era costumbre que las muchachas madrileñas fueran en mayo a recoger lilas al Retiro", como comentario de un botánico en 1887, pillería ya comentada antes por Bécquer. Pasa el tiempo y la gente se sigue llevando lilas y otras flores, ramas y plantas del Retiro: ¡somos así de percebes, que le vamos a hacer!

Los lilos se llaman Syringa vulgaris, que viene del griego syrinx que significa "tubo" porque las ramas son huecas y se usaban para hacer flautas en los Balcanes, zona de donde proceden. Aparte de decorar y oler muy bien, de estas flores se sacan aceites para perfumes.

Pero no todas las lilas son "lilas", sino que también pueden ser blancas, como son justo las del cartelito.
   
Pero también hay lilas americanas, como estas que se llaman “de California”.


Estas lilas californianas, que son de la especie Ceanothus thyrsiflorus repens, las hay en más sitios en el parque; hablamos de ellas largo y tendido en el capítulo dedicado a La Chopera.

Y al lado de otro lilo blanco, unas enormes matas de espireas (Spiraea arguta).
   
Las celindas o falsos jazmines (Philadelphus coronarius) también andan por aquí.
   
Y ¡cómo no! los durillos (Viburnum tinus), lo cual no es ninguna novedad.
   
Y este "talludito" eucalipto blanco, que tiene un hueco en el tronco que te puedes meter dentro si llueve.
   
Para que no se nos olvide donde estamos.


Según se sube, a la derecha, hay una placita redonda dedicada a Cataluña:

En primavera es así.
   
Y en este invierno nevado, así.


Alrededor hay unos arbolitos muy curiosos, que son de una especie exótica:

Aunque en realidad es un espino europeo, pero su nombre científico es Crataegus laevigata "Paul's Scarlet", también conocido como "majuelo navarro" o "espino navarro".


Este espino vive también en el Magreb y en Asia Menor, pero en nuestro país lo hay en los montes y valles vasco-navarros, así como en los Pirineos occidentales. Las hojas tienen tres lóbulos y las flores son también en corimbo: como los pétalos están muy apretados, resultan espectaculares. De todas formas si las cortáis (no en el Reti, por favor) empiezan a oler mal enseguida, así que mejor dejarlas en paz. Además atraen a muchos insectos por el néctar y los frutos son como uvas rojas, con dos o tres semillas que gustan mucho a los pájaros. Y si no, también se pueden preparar con ellos ricas mermeladas o licores. Las hojas fueron sucedáneos de té, tabaco o semillas del café cuando había escasez. Esta variedad "Paul's Scarlet" fue "inventada en Inglaterra a mediados del XIX.

Aparte de estos espinos y de los castaños de indias (que siguen estando por todas partes), también hay en esta plaza un par de olivos, con su cartelito de la Senda donde se cuenta su historia.
   
Aquí vemos el cartelito a pie de tronco y la resistencia de sus hojas a la nieve que se quedó entre ellas.


El olivo (Olea europea) es el árbol sagrado de toda la zona mediterránea, citado un montón de veces en los textos de la Biblia, del Corán, etc. así como en dibujos y esculturas de dioses y diosas griegos y romanos. El tronco es muy fuerte y retorcido, las hojas en punta y bastante duras, las flores pequeñas, blancas y en racimos y los frutos son las aceitunas que tanto nos gustan y de las que se saca el aceite que también nos encanta. Primero son verdes y luego se van poniendo más oscuras hasta hacerse negras. La palabra proviene del árabe "zaitoon".

Para poderlas comer primero hay que poner las aceitunas en remojo con sal y algunas hierbas aromáticas como hinojo, tomillo, ajo, etc. y tenerlas así unas tres semanas. De esta manera se les quita el amargor que tienen y que las hace incomibles recién cogidas del árbol. En cada sitio les echan unas hierbas distintas y así tenemos las variedades sevillana, de Camporreal, negras, "machacás", etc.
Las que no se comen directamente sirven para sacar el buenísimo aceite, que se llama "virgen" cuando se usa solo la pulpa de la aceituna, sin el hueso.

Los olivos, además de muy resistentes al frío y al calor, son muy longevos. De hecho se sabe que hay algunos que ya han cumplido más de dos mil años.

Si vamos caminando desde el olivo hacia el estanque nos encontramos con la famosa Fuente de la Sardana:

Que es justo lo que hacen Charo y Diego. Al fondo vemos un gran cedro.
   
Esta es la fuente, con un espino navarro delante y otros árboles detrás, concretamente castaños de indias y “el gran cedro" que decíamos.
   
Esta fuente, aparte del adorno, tiene dos caños por los que sale agua. Menos mal que este chaval va fresquito y así la ducha será más llevadera.
   
El Círculo Catalán de Madrid donó esta fuente al Retiro, bueno "A LA VILLA DE MADRID" el 26-4-64. Esto se llama una "estela" de piedra donde aparecen cinco hombres y cinco mujeres bailando la sardana.


Hay muchos grupos de catalanes que se reúnen aquí los domingos y fiestas para bailar la sardana, que es lo suyo.

¡Y aquí los tenemos en plena danza!


A los lados de la fuente hay dos inscripciones debajo de sendos jarrones:

"COLLES" son "PEÑAS" y "APLEC" es "ROMERÍA". Lo he buscado en mi diccionario "Castellá-Catalá" y viceversa que tengo como madrileño castizo al que le encanta el "catalá".
   
A la derecha hay otro jarrón y una placa que conmemora el 25 aniversario de esta Glorieta y esta Fuente.
   
Que cuando nieva se ponen así de blanquitas.
   
Cuando hace bueno, esta placita sirve de inspiración a los artistas que participan en el concurso de Pintura rápida que se celebra cada año.


Pero todo esto vino a cuento de una estatua dedicada al sacerdote y poeta catalán Jacinto Verdaguer, que está al borde la plaza, enfrente de la fuente.

En un idílico paisaje al lado de la ría, descubrimos, entre dos laureles, esta estatua al poeta Verdaguer.
   
Al aproximarnos nos damos cuenta que es un busto que sale del pedestal, con una túnica y una corona de laurel en la cabeza.
   
Aquí vemos más de cerca a "Cinto", como también le llamaban familiarmente.
   
La "MN."" significa "Mosén", o sea "Clérigo", y el año "MCMLXI" es "1961".
   
Más abajo, un escudo con dos torres y dos castillos a la izquierda y un dragón (con oso y madroño) y una corona de laurel a la derecha.
Y, ya al pie del monumento, este adorno que parecen ramas, hojas y frutos de laurel, que es árbol que hay justo a la izquierda.
   
En el costado derecho hay una representación de la Verónica, que simboliza la parte que podríamos llamar ”mística” del poeta.
   
Esta pastora, que está tocando una especie de flauta de pan mientras los niños bailan a su alrededor, simboliza la parte más popular de la obra de Verdaguer.
   
