La Montaña Artificial

 

 

Fernando VII era un rey muy caprichoso, y uno de sus caprichos fue que le construyesen una montaña en el Retiro. Y así fue como se hizo la "Montaña Artificial", que hoy podemos ver entrando por la puerta de O’Donnell:

Puerta en hierro forjado que está justo en la esquina de las calles Menéndez Pelayo y O’Donnell.


Por cierto y de pasada, os diremos que O’Donnell fue un militar y político canario progresista que tuvo una gran importancia a mediados del siglo XIX, llegando a ser en tres ocasiones Presidente del Consejo de Ministros.

Nada más entrar nos encontramos este paisaje:

 
 
Este pequeño estanque con sus olmos, fresnos, cedros, hiedras y hasta cascada, nos da la bienvenida al Retiro si entramos por esta puerta de O’Donnell, claro está.


A todo esto, la Montaña Artificial está hueca, pues la hicieron a base de ladrillos; de hecho dentro hay unas “cuevas” que fueron convertidas en salas de exposiciones. Había también una noria para subir el agua para las cascadas (ahora se hace con una bomba), y un observatorio en lo alto para que el rey pudiera ver el paisaje de los alrededores de Madrid.

Y esto era la montaña artificial recien construida, o sea, alrededor del año 1815. Arriba del todo estaba el templete desde el que se veia medio Madrid.


Los madrileños de la época llamaron a esta montaña "Rusa" (no sé muy bien por qué), "el Tintero" (por la forma que tenía vista de lejos) o "de los Gatos", porque hubo una época en que la gente se deshacía de sus mininos dejándolos por aquí.

Alrededor de la montaña hay una ría y otras cascadas, además de la que se ve en la puerta de entrada:

Entre piedras tapizadas por hiedra surgen otras cascadas que van a parar a la ría que rodea la montaña.


Enseguida vemos un camino que sube hasta la cima:

Entre pinos, cedros y otras especies, este camino, de suelo blanquecino y rodeado de rocallas, nos lleva a la misteriosa cumbre de esta montaña “de capricho”.


Por el camino encontramos una serie de árboles y arbustos:

Como ejemplo valgan este bambú...
O este almez.


Y justo antes de llegar a la cima vemos estos ruscos (Ruscus aculeatus):

Los ruscos se caracterizan porque lo que parecen hojas en realidad son tallos, y de allí salen las flores y los frutos que parecen “pegados” a las falsas hojas.


Al coronar la montaña, nos encontramos con una especie de “búnker” de cemento lleno de pintadas y sobre el que se puede uno subir y tener una panorámica de los alrededores:

Los artistas del “grafitti” han sido muy felices en este apartado lugar.
 
Esta es otra perspectiva, con los cedros de fondo.
 
Si uno se sube encima puede tener un poquito de vértigo, pero verá muy bien edificios de enfrente, de la calle de Alcalá, incluso el minarete de la Casa Arábe, en las antiguas Escuelas Aguirre.
 
Hay gente que utiliza esta zona como de “recreo”, pero dejando rastros desagradables…


Bajando un poquito nos encontramos con la “sala de máquinas” de la montaña, pintada de riguroso color rosa y convenientemente “graffiteada”. Dentro se encuentran los mecanismos de las bombas de agua, para que haya circulación por el interior de la montaña y “funcionen” las cascadas:

Mario y Natalia dejaron aquí la “huella” de su amor.
El aspecto es como de un chaletito rosa a media montaña.
   
Este es el patio del “chalet” con su correspondiente “decoración graffitica”.
Las vistas son nada menos que a la calle de Alcalá, con frondoso pitosporo incluido.


Y como todo lo que sube baja, nosotros también lo hacemos por un camino similar al de la subida:

Los suelos siguen siendo de una arena blanquecina, la rocalla rodea el camino y en sus bordes crecen palmeras, palmitos, castaños y este otro pitosporo de los muchos que hay por la zona.
   
Las mahonias abundan por aquí con sus típicas hojas con pinchos, parecidas a las de los acebos.
   
Nos volvemos a encontrar el rusco, aquí con su típica hoja (bueno quiero decir “tallos” (por lo que ya os explicamos antes) en forma de lanza.
   
La mahonia, con sus hojas “pinchudas” (que se vuelven rojizas) también están presentes en la montaña.
   
El famoso boj también está presente por estos “agrestes parajes”.
   
Este avellano seco delante del durillo, siempre verdoso, jalonan las laderas de la montaña.
Y este mirlo está hecho todo un “montañero”.


Aunque el descenso no es largo ni peligroso (por mucho que se quiera esta no es más que una montaña “de capricho”), el caso es que hay que bajar, sobre todo porque así veremos la otra “cara” de la montaña donde hay tres cascadas, una de ellas con estatuas y todo:

Las palmeras, los bambues y los pinos piñoneros nos acompañan en el descenso.
 
Final del camino de bajada, desde el que ya divisamos el Paseo de Coches, con sus típicos laureles en forma de enormes setos cónicos.


A la izquierda del camino, nada más terminar de bajarlo, aparece esta pequeña cascada:

Es más que nada una pequeña gruta por donde se escapa un poquito de agua, o sea una “cascadilla”.


Pero a derecha de esta encontramos la cascada principal, jalonada por dos leones:

 
Para ser artificial, la verdad es que el conjunto “da el pego” y queda de lo más estético.


Los dos leones son del mismo estilo que los que hay en la Casa de Fieras; son jovencitos, por lo que tienen una barba incipiente.

Leoncitos casi barbilampiños, hechos en caliza y similares a los de la Casa de Fieras.


Y un poco más a la derecha otra nueva cascada, más pequeña que la principal, pero que no está nada mal:

Cascada rodeada de vegetación y que, a pesar de no tener estatuas, queda bastante bien.


Si seguimos rodeando la montaña hacia la puerta de entrada, a la izquierda del camino nos sorprenderán otra vez las palmeras, los olivos y unos curiosos árboles llamados “huingans”, que provienen de Chile y Argentina, en concreto de unas zonas habitadas por unas tribus llamadas “mapuches”:

Entre los dos caminos hay una serie de árboles y arbustos interesantes. Entre estos últimos destaca la mahonia.
 
   
Pero sobre todo este “huingan” (Schinus polygamus), con un fuerte tronco que se ramifica desde la base y en el que descubrimos unos pequeños hongos de la madera.
 
¡Y que me decís de este sorprendente olivo!
   
¿Y de este ciprés…?
¿Y de estos cedros…?


Como os habéis podido dar cuenta, la verdad es que la montaña está bien protegida por una exuberante vegetación.

Si cuando estábamos arriba, a la altura del “chalet rosado”, quisiéramos bajar, hay una escalerita de ladrillos que nos lleva abajo:

Los durillos jalonan esta escalera de ladrillo rodeada por rocalla y que nos lleva a la verja de la calle Alcalá.


Aquí se forma un pasillo entre la montaña y la verja por el cual pasan continuamente (día y noche) las gentes que recorren al trote el parque:

Yo lo llamo cariñosamente “el pasillo de los trotones”, aunque justo en estos momentos no había demasiados.


Pasa por delante de la entrada de la montaña, que fue sala de exposiciones en su día:

Curiosas puertas, la del centro en arco y las laterales en ojiva, con sus azulejos; y todo pintado de rosa.
 
Detalles de las puertas y los azulejos.


Y por dentro había una preciosa sala de exposiciones abovedada, en la que en navidades incluso se solía poner un belén viviente.

Precioso, ¿verdad? Pues a ver si un día de estos se reabre esta sala.


Cerca de aquí saliendo a Menéndez Pelayo, justo en el nº 2, hay una tienda de bicis que está muy bien y se llama Bike&Roll:

Aquí está Salva, el jefe, con Jaime que, aparte de las bicis, es profesor de tenis.
Este es Pedro, un gran mecánico de bicis que -además- es de los pocos que saben como va un sistema de transmisión Cardan, que es el que tiene la mía.
   
   
Y esta es Carmen, una clienta muy guapa y simpática que resulta que conocía esta página y dice que le encanta. ¡Que casualidad! ¿verdad?


Te alquilan bicis y patines y además te arreglan lo que sea (bueno de estas cosas, claro). Son especialistas en convertir bicis en eléctricas. También tienen cursos de patinaje, rutas en bici, garage... bueno lo mejor es que os paseis por allí o veais su web. Además son muy simpáticos tanto Salva, que es el jefe, como Jaime (el tenista) y Pedro, que es un mecánico de lujo.

Y también muy cerca hay otra tienda que alquila coches de pedales muy curiosos, de una, dos o cuatro plazas, que cada vez se ven más por el parque. Se llama “DiverBikes” y están en Menéndez Pelayo 9, semiesquina con O’Donnell.

Esta es la tienda con algunos de sus modelitos, con y sin toldo.


Bajando de la montaña en dirección al Paseo de Coches hay un enorme parterre donde destacan, como seto, las andinas:

   
Aquí aparece otra vez la Nandina domestica o “bambú sagrado”, de la que podemos ver los frutos rojos y las semillas blancas, en forma de pequeñas lentejas.


Hay en este parterre un par de secuoyas rojas que son mucho más pequeñas que sus parientes las gigantes, como ya explicamos en “El jardín de las plantas vivaces”.

Sobre todo la izquierda que es prácticamente un “bebé”, pero tampoco la de la derecha es gran cosa en cuanto a altura ni frondosidad.
   
Además se conoce que los hongos les atacan y les complican la vida: si nos fijamos en sus hojas veremos partes marrones.
Piña de secuoya, muy pequeñita, fotografiada en invierno.


De ellas os hablaremos en el capítulo de la Casa de Vacas-Templete, que hay un par de ellas en la ría que merecen la pena. Ahora vemos este bonito pitósporo (Pittosporum tobira):

   
Este pitosporo está casi al borde del Paseo de Coches y ha sido elegido por mis amigos de los Puntos de Información como de la Senda Botánica. Cuentan muy bien su vida y milagros en el cartel correspondiente, de nuevo diseño. Hemos aprovechado para enseñaros sus flores blancas (que huelen muy bien) y sus semillas, rojas primero y luego marrones.