 
Y en el lado izquierdo la parte más épica, con una representación de la Atlántida. Abajo, también a la izquierda, el nombre del escultor, Miguel Oslé, de Barcelona que, como otros muchos, murió un año antes de la inauguración del monumento, que fue en 1961.


En principio esta estatua se puso en el Paseo de Nicaragua, que es justo el principal del estanque, y asistieron a la inauguración los alcaldes de Madrid y Barcelona. Pero en 1972 el Círculo Catalán pidió el traslado a donde está ahora, que es más lógico.

Jacinto Verdaguer fue un gran poeta catalán que revolucionó la poesía y la lengua catalanas. Tuvo una vida algo complicada pues, ya de entrada, perdió a cinco de sus siete hermanos. De familia humilde, le pusieron a estudiar en el Seminario y, al final, se hizo sacerdote, pero también daba clases y hacía tareas en el campo. Era de Folgarolas, donde nació en 1845 y con tan solo 20 años se le ocurrió participar en los Juegos Florales de Barcelona (de poesía, claro), con bastante éxito. Se fue a Cuba por salud, por aquello del “clima húmedo del mar” y empezó a escribir poemas sobre el viaje de Colón que poco a poco fue madurando y transformando hasta hacer el libro L'Atlántida (1876), una maravilla que fue traducida a varios idiomas, hasta doce, entre ellos el castellano. Menéndez Pelayo, entre otros muchos, le felicitó efusivamente por ello y mucho después Manuel de Falla junto con Cristóbal Halfter hicieron una gran obra musical.

Verdaguer de joven, con pajarita y barretina, la gorra típica catalana.
Un poco más mayor, ahora con lacito y con otra barretina.


Siguió participando en los Juegos Florales, donde en 1880 ganó otros tres premios y se fue de viaje por París, Roma, Suiza, Alemania, Rusia y Tierra Santa, patrocinado por el marqués de Comillas, de cuya casa fue capellán privado. Después tuvo una crisis personal que le llevó a endeudarse y realizar actividades no bien vistas por la Iglesia, como la práctica de exorcismos, hasta que le expulsaron del sacerdocio. Posteriormente volvió a ser admitido y se quedó en Barcelona con un pequeño cargo en la iglesia de Belén.

La tuberculosis que llevaba padeciendo durante años le llevó a refugiarse en una Villa de la montaña de Vallvidriera, “Vil la Joana”, donde murió en 1902 con tan solo 57 años recién cumplidos.

Otras obras suyas importantes son Idil·lis i cants místics (1879), Oda a Barcelona (1883), Canigó (1886), donde definía la patria como la posesión de la tierra por derecho divino, y Montserrat (1889).

Aprovecho para deciros que, aparte de mí, hay muchos madrileños a los que nos encanta la cultura, la lengua, las tierras y las gentes de Cataluña. ¡Que conste!

Y dicho esto seguimos paseando por los alrededores:

El paisaje que se ve por aquí es precioso en primavera, con olivos, palmeras, árboles del amor...
   
Fijate tú si no en este "árbol amoroso" a cuyo pie reverdecen los avellanos.
   
Cerca hay unos arbolitos que son manzanos.


Según se sube a la izquierda, antes de llegar al monumento a Martínez Campos, hay un montecito encima del cual vemos una pequeña plaza con una fuente que va cambiando a lo largo de los años:

Antes tenía esta pinta, concretamente en diciembre de 2009.
   
Los chorritos preciosos, con su bonetero del japón adornándo y esta ardillita mirando desde un tronco de árbol pelado.
   
Y así estaba en 2011, con rosas y cartelito de la Senda Botánica. Fijaos en el círculo de ladrillos, que es auténtico.
   
Más de cerca se aprecia mejor la curiosa forma de la fuente: un círculo ondulado.
   
Ha sido remodelada hace poco, como se ve en los trozos de granito nuevo con cemento fresco. Los geranios también son nuevos. Mis amigos los jardineros le llaman "la fuente de los trece caños" que de verdad los tiene, doce en el círculo y el del centro, trece.
   
Al año siguiente, 2012, otra remodelación, ahora con rosas amarillas y algunos señores alrededor que se dedican a lo mismo que los de la puerta del Florida Park.
   
El riego automático es el mismo, pero las rosas son más bonitas que los geranios, creo yo.


Lo más grande de esta zona es el arce, que tiene cartelito de la Senda con el nº 62 y que está en el borde de la plaza:

Se le llama "el negundo" y no es el único del parque pero sí bastante frondoso. Ya me encargué yo de sujetar las hojas para que salieran bien en la foto. La de abajo (donde se ven los frutos) es del que hay en la Casita del Pescador.


El Acer negundo es uno de los árboles más resistentes, no solo a las condiciones del clima o del suelo, sino también a la contaminación. Las hojas son compuestas y las flores no tienen pétalos, siendo del mismo sexo y colgando en racimos verdosos o amarillentos. Los frutos tienen alas, como es típico en los arces.

Pero hay todavía más árboles por aquí:

Por ejemplo estos arbolitos cuyo fino tronco se ramifica mucho y sirven para que los mirlos y otras aves se posen en sus ramas tan tranquilos. Es el árbol de Júpiter, también llamado "reina de las flores" aunque aquí aún lo las tenía.


Estos árboles de Júpiter (Lagestroemia indica) provienen de China y son muy usados en jardinería por sus preciosas flores, que se ponen de color púrpura en verano. Los troncos se ramifican como si fueran dedos de un monstruo esquelético y las hojas se ponen un poco más oscuras por la tarde-noche.

Hemos puesto esta foto sacada de internet para que veais lo bonito que pueden quedar, porque las de nuestro parque están un poco de capa caída....
   
Las gentes disfrutan como fieras por las praderas de alrededor. La placita de la fuente está justo en lo alto.
   
Entre los castaños aparecen Palmeras de Fortune.
   
Arboles de los farolillos.
Y cipreses.
   
O encinas, como recuerdo del pasado salvaje de la zona.
   
Y donde hay bellotas puede haber ardillas...


Y en las praderas arbustos como estos:

Celindas, como las que vimos antes, con sus olorosas flores.
   
O el omnipresente boj.


Y algunos con nombre de árbol:

Como este "árbol de las pelucas".


Otros con flores y frutos de lo más curioso:

Esta mahonia, que lucía así en abril, junto a unos durillos también en flor y unos cipreses recortaditos, en la zona donde mis papis daban de comer a las palomas, al lado del monumento a Martínez Campos...
   
... se puso así en mayo con unos frutos verdes pero, eso sí, conservando sus hojas con pinchitos.
   
En mayo también el pitosporo se anima a echar sus florecillas blancas.


Si volvemos hacia el estanque veremos cosas como éstas:

Este almez era el nº 46 del antiguo Itinerario Botánico.


Y en el cartelito se explicaba que su nombre científico es Celtis australis y que sus hojas y frutos servían en infusión para las colitis fuertes. También que su madera es empleada para hacer utensilios de jardinería o similares, así como para fabricar carbón vegetal. Los frutos son comidos por bastantes pájaros, a pesar de que no son muy carnosos. Son árboles muy longevos que pueden vivir hasta seis siglos.