Y ahora nos fijamos en estos cedros, con algunas fotinias cerca:

   
En la base de algunos de estos majestuosos cedros, crecen las fotinias.


Pero en esta zona lo que de verdad destaca es otro de los caprichos de D. Fernando: la llamada “Casita del Pescador”:

A pesar de ser invierno, esta casita rosada en medio de este bucólico estanque resulta como de cuento. ¿A que sí?


Se llama así porque era desde donde el rey pescaba los peces del estanque, y estaba decorada con tapices, muebles de la época, etc. Ahora es un Punto de Información donde hay personas encantadoras que te explican todo lo que quieras saber del Retiro y, la verdad, es que es muy agradable el ambiente, aunque la decoración sea rústica, o sea, normal.

Mi primo Jesús, que está hecho un artista, se entretuvo en hacer esta acuarela sobre la casita.
 
Pero no es al único al que ha inspirado este paisaje.


Son llamativas las hornacinas (que son los huecos donde antes hubo estatuas) y las pinturas que son del estilo “pompeyano” porque recuerdan las que se hacían en Pompeya. Han sido hechas por los restauradores a quienes encargaron que pusieran la “casita” al día.

Detalle de la parte izquierda de la fachada principal, donde vemos la hornacina con un tiesto encima (en vez de estatua) y unas cuantas “pinturas pompeyanas”.
 
Y esta es la parte de arriba donde se ven cinco pinturas con dragones, angelitos y hasta un fauno. La ventana está justo sobre el tejadillo de zinc.
   
Apenas han pasado los años por esta casita. La mayor diferencia es la verja de hierro que se puso después de la guerra.


Fue construida por el arquitecto D. Isidro González Velázquez, empezándose la obra en 1817. Los jardines fueron diseñados por D. Bernardino Berogán y, la verdad, que siguen siendo preciosos. En general esta es una zona muy tranquila y muy agradable. Por dentro es una casa pequeña, un auténtico “capricho,” vamos, con dos pequeñas estancias y un techo alto. La vemos una mañana cualquiera:

Con la simpatía de las gentes que informan (en este caso es Bea, pero podían ser Carlos, Jesús, etc.) se realza la belleza de esta pequeña “casa de pesca”.
   
Los frescos de la paredes proceden de las dos restauraciones; estos son, en concreto, de la primera que se hizo.
   
Ventana del fondo, según se entra, con foto antigua y arbolito.
Pizarra que anuncia las visitas guiadas de los sábados; la verdad que están muy bien.
   
Salita interior con mesa y sillas para poder ojear los libros del parque, que son muy interesantes.
Pintura del techo en esta misma salita.


Lamentablemente, todas las personas que trabajaban en estos Puntos de Información fueron despedidas por cuestiones administrativas y difícilmente explicables.

En el estanque ya no hay peces, como cuando pescaban los reyes y sus amigos, pero sí que hay una serie de patos de distintas especies:

Casita 4
Casita 5
Ya sean blancos, normales o de raza (como esos que el macho tiene la cara roja), los patos viven muy bien en este pequeño e histórico estanque.


Durante unos años estos patos fueron los únicos inquilinos de la casa, que está cerrada a cal y canto. Despidieron a las personas que informaban sobre el Parque (que eran un auténtico lujo por su formación y simpatía) y cerraron este y los demás Puntos de Información: el de la Rosaleda y el de la Chopera.

En 2016 se hicieron una serie de obras de rehabilitación de la casita, tanto por fuera como por dentro, que mejoraron sensiblemente su aspecto:

Se pusieron andamios y se arreglaron la fachada exterior y los interiores, rehabilitándose las pinturas.
 
Eso justificaba su cierre, aunque ya llevaba bastante tiempo cerrada.


Al desmontar el tejado se descubrió un panel de abejas, con su miel y todo. Los encargados de la rehabilitación llamarán al Seprona y al final fueron los Bomberos quienes la sacaron y trasladaron a una colmena nueva dentro de una instalación.

Estas son las tablas donde estaba el panal.
Y este es un trozo del mismo del que aún chorreaba miel.


Se volvió a abrir en 2017, pero no como Centro de Información del Parque, sino como de ¡Adopción de Animales de Compañía!

Por dentro han puesto unos ordenadores que permiten ver los animales que se pueden adoptar, así como abundante información sobre el tema.
 
En la puerta se ponen los horarios...
Y sigue poniendo que es un "Punto de Información", pero remitiendo a las actividades del Huerto del Retiro.
 


La adopción de mascotas es más que recomendable y muy beneficiosa, pero El Retiro es un Parque Histórico que se merece tener unos Informadores de categoría con una extensa formación, que lo conozcan en profundidad y puedan explicar a los interesados cualquier aspecto o actividad, además de organizarlas.

Muy cerca de aquí había otras dos construcciones que son la casa Rústica o Persa y la Casa del pobre y del rico.

Casa rústica o persa en grabado antiguo.
 
Casa del pobre (la planta de abajo) y del rico (la de arriba).


La primera estaba decorada como si fuera oriental, a base de sedas y cosas traídas de la China, pero de verdad, no como las de ahora. Por fuera estaba decorada con troncos de árboles, con su corteza y todo.