Hay bastantes encinas por aquí, y de tamaños considerables.
   
Con simpáticos inquilinos.
   
Y algún laurel como este, que ya tenía botones florales en marzo.
   
En las praderas, a la sombra de los almeces, las gentes charlan y descansan, menos algunos que parecen tener prisa...
   
Aunque al final se apunten al frescor y la tranquilidad.
   
Volvemos a ver en esta zona el mismo arbolito que rodea la plaza de Cataluña, el Crataegus laevigata "Paul's Scarlet" o "espino navarro”.
   
También anda por aquí el árbol de los farolillos, Koelreuteria paniculata o "jabonero de la China".


Si en lugar de salir del monumento a Alfonso XII por el Paseo de Chile, lo hubiéramos hecho por la izquierda, es decir, más cerca del estanque, hubiéramos encontrado esto:

A la izquierda vemos “un trocito de columnata” y luego un paseito de tierra con árboles a los lados, y un kiosko.
   
Lo primero es esta encina y este ciprés...pero, ¿que veo por entre las hojas de la encina?
   
Pues todo un "señor gato", que bajó por el tronco con su elegancia natural.
   
Palmera, ciprés y castaños a uno y otro lado del camino.
   
No faltan los cedros ni las encinas.
   
Ni los eucaliptos ni los bambúes.
   
Desde el kiosko se divisa un panorama de lo mejorcito...
   
Hasta hay un ciprés "habitado".
   
La publicidad es la publicidad…
Aunque a veces el kiosko esté casi desierto pero es que era ...¡un martes a mediodía!
   
Si alguién pide una infusión, la tila la tienen bien a mano.
   
Este durillo de los alrededores estaba en todo su esplendor.
   
Un poco más adelante, a la izquierda, este otro almez con su vestido primaveral.
   
Y enfrente, entre otros, un manzano con sus manzanitas, por supuesto, incomibles.


Al final de este paseito, a la derecha, aparece lo que los jardineros llaman “La Gruta”, donde estaban todas las bombas de agua para regar el Retiro. Lo explico con más detalle en "Casa de Vacas-Templete".

Entre unos juníperos y unas palmeras, debajo de unas piedras, está la entrada de "La Gruta".
   
Nos sorprendió ver por aquí esta espirea.


Aquí desemboca la ría que viene desde la zona del monumento a Cuba.

Aunque también sale en "Casa de Vacas-Templete", un par de fotos para recordar el paraje.
   
Y, ya de propina, este cerezo rojo con sus flores blancas y este tejo que viven por aquí.
   
Esta es justo la desembocadura de la ría en el estanque, en la zona del embarcadero de piraguas.


Y ya nos vamos hacia la Fuente de los Galápagos por el Paseo del Estanque, dejando el embarcadero a la izquierda y la Casa de Vacas a la derecha. Aquí se junta mucha gente, desde los que hacen cola para las barcas, los que se reunen para cosas curiosas, los músicos, los títeres, los payasos, en fin...

Paseo del Estanque bastante concurrido. Al fondo, la Fuente de los Galápagos.


Empezaremos por lo que es la distracción principal, que son las barcas, claro:

   
Los precios son populares, por lo que a veces hay cola.


Y de la taquilla pasamos a las barcas, que salen del embarcadero:

   
Vimos al principio la historia de los embarcaderos: este es el actual, un edificio de estilo dórico construido en 1917.
   
Es importante colocar bien los remos antes de empezar a remar. Las sombrillas son fundamentales para proteger a “los gancheros" cuando el sol aprieta.
Al salir hay que tener cuidado y esperar que la barca esté bien enganchada. Si no se corre el riesgo de baño inesperado...
   
Con el barquito solar hay menos problemas de bajar y subir. ¡Y de remar nada, claro!


Pero también se hacen muchas cosas por aquí:

Una de ellas, remar en piragua.
   
Otra "Vivir a Tope", como propone a los mayores el Ayuntamiento de Madrid.


Y luego están los espectáculos, que son de lo más variado:

Ver un teatrillo de títeres, que gustan a pequeños y mayores.
   
O de marionetas.
   
O de circo, en una pista improvisada y con la "carpa más alta del mundo".
   
Los números pueden ser más arriesgados, como este juego de malabares con cuchillos sobre bici de una rueda (que no se ve porque la tapaba el público).
O más intimistas, donde el diálogo con el público es lo más importante.
 
Los hay puramente musicales, como este joven que se llama Fernando y toca con entusiasmo la dulzaina con temas populares que da gusto escucharle.
Y también de exhibición estática, como este motorista que se quedó suspendido en el aire unas cuantas horas.
   
O de contemplación, como estos dos sultanes que levitan uno encima del otro, no sabemos cómo.
   
La Fuente de los Galápagos es testigo de todo este tipo de espectáculos.
   
Los artistas se las ingenian con distintos números para que la gente se pare, les aplauda y...¡les eche unos eurillos, claro está!


La mayoría son bastante buenos, recordemos que muchos artistas hoy reconocidos empezaron actuando en el Retiro. Por ejemplo Faemino y Cansado, los humoristas a quienes yo solía echar 100 pesetas (veinte duros) muchos domingos.

Pero mi preferido es "Dosperillas", un payaso catalán que lleva ya unos cuantos años por aquí y tiene bastante éxito porque es muy bueno, aparte de con los equilibrios y malabares, hablando con la gente que pasa por “su circo".

Lo primero reunir al público, que no es fácil.
Después "contratar" a la ayudante más adecuada.
   
Y luego los malabares: ¡más difícl todavía....!
   
Los niños son lo más importante para "Dosperillas".
Y las "niñas" también...


Pero ¿quién es “Dosperillas”? Se llama Miguel Julián, pero le gusta más Mike, y empezó en la Escuela de Circo Carampa, allá por 1995. Ha tenido muchos y muy buenos maestros, el más conocido quizás el payaso Jango Edwars. En 1999 funda la Compañía Los Trifulkers, junto con Marcos Jaro, actuando en muchísmos sitios y con bastante éxito de crítica y público.

En 2004 se le ocurre el personaje de "Dosperillas" y empieza a actuar en solitario con esa doble barbita que le hace inconfundible. Ha recorrido medio mundo con su espectáculo, que es una mezcla de humor inteligente (y a veces muy ácido), improvisación, juegos malabares, equilibrismo... Es increible como sabe tratar con la gente y a cada uno/a decirle lo suyo: ¡controla al personal que no veas! Se pasa un rato muy agradable y divertido y el precio de la entrada lo pones tú mismo. Eso sí, sed generosos con Dosperillas, que se lo merece. Si quereis saber más sobre él tiene web, basta poner "dosperillas.com" en Google o el buscador que useis.

Las antorchas son "light" por aquello del peligro de incendio, pero el número es igual de difícil.
Y lo más importante: la recaudación. En esto Dosperillas también es un maestro y se encarga de que todo el mundo "cotice".