La “Casa del pobre y del rico” tenía mucha gracia porque era muy rústica, hecha con muros de piedra, ladrillo y troncos de árboles. El piso de abajo era el de los pobres (al fondo había un matrimonio llegado de Cuba que los protegía) y el de arriba el de los ricos, decorado lujosamente, claro. Para dar vida a todo pusieron unos autómatas que los representaban.

Alrededor del estanque hay una serie de árboles interesantes entre los que destacan los huingans, como algunos de los que vimos que rodean la montaña.

Aquí están en invierno.
 
Y aquí en primavera.
 
Estos huingans ponen la nota exótica; y da gusto porque siempre tienen hojas, incluso en invierno. Y unos troncos que ya, ya…
 
Detalle de las ramas con sus hojas y sus flores, que son muy pequeñitas.


También podemos deleitarnos contemplando un fresno que hay al lado de una palmera, justo entre el estanque y la montaña:

Fresno de altura considerable, con su corteza agrietada, sus hojas largas y aserradas y sus frutos que, cuando se pongan de color marrón y se empiecen a caer, serán arrastrados por el viento.


Es el fresno de hoja pequeña (Fraxinus angustifolia), que proviene del norte de Africa y es muy frecuente en España. En concreto en la provincia de Madrid es muy abundante, incluso tenemos las famosas dehesas de fresnos al pie de la Sierra del Guadarrama. Desde luego en el Retiro hay unos cuantos, como hemos ido viendo y más que veremos de esta y de otras dos especies más.

Son de la misma familia que los olivos y sus hojas tienen propiedades medicinales. Si se mastican fortalecen las encías y dicen que son buenas para el reuma. Las ramas han sido y son empleadas como alimento para el ganado. Los frutos son de los llamados “sámaras”, planos y alargados. La madera es buena y de hecho se utiliza en ebanistería para hacer mangos y otros utensilios. Para vivir necesitan humedad (suelen estar próximos a ríos) pero si no la tienen pueden incluso llegar a perder las hojas en verano, resistiendo con sus raíces hasta que lleguen las lluvias.

¡Hasta en el estanque de la Casita del Pescador hay un fresno!


Al ladito del fresno hay un almez, que no es de los habituales, sino de otra especie llamada Celtis occidentalis; los otros son “australis”. Se le llama también “almez americano” y se distingue apenas del otro por sus hojas, que son menos curvadas, y su corteza que termina teniendo nudos y callosidades.

     
Estupendo ejemplar de almez americano, con sus típicashojas y frutos ya maduros. Por cierto, el cartelito de la senda botánica se refiere al fresno, que está al lado.


Y un poco más allá podemos ver este arce negundo (o simplemente “negundo”) que, eso sí, no sabemos si es macho hembra, porque esta especie tiene los sexos separados. Proveniente de América del Norte, es bastante típico en los jardines y parques. En el Retiro, desde luego, hay unos cuantos.

Acer negundo con sus hojas características y sus frutos, también en sámaras como los del fresno, pero más cortos.
 
Patitos en plácido sueño, a la sombra del negundo.


También en la orilla de este estanque hay unos arbustos de manzanos un tanto exóticos que son, nada menos, que el "manzano silvestre de Siebold" (Malus toringo sargentii), especie proveniente de Japón (de hecho a veces se utiliza como bonsai) y que es bastante raro en nuestro país.

   
Este manzano silvestre de Siebold tiene flores con cinco pétalos blancos y estambres amarillos, que se convierten en unas manzanitas redondas que salen en racimos.


Casi enfrente y siempre a la orilla del estanque, vemos este fresno de flor:

   
Algo inclinado sobre el estanque y con una corteza inusualmente agrietada (¿por la humedad?) vemos en primavera este fresno que hace honor a su nombre, al tener esas pequeñas flores blancas en panículas.


Su nombre científico es Fraxinus ornus y curiosamente pertenece a la misma familia que los olivos, siendo típico de la zona mediterránea. Su madera se usaba para hacer cercados, de ahí su nombre que deriva del griego “phraxis" que significa eso. La especie es por la palabra latina “orno" (montaña) ya que se cultiva en sitios montañosos. ¡Así que en esta zona de la “montaña artificial” está en su ambiente!

En el sur de Italia y Sicilia se cultiva para sacar lo que se llama "maná", una bebida dulce que tiene propiedades laxantes. Como si fuera un pino al que se saca la resina, se sangra el árbol durante el verano, haciéndole unas incisiones en la corteza por las sale este “maná”.

Casi junto al paseo y siempre cerca de la casita del Pescador, aparece este arbolazo que además le han puesto un cartelito que pone “Ailanto, Ailanthus altissima”. De hecho se le llama “árbol del cielo”, pero no viene de allí, sino de China, así que no es raro que cada vez haya más y se adapten a todos los ambientes y condiciones, bien en solitario o formando bosquecillos. La corteza del tronco es lisa pero tiene unas curiosas rayas blancas. Las hojas son compuestas de bastantes hojitas opuestas con una en la punta de la ramilla. De ellas se puede sacar un colorante amarillo para teñir la lana y sirven también para fabricar papel, pero si se las frota huelen mal. Lo mismo les pasa a las flores de los ejemplares masculinos, por lo que se suelen plantar más los femeninos. Los frutos son ramilletes de sámaras, parecidos a los del fresno.