Al lado del embarcadero hay una ría, continuación de la que viene desde cerca del monumento a Cuba, que desemboca en el estanque y del que sale este otro tramo.

Esta es la salida, a la derecha de las taquillas, que tiene una puerta giratoria.


Si traspasamos la verja, nos sorprenderá lo que encontramos:

Por su colorido en primavera, destacan los árboles del amor.
   
Enmedio de la barandilla de hierro vemos el desague que comunica la ría con el estanque.
   
Lo más llamativo por su tamaño son dos enormes cedros, pero también hay arces, plátanos, membrilleros...
   
Este es el principio de la ría, con el arbol del amor en primer plano y las barcas en segundo.
   
Zona central de la ría, poco conocida pero preciosa, como veis.
   
Además tiene sus islitas y todo.
   
El Acer negundo, situado junto a la verja del Salón del Estanque, puede estar "pelao" o "frondoso", depende la época.
   
Estos son "frutos secos".
Y estas las hojas y los frutos en pleno verdor.
   
Y junto a este arce, una enorme espirea, que no está nada mal.
   
Y a su lado, por el suelo, yucas, hiedras y hasta pensamientos morados.
   
Y cerca este hermoso membrillero del Japón.
   
Sin olvidarnos de las mahonias.
   
Donde hay agua y vegetación puede haber patos, y esta ría no iba a ser una excepción.
   
Algunos con sueño.
Otros por encima del agua.
   
Otros "metiéndose en profundidades".
Y otros en el más puro "verdor salvaje".


Cuando el invierno es crudo, todo esto puede cambiar mucho:

Y quedarse así de blanquito y "congelao".


Si seguimos bordeando el estanque iremos a parar al paseo que está enfrente del monumento a Alfonso XII y que se llama "Salón del Estanque".

Si estuviéramos en 1923 podríamos ver algo parecido a esto.
   
Hoy la cosa podría ser así.
   
O así...
   
Mejor negocio aún es este puesto de chuches, que antes era de un señor manco y su mujer que se hicieron muy amigos de mis papis.
   
Estas dos buenas mozas te dicen "la buenaventura" en cuanto te descuides.
Detrás estaba el cartel, aunque aquí los árboles estaban más "floridos".
   
Esta otra “buena moza” casi centenaria es nuestra vecina Julia, que pasea por aquí con su cuidadora.
Y a la vez, pero en dirección contraria, vimos a este joven barbado que pasea a quién se preste en un cómodo sofá sobre ruedas.
   
Y estas te solucionan el "futuro" por diez eurillos de nada.
   
Y todo muy controlado por "la poli".


Como veis por aquí para gente muy variopinta, desde las "futurólogas" a los artistas más diversos:

Incluso charlas sobre cómo cuidar mejor a tu perro te puedes encontrar.
   
Los títeres siempre son un aliciente y estos se van cambiando de zona; por eso hemos hablado de ellos unas cuantas veces.


Las "estatuas vivientes" encuentran aquí un escenario ideal:

Este soldado es el mismo pero en dos días distintos, uno iba más de soldado del desierto y el otro de maniobras por el barro.
   
Este "cantante blue" (no de blues) se disimulaba entre la gente, pero estando solo su silueta destacaba sobre el resplandor del estanque.

 

También este otro amigo estaba bastante quieto (bueno se nos quedó “helado”), aunque prevenido por si las lluvias.


Los músicos encuentran aquí un escenario ideal para sus actuaciones:

Como estos violinistas que prefieren este "Salón" a cualquier "tejado"...
   
Esta banda de músicos del Este tampoco lo hacen nada mal.
Y esta arpista, a la que pillamos mirando sus “WhatsApps, observada por un querubín pelirrojo.
   
Pero mi preferido es Ramón, un cubano afincado en Madrid que, de vez en cuando, para por aquí.


Ramón Oliva era bastante conocido en Cuba, pero se tuvo que venir os podeis imaginar por qué. Su disco Raíces Cubanas es muy bueno, con canciones como "Currucucú Paloma", "Cielito Lindo", "Quizás, quizás, quizás...", "Bésame mucho" o "Guantanamera", entre otras. Aparte de en El Retiro actúa en restaurantes y Salas de fiesta y lo hace fenomenal; si le veis no dejeis de escucharle y comprarle algún disquito.

Enmedio del "Salón" y frente al estanque, está el Paseo de las Estatuas:

Al fondo está la Puerta de España que da al paseo de Alfonso XII.


Los pintores y dibujantes también tienen su sitio en este "amplio Salón":

Y como muestra este buen hombre que hace unas caricaturas fantásticas.


Y nos quedan algunos otros personajes imprescindibles:

Como el barquillero que prepara aquí su chiringuito.
O el payaso que "regala" globitos a los niños...
   
Todo muy bien vigilado y controlado por "la poli", que para eso están.
 
No hay duda de que este “Salón” es “multiusos”. ¿Para qué molestarse en subir a Navacerrada?


Y llegamos así al final de este paseo donde hay un par de kioskos pequeñitos:

Uno de helados y otro de "chuches", en el que más de una vez Diego se ha comprado alguna cosilla.
   
Luego hay otro en plan "bar-cafetería" con mesas que dan al estanque, aunque estas chicas han preferido el agüita de la fuente que es más sana y más barata.


Ahora nos encontramos la Plaza de Honduras con la Fuente de la Alcachofa:

Aquí la tenemos a finales de un abril, en todo su esplendor.


Esta fuente estaba en la Glorieta de Atocha y la diseñó el que era arquitecto y fontanero mayor de la Villa, D. Ventura Rodríguez (sí, el de la calle). Se inauguró en 1782, pero un siglo después pensaron que interrumpía el tráfico, así que fué trasladada al Retiro. Luego se hizo otra igual, pero en bronce, que es la que ahora está en Atocha.

Esta es la parte central de la fuentecita.
   
Abajo vemos un tritón y una sirena que sostienen el escudo de Madrid y una corona real.
   
Por detrás vemos sus culetes y colitas y también una cabeza de Neptuno con una inscrpción en números romanos: "MDCCCLXXXII", o sea, “1782”, que es cuando se inauguró. En la columna hay unas hojas de acanto, que siempre quedan bien.
   
Aquí los vemos de lado para apreciar el vaso (se llama así) que está encima de la columna. También vemos las dos ánforas sobre rocas de las que salen sendos surtidores. La columna central fue obra de Miguel Ximénez.
   
Otras vistas de la parte de abajo, una con "lluvia" y otra "sin". Por cierto, el escultor de estas estatuas fue Alfonso Vergaz.
   
Estos pobres niños deben pasar un frío tremendo, menos mal que tienen la alcachofa por encima.
   
Esta es la famosa “alcachofa” que da nombre a la fuente. El autor de esta parte de la fuente fue Antonio Primo, y los "nenes" fueron retocados después por un tal José Rodríguez.
   
Ahora sí que pasan frío los “nenes”, el tritón, la sirena y hasta el apuntador…
   
En la misma plaza de Honduras, junto a la fuente de la alcachofa, hay unos urinarios que ya vimos en "El Palacio de Velázquez" y que a veces sirven de escenario a artistas como este mariachi "puritito mexicano".
   
En la pileta de la fuente hay dos jarrones con surtidores sobre rocas.
Aunque a veces podemos encontrar sorpresas...
Pero más sorpresa nos da este buen señor que disfruta como un enano patinando por esta y otras plazas mientras escucha música por los cascos. Y además que lo hace muy bien: ¡es todo un artista!
   
Esta fuente es un lugar de reunión donde descansar un rato charlando con los amigos y escuchando el murmullo del agua.
   
Y, cuando no hay nadie, el sitio no puede ser más bonito ni más tranquilo.


Seguimos caminando por el paseo de Venezuela y allí nos encontramos nada menos que una Fuente egipcia entre dos kioskos.

Esta sería la vista panorámica: fijaos en los cedros que destacan por encima de todo.


Vemos el primero de los kioskos:

Desde el agua y desde la tierra.
   
Y aquí "a tope", en pleno apogeo.


Aparte de los cedros y de los castaños, hay una hilera de tilos:

Es el llamado "tilo de hojas pequeñas", Tilia cordata. Si pedís una infusión en el kiosko, lo tienen a mano.


Hace unos añitos, en el siglo XIX, el kiosko era así:

La kioskera era la señora de negro que está sentada entre el kiosko y la fuente egipcia.


Después de prosperar durante cuatro generaciones hasta conseguir montar una moderna cafetería, los Jimeno, que así se llamaba la familia que lo gestionaba, han sido desahuciados por no poder hacer frente a las nuevas tarifas impuestas por el Ayuntamiento. ¡Así es la vida!

Lo siguiente es la citada "Fuente Egipcia":

Que se ve así desde el estanque.
   
Y así desde tierra.
   
Y así por la parte de atrás.
   
En la parte superior podemos ver desde ese pedestal con un trocito de columna encima hasta una esfinge.
   
Esta columna era el pedestal de una estatatua del dios Osiris.
   
Esta claro que las aves prefieren la cabeza de la esfinge de la derecha.
   
Los gatos eran sagrados para los egipcios, las urracas no, pero aquí están para beber en ese charquito que la lluvia dejó en la arena, junto a la fuente.
   
En el centro está lo que se llama una "hornacina", con un cántaro de granito y debajo el grifo de la fuente.
   
Los madrileños del XIX llamaron a esta estatua "la Tripona", ¡mira que graciosos!
El resto de la fuente, con su grifo y su pileta, son de lo más normales.


Todo esto tiene su historia, porque la idea fue del arquitecto de Fernando VII, D. Isidro González Velázquez, a quién el propio rey le encargó una serie de reformas en el parque. Pero quién hizo la fuente en sí fue un tal Alfonso Rodríguez, que la terminó en 1850.

En realidad era un depósito de agua, con dos norias, una a cada lado. Se la ha llamado de muchas maneras: “la Canopa” porque a Osiris se le conocía también como Canopo; “el Mallo”, por ser el nombre del arroyo que pasaba por aquí o bien “la Gorda” o “la Tripona”, ya os podeis figurar por qué.

Los egipcios tenían la costumbre de echar las vísceras de los difuntos que momificaban en este tipo de "cántaros" de piedra que eran de cuatro tipos, tantos como los hijos de Horus. En ellos echaban el hígado, los intestinos, el estómago y los pulmones: ¡eso es organización!

Si seguimos por el borde del estanque veremos el otro kiosko:

Que se vería así desde el agua, bueno casi no se ve porque los tapan los cedros.
   
Lo vemos desde más cerca: tiene su terracita y sus sombrillas, como el otro.


Unos pasos más adelante nos sorprende una "estatua" singular:

Direis, ¿pues donde está? No vemos más que cedros y castaños...
   
Pues aquí la teneis, es un ancla de barco ¡auténtica!
   
Lo pone en el centro del círculo de adoquines donde está.
   
Está claro que se fundió en Milán, como pone en el ancla misma: "FONDERIA MILANESE DI ACCIAIO VANZETTI 1930".
Este músico andaba un día por allí tocando este curioso instrumento, por cierto muy bien. Se llama Hang (el instrumento, no el músico) y fue inventado en un cantón suizo en el año 2000.


Esa fragata "Villa de Madrid" era de hélice, y se construyó en Cádiz en 1862, con 87 metros de eslora (o sea, de largo) y pudiendo transportar hasta 4 toneladas y media de carga. Bueno, llevaba casi 50 cañones, que no es ninguna tontería. Ahora, lo de la fundición en Milán deja dudas de si el ancla es o no de esta fragata.

Si seguimos paseando por la orilla del estanque hacia el monumento a Alfonso XII, podremos ver interesantes panoramas.

Desde naturistas que aprovechan los rayos del sol de mayo para ir ya bronceados a la playa.
Hasta eucaliptos como este, cuyas raíces se aprovechan de la humedad del estanque.
   
La orilla es un buen sitio para charlar...y a veces para pescar sin caña, con un simple hilo y anzuelo, que hay que disimular.
Diego se fija a ver si hay pesca o no: ¡alguna vez ha caído en la tentación...!
   
Esta zona les encanta a los navegantes, precisamente por lo fácil que es aquí desembarcar...¡sobre todo cuando se te ha pasado la hora de devolver la barca!
Algunos parece que quieren ir "contracorriente".
   
"Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir..." Estos versos de Jorge Manrique vienen al pelo para esta imagen de "los últimos instantes de la ría".
   
   
   
Otras imágenes románticas de la desembocadura de la ría donde abundan las plantas con bonitas florecillas silvestres.
   
Muy cerca hay unos arces moscones, Acer campestris, de los que vemos sus típicas hojas con tres lobulitos y los frutos en sámara.


Continuamos "ría arriba" fijándonos también en lo que hay en ambas orillas.

Llegamos al primer puente del que vemos sus "ojos" y la gente que pasa por arriba. Diego en la orilla con un baloncito, mientras un pato está en el agua, a lo suyo.
   
En primavera, el violeta del árbol del amor contrasta con el verde de los castaños.
   
Pasado el puente, este es el panorama.
   
Un par de arbolitos exóticos con flores blancas muy bonitas que son nada menos que membrilleros.


El membrillero, Cydonia oblonga, es un árbol muy curioso que proviene del Caúcaso y cuyo fruto es el membrillo, cuya “carne” o “dulce” es una exquisitez. Se puede tomar con queso blanco, con nueces o con pan (como lo comíamos de pequeños) y es el resultado de cocer los frutos con azúcar a partes iguales. Las hojas y las flores son parecidas a las de los manzanos, ciruelos o perales, pues son de la misma familia: las Rosáceas. Los frutos son como peras amarillas y duras: para comerlos lo mínimo hay que cocerlos y ponerles algo de azúcar. Son muy olorosos y hay quién los pone en los armarios para perfumar o bien para dar buen olor a las casas. Actualmente hay un gran cultivo de membrilleros, sobre todo en Turquía y en China, aunque en España también los hay. Os recomiendo una película: “El membrillo” sobre la historia de un cuadro pintado por el gran pintor hiperrealista Antonio López.