Hemos dejado ahí mi bici para que se vea lo altísimo que es. Además tuvimos la suerte de encontrar este pichoncito de paloma torcaz a la puerta del nido, que sus papás hicieron en un hueco del tronco, eso sí, a considerable altura.
Aquí el típico tronco de ailanto, grueso y liso.
Y estas son las hojas opuestas en las ramillas, con una al final.


En ese mismo paseíto encontramos una importante encina, recuerdo del monte salvaje que habría por aquí antes de ser parque:

Esta encina nos recuerda que aquí hubo un bosque de los llamados “mediterráneos”, como el de El Pardo, por ejemplo.


Y luego, entre castaños, plátanos y magnolios, unos almeces de los normales, o sea, “australis”:

Celtis australis no demasiado grande, con sus hojas y frutos típicos.


Muy cerca del estanque hay una placita poco conocida llamada “Glorieta de Sevilla” que procede de la Primera Feria de la Planta y de la Flor, que se celebró aquí en el año 1968 (tenía yo 16 años, pero no recuerdo nada de esto).

La placita o glorieta, como querais llamarla, es circular y suele estar muy tranquila.


En el centro hay una fuente con un pie octogonal, o sea, con ocho caras de granito en las que están grabados los nombres de doce escritores sevillanos.

 
Toda la fuente está montada sobre un perfecto octógono.
   
Las palomas y los gorriones utilizan bien la pileta o el pié para beber o bañarse.


Entre ellos destacan los hermanos Machado, los Álvarez Quintero y Gustavo Adolfo Bécquer.

Los hermanos Machado y Gustavo Adolfo Bécquer tienen sus nombres inscritos en estos mármoles.


Que os vamos a decir (que no sepáis) de D. Manuel y D. Antonio Machado, hermanos pero separados por la guerra civil. El primero fue un notable poeta modernista que al terminar la guerra civil se puso a favor de los vencedores, mientras su hermano Antonio siguió fiel a sus ideas liberales. Entre ambos escribieron varias obras de teatro, la más famosa: “La Lola se va a los puertos”.

Y que contar del romántico Gustavo Adolfo Bécquer, otro sevillano de pro, autor de “Rimas”, “Leyendas” o “Cartas desde mi celda”, entre otras.

De los hermanos Alvarez Quintero hablaremos largo y tendido cuando lleguemos a su enorme monumento en la zona que hemos llamado “Casa de Vacas-Templete”.

De D. Benito Más y Prat decir que fue un poeta, escritor, periodista y autor dramático que nació y vivió en Écija, muy cerca de Sevilla. D. Luis Montoto Rautenstrauch fue un escritor experto en el folklore de la zona y además estudioso de los refranes y proverbios.

También os contaremos que D. José María Izquierdo Martínez fue un notable escritor y humanista de la misma Sevilla, mientras el poeta D. Francisco Rodríguez Marín, nació en Osuna y llegó a ser Director de la Real Academia Española.

Por último D. Torcuato Luca de Tena fue abogado y periodista, fundador nada menos que del semanario "Blanco y Negro" y, sobre todo, del diario "ABC", que continúan publicándose.

Hace unos años, unos cuantos, pues estamos hablando de 1920, esta glorieta tenía otro diseño, con seis bancos recubiertos de azulejos sevillanos y una especie de monolito, también de azulejos, donde estaban los nombres de los antes citados.

La verdad es que me parece que estaba más bonito antes que ahora. ¿Qué os parece?


Todo esto se hizo porque la Reina Victoria Eugenia se inventó la “I Feria de la Planta y la Flor” para recaudar fondos con fines benéficos. Solo se ha conservado la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla, con su imagen en 12 azulejos sobre un muro pintado de amarillo:

Los restos del primitivo monumento están entre un banco y unas palmeras de fondo.
 
Detalle de la imagen con su tejadillo de cerámica que la protege, así como de los azulejos donde aparece su denominación: “Stma. Virgen de los Reyes – Patrona de Sevilla”.


En esta misma plazoleta hay un altísimo olmo negro (Populus nigra):

Además ha sido incluido en la Senda Botánica del parque; por eso tiene un cartel al lado donde se cuenta su vida y milagros.


En el cartel se cuenta, por ejemplo, que estos árboles eran cortados por los chicos jóvenes y llevados a la plaza de los pueblos para celebrar la llegada de la primavera en la “Fiesta del Árbol Mayo”. Se les suele llamar “chopos” y son o bien machos (solo con flores masculinas) o bien hembras (solo con flores femeninas).

También son típicos de la zona los naranjos (Citrus aurantium) que le dan su punto de color, cuando tienen frutos, claro está:

Con las ruinas de la ermita y la casita del pescador de fondo vemos este “naranjito” con sus pequeños pero coloridos frutos. Por supuesto son amargas, o sea que no se comen.


Los manzanos también andan por aquí:

En primavera están así, con estas flores púrpura tan espectaculares.
Y en agosto podemos ver las manzanas, pequeñas y muy ácidas (incomestibles), muchas de ellas por los suelos. Para más señas son de la especie Malus floribunda.


Unas rosas rojas le dan alegría a la zona en primavera:

Este es uno de las varios planteles de rosas rojas alrededor de la placita.


Los árboles del amor tampoco podían faltar por aquí:

Cercis siliquastrum con las flores saliendo directamente del tronco, como les pasa a veces a estos arbolitos.


En este paseo nos encontramos un serbal de Suecia (Sorbus intermedia) que en realidad es un híbrido que surgió de forma espontánea entre el serbal silvestre y el mostajo en las regiones escandinavas. Además de bonito es un árbol muy resistente a la contaminación, sobre todo por gases, así que es ideal para plantar en el centro de ciudades.

Este pequeño serbal sueco tiene el tronco liso, las hojas parecidas a las del roble y las flores blancas en grupos formando una especie de paraguas (umbelas). Se convertirán en unos frutos rojos, pequeños y redondeados, ligeramente venenosos.


Y muy cerca de las ruinas de la ermita, que ahora veremos, podemos disfrutar de estos membrilleros japoneses, uno de flores rojas y el otro de flores blancas:

Cuando te acercas a estos matorrales te sorpendes al ver estas increibles flores del membrillero japonés (Chaenomeles speciosa).
Este es igual pero con flores blancas.


Estos membrilleros japoneses son arbustos que provienen de China, aunque luego se introdujeron en Japón y ahora ya son cosmopolitas porque alegran cualquier jardín donde se planten. Las flores son espectaculares y los frutos son unas pequeñas manzanitas que huelen muy bien.

Un poco más arriba nos encontramos con unas ruinas románicas que yo siempre había pensado que eran artificiales, es decir, que las habían puesto allí para que hiciera bonito y eso.

Pero que va, resulta que son los restos de una auténtica iglesia románica que se trajeron piedra a piedra desde Ávila, igual que se hizo con el templo de Debod que se trajo desde Egipto.

Desde lejos está bastante disimulada entre los árboles de alrededor.
Pero de cerca se la ve perfectamente, con esos dos cipreses que parecen más altos que la torre del fondo.


La idea fue de Cánovas del Castillo, político conservador de finales del siglo XIX y varias veces Presidente del Consejo de Ministros, quién hizo que el Estado comprase esta iglesia que estaba a las afueras de Ávila a un particular que se había quedado con ella. En realidad era la iglesia de San Pelayo, construida en el siglo XI, pero se la conoce como “de San Isidoro” por haber reposado en ella los restos del santo en su traslado desde Sevilla a León. En el año 1258 se convirtió en parroquia, pero luego su culto desapareció por pasar a la nueva catedral.

La compra se hizo en el año 1884 como adorno de los jardines del Museo arqueológico, pero en 1896 fue cedida al Ayuntamiento de Madrid, que la situó en el Retiro.

El pórtico, con su típico arco de los llamados “de medio punto”, y lo que queda de la fachada principal.
 
Lo curioso es que por detrás aparecen los ladrillos que sostienen las piedras.
   
Y aquí tenemos el ábside visto también por delante y por detrás, mostrando el enorme grosor de los muros.
   
Una base circular de piedras y ladrillos medio hundida en el terremo completa el conjunto.
   
Al pie de uno de los cipreses y justo en una esquina, hay un matorral de agracejo chino (Berberis julianae), con sus hojas con pinchos y algunas rojizas.


Este ambiente es ideal para los “reportajes nupciales”:

Como este que aquí vemos, ¡que parece el rodaje de una película!


A “vista de podador”, las ruinas de la ermita se ven así:

La verdad que el conjunto ”a vista de pájaro” resulta espectacular. ¿A que parece un cuadro?


Un poco más arriba, yendo hacia la verja, hay unos curiosos matorrales con unos frutos que parecen bolitas de algodón o lichis pelados:

Este es el aspecto de la planta en primavera, con sus hojas redondeadas.
   
Y estos son los frutos que se dan en otoño. ¿No me digais que no son curiosas esta especie de “uvas blancas”?


Se trata de una planta que proviene de Norteamérica y se llama “bolita de nieve” (Symphoricarpos racemosus) por sus frutos que, en realidad, son bayas, como las uvas. Como éstas, también maduran en otoño, pero son blancas con un ligero tinte rosa.

Al lado hay una plantación de forsitia, muy espectacular por sus flores amarillas, de las que hablaremos más adelante:

Mi amiga Ana Belén, la jardinera, remueve la tierra entre las forsitias.
 
La luz de la mañana le da una especial belleza a estos preciosos matorrales, sobre todo cuando están con flores.


Y si queremos ver rosas silvestres, las podemos encontrar entre unas matas de nandinas entre la casita del pescador y el principio del Paseo de Coches:

Y bien bonitas que son, además de su color natural, o sea, rosa.


Siempre viniendo hacia el Florida y más o menos cerca de la verja de Menéndez Pelayo, hay unas praderitas donde Diego y yo hemos jugado bastante al fútbol:

 
Aunque un poco inclinada, esta praderita es ideal para dar unos toques al balón; lo malo es cuando se te va cuesta abajo, claro. Pero eso no parece importarles a los chavales de la foto, ni a nosotros tampoco nos importaba...