Pero sigamos viendo otros ejemplares y curiosidades de por aquí:

Como este tejo y unos cuantos olivos.
   
Una tarde sorprendimos cerca de la orilla a este equilibrista aficionado que lo hacía bastante bien, caminando por una cuerda que puso entre dos árboles.
   
Ya cerca del monumento a Alfonso XII, este cedro majestuoso y esta cotorra argentina que andaba por allí cerca, donde hay una colonia con nidos y todo.
   
No muy lejos esta secuoya roja, Secuoya sempervirens, destaca entre los árboles de la zona.
   
Precioso paisaje de la ría un poco más arriba, con la plaza de Cataluña a la izquierda.


Nos centramos ahora en el segundo de los puentes que cruza esta ría:

Con un par de castaños por enmedio y todo.
   
Esto es lo que dejamos atrás.
Y esto lo que nos queda por delante.
   
En las orillas vemos otra vez espinos navarros.
   
Y a este muchacho, que no es navarro sino madrileño, y que intenta coger alguna que otra rana de las muchas que viven por aquí.
   
Aunque no sean los únicos bichitos que hay por estos lares.
   
Conseguimos pillar a este pico verde junto a un mirlo en el césped.
Y a este gorrioncillo bebiendo agua de la propia ría.
 
Las palomas aprovechan para darse un buen bañito. Bueno, una de ellas, porque la otra se lo está pensando en la rocalla.
   
Los lirios de la orilla no son normales, son los “agapantos” o “lirios africanos”, con un color violeta claro más que bonito.
   
Por aquí, cuando hace bueno, los típicos "domingueros" aprovechan para comer o merendar. Estos lo hacen alrededor de esta celinda.
   
   
Los ailantos, estos árboles tan grandotes, nos ofrecen su sombra y sirven de refugio a amigas como ésta.


Según avanzamos en la ría, siempre contra corriente, nos encontramos a la derecha un monumento, el último ya de la zona y de esta página web. Es el dedicado al investigador D. Santiago Ramón y Cajal:

Desde la otra orilla aparece casi oculto por los árboles.
   
Así que para verlo hay que cruzar el puente, como hace Diego.
   
Pero como sea época de vegetación, los castaños nos siguen tapando el dichoso monumento.
   
Hasta que, ¡por fin! podemos empezar a verlo.
   
Aquí lo vemos de frente y en primavera.
   
Este es el monumento más de cerca.


Este monumento tiene un estanque donde está "Cajal" en un pedestal (¡vaya rima!) con una pared de piedra detrás, donde hay dos fuentes con dos relieves y una estatua de bronce enmedio.

Este es D. Santiago, que parece un romano...
   
A la izquierda la "FONS VITAE" o "FUENTE DE LA VIDA", con esta familia "fresquita" y feliz porque acaban de tener un niño.
   
Y a la derecha la "FONS MORTIS" o "FUENTE DE LA MUERTE", que es esta señora que "visita" al señor tumbado que ya no está para muchas bromas...
   
Así son los caños que tienen un cartelito diciendo que este agua no se puede beber.
   
La señora es nada menos que la diosa de la sabiduría, Minerva, que se supone inspiró a Don Santiago en sus descubrimientos.


Vamos a dar la vuelta al monumento, a ver si vemos algo más:

Por detrás, entre olmo blanco, aligustre, fotinia y castaños, el monumento se ve así.
   
Aquí vemos los olmos y la secuoya, que son altísimos.


Hay sendas dedicatorias en dos paredes de piedra caliza:

En la de la izquierda podemos leer: "HOMENAJE EN EL JUBILEO DE SU PROFESORADO A LOS 70 AÑOS DE SU EDAD EN 1922". ¡Ojo al dato que las jubilaciones irán por ahí en breve!
Y en la de la derecha, con algunas manchas de humedad, podemos leer: "A SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL SUS DISCÍPULOS Y AMIGOS".
   
La señora Minerva por detrás luce así. Y en la base hay otro cartelito: "COMPUSO Y LABRÓ ESTA FUENTE EL ESCULTOR VICTORIO MACHO".


Pues sí, Victorio Macho fue el escultor de esta fuente y de sus estatuas. Era un escultor palentino que aprendió a esculpir en la Escuela de Artes y Oficios de Santander y luego en la de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Total, que se hizo famoso porque esculpía muy bien y la estatua de D. Benito Pérez Galdós que está en la zona del Palacio de Cristal fue la que le empezó a dar la fama. También hizo la de D. Jacinto Benavente que está en el Parterre y otras muchas más, claro. Alguna de ellas están en Colombia y Perú, pues se fué por estas tierras después de exiliarse en Francia y Rusia tras la guerra civil. Después de casarse con una peruana, se instaló en Toledo, donde está su museo. Allí murió en 1966, con 79 años, pero fue enterrado en Palencia.

La escultura de Ramón y Cajal vista por detrás.
   
Este monumento llegó a salir impreso en estos billetitos de 50 pesetas de hace unos años.


Por cierto que este monumento fue hecho para el Parque del Oeste pero, por las condiciones del terreno, se trasladó al Retiro en 1923, siendo inaugurado aquí por Alfonso XIII en 1926.

Después de hablar del monumneto y de su escultor habrá que decir algo de D. Santiago que, al fin y al cabo, es el protagonista de la estatua. Y además uno de los grandes hombres de ciencia españoles de los últimos tiempos.

Ramón y Cajal nació en 1852 (cien años antes que un servidor) en un pueblecito de Navarra llamado Petilla de Aragón desde donde fue a otros pueblos siguiendo a su padre, que era cirujano. Ya desde muy pequeño le gustaba dibujar, que se le daba muy bien, pero no tanto estudiar porque no le gustaba memorizar y eso le causó algunos problemas con los frailes de Jaca y luego en el instituto de Huesca; de hecho su padre le puso a trabajar de aprendiz de zapatero y de barbero por sus malas notas, antes de pasar a la Universidad de Zaragoza donde se licenció en Medicina con 21 años. En esa época escribió su primer libro llamado "Estrategia lapidaria" donde hablaba de las tácticas en las peleas a pedradas entre estudiantes. ¡Increible! Pero no todo eran juegos, sino que tuvo que hacer la mili y le tocó en Cuba, donde hizo de médico militar, pero cogió el paludismo.

Una vez recuperado en España, empezó el doctorado en 1875 y lo terminó dos años más tarde, comprándose su primer microscopio a la vez que ganaba una plaza de médico en Zaragoza. Tras caer enfermo de tuberculosis, se volvió a recuperar y fue nombrado Director de Museos Anatómicos de Zaragoza lo que le permitió casarse. Tuvo nada menos que siete hijos.