Nos movíamos entre perales, concretamente unos llamados “de Callery”:

Los arbolitos que dan estas preciosas y primaverales flores blancas son los llamados “perales de Callery”.


Lamentablemente, un mal día de julio de 2014, una rama de una robinia de esta zona cayó sobre un señor que echaba la siesta a su sombra mientras sus dos hijos jugaban alrededor y su mujer hacía una visita a un familiar en el Hospital del Niño Jesús. La mala suerte fue que le golpeó la cabeza y los servicios del Samur nada pudieron hacer por salvarle. ¡Una verdadera tragedia!

Esta es la robinia pocos días después del accidente. Como se puede apreciar, está en perfecto estado y en plena floración.
   
Aquí se puede el resto de la rama que se cayó.
Y este es el ramo de flores que se puso en el tronco en señal de pésame.


Según me dicen mis amigos jardineros el árbol estaba en perfecto estado y la caída de la rama solo fue debida a causas naturales: una racha de viento que la arrancó y provocó esa auténtica desdicha. De todas formas luego se decidió cortar la robinia como si hubiera tenido la culpa...

También cerca de aquí y, por suerte, en un tono muy diferente, os contaremos que Diego se ha dedicado a volar helicópteros en la época en que le dio por esta afición:


Diego entusiasmado con su nuevo helicóptero recién comprado a nuestro amigo Javier de “Mundo Interhobby”, que antes estaba en la calle Doctor Castelo y ahora en la de Las Naciones nº 12. Por cierto, es un maestro en el arte de pintar soldaditos de plomo.


Este olmo pumila o siberiano (Ulmus pumila) destaca, con su tronco inclinado, en el paseo junto a la verja de Menéndez Pelayo:

   
Olmo pumila (bastante inclinado) con sus típicos frutos en sámara, lo que quiere decir que estamos en primavera. Al fondo vemos los edificios de la calle y un enorme cedro.


Esta especie de olmo parece ser que resiste a la terrible grafiosis, el hongo que ataca los vasos conductores de la savia, por lo que cada vez se planta más en los parques. Las flores aparecen al final del invierno, antes de que salgan las hojas. Los frutos, que maduran en primavera, son de los llamados “en sámara”, con una sola semilla cada uno.

Al borde de este paseíto crecen una serie de árboles y arbustos con unas flores preciosas. Hay que verlos en primavera, ¡claro está!. Empezamos por la ya antes mencionada forsitia o “campanita china” aunque provenga de Albania y Yugoslavia.

La Forsythia x intermedia es un precioso arbusto de hojas amarillas y brillantes que destaca mucho y adorna un montón.


Los manzanos, con sus flores rosas o blancas, son una gozada de color:

Estos son manzanos silvestres (Malus floribunda) y tienen unas flores muy bonitas, de color rosa. Cada una de ellas se convertirá en una manzanita, pero no se pueden comer.
Y estos son manzanos comunes, para los científicos “Malus pumila”, que en griego significa “manzano pequeño”. Aunque antes de abrirse sean rosas, luego las flores son blancas y se convierten en esas pequeñas manzanitas de color púrpura.
 
Este gorrioncito estaba por la zona haciendo su nido, por lo que lleva una pluma en el pico para hacerlo más mullido.


Aquí volvemos a ver perales de Callery (Pyrus calleriana), con sus típicos racimos de flores blancas.

Estos perales se llaman “de flor” y la verdad que el nombre les viene al pelo porque flores tienen, muchas y bonitas. Luego dan unas peritas muy pequeñas que tampoco se pueden comer. Son originarios de China.


También las rosas están por esta zona, y tan bonitas como éstas:

Con sus correspondientes espinas, las rosas rojas adornan estos paseos como si fueran setos.


Hay dos pequeños parques circulares con columpios donde hemos pasado muchas tardes y mañanas y, a veces, casi noches, porque no había manera de que Diego dejase de columpiarse o de bajar por el tobogán, o de subirse a los “muelles”, en fin…

Estos son los más cercanos a la puerta.
Y este tobogán con “casita” era de los preferidos de Diego.
   
   
Estos son los otros, que están a continuación, más cerca del Paseo de Coches. Recuerdo las colas para subirse a los columpios y la pereza para bajarse. Los muelles también le encantaban a Diego y a veces me hacía subirse al de dos para que le columpiara.


Y al lado crecen estos manzanos, que vemos con sus manzanas y todo:

Estas tampoco son comestibles, por muy apetitosas que parezcan.


Los podadores tienen una perspectiva envidiable de todo esto:

Los columpios, la plaza de Sevilla, las ruinas de la ermita (tapadas por árboles, eso sí), la montaña que se adivina al fondo y la calle Menéndez Pelayo con la monstruosa Torre de Valencia.


Un buen día por la mañana descubrí a un señor que daba de comer a los gorriones y estos se le posaban en las manos. Le pedí permiso para hacerle una foto y me dijo que sí:

Parece fácil, pero es muy difícil ganarse la confianza de los gorriones. Seguro que este señor lleva bastante tiempo haciéndolo y ya le conocen porque si no….