De allí pasó a la cátedra de Anatomía Descriptiva de la Facultad de Medicina de Valencia donde le pilló la epidemia de cólera, enfermedad que estudió y sobre la que escribió un libro. En 1887 se va a Barcelona, a la cátedra de Histología y, al año siguiente, es cuando descubre todo el asunto de las neuronas que le hizo famoso. Se dió cuenta que el tejido nervioso estaba formado por células que se entrelazaban entre ellas y se comunicaban. Fue un auténtico "bombazo" científico reconocido en Berlín, en el Congreso de la Sociedad Anatomica Alemana. Y después le llovieron los premios y reconocimientos tanto en Alemania como en Rusia, Inglaterra y Estados Unidos.

D. Santiago en su laboratorio de Valencia y luego en una "foto de Nobel" firmada y todo.


Desde 1892 trabajó en Madrid, primero en la cátedra de Histología y Anatomía Patológica de la Universidad, después en un moderno Laboratorio de Investigaciones Biológicas creado para él por el gobierno en 1902 y luego en el Instituto Cajal. Entre 1897 y 1904 publicó su gran obra Histología del Sistema Nervioso del hombre y los vertebrados, por cierto en fascículos.

Pero lo máximo fué el Premio Nobel de Medicina que le dieron en 1906 junto al científico italiano Camilo Golgi (el del famoso "aparato de Golgi" de las células). Cuando le llegó el telegrama de Suecia creyó que era una broma de sus alumnos y siguió durmiendo. ¡Así era D. Santiago! Por cierto, si quereis conocerle mejor os recomiendo la serie que hizo el gran actor Adolfo Marsillach para televisión española.

Murió en Madrid en 1934, rodeado de sus alumnos, habiendo dado muchísimas clases y escrito unas cuantas obras científicas y otras literarias, la última El mundo visto a los ochenta años. El Hospital que lleva su nombre tiene muy buena fama y, en la entrada, hay un enorme busto de este aragonés que revolucionó en su época el mundo de la Biología.

Cuando nieva el monumento se ve así.


Pero veamos algunas cosillas de los alrededores:

Cerca del monumento se reúnen algunas gentes a hacer ejercicios por las mañanas.
   
   
El paseo de tierra de al lado está plagado de castaños de indias, algunos de flores rosas de la especie Aesculus rubra.


El kiosko de al lado tuvo su polémica con el Ayuntamiento, hasta que sus antiguos arrendatarios fueron desahuciados, al igual que los del de la fuente egipcia.

En principio se cerró y luego empezaron a aparecer carteles.
   
Como estos.


Pero el proceso siguió adelante, y una nueva empresa se hizo cargo del kiosko.

Y todo siguió como si no hubiera pasado nada: una vez más se impuso la ley del más fuerte.
   
Otra opción es intentar beber agua de esta fuente cercana, como intenta hacer Diego.
   
Este paseito de al lado se llama "Paseo del Perú."
   
Como pone en el cartelito.
   
Al lado del que tenemos un mapa de la Senda Botánica.
   
Y muy cerca un ejemplo de olmo común, Ulmus minor, con el cartelito nº 58 de dicha Senda.
   
El paseo es así, y subiendo por él se llega al monumento a Martínez Campos.


Pero volvamos un momento abajo, a la explanada junto al kiosko:

Antes incluso de la llegada de la primavera, los membrilleros empiezan a deleitarnos con sus flores.
   
Aunque se nos pueden congelar, si el año es un poco frío.
   
Eso no le pasó a esta exhuberante espirea que ya floreció con la primavera en marcha.


Pero volvemos a la ría por la que veníamos y la retomamos justo donde Diego donde solía hacer sus "excursiones marítimas":

Con este barquito a control remoto que se llama "Sea lite", porque todavía se conserva, aunque ya navega poco.
   
Sin embargo estos van sin control, sin pilas y sin nada, a su aire, bueno "a su agua".


Volvemos a las orillas para ver que arbolitos hay por aquí:

Pues muchos castaños, saúcos, árboles del amor, ciruelos y hasta "lagestroemias".
   
Este es Lagestroemia indica, la misma que vimos alrededor de la placita de la fuente de los trece caños.
Hasta un pequeño roble vemos por aquí.
   
Desde el tronco del saúco vemos a estos improvisados "balonvoleistas".
   
Y este "gnomo malicioso” que se dedicaba a pedir a los naturistas.


Y llegamos ya al primer puente de la ría, el que está más cerca del Paseo de Coches.

Esto es lo que se ve a ambos lados de este puente.
   
   
Y este el puente en sí mismo, con sendos castaños justo enmedio y visto desde las dos orillas.
   
En las orillas hay arces negundos.
Y matas de bambúes.
   
Pero las estrellas son estas tres palmeras canarias, las únicas que hay en el parque.


La palmera canaria, Phoenix canariensis, es mucho menos común que la de Fortune, de las que hemos visto muchísimas en el parque. Estas son las únicas y por eso son el nº 59 de la Senda Botánica. Sus dátiles no se suelen usar para la alimentación humana, pero sí como pienso para el ganado. En Canarias, de donde proceden, se usan las ramas y otras partes del árbol para fabricar esteras, escobas, trajes, mochilas, techos o incluso redes de pesca. Se hace un agujerito al final de su copa para sacar un jugo que se llama "guarapo", es muy dulce y sirve para fabricar aguardiente y miel. Son muy longevas, pudiendo vivir hasta 400 años, así que tenemos palmeras canarias para rato.

El tronco de donde salen las "palmas" y detalle de las ramas cortadas y de los dátiles (no confundir con los míos).
   
Al ladito vemos un saúco con sus hojas y flores típicas.
   
Y muy cerca un liquidámbar y unos árboles de los farolillos.
   
Y los bambúes y las palmeras de Fortune también andan por aquí.
   
Lo mismo que este fresno.
Y los avellanos.
   
Estos bambúes eran ya una auténtica "selva" para Diego, al que le gustaba mucho meterse por allí.


En invierno el panorama es muy distinto:

Sobre todo si nieva así.
   
Menos mal que el agua no se llegó a helar y los patitos pudieron sobrevivir.


Este es uno de los sitios del Retiro donde más hemos ido con Diego, porque disfrutaba un montón:

Por aquí Diego se lo ha pasado pipa “organizando cacerías" de día y de noche.
   
   
Su objetivo siempre era el mismo: la rana. Se acercaba despacito, ponía cerca la sacadera y ¡zas!


Las correrías de Diego por esta zona no puedo dejar de contarlas. Tuvo una época en que se aficionó a coger ranas con una sacadera y toda su obsesión era venir aquí día y noche en primavera y verano. Era muy hábil y cogía bastantes ranas que llevábamos al césped de donde se escapaban otra vez a la ría. Un día por la tarde, que habíamos quedado para ir a cenar a casa de mi cuñada, se le fué un pié y dió con sus huesos en el agua, bueno, en el cieno. Se puso perdido y tuvimos que ir corriendo a casa a bañarse y ponerse otra vez limpio para la cena. ¡Que odisea!