Años más tarde descubrí que había una señora que, en el mismo sitio, continuaba con esta bonita afición:

Con sus bolsitas de pan, esta buena señora atrae también a gorriones y palomas.


Muy cerca han plantado hace poco tres arbolitos, que son alcanforeros (Cinnamomun camphora):

Pasan desapercibidos, pero estos árbolitos tienen en su tronco y en sus hojas una sustancia tan valiosa como es el alcanfor natural.


Se llaman así porque de ellos se sacaba el alcanfor, aunque ahora se hace de forma sintética. Provienen de Asia tropical, Malasia, Taiwan y Japón y tienen unas hojas brillantes y duras que se vuelven rojas antes de caer; aunque es de hoja perenne, o sea que siempre las tiene. Las flores son pequeñitas, como los frutos, que son pequeñas bayas de color púrpura. Si se rompe una hoja (hacedlo con las del suelo, por favor) huele un poco a alcanfor, pero esta sustancia se sacaba del tronco que, por cierto, también tiene una madera apta para hacer muebles y sirve para espantar a los insectos.

Cuando hacía las anteriores fotos no había gorriones, pero sí una pareja de mirlos:

Que han quedado graciosos, ¿verdad?


Otra vez, cuando iba para casa, ví en las escaleras del Metro de Ibiza una paloma quieta. Me acerqué y tenía la cabeza herida, seguramente le habían picado otras palomas y la habían tirado del nido. La cogí y la llevé a casa donde la cuidé a base de mucha paciencia. Después de unos cuantos días, y cuando ví que ya volaba, la llevé al Retiro para soltarla; hice un video del evento y de ahí he sacado estos fotogramas:

Primero se posó en la corteza de este plátano de sombra; luego dio un vuelecito y se puso a comer con otras palomas y gorriones.


Y así, poco a poco, hemos ido recorriendo esta zona de la Montaña Artificial hasta llegar a la puerta de salida, cerca de la que hay una hilera de castaños de indias, así como un enorme eucalipto rojo, una acacia de tres espinas, dos olmos y una caseta de guarda de las de antes.

Castaños de indias con sus racimos verticales de flores que nos llevan hasta la Puerta de América, por la que tantas veces entramos y salimos.
   
   
Eucalipto rojo (Eucalyptus camaldulensis), con una altura impresionante y del que podemos ver sus hojas y frutos así como una vista desde debajo de su frondosidad.


Al lado hay una acacia de las llamadas “de tres espinas”, ahora veréis por qué.

¿Lo veis? ¿está claro, no? Pues a esta palomita torcaz parece no importarle.
 
Las algarrobas cuelgan de la acacia en el otoño.


El nombre científico es Gleditsia triacanthos y son árboles originarios de América, concretamente del delta del Missisipi. El nombre le viene de un profesor alemán de Botánica del siglo XVIII llamado J.Gottlieb Gleditsch y del griego “acantos” que significa “espina”, porque las suele tener de tres puntas tanto en el tronco como en las ramas. Las hojas son compuestas de muchas pequeñas hojitas y las flores salen en racimos tanto las masculinas como las femeninas.

Los frutos son tipo “algarroba” que, en realidad, son legumbres de vaina pardo rojiza, algo retorcidas y con una sustancia pegajosa y dulce donde van las semillas. Mi padre las cogía del suelo en la Casa de Fieras para dárselas a las cebras, cabras, elefante, camellos, ciervos, etc. y la verdad que les gustaban mucho. Luego Diego y yo hemos hecho lo mismo en el Zoo, sobre todo con los dromedarios que venían como locos a comérselas.

Con un pequeño plátano de sombra en primer plano, vemos al fondo las dos “olmas” con la caseta y los edificios de la calle Menéndez Pelayo.
   
Caseta de ladrillo con el tejado de zinc, bastante bien restaurada por operarios tan eficaces como el que vemos en plena faena.
   
Troncos recios, gruesos y agrietados, típicos de los olmos, así como sus hojas que se recortan en el cielo de Madrid.


Y así llegamos a esta puerta que se llama “de América” y es la única de todo el parque que tiene inscrito el año en que se hizo, 1932.

Esta es una de nuestras puertas favoritas, dedicada por los vecinos del barrio al Ayuntamiento... ¡de 1932!


Para acabar el capítulo no falta más que el mapa de la zona, que ahora os ponemos:

En el nº 1 está lo que es la Montaña Artificial en sí, en el 2 la Casita del Pescador, en el 3 las ruinas de la Ermita de San Isidoro, en el 4 la Glorieta de Sevilla y en el 5 los columpios.
 
En Google se ven con más realismo las cosas, ¿verdad?

 

 

Nota: Los grabados antiguos están sacados del libro de Consuelo Durán Cermeño “Jardines del Buen Retiro, editado por el Ayuntamiento de Madrid. La foto del interior de la Montaña es del libro del mismo título y misma editorial, pero cuya autora es Carmen Ariza Muñoz. Las fotos “a vista de pájaro” de casi toda la zona y otra de la ermita, son de mis amigos los podadores de altura. La del tronco con el ramo de flores me la envió mi amigo Antonio, el jardinero. Las demás fotos son mías.

 

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