Hablando de Diego, había por aquí un árbol del amor con el tronco muy inclinado donde le encantaba subirse. Pero el tiempo pasa: el árbol lo cortaron y Diego se nos hizo mayor...


Y ya que a Diego le encantan los animales, pondremos algunos más que acostrumbran a ir por estos parajes:

Las palomas adoran la rocalla desde donde beben y se bañan.
   
La urraca y el gorrión también son "clientes" de esta ría.
   
De la que vemos esta curva, que ya es casi el final.
   
Que es este, con una rocalla de la que brota el agua.
   
Aquí la vemos más de cerca, igual que un patito que estaba por allí y se fue volando.
   
   
Había aquí una morera que se taló pero que ha vuelto a rebrotar.
   
Vista de frente de la "rocalla-manantial". Al fondo, a la izquierda, una mata de yuca.
   
Que vemos aquí en plena floración.
   
Esta es una zona que favorece el amor y la amistad.
   
A veces muy efusivos...¡Y pensar que hace años no nos dejaban ni pisar el césped!


Según se baja a la derecha hay unos avellanos y un arce japonés:

Los avellanos son aquí arbustos, aunque les salen avellanas y todo.
   
El arce japonés también es arbustivo aquí, pero le delatan sus hojas estrelladas.


Y a la izquierda una serie de arbolitos:

Como este saúco de tamaño considerable.
   
Este ciruelo con sus ciruelas... verdes, eso sí.
   
Y este arce negundo con sus típicas hojas lánguidas.
   
Mi amigo Antonio, el jardinero, posa aquí junto a ese arce. Un poco antes me identificó la morera y el ciruelo de que os hablé: es uno de los que más me ha ayudado con la página, aparte de una gran persona.
   
En lo alto se ve otra secuoya que, la verdad, está muy desmejorada. Menos mal que parece que le están saliendo brotes por abajo.
   
Desde arriba se ve todo este panorama…Es un sitio que a la gente le encanta para retozar.
   
Y ya casi en el paseo este enorme cedro.
Muy cerca hay una fuente donde estos jóvenes dan de beber a sus perritos.
   
En Madrid cuando nieva, nieva, y esta es una nevada importante que casi no deja ver ni el paseo ni la estatua que está al final, la de Martínez Campos.


Así hemos terminado esta enorme vuelta por todo el Parque del Retiro en la que intentamos ver y hablar de casi todo, rincón por rincón. He puesto un montón de anécdotas y vivencias mías, que para eso se llama "el retiroyyo". En realidad he querido hacer un homenaje a mis padres que tantas veces me llevaron al Retiro y un recorrido por mi vida a través de todos los lugares de este precioso parque que siempre he tenido cerca de mí.

Como siempre, os pongo el mapita con las zonas, bueno dos: uno de los antiguos y el otro de Google:

El nº 1 es el estanque, claro, el nº 2 el embarcadero de las barcas, el 3 el de las piraguas, el 4 el monumento a Alfonso XII, el 5 el monumento a Hipólito Yrigoyen, el 6 el Paseo de Chile, el 7 la fuente de los 13 caños, el 8 el kiosko del estanque, el 9 el Paseo del Estanque, el 10 la ría del embarcadero, el 11 el Salón del Estanque, el 12 la Fuente de la Alcachofa, el 13 el primer kiosko del Paseo de Venezuela, el 14 la Fuente Egipcia, el 15 el segundo kiosko, el 16 el ancla, el 17 la ría, el 18 la Plaza de Cataluña, el 19 el monumento a Ramón y Cajal y el 20 el estanque de enfrente de la Casa de Fieras.
   
Así se ve en la realidad desde las alturas.

 


Nota: Las fotos del estanque de los años 60 me las cedió mi amigo Manuel Gil. Y las de los piragüistas y bañistas de los años 30 son de un maginífico artículo de Ignacio Ramos Altamira publicado en el nº 51 de la Revista "Madrid Histórico" de Ediciones La Librería. La foto nocturna del estanque es de mi amiga Lena Ortiz, que es una artista y tiene un magnífico blog. La foto del cormorán comiendo el pez la saqué de la página web "www.lacasadecampo.net". La de Jacinto Verdaguer joven está sacada de la página del Centro Virtual Cervantes y la de más mayor de la Wikipedia. La foto de la Lagestroemia está sacada de una página italiana que es www.agraria.org. La foto antigua del Salón del Estanque la cedió Ramón Castro al libro de Fotos del Retiro editado por el Ayuntamiento. El billete de 50 pesetas de Ramón y Cajal lo saqué de "imperionumismatico.com". Las fotos de Ramón y Cajal están sacadas de la Wikipedia.

 

Agradecimientos:

Quiero dar las gracias a todos los que me han ayudado y animado a hacer esta página que han sido muchos. Los primeros los podadores del parque que me empezaron a decir nombre de plantas y árboles. Gracias a Juan, Lourdes, Charo, Javier, José Antonio, Emilio, Iñaqui, Antonio, José, etc. Después los jardineros a los que he dado la lata preguntándoles montones de plantas. Gracias a Antonio, Juan, Carmen, Ana Belén, Candi, Manuel, etc. La gente de las oficinas desde la directora, Rosa Montalvo, la subdirectora Guadalupe, los técnicos como Pedro, los encargados Paco y Alberto, la conserje Sonia, en fin... Que decir de la gente de los puntos de Información: pues que ya no están por esas injusticias de la vida, pero les recuerdo con mucho cariño y les agradezco su gran ayuda. Gracias a Jesús Diez de Palma, a Carlos Merino, a Inés Carrascón, a Bea Escudero, a la otra Bea, etc. También se han portado muy bien los que estaban antes en el Huerto del Retiro y los que están ahora: muchas gracias por vuestro apoyo y ánimos. ¡Ah! y los nuevos guardas del parque, Angel y David, que también conocían mi página y me han ayudado con algunos arbolitos y fotos. Mención especial para Javier Spalla y su gente de los Viveros que se han portado muy bien conmigo. No puedo olvidar a los que me han prestado sus fotos, sobre todo Manuel Gil que, además de ser uno de los más fieles seguidores de la página, me ha hecho depositario de toda su magnífica colección; pero también otros a los que estoy muy agradecido, como Mario Fernández o Carmen de las Heras. Los libros de Carmen Ariza Muñoz, de Consuelo Durán Cermeño, de Carmen Simón Palmer y de Jesús Díez de Palma me han servido muchísimo. He consultado muchas páginas web, pero me han ayudado especialmente "monumentamadrid.es", "infojardin.com" y también "pajaricos.es". Y los fans de la página, como mi cuñada Maribel y otros muchos y muchas que de vez en cuando me decían que les gustaba y que siguiera adelante. Han sido unos siete u ocho años de trabajo-hobby que han merecido la pena: he disfrutado mucho recorriendo cada rincón del Retiro, haciendo fotos, preguntando cosas, leyendo libros, consultando páginas de internet y, sobre todo, haciendo amigos. Muchísimas gracias a todos.

 

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